Artículos

Descubriendo Stardew Valley en 2021

Hay quienes estarían sorprendidos de verme escribiendo estas líneas, pero “la Rueda gira según sus designios”. Estas últimas semanas, o más bien meses, la aclamada obra de Eric Barone que llevaba un par de años en mi biblioteca de Steam completamente olvidada, Stardew Valley, ha ido ganándose horas de mi primer monitor a cada rato libre del que disponía frente a otros tantos contendientes de peso. Y no es para menos.

Conocía la teoría, pero iba a ciegas cuando decidí adentrarme en mi nueva granja en cooperativo. Claro que había escuchado eso de “es un juegazo”, “es como una puta droga” o “una vez entras, no hay forma de salir”, aunque el escepticismo me hacía dudar de la veracidad de esas afirmaciones. Y hoy, ahora, más de 75 horas después y con Dios sabe cuántas todavía por delante, puedo confirmar que tenían razón todas aquellas voces poco convincentes, pero tan acertadas. Oh, boy, tan acertadas.

Antes de empezar, me gustaría advertir que este artículo contiene diversos detalles que yo habría considerado como spoiler antes de empezar a jugar, y que me gustó mucho no conocer para poder llevarme alguna que otra sorpresa. Es cierto que a mí me gusta disfrutar siempre de los juegos sabiendo lo mínimo de ellos, pero me parecía conveniente avisar por si hay alguien como yo leyendo estas líneas. Si es el caso, te invito a disfrutar de Stardew Valley por tu cuenta, y ya volverás más adelante para ver si mis palabras coinciden con tu opinión o no. Si, por el contrario, no te importa destriparte algunas sorpresas o ya perdiste tu vida en Pueblo Pelícano hace cientos y cientos de horas, ve sin miedo, que hay mucho de lo que hablar.

Tras un rato, digamos, “moderadamente extenso”, decidiendo mi ropa y peinado, volviendo a aclarar la superioridad del mundo canino frente al felino, y bromeando un poco en mi respuesta a la pregunta “cuál es tu cosa favorita” desconociendo totalmente la implicación que tendría más adelante, mi compañera de granja y yo decidimos el nombre de nuestro nuevo hogar en referencia a diversas chanzas personales de dudosa jocosidad. Así, los días de trabajo en Gormeto, la granja de nuestro abuelo, comenzaban.

Unas chirivías por allí, unas coliflores por allá, y alguna charleta desinteresada con nuestros nuevos vecinos para ir acomodándonos a Pueblo Pelícano, un lugar algo caótico nada más llegar. Bastantes personajes que conocer, cada uno con su horario y, al parecer, con sus gustos y nivel de amistad, casas dispersas por un mapa no precisamente pequeño y las abrumadoras opciones desde el primer momento me causaron cierto choque, yo que venía a pasar unos días tranquilito apartado de la sociedad moderna. Habría que ir conociendo cada rincón del pueblo, pero sin prisa.

La segunda semana en la granja trajo consigo el Festival del huevo, la primera de muchas celebraciones en Pueblo Pelícano. Una tienda para conseguir objetos interesantes o incluso únicos, nuevas conversaciones con los vecinos y zonas del pueblo totalmente adornadas con los motivos del festival, me dieron la bienvenida y me animaron a encontrar huevos de pascua perdidos por la plaza principal, no sin antes hacerme una foto disfrazado de conejo.

Festival del huevo
Danza de las medusas lunares

Fue precisamente por esa captura por lo que me decidí a escribir este artículo. Hace unos días estaba cotilleando entre las imágenes que tenía guardadas en Steam y me topé con esa foto, sintiendo de repente una especie de melancolía mientas pensaba “joder, ¿te acuerdas?”. Y es que, para mí, gran parte de la magia de Stardew Valley reside directamente en el bucle anual que se repite cada cuatro meses.

La primavera se sustituye por el verano, al que le sucede después el otoño y, más tarde, el invierno, antes de volver a la primavera del año siguiente. Las estaciones van rotando, se van yendo, pero también vuelven, y tú cada vez conoces más a los vecinos, te manejas mejor con las semillas, comienzas a tener animales, avanzas en las minas derrotando monstruos, vas completando el museo y, sobre todo, te vas asentando en tu granja. Las horas pasan, y cada vez te acomodas más en tu nuevo hogar.

Por si todo esto fuera poco, también irán sucediéndose eventos temporales y aumentos en el mapa conforme logremos ciertos objetivos o cuando pase un tiempo predeterminado. Por ejemplo, el tercer día de verano del primer año, un poquito más de un mes tras llegar a la granja, un terremoto nos despeja el camino hacia el ferrocarril y el spa; mientras que no tendremos acceso al Desierto de Calico hasta que reparemos la parada de autobús del pueblo, algo que podremos lograr de dos formas distintas. Este espaciado en el progreso ayuda a que la cantidad de contenido se haga más agradable y menos agobiante. Porque contenido, precisamente, no hay poco, no.

