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La muerte de un recuerdo y la desaparición de los clásicos

Tal vez la era de la información no funciona como pensábamos

Hace un mes decidí adquirir para Steam la Mega Man Legacy Collection. La verdad es que nunca había tenido un contacto con el bombardero azul, pese su gran influencia. La premisa es sencilla, recopilar los seis primeros títulos añadiendo nuevos menús y desafíos opcionales. Los juegos se encuentran íntegros y solo se adaptan a los nuevos controles. Estamos hablando de que el primer Mega Man fue lanzado en 1987 para la Famicon. Si Capcom no se hubiese decidido a sacar la colección, ¿cuántos de los que estamos aquí ahora hubiésemos podido jugarlo de forma “legal”?

La respuesta es sencilla: los más veteranos y los interesados en la cultura retro y sus orígenes. Si solo han pasado 30 años y ya poca gente puede jugar a estos títulos, ¿cuándo desaparecerán por completo y se olvidarán? La solución está clara: la conservación. Plataformas como Steam tienen una biblioteca digital de juegos guardados que nos proporcionarán horas de entretenimiento. Pero muchos títulos clásicos no aparecen aquí como Paperboy, Contra o Berzerk. En el otro extremo tenemos la conservación física, que necesita grandes presupuestos y espacios para mantener los videojuegos y las consolas en el mejor estado. Poco a poco la comunidad intenta hacer alguna contribución, pero desgraciadamente, no es suficiente. Si no hacemos algo las futuras generaciones se perderán los clásicos de nuestros tiempos. Y sinceramente, no me gustaría que en unos años algún niño me preguntase que era el Pac-man.

Todos nosotros hemos descargado un emulador y ROMs de videojuegos. Ya sea por necesidad al no tener suficiente dinero o por la imposibilidad de conseguir determinados títulos. Aquí no nos vamos a meter si es ético hacerlo o no. Se supone que solo puedes descargarlo si posees la consola y el juego. Pero no os vamos a tratar como borregos, nadie lo cumple. Tú lo sabes, yo lo sé y las compañías también lo saben. Por eso siempre ha habido una lucha entre la industria y los emuladores. Como la gran N, que ya sabemos lo protectora que es con sus IP. Este año ha conseguido cerrar EmuParadise, una plataforma que tenía 18 años, junto con LoveROMs y LoveRetro. Estas ROMs que podías descargar eran de juegos muy desactualizados que solo los podías conseguir por terceros, no aportan ningún beneficio a la compañía. Es más, probablemente si les ha gustado el titulo emulado, en el futuro podrían ser clientes potenciales. Entonces, ¿qué pretenden?

Vamos a hacer un poco de matemáticas para aclararlo. Yo quiero jugar al Batteltoads, un clasicazo de 1991, de forma legal. Podré encontrar la consola NES en torno a los 50 euros en buen estado. El Batteltoads más barato que he visto costaba 35€. Jugarlo me costaría 85€. No voy a tener en cuenta ni el tiempo de envío ni el bloqueo de región. Genial, ahora voy a emularlo. Diez minutos es lo que tardo en conseguir el mismo resultado, o probablemente mejor gracias a parches hechos por la comunidad. Si lo ponemos en una balanza, está claro lo que haría un jugador. Es una vergüenza que Nintendo quiera que me gaste esa cantidad de dinero por jugar a un juego de hace 27 años.

Pese a las malas prácticas de esta compañía, quiero darles la enhorabuena. La producción de la Mini NES y la Mini Super Nintendo es una apuesta muy acertada, ya que por un módico precio el consumidor puede jugar a 30 títulos de la consola preferida de muchos. Pese a que solo era un producto limitado y no piensan fabricar más. Os dejo una reflexión, ¿Habéis pensado que las tiendas de segunda mano y las páginas de ROMs están haciendo más por la historia de los videojuegos que los buitres de ahí arriba? Bastante curioso.

Ahora viene la miga. Es nuestro deber guardar todos los videojuegos posibles. Y no solo hablo de las obras como Mario Bros o The Legend of Zelda. Me refiero a cualquier título que haya aportado significativamente a la industria, como Crypt of Necrodancer, que combinó el Rogue-like con musicalidad, o Shovel Knight, que redefinió los juegos retro bajo una perspectiva moderna. Es más, me atrevo a decir que deberíamos conservar incluso el ET de la Atari. Uno de los videojuegos que llevó a la industria a casi desaparecer, pero que puede aportar información importante para no volver a cometer el mismo error. Y puesto que las grandes compañías deciden no hacer nada, tendremos que ser nosotros quienes nos manchemos las manos.

El Computer Spile Museum de Berlin, con más de 300 exhibiciones y titulos de hace más 60 años.

La conservación digital es la más sencilla. Aun así, muchos dirán “Plataformas como Steam u Origin guardan los videojuegos perfectamente”. Y tienen toda la razón, pero quien no te ha dicho a ti que en 15 años desaparezcan. Muchas son las personas que poco a poco recopilan videojuegos en bibliotecas digitales. Pero gracias a la idea de Jeff Rotherberg, que defiende la emulación en su famoso texto: Evitar las arenas movedizas de la tecnología es encontrar una base técnica viable para la preservación digital, muchos proyectos han seguido este modelo. Consiste en cuatro etapas. La primera es crear cualquier anotación necesaria para conocer el contexto del videojuego. La segunda es encapsular el título digital y el software necesario para ejecutarlo, instrucciones y datos para crear un emulador en el futuro. La tercera trata de traducir las anotaciones para mantenerlas inteligibles, y finalmente emularlo para comprobar si todo funciona perfectamente.

Y por último queda la conservación física. Probablemente todos habréis ido a una tienda de segunda mano. ¿Cuál es el juego más antiguo que podéis comprar? Tal vez alguno de la Nintendo 64 o de la PS2. Las viejas obras estarán probablemente en algún vertedero o en la casa de un coleccionista privado. Por ello, insto a que se creen espacios destinados a la preservación de videojuegos y sus consolas. No digo todos, solo los más importantes. La conservación digital necesita esfuerzo y voluntad, mientras que la física requiere de infraestructuras y personal. Ya se han empezado a ver algunos museos destinados a este fin, como el Game One de Tokyo o el Computer Game Museum de Berlín. Un ejemplo a seguir.

Pese a vivir en la era de información, los orígenes de los videojuegos se están desvaneciendo lentamente. Las grandes compañías ya solo piensan en verde, se niegan a portear juegos de sus antiguas consolas para el público actual, y por si fuera poco, castran a cualquiera que lo intente. Parece que todavía no han entendido como funciona la comunidad: cierra una página y saldrán dos nuevas. Una lucha perdida. Por otro lado, desde hace unos años, la creación de museos destinados a recopilar videojuegos y mostrarlos se han hecho más notables. Ahora mismo contamos con más de dos decenas alrededor de todo el mundo.

A veces no nos damos cuenta, pero como consumidores tenemos un gran poder. El poder de recordarle a las grandes compañías que aunque ellos quieran hundir los títulos que les llevaron al éxito, nosotros los mantendremos a flote.

Pablo Marín Blasco

Más cómodo frente a un ordenador que tirado en el sofá. La dificultad en un videojuego nunca ha sido un obstáculo, sino un medio.
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