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FINJI: Otro tipo de publisher

El amor al videojuego y el respeto a su creador

La figura de los editores, o más conocidos como publishers es una que casi nos persigue en este mundillo. Es común hablar de “los juegos de… Sony, Microsoft, Nintendo, Square Enix, EA, Ubisoft…”. Es algo tremendamente habitual e importante a la hora de tener en cuenta cómo funciona la industria.
Los publishers de videojuegos son empresas y grupos empresariales que suelen encargarse de todas aquellas tareas ajenas al desarrollo de un videojuego, y ofrecen servicios a los creadores en apartados como la financiación, la traducción, publicación y distribución del producto, portear a otras plataformas y diseñar la campaña de marketing con la que se busca el éxito del videojuego en ventas. Podríamos decir que lo que buscan es dar forma a un proyecto hasta convertirlo en un producto apto para lanzar al mercado.

Es una parte imprescindible del videojuego, una que muchas veces consigue ser odiada y amada por los distintos sectores de la industria. Suelen buscar una identidad, un sello con el que ser reconocidos y donde muchos jugadores se puedan sentir representados: Sony con sus videojuegos cinematográficos, Nintendo con sus sagas emblemáticas, Square-Enix con la presencia de sagas japonesas y el JRPG clásico… Y es que lo normal en estos grupos es pensar en mastodónticas empresas llenas de dinero y empresarios trajeados, pues son las que más llaman la atención. Pero no todo es así, hay editores como Finji, una pequeña desarrolladora y publisher de videojuegos que ha conseguido hacerse un hueco entregando títulos maravillosos e inolvidables.

Es posible que Finji o las figuras de Rebekah y Adam Saltsman os sean poco conocidas. Es normal. Hablamos de un publisher de juegos independientes muy pequeñito que no puede competir con otros grupos mastodónticos como 2K, Ubisoft o Electronic Arts, ni siquiera con aquellas distribuidoras más humildes de videojuegos indies, como Annapurna o Devolver Digital.

Pero sin embargo, si os hablo de algunos de sus éxitos, como Night in the Woods (2017), Chicory: A colourful tale (2021) o el reciente Tunic (2022), es posible que os suene más.

Y es que es este último -el videojuego del zorrito disfrazado de Link- el que ha despertado mi interés por este grupo. Durante esa semana que me duró el título fui absorbido por una inesperada joya; un videojuego tan original como nostálgico, exigente, pero justo en sus desafíos, con un mundo misterioso que consigue cautivarte e intrigarte y con un diseño visual del que es imposible no enamorarse. Ha sido una obra que ha triunfado entre el público y la crítica. Mismamente aquí, en esta santa casa, mi compañero Daniel le puso un merecido sobresaliente.

Es difícil no fijarse en el desarrollo de siete años que Tunic ha tenido a manos de un equipo minúsculo, capitaneado por Andrew Shouldice. Con una marca autoral tan fuerte nos lanzamos a mirar a ese artista que hoy merece nuestro reconocimiento. Sin embargo, me acabé por preguntar quién fue el que apostó por ese videojuego tan especial ¿Quién apoyó un proyecto tan alargado en el tiempo, cuya mayor fuerza es no decirle nada a su jugador, manteniéndole confundido e ignorante durante el tiempo suficiente como para que las sorpresas impacten con más fuerza? Finji ha sido ese equipo que apostó, al que hoy ha sido, un caballo ganador.

Pero no es la única obra maravillosa que tienen en su biblioteca, como decía antes. Sus otras proyectos desprenden tanta calidad que, creo, hoy merecen este humilde y pequeño espacio para hacerles justicia. Así que, hablemos de Finji.

Finji es una desarrolladora y editora de videojuegos independiente con sede en Grand Rapids, Michigan. Cuenta con más de 18 colaboradores que trabajan tanto en la publicación como en el desarrollo interno. La empresa se refundó en 2014 tras la fusión de las empresas de Adam y Rebekah Saltsman, marido y mujer respectivamente. Quienes trataron de aunar el trabajo de desarrollo de videojuegos de Adam, con la empresa de publicidad de Rebekah. De ahí nació Finji, cuyo nombre y logotipo son una referencia directa a sus dos hijos: Finji es el apodo que tenía el pequeño cuando aún era un bebé, y el dibujo de la simpática comadreja con una corona es una referencia al mayor, Kingsley, quien con dos años se metía en todos los sitios posibles, tal y como hace este animal.

Bajo la simpática comadreja nacen proyectos de desarrollo propio como Overland (2016), capitaneado por Adam Saltsman (conocido como Adam Atomic), el director de la empresa y un veterano desarrollador que en 2009 lanzó Canabalt, un videojuego flash de navegador que tuvo bastante éxito en su época. Seguramente lo hayáis visto alguna vez: Uno en el que corres sin fin entre los tejados de los edificios.

