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Crítica de Elvis

A Baz lo que es de Luhrmann

Tú, que estás leyendo esto, seguramente sepas más que yo de Elvis Presley, esa leyenda incansable que aún sigue inspirando a muchos soñadores a día de hoy. Si en mis deberes antes del visionado constaba investigar a fondo la agitada carrera del artista, he de confesar que os he fallado. De hecho, también debo deciros que hace mucho que no me pongo una de Baz Luhrmann. Algo os podréis imaginar, conservo recuerdos muy borrosos de películas como Moulin Rouge o El Gran Gatsby, eventos cinematográficos tan celebrados como repudiados por el público. Vamos, menos preparado que un pez fuera del agua. A pesar de todo, no me disgusta esta posición, pues se suele abrir una puerta hacia lo impredecible, lo misterioso.

Una cosa, sin embargo, me la sé muy bien. En el fondo, antes de ver su nueva obra, ya era consciente de lo que me iba a encontrar. Exceso, uno de aquellos elementos sensoriales capaces de agitar tu cuerpo, tu alma y, si no permaneces en sintonía, tu paciencia. Resulta que posee un estilo dotado de intensidad, de musicalidad, de un tratamiento visual bastante obediente frente al histrionismo. Un modus operandi que camina por dos cruces, senderos de descontrolada euforia y, por otro lado, descensos directos hacia un empalago fatal. Veamos qué tal se ha portado el cineasta en su nueva aventura.

En el diccionario de la Real Academia Española se define la palabra éxtasis como un estado placentero de exaltación emocional y admirativa. He aquí una de las claves para asimilar las razones y causas de este biopic. Por supuesto, entendemos el largometraje como una rocambolesca exploración del ascenso y caída de una estrella; no obstante, tras esa superficie tan explosiva se esconde incluso una búsqueda impaciente y casi religiosa de dicho despertar. Lo noto, evidentemente, en su legión de admiradores, espíritus indomables dispuestos a oponerse contra lo establecido para alcanzar su particular nirvana, un edén cuyas posibilidades solo pueden ser recreadas por el poder de la música, del arte. Como dice el título de uno de sus recopilatorios, 50.000.000 Elvis Fans Can’t Be Wrong.

Basta con cruzarse con las miradas de aquellos espectadores en este mismo instante para empezar a entenderlo todo.

Lo que no aconsejaría ni a la peor persona del mundo es que espere en Baz Luhrmann un cálido paseo por el campo, una serena y contemplativa tarde o un melancólico espacio de reposo. Ni rastro de semejantes sensaciones en su cine. Lo suyo es una montaña rusa sometida a la demencia, al frenesí, al núcleo viviente y vigoroso de la espectacularidad, una atracción con los frenos arrancados de cuajo que se implica en aprovechar toda esa energía artística y sexual del mito con el fin de encapsularla en un banquete maximalista que, sin duda, dejará sin aliento a los seguidores más fieles de la estrella y captará la atención de nuevas masas generacionales en constante necesidad de jurar muerte a la monotonía.

Ahora bien, toda apuesta tiene un precio, y en ocasiones es más caro de lo usual. Tratándose de una película no exenta de detalles, de símbolos de infravalorada relevancia a mi parecer, extraño un poco más de armonía e intimidad en un conjunto final que cae en el resentimiento al no descansar nunca.

Y es que me interesa mucho el discurso narrativo del director cuando pasa por las luces y sombras de su protagonista, sus manías, sus inspiraciones, sus arrebatos, sus inseguridades, su radicalismo, sus registros, su enigmática presencia y un largo etcétera, por lo que, en una conclusión tristemente previsible, lamento profundamente no haber visto tal radiografía con claridad.

Baz Luhrmann me enseña muchas cosas, pero no quiere que las mire demasiado tiempo. Vive empeñado en que su homenaje se recuerde como un desfile de un dinamismo arrollador en lo técnico, una suerte de fiesta definitiva en clave de concierto extermina entradas. Lo demuestra con su montaje endiablado y chillón, el cual cuesta una barbaridad seguirle la pista. Sospecho que cree no tener tiempo para que cada escena, cada transición, sea degustada con su justo toque de paciencia y consideración. Se equivoca, sus virtudes no deberían ser opacadas por el artificio. Si su creación debe respirar, que respire.

La relación que sostienen estos dos personajes a lo largo del filme será vital para el desarrollo de la trama.

Hablamos de equilibrar, no de parar. El obsequio lo tenemos, dos horas y cuarenta minutos de puro entretenimiento, pura adrenalina. Falta esa guinda del pastel, lo que provoca que una película sea realmente memorable y se diferencie de las biografías más rutinarias y tramposas de los últimos años. Cuestión de perspectiva, algunos pensarán que cumple sobradamente con los objetivos. En mi caso, sostengo que Elvis es un acercamiento divertido y con una identidad irreprochable que ha tropezado, desafortunadamente, a la hora de profundizar en ese hiperbólico universo concebido con cierta maña y sentimiento. Una de cal y otra de arena.

Pero no se desabrochen los cinturones, que me he dejado lo mejor para el final. Me refiero a Austin Butler, que nos regala una interpretación espléndida del ya inmortal icono del rock and roll. Una íntegra demostración de cómo abordar la expresividad y magnetismo requeridos del personaje con ingenio y coraje, de cómo desembocar los esfuerzos en una imitación francamente bella e inusual, respetuosa con el conocimiento y con el corazón. Una actuación que, sin ser yo entusiasta de la afirmación, apunta merecidamente a las próximas nominaciones de los Óscar. Si del filme emanara la misma luz con la que este chico deslumbra, la historia sería otra. Y me apena no compartir una opinión similar con Tom Hanks, que se revela desubicado en medio de tanto alboroto y libertinaje.

¿Queríais a Elvis Presley? Aquí tenéis Elvis Presley para rato. Y ojo, eso siempre será más bueno que malo; sin embargo, presiento que mis recuerdos de lo último de Baz Luhrmann no serán muy duraderos. Agradezco no haber caído rendido ante su mayúscula duración, pero tampoco he salido del cine llorando de alegría. Eso se lo dejo, sobre todo, a sus fans, que espero disfruten de este retorno tanto como yo vaticino.

Elvis

Puntuación Final - 6

6

Interesante

Lo nuevo de Baz Luhrmann es una carrera de fuerza explosiva en busca de todas aquellas sensaciones que supo una y varias veces transmitir esa leyenda llamada Elvis Presley. Otra cosa es que termines sudando ante semejante catarata de imágenes.

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Antonio Marchena

"Pero ahora bailamos este macabro fandango, y cuatro años habrán de pasar para poder descansar". Bueno, llevo más de una década enamorado de un fontanero al que le chifla meterse en tuberías seguramente malolientes. No me quejo.
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