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Psicología del jugador: El progreso

¿Jugar es ahora una barra con porcentajes?

Siempre, y digo siempre, nos van a parecer mejores los juegos que jugamos cuando éramos niños a los de ahora. Aunque también es una realidad que a día de hoy nos encontramos de vez en cuando algún título que nos marca y que lamentamos terminar, la regla general es que nuestro mejor recuerdo es, naturalmente, aquel que nos introdujo en el mundillo: para algunos (como yo) será algún Zelda, para otros, Final Fantasy VII, o, para los demás, cualquier otro juego, ya que todos pueden ser el mejor juego de la Historia para unx mismx. Ese juego será uno cuyo contenido, sin duda, recorrimos en su día cientos y cientos de veces sin importar su duración o lo que debiéramos hacer en el mismo. Simplemente disfrutábamos. Pero hoy en día la realidad es otra. Nada más que sale un juego nuevo, empiezan las preguntas: ¿Es un juego de mundo abierto rollo Breath of the Wild? ¿Es lineal? ¿Si lo es, dura mucho? ¿Son 20 horas sólidas o diluidas? Y la pregunta maldita…: ¿Cuánto tiene en Metacritic?

Todas estas cuestiones, vamos a decirlo claro, ponen la cabeza como un bombo al jugador. Antes de que salga un título tenemos encima millones de prejuicios y expectativas ajenas que hace que, cuando jugamos, casi que lo hacemos para los demás. Ejemplo de ello son los RPG, con sus mundos inmensos y marcadores infinitos (porque sí, Elden Ring Breath of the Wild también tienen los dichosos iconitos, aunque a su manera) o, en general, cualquier juego de moda. Podría seguir perfectamente con esa casi obligación moral que muchos hemos tenido de jugar 10 horas diarias a Elden Ring (días laborables) desde que salió hasta terminarlo el viernes siguiente a su lanzamiento con 120 horas a nuestras espaldas, estando comprendidos en esas horas todos los jefes, armas secretas, quests y no sé cuántas mil cosas más. Porque, damas y caballeros, al igual que las series, los videojuegos se han convertido en experiencias cortas e intensas en vez de extensas y diluidas, aunque esto da para un debate que no procede aquí. Quizá en otra ocasión.

Lo que vengo a decir es que, desde un tiempo a esta parte, jugar a videojuegos se ha convertido en un manual de instrucciones donde debes hacer esto y aquello como mínimo. Ya luego haces lo que quieras. ¿Recordáis cuando vuestros padres os decían cuando llegabais del colegio que ‘hicierais los deberes y luego ya cogierais la maquinita’? Pues eso.

¿Recordáis la polémica que hubo hace poco con Dying Light 2 y sus 500 horas para completar el juego que luego no eran para completar el juego sino para hacerse el contenido al 100%? Bueno, pues lamento decepcionaros, pero ese asunto también se va para otro artículo. Pero tengamos en cuenta el número: ¡500 horas! Cada persona es un mundo, pero ¿hay verdaderamente alguien que tenga las mismas ganas de jugar a las 500 horas que cuando empezó el juego si es que es capaz de completarlas?

Porque esa es la verdadera cuestión. Cuando terminas cualquier juego y ves el porcentaje completado, te entran ganas de LLORAR. Y lo digo porque, para escribir este texto, volví a meterme en mi partida de Breath of the Wild de ni más ni menos que 115 horas. 115, ¿vale? Bien, atentos porque se viene gorda.

Horas BOTW
Graphic design is my passion.

Ni un 40% del juego. En 115 horas he visto un 38,62% del contenido del título. ¿Quedé insatisfecho? No. ¿Tengo la necesidad de completar el 100%? Ni un poquito. Aún con sus, en mi opinión, más que patentes menos, mi experiencia con Breath of the Wild fue absolutamente gratificante. No tengo ninguna necesidad de seguir explorando un juego ya visto para subir un simple numerito. A quien le apetezca, que lo haga porque para eso está el contenido del juego. Pero sabiendo cuál es el regalo de encontrar 900 kologs (Miyamoto meets Oda) prefiero abstenerme de perder mi tiempo en algo que no me interesa sólo por la opinión popular. Y ya no sólo por los kologs, sino también por los santuarios. Chico, si me parecen clónicos no me voy a hacer 120 de ellos cuando llevo 40 y me quiero morir. ¿Y sabéis qué? Que está bien. ¿Que te has hecho todos los santuarios, conseguido todos los kologs, aumentado todos los corazones, obtenido todas las armas y derrotado a todos los jefes? Felicidades, eres un máquina y te alabo muchísimo porque es una tarea titánica. Pero eso no lo voy a hacer yo porque no me apetece. Y ambas partidas están bien porque han sido disfrutadas.

Lo mismo puedo trasladar al reciente Elden Ring. Personalmente, he jugado 14 horas y lo he dejado para un poco más adelante, cuando dejara de meterme en RRSS y leer cosas del juego constantemente. Ello me hacía estar borracho de Elden Ring sin siquiera jugar. ¿Y sabéis qué? Que está perfecto que compartas tu ilusión en RRSS por lo completo que es el juego (porque lo es) y lo bien que te lo has pasado completándolo, al igual que está perfecto que yo me quiera dar un descanso porque me agobia tanto contenido, tanta tácita obligación. No soy nadie para establecer nada, pero como conjugador vuestro, os pido que os grabéis esto a fuego: Tu libertad termina donde empieza la mía. Eres libre de dar tu opinión hasta que vulneras la mía.

