AnálisisPC

The Wild at Heart – Análisis PC

Estrategia, puzles y recuerdos de otras franquicias

¿Qué pasaría si Olimar se encontrara con el profesor Fesor, viviera en un universo parecido al de Wilson Percival y soñara como Mae Borowski? Pues que crearíamos la argamasa sobre la que se sustenta The Wild at Heart. Este título de Moonlight Kids, un estudio independiente formado por seis personas dispersas entre Portland, Spokane y Atlanta, es una propuesta interesante que mezcla Pikmin y Luigi’s Mansion, recordando también a Don’t Starve y Night in the Woods por el camino. ¿Será capaz de diferenciarse de estas magníficas obras aportando un toque único o caerá en el ya tan típico «está bien, pero prefiero el original»? Echemos un vistazo.

Nada más comenzar, nos ponemos en la piel de Wake, un chavalín que por algún motivo que desconocemos ha estado planeando fugarse de casa con su amiga Kirby. Tras recoger unos planos, un mapa para no perdernos por el bosque, nuestra consola para no aburrirnos por el camino y algunas provisiones, le dejamos una nota a nuestro padre para comentarle la jugada, dejándose insinuar que la relación con nuestro progenitor no es especialmente buena.

Saliendo de nuestra casa encontramos la Cazarráfagas, una aspiradora creada por el propio Wake que se convertirá de aquí en adelante en una de las herramientas fundamentales para todo lo que nos espera en el futuro. Sin más dilación, carretera y manta, que ya va siendo hora.

Al más puro estilo Narnia, y tras la secuencia de inicio que nos presenta el logo del juego con Wake caminando por el bosque cada vez más agotado, cruzamos, no por un armario, sino por un árbol, a un extraño nuevo mundo guiados por un bichín extraño: Brussel, el primer hadalingo que vemos en nuestra vida. Resulta que esta criatura es la fiel compañera de Abrigo Gris, un tipo curioso que, sin muchas explicaciones, nos da la Piedra Brillante, un fragmento de estrella capaz de realizar proyecciones de las personas que porten otras piezas de la misma estrella. O, traducido para entenderlo más fácil, nos permitirá llamar a los distintos personajes que iremos conociendo a lo largo del juego.

La historia de The Wild at Heart
Perdidos, cansados y desconsolados, ni siquiera sabemos dónde está nuestra amiga Kirby…

A partir de aquí, Abrigo Gris nos invita a ir a La Arboleda, la pequeña villa en la que se alojan los miembros de la orden del Escudo Verde, encargados de controlar las oscuras fuerzas del Nunca, que intentan destruirlo todo. Eso sí, no sin antes dejarnos bien claro que debemos evitar la oscuridad de la noche, porque está llena de peligros. Y así es como empieza The Wild at Heart.

Nuestro objetivo desde este momento será el de reunir a los miembros de la orden del Escudo Verde dispersos por el mapa con ayuda de los hadalingos, nuestra Cazarráfagas y Kirby, que la encontraremos un poco más adelante y será capaz de realizar acciones ligeramente distintas a las de Wake, generando así diversos puzles y modificando la exploración del mundo para hacerla más diversa.

A medida que vayamos avanzando en la historia, tendremos sueños tras irnos a dormir en los que veremos más de esa problemática relación de Wake con su padre, recordando la estética a aquellos sueños que también se daban lugar en Night in the Woods cuando nos dejábamos caer en nuestra cama.

Ya hemos visto la historia, ahora nos toca hablar de la jugabilidad. Como bien comenté al principio, The Wild at Heart se basa claramente en ciertos juegos muy potentes en su género, siendo Pikmin y Luigi’s Mansion los dos pilares fundamentales a nivel de gameplay.

La mecánica principal funciona de la misma forma que en el RTS de Nintendo: tenemos una cantidad limitada de hadalingos en nuestro equipo y podemos lanzarlos contra otros seres para eliminarlos, elementos en el mapa para crear caminos o atajos, materiales que haya por el suelo para recogerlos y llevarlos al campamento o estructuras más pesadas para conseguir moverlas. Cualquiera que haya jugado a Pikmin con antelación o sepa más o menos en qué consiste, no va a descubrir nada nuevo.

