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Eurídice Cabañes y los videojuegos

Experiencias de jugadoras

Durante toda mi vida los videojuegos han sido un elemento importante de la misma, han plagado mi infancia y adolescencia de momentos importantes para mi, momentos de reflexión, momentos anecdóticos y, en general, cantidad de situaciones que me han moldeado como persona. Durante años he contado mis experiencias y he oído las experiencias de compañeros en similares circunstancias. Circula una falacia de que las mujeres acaban de llegar al mundo de los videojuegos, como si quisieran arrebatar a los hombres algo importante o que está hecho solo para ellos. Y yo creo firmemente que esto no es así, si bien unos crían la fama y otros cardan la lana, las mujeres llevan aquí desde el principio. A poco que te pares a escuchar podrás oírles contar historias, como las que tú mismo cuentas, y si tienes dos dedos de frente podrás ver que donde tú te sentiste desplazado por tener un gusto algo «marginal» en cierta época, a ellas se les negaba la existencia, incluso cuando podían vivirlo y sentirlo más que muchos de los que hoy en día se les llena la boca hablando de videojuegos.

Por ello he creado este espacio de entrevistas, porque ellas lo merecen, sus historias merecen ser oídas con sus propias palabras. Estas entrevistas son íntegras y sin editar e irán siendo publicadas una por semana, con las mismas preguntas para todas de manera que cada una le dará su punto de vista y experiencia, así que me voy callando un mes, y os pido que os centréis en ellas, grandes protagonistas del ayer, el hoy y el mañana del videojuego, disfrutemos de lo que nos une con ellas,y vivamos los videojuegos, como un regalo precioso que nos hace soñar con que somos mucho más que lo aparente.

Crecí en un pueblo de 100 habitantes, trepando árboles, inventando historias fantásticas para mí, mi hermano y el resto de niños y niñas del pueblo, la realidad siempre me pareció muy limitada y hacía lo que fuese por trascenderla. En ese intento, los videojuegos me parecieron siempre una gran herramienta, una fuente interminable de otras vidas, que podía vivir en una sola.

Estudié filosofía hasta terminar el doctorado en 2016, porque era una disciplina que me permitía seguir explorando, planteándome cuestiones complejas, y vinculé eso también con los videojuegos. Mi vida profesional tiene un eje vertebrador que es ARSGAMES, aunque haya trabajado de otras muchas cosas, ese es el proyecto que hemos construido, en el que he crecido y en el que seguiré siempre, rodeada de compañeros y compañeras que son mucho más que eso, decidiendo todo de forma horizontal, asamblearia y cuidando el trabajo y las relaciones desde los afectos y demostrando que hay otros modos de trabajo posibles.

Como cuando era niña, creo que la realidad es muy limitada, pero ahora creo que podemos transformarla para que sea un lugar más justo para todos, y creo que los videojuegos son una buena forma de mutar universos simbólicos, de experimentar nuevos sistemas u otras formas de relacionarnos.

Mi primer recuerdo… una consola heredada de mi primo, funcionaba con cintas y para jugar un juego había que hacer muchas cosas difíciles y hacía ruiditos parecidos a los que haría después el módem. Solo teníamos dos juegos, uno de un helicóptero y uno de un gorila que lanzaba barriles (solo después supe que era Donkey Kong) y el segundo era mi favorito.

Una tarde entré en la habitación en la que jugábamos y encontré a mi hermano que había sacado toda la cinta del cassette para poder sacar el gorila, su primer intento de hackear un juego fue fallido y nos quedamos sin él.

No hay solo uno, hay muchos, a parte de los dos primeros, que ya mencioné, Élite (ese juego al que dos niños demasiado pequeños le dedicaron demasiadas horas y demasiada frustración, hasta que vimos que había un mundo más allá de volar por el espacio hasta explotar), Sonic (y sus terribles niveles bajo el agua en los que te ahogabas sin no encontrabas oxígeno, que a mi pobre hermano le tocó jugar siempre porque yo los odiaba), Aladdín (con su nivel del genio que a mi pobre hermano jamás le dejé jugar), Street Fighter y Tekken (y la frustración de mi hermano que aprendía todos los movimientos para que luego yo le ganase apretando todos los botones a lo loco), Ice Climber (y su posibilidad de dos jugadores que por fin hizo que ambos pudiésemos jugar en igualdad de condiciones), Final Fantasy IV, Diablo, muchos de los que recuerdo la sensación, o las mecánicas, pero no el nombre y, en general, una lista tan larga que no podría recordar todos. Pero no hay ningún recuerdo de infancia, ningún juego que no recuerde jugándolo con mi hermano Ramiro.

De niña no me lo planteaba, cuando existía la posibilidad, si me gustaba seleccionar personajes femeninos, siempre y cuando no fuesen demasiado «rositas» (nunca me gusto Peach, por ejemplo), aunque los alternaba con otros masculinos sin problemas. Pero en cierto modo sí me afectaba, recuerdo, con un poco de vergüenza, pensar que de mayor tenía que tener muchas tetas, porque de algún modo sentía que eso era algo imprescindible (no tenía referentes con pocas tetas en el mundo de los videojuegos, a no ser que fuesen niñas rositas, y eso era algo que tenía claro que no quería). Es curioso como los modos que tienes de construir tu propia imagen están tan determinados por la representación.

Creo que es un primer paso, pero estamos muy lejos de una representación paritaria. Más allá del número de mujeres protagonistas, creo que es imprescindible cambiar las historias que se relatan. Como afirma Sara Martín, aunque reemplazásemos todos los personajes masculinos de todos los videojuegos por personajes femeninos, las historias que se cuentan siguen siendo patriarcales.