Últimamente estoy jugando a gran variedad de títulos, algunos nuevos y otros no tanto (la relación amor-odio de nosotros los LoL-players) y casi que los juegos sin final parecen ser la mejor opción.

No me malentendáis, todo juego sin excepción tiene un final en su contenido. Sin embargo, la cantidad de contenido de algunos títulos es tal que se sobreentienden infinitos. Por supuesto, estoy hablando de los MMORPG, League of Legends y The Binding of Isaac, tres titanes de la actualidad del videojuego.

  • MMORPGs

Recientemente, empecé a jugar a Guild Wars 2, el cual, descubrí hace poco, es free-to-play en su versión base. No hay duda de que los MMORPG tienen tantísimo contenido que, aunque tengan un final, casi que no contemplamos la posibilidad de que se acabe, y eso sin añadirle las expansiones.

A lo que iba, los mapas de los MMORPG son tan grandes y hechos de tal manera que sencillamente no te preocupa saltarte algún rincón, porque la diversión no reside en eso, sino en explorar un vasto mundo sin importar un porcentaje completado, un catálogo concreto de misiones o una historia principal. Sólo pasa el rato haciendo misioncitas desafiantes pero divertidas cuyo objetivo es ser una parte más de una experiencia sin fin. Y es por eso que me gustan los MMORPG, por esa característica de desenfado y poca atadura al jugador.

El juego maldito, el pozo del que nunca sales si entrasEL MALDITO ELO HELL. Porque sí, el ELO Hell tiene, en parte, la culpa de que el maldito LoL esté aquí.

Un día eres feliz, pero decides instalar League of Legends, un MOBA que juega todo el mundo. Decides empezar a jugar. Te revientan, pero el juego te atrae y te diviertes. Llegas al nivel para jugar Reclutamiento y escoger tu línea. Pero quieres más, maldito greedy: clicas en Clasificatoria. Y ahí es donde empiezan tus verdaderos problemas.

¿Quién no ha jugado nunca una ranked en cualquier juego? Una partida clasificatoria donde te juegas un ascenso de división o incluso de liga. Si ves algo de elitismo aquí, es problema tuyo (just kidding).

Bromas aparte, el progreso está constantemente presente en League of Legends: los puntos de tu campeón, las maestrías, el número de skins que tienes de tu main, tu ELO… Y ello es un claro aliciente a seguir jugando (y a seguir tragando a según qué perfil de jugadores…), a seguir probando nuevos campeones, nuevas líneas… aunque el balance del juego sea poco peor que el de una curva mal asfaltada, aunque eso es otro tema.

Conclusión: nunca instaléis League of Legends. Si lo hacéis, es vuestra culpa. Y NO SMURFEÉIS, NO LE HACÉIS NINGÚN FAVOR A NADIE HACIÉNDOLO.

  • The Binding of Isaac

Llegó el momento, el roguelike entre roguelikes. Poco menos de 10 horas me han hecho falta para ver que esto es un juegazo importantísimo. Cada run es diferente, tú mismx te formas tu propio progreso mediante el perfeccionismo (recibir el menor daño posible, saber diferenciar los mejores objetos, conseguir el Pacto, llegar lo más lejos posible…).

Todo ello, con un The Binding of Isaac: Rebirth acompañado de ni más ni menos que tres expansiones hacen de este título uno de los mejores juegos nunca hechos. No siendo un AAA, sin duda alguna puede ser mejor que muchos títulos de este estilo, donde los clichés y la vistosidad, por suerte o por desgracia, abundan, tanto para lo bueno como para lo malo.

Como bien he dicho antes, llevo el ridículo número de poco menos de 10 horas jugadas (el promedio ronda las 400) y ya me he maravillado con la turbia y arriesgada historia de la madre del pobre Isaac. Su jugabilidad, cambiante y entretenida, hace que queramos echar siempre una run más (¡por ver hasta dónde llegamos esta vez!), perfeccionar nuestra técnica, simplemente jugar y echar el ratito.

Sólo puedo concluir este texto con una idea: abstracción. Últimamente, dejar de mirar la hora del dispositivo que más cerca tengo o quitarla del propio televisor me ha ayudado a disfrutar más lo que hago. Antes siempre era: ‘vale, si son las 16.00 y cada episodio dura una media de 20 minutos, para las 19.00 me veré 9 episodios, llegaré hasta x episodio y me quedará menos para llegar a x arco’. Y lo mismo con los videojuegos. ‘Tío, en un longplay de The Wind Waker voy por la hora 4 de 11, venga, casi llego a la mitad del juego’. ¿De verdad?

Quiero dejar de ser parte de un experimento social donde no tenemos intimidad, donde tenemos que jugar lo que está socialmente establecido y donde tenemos que vernos El juego del calamar en dos días porque, si no, nos perderemos el fenómeno (sí, esto da para otro artículo).

Simplemente disfrutad, abstraeos, sentid y conoceos a vosotrxs mismxs.

Manuel Hernandez

Puede que ahora sólo esté buscando ese juego que me devuelva a lo que sentí con Twilight Princess cuando sólo era un enano. De mientras me entretengo llevándole la contraria a la gente sobre Breath of the Wild.
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