Artículos

Red Dead Redemption 2 a través de los ojos de Molly O’shea

"Ya no me queda nada. Te lo di todo"

Red Dead Redemption 2 es uno de los grandes títulos de este año el cual ha rozado con la yema de los dedos el premio al Mejor Juego del Año. Aún así, esto no desmerece el enorme trabajo de Rockstar, el cual mi compañero Alejandro Morillas ha podido vivir y plasmar en un fantástico análisis donde coronamos la odisea de Arthur con una nota perfecta.

Cuando uno se adentra en este cenit del Salvaje Oeste, donde ya no hay lugar para los forajidos de ideales imposible, contempla cómo el mundo está cambiando a través de los ojos de Arthur Morgan, un personaje lleno de contradicciones que se debate entre la lealtad de un lider en pleno declive o lo que su corazón le dicta.

Red Dead Redemption 2 es un juego sobre la lealtad y la familia, sobre lo que nos dicta el corazón y la redención de nuestros pecados. Es la historia de un grupo de marginales, ya sea por sus ideales, su color de piel o sus demonios, que buscan un futuro mejor donde poder convivir con ellos mismos, algo que el título nos muestra en una campaña que deja respirar al jugador para recrearse en la evolución de todos sus personajes.

A pesar de que el título de Rockstar se recrea en todos sus personajes, enlazándolos con el protagonista en algún punto de la historia, hay uno de ellos que nunca llega a cuajar en ese concepto idílico que dibuja Dutch Van Der Linde de la familia, y esa es Molly O’shea, la amante del anterior mencionado.

Es fácil, y lógico por otra parte, que este personaje quede eclipsado por todos los miembros de la banda. Todos son cercanos a Arthur, todos tienen sus propios hilos narrativos y la historia nos enlaza con ellos en algún punto concreto, pero la dublinense siempre permanece en un segundo plano, tal y como así la describen sus compañeras. Odiada por las mujeres, tachándola de que no colabora, ignorada por los hombres, los cuales la consideran un simple complemento de su líder y despreciada por Dutch a medida que avanza la historia.

A través de los ojos de Arthur vamos deconstruyendo la figura paternal de Dutch, siempre de manera subjetiva por el amor y respeto que le profesa, pero es a través de Molly donde podemos descubrir cómo es realmente el declive del líder de la banda y el descenso a los infiernos de un personaje misterioso y fatídico.

Molly O’shea pertenecía a una familia bien posicionada de Dublín, con un talento innato para la poesía -como así lo demuestra su carta- que, además, tenía un cierto sentido de la aventura probablemente por el aburrimiento que producía su vida acomodada. Fue entonces cuando Dutch la reclutó y la expuso frente a sus compañeros en una frágil urna de cristal por su belleza y, probablemente, por su posición social.

Dutch, Molly y Arthur conversan en el campamento
Pocas veces el personaje toma un papel activo, aunque cuando lo hace es interrumpida por Uncle, desviando la conversación por completo. Una muestra más de la inexistencia de Molly para el grupo.

La primera vez que la vemos es tras la tela de la tienda de Dutch, siempre sentada a su lado, admirándole por su innegable carisma y por ser todo lo que ella buscaba, un ideal de libertad que galopaba en busca de aventuras, envenenando los oídos de sus allegados con una vida maltrecha que se aferraba a la delincuencia para otorgarle el poder y la posición que tanto deseaba.

Mientras vemos el claro declive de todos y cada uno de los personajes, mientras que Arthur busca su redención, pocas veces uno se para a contemplar la evolución del trofeo de Dutch, que poco a poco va tomando conciencia de su posición crítica dentro del campamento. Mientras cada noche celebran a base de alcohol sus bienaventuradas fechorías, Molly siempre permanece sola, y cuando alza la voz solo es para reclamar la atención de un Dutch cada vez más expuesto.

«A mí no se me ignora, Dutch Van Der Linde, yo no soy él yo no soy ella… No soy ninguno de tus peleles.» Molly O’shea.

