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Educación en los videojuegos – Parte I

Menos prohibir y más explicar

Si alguien lee esto y sus padres le dejaron jugar a ese juego para adultos siempre y cuando os explicaran el por qué de todo lo que ibais a ver, que tire la primera piedra. La educación en videojuegos, cine y series de televisión, al menos bajo mi punto de vista, es sencillamente deficiente. Y de eso voy a hablar en el texto de hoy.

Quiero decir una cosa, y es que no soy ningún especialista en nada de esto. Ni soy psicólogo, ni sociólogo, ni nada del estilo. Aquí sólo doy mi opinión y mi punto de vista acerca de todo lo que voy a plantear aquí.

Aclarar también que haré referencia (o lo intentaré) tanto a videojuegos como a cine y películas, de tal manera que, además de ejemplificar adecuadamente todo aquello de lo que hablo, quiero lanzar alguna que otra crítica al medio audiovisual que no necesita mandos para llevarse a cabo. Sin más, comenzamos.

Los videojuegos, generalmente, se ven con peores ojos que al cine o la televisión, creo que porque el espectador/jugador está directamente implicado en lo que en la pantalla sucede. No es lo mismo ver a un eficiente pistolero llenando una enorme casa completamente de sangre en Django Desencadenado (2012, Quentin Tarantino) que participar en una masacre indiscriminada controlando a un psicópata en Grand Theft Auto V (2013, Rockstar Games)

Matar por matar. Así de simple.
Y aquí ya ha pasado todo.

La implicación directa en un acto supone un aprendizaje de causa-efecto, un acostumbramiento a un estímulo que nos crea necesidades en el cuerpo. Sin embargo, no os equivoquéis, una película también puede crearlos (como ejemplo personal, recuerdo tres sentimientos de rabia impotente [hasta el punto de querer golpear algún cojín de casa o similares] en tres momentos concretos de tres obras distintas: la agresión homófoba de It: Capítulo 2 (2019, Andy Muschietti),por la caracterización totalmente asquerosa y repugnante de los agresores, los cuales hacían que la situación diera más rabia, si cabe, un asesinato homófobo en la serie Élite (2022, Carlos Montero y Darío Madrona), por los mismos motivos, y una secuencia realista, incómoda y frustrante de bullying en Las leyes de la frontera (2021, Daniel Monzón).

Las películas pueden afectar de igual manera a una persona que los videojuegos, aunque sí que es cierto que la implicación directa en la acción de un videojuego (de la naturaleza que sea) puede crear con más facilidad esas necesidades y comportamientos si no se educan adecuadamente. Al fin y al cabo, un juego, cuando es para adultos, es por algo.

Sin embargo, y en favor de ahorrarnos problemas al no mencionar diversas afirmaciones totalmente sentenciantes acerca de hipotéticas relaciones directas entre actos impropios de todo tipo y los videojuegos, debo criticar a los sistemas de clasificación por edades, especialmente al nuestro: la Pan European Game Information o PEGI.

Y es que la facilidad que tiene este sistema para poner clasificaciones altas me parece totalmente irrisoria, así como para equivocarse manifiestamente con según qué juegos: he visto juegos que, con tener un pequeño reguero de sangre ha obtenido un tajante 18 y juegos como Bloodborne, infinitamente más violentos y que pueden dar muchísimo miedo cuando entiendes verdaderamente la obra, recibe un 16, lo que da a entender que se podría haber hecho peor.

Aunque la PEGI tiene a dar clasificaciones altas, entendemos que en algunos casos es una tarea difícil estimar en qué tramo catalogar un juego.

Sin embargo, y en su defensa, debo decir que al poner cara a cara Grand Theft Auto con Bloodborne, debemos decir que la PEGI tiene razón a la hora de diferenciar ambas obras en cuanto a su clasificación por edades, ya que, aunque Bloodborne es un juego realista y bien conseguido a nivel de efecto en el jugador, Grand Theft Auto puede llegar a ser un verdadero desastre en manos mal educadas, ya que su imitación de la realidad (a pesar de la caricaturización y su humor sarcástico que tanto lo caracteriza) ha sido demasiado realista conforme han pasado los años. Ver GTA III hoy en día, evidentemente, puede no suscitar nada, pero en su momento desde luego que podía serlo. Al fin y al cabo, un chaval o chica de 16 años no es adulto. De pequeños nos lo parecía, pero una vez llegamos, por serlo, no lo somos ni con 18, así que imaginad la situación.

