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Psicología del jugador: Obligación y consumismo

Si lo pagamos, nos lo pasamos

Una de las mejores (y peores en ocasiones) características del ser humano es la impulsividad: en el campo de los videojuegos, si estamos en una tienda, ya sea física o digital, y vemos un producto que nos interesa, lo compramos, ya que creamos y satisfacemos una necesidad en poco tiempo, lo que nos provoca placer. Aunque luego ni siquiera toquemos ese producto: hemos satisfecho una necesidad, buscamos más eso que el comprar ese algo para jugarlo o para tenerlo. Aunque, en otros casos, también ocurre esto último, comprar para tener: el gran concepto que hizo nacer el coleccionismo de videojuegos y los abusos de mercado que en torno a él se desarrollan.

Quedaos con el concepto ‘comprar para satisfacer una necesidad que no es jugar’. Ahora sumadlo a esa obligación moral tácita que tenemos de terminar los juegos o, al menos, echar un mínimo de horas para amortizar el dinero gastado. Y aquí es donde entra el debate de los juegos gratuitos, y no necesariamente los free-to-play.

Creo que la gran mayoría de jugadores conocemos Epic Games Store y su práctica de dar juegos gratuitamente cada semana desde hace aproximadamente tres o cuatro años. Para la semana en que se escribe este texto, el juego elegido fue Borderlands 3, la última entrega de la saga de Gearbox. Sí, es cierto que este año este título cumple tres años, pero es que sigue siendo un Borderlands. Además, es curioso, ya que ha salido gratuitamente en la plataforma en la que estuvo exclusivamente durante un año…paradójico.

En cualquier caso, la idea es que tenemos un juego de gran calibre gratuitamente 100%, nada de suscripciones ni movidas raras. Así que os lanzo la pregunta: ¿creéis que le echaréis la misma cuenta a Borderlands 3 que a cualquier otro juego por el que hayáis desembolsado 60 pavos? Bueno, igual es una tesitura fácil, así que mejor extendámoslo a cualquier juego por el que hayáis pagado, incluso si os ha costado 3 euros. Pues ahí está la cosa.

Cuando miramos la estantería o la biblioteca digital vemos tanto juegos disponibles como juegos que tenemos porque los hemos pagado anteriormente y jugarlos nos quitaría de gastar más dinero o, atentos al dato, rebajarnos la tarea. Porque sí, ya casi que concebimos nuestros juegos pendientes como una tarea, como una montaña de cajas que tenemos que ir rebajando, es como una mochila a la espalda. Y claro, cuando llevas 4 años viendo el mismo juego en la estantería (mi caso con Final Fantasy XII) te da pereza volver a intentarlo, como si llevaras esos 4 años con el juego delante de la cara y ya estás hartx de mirarlo. Por ello, cuando ves un juego que no has tocado nunca a precio magnífico, te tiras a por él. Es una caja más para la pila de responsabilidades, pero has satisfecho un impulso. ¿El resultado? Una espiral de culpabilidad de la que no salimos: por una parte, por no jugar a lo que pagamos, por otra, por comprar más cuando tenemos más cosas pendientes. Con esta idea por delante, hilamos con el siguiente punto.

Ha sido ahora cuando he seguido jugando a Elden Ring. Si habéis leído mis textos anteriores (si lo habéis hecho os quiero muy fuerte), recordaréis que dije en alguna ocasión que no me apetecía jugar en el lanzamiento, que me agobiaba estar constantemente leyendo en RRSS sobre el juego y que por ello no tenía ganar de llegar a casa y jugar. Pero ahora ha sido distinto: me apetecía volver a ver ese bonito mundo, me apetecía acabar ya con la zona inicial (qué pereza de zona), me apetecía tener sensaciones con el mando, algo que, creía, había olvidado hace tiempo.

Pero el desafío sigue aquí, y es que no sólo estoy jugando a Elden Ring. Simultáneamente y según me va apeteciendo estoy jugando Elden RingBerserk and the Band of the HawkThe Binding of Isaac, Borderlands 3Los Sims 3, estando en cuatro de ellos metido en la historia principal. ¿Hay problema? El más mínimo.

Berserk and the Band of the Hawk
¿Y si sólo buscamos la inmediatez del juego?