Ambas, jugar con otras personas me encanta, pero también hay juegos en los que disfruto de la soledad, de una cierta intimidad entre el videojuego y yo (en muchos casos, como la saga Walking Dead, por ejemplo, me gusta jugarlo yo y después enseñárselo a otras personas y verlos jugar). Si juego con gente me gusta que sea de forma presencial, y, salvo algunas excepciones, no me gustan mucho los juegos online multijugador. Recuerdo la que creo que fue mi primera experiencia en un mundo online, cuando encontré a otra persona, otro personaje que no era un NPC, sino otra persona, sentí que la intimidad de mi habitación, de mi cama (casi siempre juego en la cama), de algún modo estaba siendo profanada, no me gustó la sensación.

No sé si lo expresaría así, pero definitivamente hay muchos videojuegos que noto que no están hechos para mi, que representan universos simbólicos machistas y que, por tanto, no me atraen en absoluto.

Tengo muchas, por ejemplo no era capaz de jugar videojuegos de terror, en Resident Evil, siempre que aparecía el monstruo del techo que te atraviesa con su lengua, gritaba y tiraba el mando. Mi hermano me decía «¿no te das cuenta de que si tiras el mando te matan?» y yo le respondía, «no, si tiro el mando la matan a ella y yo no tengo nada que ver» es curioso ese cordón umbilical, el cable que une el mando a la consola y nos vincula con nuestros personajes y que podemos cortar en cualquier momento dejándolos a la merced de los designios del juego. Otras han sido productos de bugs, recuerdo en una partida a Los Sims un error del juego por el cual que quienes visitaban mi casa jamás podían irse, todos acababan muriendo y sus fantasmas acechaban por las noches a los nuevos visitantes atrapados, era una casa encantada, aterradora, producto de un error que actuaba como hechizo del ángel exterminador de Buñuel.

Los videojuegos son una parte muy importante de mi, son entretenimiento, trabajo, excusa de socialización, objeto de investigación y herramienta de transformación.

Si, en más de una ocasión. En principio los primeros eventos sobre videojuegos a los que asistía eran los que nosotros mismos organizábamos con Arsgames, entonces no se daba o no notaba eso (no sabría decirte si por cómo estaba organizado, los temas, los públicos o porque era una de las organizadoras), pero después lo he notado en varios. El primero creo que fue uno de Inteligencia Artificial de videojuegos al que asistí en París junto a mis compañeros del Computational Creativity Group del Imperial College de Londres. Habría unas 500 personas, y no más de 5 mujeres (yo solo vi a otra a parte de mi). Cuando nos presentábamos a un nuevo grupo todos los miembros del nuevo grupo se presentaban y saludaban a la gente de mi grupo, salvo a mi, yo era completamente invisible. Fue muy extraño. Después me ha pasado en una Game Jam en Madrid; me había inscrito hace mucho y le dije al que entonces era mi pareja que viniese conmigo, él tiene bastante nombre en la industria, por lo que cuando llegué todos le saludaron, le dieron su registro y le preguntaron (conmigo presente) que si yo me iba a quedar también ¡Cuando era yo la inscrita! Después, en la lluvia de ideas para el juego que íbamos a hacer fui bastante invisibilizada también, por lo que al cabo de unas horas decidimos irnos para no volver.

Incluso me ha ocurrido, siendo organizadora, ir a hablar con la institución y que se dirigieran a mi acompañante hombre en lugar de a mí, cuando yo era la que llevaba la propuesta y la otra persona solo venía conmigo, no tenía nada que ver con la propuesta y constantemente les indicaba que era a mí a quien debían referirse, que él no sabía nada. Por suerte para mi, aunque he vivido algunas experiencias desagradables, no es la norma, aunque sé que para otras mujeres sí lo es, y da muchísima rabia cuando sucede.

Lo primero desde aquí debo dar las gracias a Eurídice por su sincera entrevista, una persona como ella que lleva muchos años en el mundo de los videojuegos, jugando, trabajando y viviéndolos, que nos abre su corazón con experiencias que demuestran que vivimos en una negación sistemática de la mujer en este espacio. Una negación que, premeditada o no, es completamente injusta y dañina, para lo que según muchos estudios es prácticamente la mitad del público que juega a videojuegos, pero yo diré más, como si fuera solo una como si fuera media. Nadie merece ser ignorado, no tenemos ningún derecho a tener esas actitudes tan execrables y tan prepotentes, y sé que muchos, es posible que la gran mayoría, no somos o creemos no ser así, pero eso no tiene ningún valor si al ver esas actitudes no hacemos nada.

En cuanto a las experiencias positivas que nos ha comentado Eurídice, me ha sido agradable y familiar leer sus experiencias con su hermano, si bien yo no tengo, he vivido cosas parecidas con amigos y es aquí donde está gran parte de lo que pretendo mostrar, esas anécdotas y vivencias, como intentar sacar de la cinta a Donkey Kong, me ha resultado tierno a la vez que doloroso pensar en ese juego roto. Realmente estamos ante una mujer digna de admirar, una persona que ha llegado muy lejos y que aún tiene mucho por hacer, cuando la mayoría siquiera soñamos con rozar lo que ella tiene, sin duda para mí toda una figura a respetar e intentar emular.

Francisco Jose Moreno

Gran Fan del Zelda, Final Fantasy, Metal Gear y largo numero de Etc. Lo mío son los juegos que me divierten simplemente o los que me llegan a la patata. No creo que nadie pueda sentar cátedra en opinar sobre videojuegos.
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