La clasificación es un asunto complicado, pero, en mi opinión, es la propia PEGI la que se complica, ya que, por otro lado, tenemos la Entertainment Software Rating Board o ESRB, el sistema de clasificación por edades estadounidense y, para mí, el mejor. Os voy a dejar aquí abajo sus clasificaciones y pensad en sus diferencias con la PEGI.

La ESRB no suele establecer tramos por edad, y, si lo hace, establece clarísimos matices al respecto.

La ESRB se niega a dar la idea de que el contenido de un videojuego se tiene que limitar a una edad concreta. Aunque es cierto que algunas etiquetas contienen edades concretas, el centro de la misma es una letra, una idea, un tramo de madurez (las similitudes entre los diversos sistemas es mío propio como opinión personal):

  • Early Childhood es el equivalente al PEGI 3 o al distintivo Especialmente recomendado para la infancia del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (en adelante, ICAA). El ESRB lo utiliza para videojuegos generalmente educativos y que lo diferencia del Everyone.
  • Everyone es el equivalente al PEGI 3 y PEGI 7 y al Todos los públicos (TP) y +7 del ICAA. Empleado para juegos aptos para todo público sin componente educativo o didáctico.
  • Everyone 10+ es el equivalente al PEGI 7 y PEGI 12 o al +7 y +12 del ICAA. Empleado para juegos, generalmente, apto para todo público, pero que pueden contener algún elemento que pueda asustar o que pueda ser apropiado para niños y niñas más mayores.
  • Teen es el equivalente a PEGI 12 y PEGI 16 y el +12 y +16 del ICAA. A partir de aquí comienzan las discordancias, véase el caso de Metal Gear Solid: Peace Walker (2010 y 2011, Kojima Productions y Bluepoint Games [respectivamente]), el cual posee en PEGI un llamativo 18 mientras que, en la ESRB, se cataloga como Teen, dando lugar a una diferencia bastante grande, pues hablamos de cambiar de la edad máxima recomendada a la de los adolescentes. Porque sí, Teen abarca de manera amplia la adolescencia, sin concretar ninguna edad en específico.
  • Mature 17+ es una calificación que veremos habitualmente en los juegos como Grand Theft Auto, Fallout, God of War y el resto de obras con contenido violento, sexualmente explícito y demás. Hemos podido ver casos en los que PEGI actuó a la inversa respecto al caso anterior y puso un PEGI 12 a un juego que aquí se calificó como Mature 17+ (Divinity 2 [Ego Draconis y The Dragon Knight Saga], 2009 y 2010, respectivamente), por lo que, como hemos dicho antes, la clasificación por edades es algo muy subjetivo y que, según a quién preguntes, será o no apropiado.

Tras estas clasificaciones, vemos una que nos llama especialmente la atención:

  • Adults Only 18+ es una clasificación empleada en juegos donde la violencia, la explicitud sexual o las apuestas alcanzan un nivel de realidad tan extremo que se debe hacer especial hincapié en ello (especialmente en el caso de las apuestas, empleándose este distintivo en aquellos juegos que se juegan con dinero real). Como ejemplos tenemos la edición sin cortar de Manhunt 2, de la cual hablé en otro artículo, Grand Theft Auto: San Andreas cuando se supo del descubrimiento del minijuego sexual Hot Coffee o Hatred, un videojuego de vista isométrica cuyo objetivo es asesinar civiles. Lo que diferencia a este juego de Grand Theft Auto es su altísimo contenido misántropo, siendo nuestra motivación para matar civiles de manera única y exclusiva durante todo el juego nuestro odio hacia el ser humano como sociedad. Esta etiqueta implica su lanzamiento exclusivamente en PC y su imposibilidad de venderse en tiendas físicas regulares, por lo que la catalogación de un juego con este distintivo implica una limitación de ventas más que importante.
Obviando la estética opresiva, la idea de Hatred y no la explicitud strictu sensu de su contenido es lo que le hace obtener el Adults Only.

Como podéis apreciar, la clasificación por edades es una mera orientación al padre o madre que desconoce el contenido del juego que su hijx quiere, por lo que le ayuda a tener una idea general sobre el mismo. Y digo general porque, en el caso de la PEGI, estas descripciones del contenido son bastante pobres. Coged algunos de vuestros juegos para adultos (Grand Theft Auto, God of War, Silent Hill, Resident Evil, etc.) que sepáis que contienen muchas cosas propias de adultos y comprobad cómo, en la mayoría de casos, la PEGI se limita a la violencia y el lenguaje soez. Cualquier distintivo adicional es ocasional. Es con esta idea con la que hilo con el siguiente apartado.