Tenemos cinco tipos de hadalingos, cada uno con sus características:

Ramilingo: la primera especie que nos encontramos. Nacidos de plantas y árboles, tienen una gran capacidad para estimular el crecimiento de las plantas recién germinadas y son inmunes a las toxinas de la propia naturaleza. Trabajan mucho más rápido que el resto.

Brasalingo: imbuidos en fuego. Son capaces de atacar más rápido, pueden quemar la flora seca y muerta y son inmunes al calor. Según se comenta, se llevan muy bien con los ramilingo, para sorpresa de muchos.

Friolingo: están hechos de hielo, lo cual les da inmunidad a los efectos de las heladas. Tienen menos vida que el resto, pero pueden crear clones de sí mismos y formar puentes de hielo.

Pualingo: están relacionados con los ramilingo, pero han evolucionado hasta crear una coraza exterior con espinas afiladas. Pueden hacerse ovillos al lanzarlos para impactar contra enemigos, además de crear presión sobre los objetos. Sirven para romper bloques de hielo y cristal, pero trabajan más lento que el resto.

Lunalingo: es el hadalingo más misterioso. Su composición luminiscente les otorga mayor fuerza durante la noche, triplicando su eficacia durante la misma. Además, son inmunes a la corrupción del mundo y pueden interactuar con las antiguas piedras lunares para iluminar áreas oscuras.

The Wild at Heart cuenta también con un sistema de crafteo que nos permite crear distintas comidas para recuperar nuestra vida, bombas para llegar a zonas secretas, tónicos para mejorar los stats de nuestros hadalingos y algún que otro objeto que puede ayudarnos a lo largo del camino. Para descubrir las recetas de cada uno de estos crafteos tendremos que ir probando hasta dar con resultados interesantes, pero una vez hayamos dado con estos los tendremos disponibles siempre sin necesidad de recordar todos y cada uno de los crafteos.

No podemos olvidarnos del sistema de progresión que recuerda a un juego de rol, pudiendo mejorar la vida tanto de Wake como de Kirby, el número total de materiales que podemos guardar en el inventario o la cantidad de hadalingos que podemos llevar en nuestro equipo al mismo tiempo.

El apartado artístico es muy agradable, siendo todo un elemento en 2D en un mundo tridimensional, recordando mucho a títulos como Don’t Starve. No aporta nada especialmente destacable, pero cumple muy bien con su función, dándole tanto a los personajes como al entorno una personalidad propia y llamativa. Justin Baldwin ha sido el encargado tanto del arte como de la animación.

Y, al igual que a nivel visual, la banda sonora y los efectos de sonido son también positivos, destacando la música más de lo que esperaba. El audio corre a cuenta de Matt Morgan, mientras que la banda sonora la compuso Amos Roddy, oregonés que ha colaborado incluso con Warner Bros. Ni tan mal.

Uno de los mayores problemas de The Wild at Heart viene dado con lo que comentaba al principio. La clara influencia de obras como Pikmin en la mecánica fundamental sobre la que se basa todo el juego, y la más que evidente referencia a Luigi’s Mansion con la Cazarráfagas, siendo ésta una aspiradora y sirviendo para succionar hierbajos, basura y demás para conseguir materiales (al igual que las cortinas o los armarios llenos de monedas del título de Nintendo), hace inevitable que lo comparemos con ambos juegos.

