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Castlevania: Symphony Of The Night y su alargada sombra

Debo reconocerlo: No jugué a Castlevania: Symphony Of The Night hasta el año pasado. Era uno de esos juegos que siempre quise probar desde mi niñez, pero que vas dejando por otras cosas.  Incluso tuve un encuentro amoroso con sus entregas recientes: Castlevania: Lords Of Shadow y su segunda parte, que aunque bajaba el nivel de su antecesor, sigue pareciéndome un juego reseñable.

Fue por aquel entonces cuando un compañero me recomendó jugar a la entrega y que descubriese qué era un verdadero Castlevania, a lo que accedí sin demasiadas expectativas, si soy sincero.

Empezamos el juego enfrentándonos a Drácula y encarnando a un mítico Ritcher Belmont, y después de aquello tomamos el papel del verdadero protagonista, Alucard, hijo de una humana y del temible Drácula, un ser que camina entre ambos mundos y que ha decido velar por las vidas humanas, enfrentándose así a su padre.

Este Symphony Of the night pertenece a una época donde primaba la jugabilidad y las historias eran un contexto para seguir adelante. Esto no es malo, ni muchísimo menos, porque a pesar de la simpleza de su narrativa, que nos guarda algún que otro giro, todo lo que la rodea es excelente, desde el diseño de personajes, hasta el castillo de Drácula, el cual es el verdadero protagonista de la obra.

Debo decir que, a pesar de que lo jugué en el año 2016, considero esta obra adelantada a su época y que ha inspirado a juegos más recientes como la saga Dark Souls, y que si habéis jugado a ambos juegos, seguro que os habéis fijado en sus similitudes. El castillo de Drácula es un verdadero mundo abierto lleno de secretos, atajos y monstruos que se interpondrán en nuestro camino. Los enfrentamientos contra los jefazos son tensos, donde tu vida puede depender de un mal movimiento en los primeros compases, aunque una vez pasado el primer tercio la dificultad da un bajón drástico, volviendo a brillar en según qué zonas y dependiendo del enemigo que nos toque dar muerte.

Este Castlevania: Symphony of the night es un juego de recorrido, como me gusta llamarlos, uno de esos juegos que comenzamos perdidos, muriendo una y otra vez, nos frustra, incluso nos enfadamos y clamamos al cielo lo injusto que ha sido… Pero según avanzamos, vamos descubriendo sus bondades y nos hacemos a los controles, todo cambia. Reconocemos los enemigos, sabemos si nos merece la pena enfrentarlos o pasarlos de largo, incluso ya no nos tiembla el pulso a la hora de plantar cara a sus colosales jefes. Esto se consigue poco a poco, con mano dura, sin ser injusto con el jugador, simplemente firme.

Pero esta solo es una de las cualidades de la obra, porque como ya comenté arriba, el castillo de Drácula es una de esas creaciones que quedará grabada en el corazón de los jugadores. La exploración es esencial y en muchísimas ocasiones descubriremos algún objeto o habilidad que nos permita acceder a una puerta antes cerrada, o un pasadizo al que no podíamos llegar. Para ello, podremos transformarnos en niebla, murciélago o lobo, todas estas habilidades nos permitirán encontrar lugares secretos, y en ellos, grandes botines como los familiares, seres que nos ayudarán durante la aventura, ya sea curándonos, o reviviéndonos, como también luchando a nuestro lado. Algunos serán más difíciles de encontrar, mientras que para hallar otros tendremos que prestar atención a nuestro entorno.

Esto no es todo, porque el juego nos guarda una sorpresa final: El castillo invertido, al cual conseguiremos acceder si obtenemos el objeto necesario para desbloquear el verdadero final.  Este, como bien dice su nombre, será el mismo mapeado, pero todo estará al revés, lo que es una genialidad de diseño, porque el plataformeo sigue funcionando de forma brutal y, además, tendremos el aliciente de explorarlo con nuevos enemigos, objetos y jefazos. Como si fuesen dos juegos en uno. Me dejó sorprendido este detalle, incluso cuando obtuve el final normal del juego me quejé con un: «¿Ya está, esto es todo?«, hasta que explorando un poco más conseguí el dichoso objeto y ahí estaban, nuevos retos a mi alcance.

Lo que hoy habría sido un jugoso DLC, aquí lo tenía completamente a mi alcance, uno de esos desbloqueables que tanto nos gusta a los jugadores, conseguido con nuestras propias habilidades y no con nuestra cartera.

Así que ahí estaba yo, con mi cara de tonto por haber dejado escapar esta obra maestra en su época, aunque quizás por aquel entonces no tenía las dotes necesarias para completarlo y eso me hubiese llevado a desecharlo. Creo que jugué a Castlevania: Symphony of the night cuando tuve que jugar, con la madurez para reconocer una obra atemporal, un juego que ha creado escuela.

Aún a día de hoy, los jugadores más veteranos buscan que la saga Castlevania brille como aquel entonces, incluso su subdirector y programador, Koji Igarashi, realizó una exitosa campaña de financiación para traernos un sucesor espiritual llamado Bloodstained: Ritual of the night, que guarda similitudes con la obra y que habrá que esperar para probar, pero que seguro que dejará con un agradable sabor de boca.

En definitiva, Castlevania: Symphony of the night fue un referente que perdura a día de hoy, un coloso que proyecta su sombra sobre algunos de los juegos más destacables de los últimos tiempos.  Este año cumplirá la friolera de 20 años, y este es mi pequeño tributo para un juego que no conocí en su época, pero que supo trasladarme a ella y sorprenderme tanto como si lo hubiese jugado en su momento.

Si no has jugado, y te gusta lo retro, ya es hora de adentrarte en el castillo y plantarle cara a Drácula.

Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.
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