Siempre me hago la misma pregunta: si en una película completamente para todos los públicos en un 99% de su contenido deciden poner una palabrota enorme o a una persona pinchándose heroína totalmente sin contexto, ¿sigue siendo para todos los públicos por ser sólo una escena sin sentido? ¿Le pondríamos la máxima clasificación por una única escena? Pues lo mismo ocurre con los videojuegos.

Es cierto que la PEGI puede pasarse de permisiva en sus descriptores de contenido muchas veces (hasta el punto de incluir más o menos en un mismo videojuego dependiendo de la edición que tengas [si no me creéis, buscad las ediciones especiales de Uncharted 3 y 4, Bloodborne o The Order: 1886 y comparadlos con sus ediciones normales]), pero ¿en qué momento se puede introducir de manera que no confunda al comprador? ¿Acaso los God Of War griegos deberían tener el descriptor de sexo y desnudos porque hay un minijuego en toda la aventura donde debemos pulsar botones mientras Kratos folla mientras el jugador o jugadora no ve absolutamente nada? ¿Por los pechos de las mujeres que se ven antes de comenzar el minijuego (por cierto, inofensivos y totalmente naturales y que no entrañan contenido nocivo alguno per se)? Ahí está la cosa, y este es un vacío muy chungo de tratar.

El padre o la madre debe interesarse por lo que su hijx va a jugar o ver. Entendemos que jugarte el próximo Final Fantasy XVI si finalmente le cascan un PEGI 18 con sus 50 horas completas puede no ser lo más eficiente del mundo, pero para eso tenemos la opinión de quienes lo juegan, la ESRB (la cual sí es precisa con sus descriptores, en su web solemos encontrar por cada juego un texto que nos dice exactamente lo que este contiene) o los longplays que suele haber al poco tiempo de salir los videojuegos que ayudan a ver qué contiene el propio videojuego con ver unas cuantas partes. El problema viene en el génesis de que tú no quieras que tu hijx vea una cosa concreta en una película o videojuego: no quieres explicárselo.

Shadow of Rome es violento, sí, pero sigue siendo un juego histórico y didáctico. El problema es que nunca te quedas con eso.

Es mucho más fácil decirle a tu hijo que no puede jugar a Shadow of Rome (2005, Capcom) por su violencia en vez de explicarle que lo que narra ese videojuego es Historia y que así era la realidad del momento, que la violencia es algo malo porque interfieres en los derechos inherentes del ser humano de la otra persona, que eso conlleva en la realidad consecuencias legales y éticas y que un videojuego es pura y mera ficción que no hace sino hacer interesante, por x o y mecánica, algo normal de nuestra vida que puede resultar aburrido en según qué casos (Los Sims, por ejemplo). Si he podido señalarte las bases yo en una mierda de párrafo, tú puedes sentarte con tu hijo a enseñarle la gravedad de la violencia en todos sus grados (física, psicológica, desde la burla hasta el asesinato y la tortura) en la realidad, que el lenguaje soez es un constructo social que asocia a según qué palabras x o y connotación, y que eso, en consecuencia, activa en nuestro cerebro diferentes efectos, sobre todo beneficiosos, por cierto, pero que hay que saber cuándo usarlo y cuándo no o en qué circunstancias, que las drogas son nocivas para la salud, especialmente las duras, por el nivel de adicción que crean y por los problemas de salud, física y psicológica, que crean, y, sobre todo, que hay que tener responsabilidad sexual, tanto a nivel de embarazos no deseados como ITS, como a saber que las mujeres no son un objeto que te van a menear el culo en tanga en la cara al soltar 50 dólares si vas al icono del tacón de turno.

No se me ocurre mejor manera para acabar esta primera parte (la siguiente versará principalmente sobre cine y series) que con la idea que caracterizará la siguiente: quien no haya visto contenido prohibido por sus padres a escondidas de cualquier manera, que tenga coño y cojones de tirar la primera piedra.

Manuel Hernandez

Puede que ahora sólo esté buscando ese juego que me devuelva a lo que sentí con Twilight Princess cuando sólo era un enano. De mientras me entretengo llevándole la contraria a la gente sobre Breath of the Wild.
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