Bekah por otro lado, es la directora ejecutiva, una mujer que llegó a la industria por casualidad y que no estudió nada relacionado con los videojuegos. Simplemente se le presentó la oportunidad mientras ayudaba en los proyectos de su marido y este mundo la fascinó.

Yo llegué a la industria por casualidad. No estudié nada relacionado con videojuegos. Tampoco me planteé trabajar en el sector, simplemente se me presentó la oportunidad y me fascinó trabajar en el mundo de los videojuegos.
Rebekah Saltsman [AnaitGames]

Hoy forma parte del consejo asesor de la GDC (Game Developers Conference), es mentora en varios programas de desarrollo y da charlas por el mundo sobre videojuegos; además de ser la clara cabeza visible de su empresa, alguien que en cada entrevista deja entrever pasión por los proyectos que apadrina.

La creación de Finji nació por la ausencia de un socio que publicara los videojuegos de Adam de una forma igualitaria. De esta forma buscaron autopublicarse, y una vez lo consiguieron y entendieron la mejor forma de hacerlo, buscaron ayudar a otros estudios a conseguirlo. Siempre respetando a los trabajadores bajo «modelos de negocio éticos» en los que se evite el crunch a toda costa y repartiendo de una forma justa los beneficios. Rebekah habla de una «Finji Fam» (Familia Finji) en la que se respeta a los creadores y sus obras, en la que se ayudan como creativos, mentores y, si puede ser, amigos.

Adam y Rebekah Saltsman

Al ser un grupo pequeño, concienciado con el valor de la creatividad, las obras que producen y publican tienen una imaginación desbordante, alejada de los clásicos análisis de mercado que pueblan la industria. Por desgracia, no pueden elegir muchos proyectos para apoyar, pero los que eligen son aquellos que les emocionan hasta el punto de aparcar sus propios trabajos.

Buscan juegos con confianza en una idea concreta: una narrativa muy clara, una mecánica muy bien desarrollada, unos personajes realmente inolvidables… No necesitan lograr todo al mismo tiempo, sino que un elemento en concreto sea tremendamente robusto.

Wilmot’s Warehouse (2019) cuenta con una sola mecánica, desarrollada a la perfección para hacer que tus horas pasen sin que apenas te enteres; Night in the Woods se apoya completamente en su narrativa y los personajes para no complicarse con el gameplay y Tunic recurre a un solo mapa que, sin cambiar un ápice, no deja de sorprenderte.

Wilmot’s Warehouse y Night in the Woods

Bekah cuenta que, cuando encuentra un nuevo proyecto que apoyar, necesita encontrar algo que ella y su equipo puedan aportarle, tienen que sentir que su juego encaja con el resto de su catálogo, uno realmente diverso que no responde a ningún tipo de relación entre los mismos. La esencia de la marca Finji, para la propia Rebekah, se encuentra en una promesa a sus fans:

Te prometemos que hemos encontrado algo realmente genial para que lo pruebes y estamos seguros de que te va a encantar.
Rebekah Saltsman [Manual nº 9]

Y es que, Rebekah Saltsman es una CEO realmente peculiar. En sus entrevistas te encuentras con alguien que habla con asiduidad de las personas que trabajan en esos proyectos, con nombres y apellidos. Su forma de trabajar en Finji está centrada en un contacto cercano, apoyado en mentorías y una comunicación constante con sus compañeros. Cuando en su propia web hablan de evitar el crunch a toda costa, cuesta menos creerlo.

Y es algo que, en una industria donde las noticias de largas jornadas de trabajo que acaban con la salud mental de los trabajadores, compras multimillonarias que resultan en juegos cada vez menos creativos y proyectos tan deshumanizados que cuesta recordar que están hechos por personas; un grupo como Finji resulta inspirador. Como una especie de bálsamo.

Estás últimas semanas he jugado a videojuegos realmente buenos, adictivos, llenos de creatividad, talento y autoría; y leer sobre ellos solo ha hecho que mejorar la experiencia. Como recuperándome la fe en algo que creía extinto: En un videojuego libre y creativo, donde sus creadores tienen unas buenas condiciones de trabajo.

Creo que, mientras existan grupos como Finji, dirigidos por personas que luchan por evitar el crunch y crear las mejores condiciones para sus trabajadores, que apoyan títulos tan creativos como autorales, nuestra industria estará a salvo. Simplemente, necesitamos más «Finji Fams».

Luciano Garcia

Hace tiempo me hundí hasta una ciudad submarina que me dijo que, si quería ser hombre, debía elegir. Así que elegí estudiar cine y escribir sobre movidas de jueguicos que me implosionan la cabeza.
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