Mi primera visita al Desierto de Calico
Un descansito bien merecido

Desde primera hora de la mañana hasta rozando la madrugada, estoy ocupado siempre con algo. En Gormeto yo soy el responsable de la agricultura: asegurarme de sembrar lo crecido, sustituirlo con semillas nuevas y encargarme de todo el cultivo cada cambio de estación, no sin antes abastecerme con decenas y decenas de semillas en la tienda de Pierre. Mi compañera, por su parte, es la ganadera por excelencia. Que si mayonesas, que si quesos, que si trufas… Tú pide, que tenemos productos artesanales de calidad por doquier. Y así, repartiéndonos las responsabilidades nada más despertarnos, tenemos el resto del día para otras tareas igual de importantes.

Podría decirse que, si le compartiese pantalla por Discord al bueno de Toby Fox, pensaría que me estoy haciendo la ruta pacifista de Stardew Valley. Tras cumplir con mis tempranas tareas en la granja, mi siguiente objetivo es aumentar el nivel de amistad con todos los vecinos del pueblo para conocerles mejor, disfrutar de sus cinemáticas y, para qué vamos a mentirnos, recibir los regalitos que mandan de vez en cuando. Gracias por ese heno, Marnie. Pronto descubrí, de forma totalmente arbitraria, que las frutas y las flores suelen gustar a todo el mundo, aunque para ser más óptimos también podemos averiguar las cosas favoritas de cada uno hablando con ellos, con familiares o amigos suyos, o encontrando notas secretas que nos dan las pistas necesarias para conseguir el máximo de corazones lo más rápido posible.

Si bien yo tomé ese camino más social y menos sangriento, mi compañera de granja tomó la vía del caos y se lanzó a la mina tan pronto como pudo. Sí, vale, es cierto que nos hacía falta el cobre, oro e iridio para mejorar nuestras herramientas y crear ciertos objetos muy importantes, además de necesitar artefactos para completar el museo, pero no se achantó tampoco ante la idea de masacrar a todas y cada una de las «inofensivas» babas que se anteponían ante ella y una mena de carbón. Dejémoslo en que los ríos de sangre fueron necesarios para el progreso. Que descansen en paz los caídos.

Regla n.º 1 de Gormeto: que lo haga otro
Está guapo, ¿eh?

Otro de mis objetivos principales era el de aumentar mi nivel de pesca y conseguir la mejor caña. Cuando hace casi dos años jugué a Terraria, dos de mis cosas favoritas eran pescar y cazar bichos con la red, será que Animal Crossing caló hondo en las costumbres de aquel crío indefenso con su Nintendo DS hará ya unos catorce años. Sea como fuere, y visto que en Stardew Valley no me dejan cazar las mariposas que revolotean de vez en cuando alrededor (o, al menos, aún no me han explicado cómo), era muy común encontrarme por el río junto a la playa o al final del muelle, donde me pillaba cerca la tienda de Willy, el pescador del pueblo, al que solía venderle todo mi botín para ver si así me cogía cierto respeto y me dejaba comprarle mejores cañas para los peces más complicados de capturar.

Los peces fueron parte fundamental en los primeros meses de Gormeto, ayudando a ganar un dinero extra que suplementaba la falta de cultivos. Fue un año duro, desde luego. Además, también nos sirvieron en muchas ocasiones para completar el Centro Cívico, una de las opciones de progreso más evidentes desde el principio de la partida que consiste en entregar ítems concretos para reformar el centro y que los vecinos puedan volver a utilizarlo. Hay ciertos elementos sencillos de completar, como algunos peces muy comunes o gemas bastante habituales en las minas, pero otros nos llevarán unas cuantas horas de juego si no sabemos dónde buscar o no lo convertimos en nuestra mayor prioridad, algo que personalmente recomiendo bastante. Sí, hay mucho contenido y a veces abruma un poco, pero tomarnos el tiempo en Pueblo Pelícano como una lista de tareas pendientes puede entorpecer la experiencia si nunca hemos jugado antes, o al menos así me ocurrió a mí cuando en un momento dado me empecé a obligar a hacer cosas que no quería solo para forzar un progreso que ya iría sucediendo cuando llegase el momento.

Porque, al final, de esto va Stardew Valley, ¿no? De pasar los días, las semanas, los meses y los años en la granja de nuestro abuelo, intercambiando palabras con nuestros vecinos, descubriendo el mundo a nuestro alrededor. Esperar a la próxima Danza floral para invitar a bailar al chico o a la chica que te gusta, guardar un buen ingrediente para que el Gobernador de la región de Pueblo Pelícano quede encantado con la sopa comunitaria y llevarte la calabaza de oro al final del laberinto en la víspera del invierno. En eso consiste nuestra vida aquí. Y eso es, sin duda alguna, la mayor sorpresa que me he llevado al darle la oportunidad que tanto se merecía: el paso del tiempo y la sensación de nostalgia que produce echar la vista atrás.

Pescar en el río está bien…
… pero pescar en la lava es otro rollo.