Por alguna extraña razón solía fijarme en Molly en cada una de mis visitas. Siempre solitaria, observando el horizonte, sentada en la tienda de Dutch, o en las fiestas donde discutía con él mientras el resto disfrutaba. constantemente increpada por Grimshaw, en ocasiones ella expresa que se siente como si todos se riesen de ella, destrozando esa versión idílica de Dutch, Arthur y Hosea de su banda.

Molly O’shea es la muestra  que ese ideal que todos buscan nunca ha existido, está podrido, por lo que en nuestro desplazamiento a Saint Denis comenzamos a verla siempre sentada en una esquina de la casa maltrecha sin querer hablar con nadie, compadecida por Mary-Beth y Karen, quienes son las únicas que parecen darse cuenta de hasta qué punto llega la pena y dolor de la dublinense.

Pocas veces se habla de ella y de sus sentimientos, y cuando lo hacen, el propio Dutch solo tiene que decir: «Esa mujer solo quiere hablar, tengo cosas más importantes de las que preocuparme». La propia narrativa del juego silencia su dolor para que simplemente la dejemos de lado, hasta que llega el auténtico momento de protagonismo, el único que posee durante toda la historia: su muerte.

Molly O'shea en uno de los puntos avanzados de Red Dead Redemption 2
La evolución de Molly O’shea se produce de espaldas al jugador, al contrario que el resto de personajes. Es la única integrante que solo cobra protagonismo en su muerte, revelándose así su descenso a los infiernos, el cual solo es palpable si el jugador se interesa en observarla en silencio.

Considero que la muerte de Molly es el auténtico punto de no retorno en aquel grupo de marginados, cuando todo se desmorona y la vida que tanto deseaban solo les ha llevado a la histeria y locura colectiva. Después de su desaparición, la cual apenas nadie nota o comenta, vuelve borracha, herida en orgullo y siendo la única que realmente ha desenmascarado que toda esa patraña de la familia no es más que la máscara de un líder que jamás quiso a nadie más que a así mismo.

Arthur describe ese momento como el de alguien enferma de amor, una persona que ha perdido toda la razón y a la que no guarda ningún rencor. Incluso a pesar de la confesión falsa de Molly sobre su colaboración con los Pinkerton, el protagonista observa con horror cómo es disparada por Grimshaw, muriendo en el acto y siendo arrastrada fuera del campamento para ser quemada.

Ese trágico momento es el único en el que Molly O’shea demostró que, a pesar de su silencio perpetuo, fue la única con la valentía de desenmascarar quién era Dutch Van Der Linde ante todos, sin miedo alguno de las consecuencias. El único momento donde se ganó el protagonismo y la mirada de todos los miembros de la banda, buscando solo que alguien le prestase atención en una familia destruida por la persona que amaba.

Molly O’shea fue el único miembro de la banda que no recibió una tumba a la que visitar, viviendo solo en el alcoholismo de Karen, que no pudo soportar verla morir ante sus ojos, en la pena de Mary-Beth y las dudad de Grimshaw, que continuamente se excusaba para así hacer más llevadera la carga.

Esto es algo que me enamoró de Red Dead Redemption 2 y me destrozó, ese toque de atención final. Cómo hasta ese punto sin retorno, el propio juego nos da un toque de atención y nos muestra cuáles son los resultados de ignorar a alguien hasta el punto de llevarla al límite, cómo toda esa versión idílica de la familia unida, las fiestas, los asaltos… Todo lo veíamos desde el punto de vista de alguien con peso dentro de esa familia, pero tras ese pequeño círculo, alguien nunca fue aceptada ni siquiera tras morir, viéndose reducida a una pequeña mención en el diario.

Muchos vieron truncado su camino por culpa de Dutch Van Der Linde. Algunos encontraron la redención en sus últimos momentos, otros buscaron la paz con su familia, algunos simplemente decidieron separarse para continuar con un ideal muerto en una tierra que ya no les quería, pero la única que quedó en el olvido, arrastrada a una peor vida que la llevó hasta la muerte fue ella. Molly O’shea nunca fue un juguete roto como el resto de la banda, la convirtieron en uno.

Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.
Apoya el contenido de NaviGames con tus compras en Amazon
Botón volver arriba
X