Los hadalingos son algo lentos, generando momentos en los que tan solo podremos seguirles mientras llevan objetos pesados de un lugar a otro, esperando incluso uno o dos minutos, algo que no sería un problema si no pasara las suficientes veces como para llegar a ser pesado. Esto podría haberse arreglado permitiendo mover objetos con más hadalingos de los necesarios, jugando con la relación entre riesgo y recompensa para que, si quieres jugártela llevando más hadalingos sabiendo que pueden atacarte y perderlos, pero a cambio puedes progresar más rápido, sientas que merece la pena plantearte esa posibilidad, generando así más estrategia.

los hadalingos en The Wild at Heart
Os prometo que Kirby no toma ninguna clase de sustancias, solo la debí pillar pestañeando

Otro elemento que termina relegado a segundo plano es el tema de los crafteos. En ningún momento he necesitado crear nada para avanzar sin problemas hasta el final. Ni tónicos, ni comida para curarme, ni nada. Parece más una mecánica que existe por diferenciarse del resto, pero el progreso a lo largo del juego no te exige ningún tipo de estrategia en este sentido.

Y, hablando de progreso, tan solo mejoré la vida de los personajes una vez, y la cantidad de materiales que me cabían en el inventario no siguió un mejor camino. ¿Para qué quiero llevar más objetos conmigo si luego no voy a usarlos para crear nada? Estos sistemas se caen por su propio peso y por la nula necesidad de tenerlos en cuenta.

Es precisamente por ese tipo de detalles que The Wild at Heart termina siendo menos de lo que debería, pareciendo más una copia de los títulos nombrados a lo largo de todo el análisis y demostrando que los elementos que podrían diferenciarlo de ellos desaparecen de nuestras prioridades nada más empecemos a probarlos más en profundidad. Es una lástima, en realidad, puesto que podrían ser muy interesantes, pero están mal planteados e implementados, afeando la imagen general y la percepción del juego al completarlo.

También me gustaría destacar que el juego viene traducido a español de Latinoamérica. Por supuesto, aunque haya cierto vocabulario o gramática distinta a la que usamos en nuestro castellano, no hay absolutamente ningún problema en entender todo el juego, pero sí es cierto que la localización de ciertos nombres, frases hechas, juegos de palabras y este tipo de elementos no son muy… refinados, que digamos, sacándote bastante de la narrativa, que ya era bastante floja de por sí a pesar de los intentos por darle mayor importancia de la que realmente tiene.

La traducción en The Wild at Heart
¿Me… me estás insultando?

The Wild at Heart es ese típico juego que, cada vez que cogía el mando, me hacía pensar «joder, me echaba un Pikmin muy ricamente ahora mismo». Está claro que los creadores son seguidores de la franquicia y han pretendido rendirle un homenaje haciendo su propia versión, lo cual es más que válido, pero los elementos dispuestos a diferenciarse del original son insuficientes o fácilmente ignorables.

La historia peca de la misma prepotencia que tantos otros juegos, creyéndose mejor de lo que es, forzando situaciones dramáticas y giros de guion sin ningún tipo de empatía por parte del jugador, con personajes que parecen que quieren ser algo más pero se quedan en un plano muy banal sean cuales sean las circunstancias.

El juego dura unas 10 horas explorando bastante el mundo y consiguiendo algunos de los secretos que están por ahí escondidos, y a mí personalmente se me ha hecho largo en ciertos puntos concretos de la trama donde la misión a seguir se estancaba demasiado y el ritmo frenaba de forma muy artificial. Se me haría difícil recomendarlo a cualquiera teniendo en cuenta su precio, alrededor de los 25€, pero los fans de Pikmin seguro que agradecerán tener un entrante decente mientras esperan con los dedos cruzados a la cuarta entrega de la saga.

The Wild at Heart está disponible para Xbox One, Xbox Series X|S y PC, y también podéis jugarlo a través de Xbox Game Pass tanto en consola como en vuestro ordenador.

The Wild at Heart

Puntuación Final - 6.5

6.5

Interesante

The Wild at Heart es un título de estrategia en el que, al igual que en Pikmin, dispondremos de unos bichitos llamados hadalingos que nos ayudarán a resolver puzles, derrotar monstruos y avanzar por el mundo.

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Daniel (Kirby) Martínez

Escribo cosas entre partida y partida, y algunos dicen que se me da bien. También pincho dubstep de vez en cuando, aunque no sé si eso es bueno o malo.
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