En el fondo, y volviendo a unos cuantos párrafos más atrás, este es el motivo por el que me he decidido a escribir las líneas que os han llevado hasta este punto. La añoranza de ver las capturas que he ido tomando desde el primer día que jugué, viendo la evolución de mi personaje y de las relaciones con el resto de vecinos, y dándome cuenta de lo mucho que desconocía cuando llegué a la granja Gormeto en comparación con todo lo que he visto hasta ahora. Y lo mejor es que estoy convencido de que todavía me quedan muchas más cosas por descubrir que, seguramente, ni siquiera sea capaz de imaginar en este momento.

Lo último que he averiguado es que puedes añejar vino, algo que daba por hecho pero no había encontrado aún la manera de lograrlo. Poco a poco, también, voy apuntando qué cultivos salen más rentables en cada estación, voy llenando el invernadero con semillas de carambola para sacarme unas buenas monedas gracias a los barriles y los toneles, y vamos decorando tanto el interior de mi cabaña como la granja en sí misma. Los cofres disponen de su propio código de colores para saber qué almacenan, los aspersores de iridio por fin me facilitan las mañanas con su regado automático y los animales comen cada día el heno que vamos almacenando en el silo. Bueno, cuando queda, claro. Es posible que a veces no coman. Pero les queremos mucho igualmente.

¿Sabéis? Decidimos implantar una norma cada vez que comprábamos un animal. Como somos penosos a la hora de elegir nombres, nos obligamos a darle cinco veces al botón de «aleatorio» y, el nombre que saliera, dejarlo como el definitivo. Así, llegamos a tener nuestra primera gallina, Sne, y nuestra primera vaca, Tokaboo. A día de hoy, y tantas horas después, ambos nombres forman parte de mi experiencia en Stardew Valley y les guardo un cariño especial, sabiendo que costó un trabajo poder traerlos a la granja pero que, desde entonces, nos acompañan en cada estación.

Los vecinos de Pueblo Pelícano también forman parte de esa experiencia. Lewis fue de los primeros personajes a los que subí el nivel de amistad, Haley parecía insoportable y acabó siendo bastante maja, Leah me hizo una escultura algo… abstracta, Caroline me enseñó su invernadero privado con una taza de té casero, y Abigail terminó convirtiéndose en mi pareja tras regalarle unas cuantas amatistas, encontrármela de noche en el cementerio y regalarle un precioso ramo de flores. Al final todos se hacen de querer. O casi todos. Os estoy mirando a vosotros, Alex y Pam. No os soporto. Y Kent, por favor, ve a terapia, estás demasiado traumatizado.

Aquí, conociendo a los amigos de mi futura esposa
«‘Ceñorita, ceñorita’, ¿quiere una cerecita? ¿Quiere un poco de ‘quecito, ceñorita’?»

Incluso puedo tener mi propio caballo con fedora, uno de mis mayores sueños desde hace años, ¿qué más puedo pedir? Todavía no me he casado ni he tenido hijos, nos quedan cosas que completar en el museo, amistades a medio cocer, un montón de secretos en el desierto y una isla completamente nueva con unos extraños loros a los que les encantan las nueces de oro. Cada varias horas voy descubriendo cosas que no me esperaba y alargan la vida de este título hasta límites insospechados. No sé cuánto más me queda por averiguar, seguramente nunca me tope con todo lo que tiene que ofrecerme el juego, pero sé que todavía no he terminado ni estoy cerca de hacerlo.

Hasta entonces, seguiré preocupándome por dejar mis cultivos lo más bonitos (y simétricos) posible, confiaré en que mi compañera se encargue mientras tanto de los animales, conectaré mejor con los vecinos restantes, me plantearé ponerle un anillo en el dedo a la bonica de Abigail y, sigh, supongo que también debería bajar a la mina a cargarme unos cuantos monstruos. Soy poco partidario de la violencia, pero qué remedio.

No tenía ninguna esperanza en Stardew Valley cuando decidí darle una oportunidad, y aquí estoy ahora. Quién me iba a mí a decir que estaría hablando de sentir nostalgia viendo capturas del inicio de mi granja, de tener ganas de seguir pasando meses cosechando mis plantas, y de cogerle cariño a una joven con el pelo violeta, justo en este juego, ¿verdad? Pero la vida del campesino es así. Humilde, tranquila. Misteriosa, incluso. Y, en el fondo, como ya dije antes, de esto va Stardew Valley. De las pequeñas cosas. De los detalles. Del tiempo, que, igual que siempre se va, también siempre termina volviendo. Siempre vuelve. Y yo estaré ahí, esperando su vuelta. Como siempre.

Mi primera captura en Stardew Valley

Daniel "Kirby" Martínez

Escribo cosas entre partida y partida, y algunos dicen que se me da bien. También pincho dubstep de vez en cuando, aunque no sé si eso es bueno o malo.
Apoya el contenido de NaviGames con tus compras en Amazon
Botón volver arriba
X