El problema llega cuando empezamos a concebir jugar como una tarea y no como un divertimento. ‘No podemos tirarnos mucho sin jugar porque le perdemos el hilo a la historia’, ‘tenemos que viciarnos porque si no nos tiramos 3 meses con un juego’. La labor suprema del videojuego, así como la del cine, es entretener, punto. Luego ya viene lo demás.

Mañana me puedes recomendar Forza Horizon 5, uno de los mejores juegos de conducción de los últimos años. No lo voy a jugar porque no me gustan los juegos de coches, punto. ‘Pero es un juego muy accesible y divertido’. No voy a jugar hasta que me apetezca contra todo pronósticoPunto. Y con lo demás exactamente lo mismo.

Si a mí me apetece reventar demonios en Berserk con la Dragonslayer, lo voy a hacer, si me apetece meter tiros con un apartado visual bonito en Borderlands, lo voy a hacer, y si me apetece tiltearme en el Isaac, lo voy a hacer. Y el avanzar o no me da exactamente igual, porque lo que me interesa es el estímulo jugable, lo más primitivo de la experiencia de juego. Todo lo demás, al menos ahora mismo, me da igual. ¿Por qué ver Mother!, de Darren Aronofsky? ¿Por las buenas críticas? No, porque quieres tener esos sentimientos de terror y opresión porque te gusta. ¿Por qué ver Donde caben dos, de Paco Caballero (buenísima película, por cierto, no caigan en los estereotipos con esta película, queridos lectores)? ¿Por su mensaje de libertad personal y sexual, por su alegoría a la liberación? No, porque quieres ver sexo y lo que ello te hace sentir. Punto.

Evidentemente, los videojuegos tienen muchas cosas trascendentales, no son cosas simples o planas, pero sí que es cierto que, en muchas ocasiones, no nos apetece quebrarnos la cabeza con la crítica social de Persona 5 Royal o las turbias historias de Elden Ringsimplemente queremos el estímulo inmediato, generalmente, de la violencia, asunto del que, quizá, hable en otro texto, no tanto en la violencia como estímulo, sino la violencia socialmente aceptada. Pero no me enrollo más en esto.

El mismo tema de siempre, los estándares impuestos indirectamente por la multitud. Casi parece que estoy desarrollando una misantropía patente, pero nada más lejos de la realidad de que cada vez que alguien se ve afectado por algo de este estilo, su mundo se tambalea, porque afecta a su propia concepción. Y eso no está nada bien.

Imaginad que se os mire con mala cara si dices que en el Isaac aún no has terminado la historia. Imaginad que se os mire raro si decís que jugáis Borderlands solo. Imaginad que tengáis que seguir un patrón al jugar. Duro, ¿verdad? Pues esto pasa.

De hecho, qué menos que, si hay que criticar, hablar de uno mismo. En su día, cuando los souls cogieron fama gracias a Bloodborne, en mi cabeza creé sin darme cuenta una pirámide de superioridades, donde sin saberlo (porque nunca he solido ponerme por encima de los demás, más bien al contrario) ponía a los que empezaron con Dark Souls, cuando la saga no era excesivamente conocida e incluso tachada de injusta, en lo más alto, mientras que los que se llenaban la boca diciendo que habían jugado Bloodborne querían ponerse la medalla, anteponiendo el reconocimiento a verdaderamente disfrutar un videojuego. Ahora sólo critico a estos últimos por razones obvias. Comportamientos tóxicos que nunca deben llevarse a cabo, ya no sólo por los demás, sino también por ti mismx.

La sociedad es imperfecta, pero madre mía cuando encontramos a esas personas que nos hacen querer ver el día de mañana con ellas.

Las jerarquías sociales dan verdadero asco. Catalogar a alguien por lo que hace o consume es rastrero y sólo denota cuán mala persona eres y qué poco aceptas que seas tan miserable. Lógicamente, si digo todo esto es porque no me quedo en el campo del videojuego, sino en la vida en general: a la hora de salir, de amar, de socializar, de esperanzar y decepcionar. Simplemente jugad a lo que queráis, hacedlo con el ritmo que queráis y haced con él lo que os dé la gana, que la basura, con el tiempo, apesta cada vez más y menos gente se acercará a ella.

Manuel Hernandez

Puede que ahora sólo esté buscando ese juego que me devuelva a lo que sentí con Twilight Princess cuando sólo era un enano. De mientras me entretengo llevándole la contraria a la gente sobre Breath of the Wild.
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