AnálisisPS5

The Riftbreaker – Análisis PS5

Como romper con la brecha

La brecha que separa a los distintos géneros es muy pequeña. Tanto es así que a veces es difícil categorizar a un juego por un género específico. Unas veces se desarrollan juegos que marcan una nueva tendencia con una evolución sistemática. Otras, diferentes propuestas que están tan metidas a presión dando como resultado algo confuso. Sin embargo, EXOR Studios ha desarrollado este juego con mimo y cuidado en su esquema visual correcto, aportando dosis de acción y estrategia a partes iguales.

Cuando jugamos a The Riftbreaker nos damos cuenta de que la mezcla es homogénea e intuitiva sin llegar a profundizar en sus aspectos claves. Sin embargo, gracias a ello es un juego fácil y muy satisfactorio en sus primeros compases, alargando la brecha hacia el final de su campaña sin un motivo claro. Y este es el punto negativo ya que este juego me ha parecido una experiencia muy completa a la par que adictiva hasta más no poder.

Dejando claro en este análisis, decir que The Riftbreaker es un juego de acción pero también un tower defense completo y muy bien producido. Controlamos al mecha llamado Mr Riggs en una vista isométrica en un entorno colorido y espectacular. Aquí nuestra misión es explorar un nuevo planeta, Galatea-37, recolectando recursos y analizando la flora y fauna del sistema en diversos biomas para rellenar la enorme base de datos.

La variedad al principio es escueta ya que solo estamos en una zona tropical hasta que consigamos los suficientes avances, hasta poder llegar a otros mapas como el desierto o incluso un volcán. Pero cuando vamos desbloqueando las diferentes ramas de mejoras, poco a poco vamos desplegando una cantidad ingente de edificios y armas, así como sus respectivas mejoras. De este modo la base se defiende mejor de la hordas que van aumentando exponencialmente, y nuestro mecha se convierte en un arma de matar.

Nuestra piloto del mecha es la capitana Ashley Nowak. Las interacciones entre la propia piloto y su compañero mecha son continuas, ayudándonos a avanzar y saber qué pasos debemos seguir en todo momento a modo de tutorial. Por un lado la humana aporta una visión colonizadora, mientras que la IA siempre sugiere lo mejor para que el planeta sea lo más estable posible sin perjudicar su biodiversidad. Ese pequeño conflicto aporta muchísimo durante la campaña, ya que tendremos una mejor percepción de que las nuevas tecnologías pueden llegar a regenerar lo destruido.

Por un lado, en cuanto a la acción, es sumamente destructiva con el entorno y todo tiene animaciones y partículas por doquier sin quitar que no podamos diferenciar las diferentes opciones de la interfaz. Es sumamente satisfactorio y la acción, frenética. Nuestra base se centra en un sistema de recolección de recursos y defensa a través de murallas y una amplia gama de torretas. Cada una de las armas está destinada a causar daño a un tipo concreto de criatura y conseguir atravesar sus defensas. El número de bichos en pantalla es gigantesco, muy propio de los zerg de Starcraft, recordando a la cantidad de zombies presentes en They are billion. Y sumando a que nos podemos encontrar con distintas condiciones climáticas, algunas únicas de cada bioma, como eclipses, tornados, terremotos, meteoritos, tormentas y más.

Nuestro objetivo final es la de abrir la brecha con un edificio específico y enorme, al cual se deberá ir añadiendo módulos de coste en recursos altísimos. Todos estos recursos van desde lo más básico como es el carbono hasta llegar a poder recolectar titanio e incluso uranio tras procesarlos. Hay un punto crucial en el que las minas se agotan y es cuando es necesario seguir ampliando la base para llegar a alcanzar las zonas más ricas en minerales. De este modo, más el tamaño desmedido de las instalaciones, el área de la base se convierte en un auténtico centro de recolección que puede llegar a ocupar medio mapa. Lo increíble de todo es que entre distintos mapas con su respectivo bioma se queda guardado y recolectando automáticamente para nosotros. La gestión se convierte casi en un auténtico imperio intergaláctico.

Jugarlo en una PS5 es una delicia visualmente hablando. Aparte que las cargas y transiciones son mínimas. Sin embargo, utilizar las bondades del DualSense tiene sus luces y sus sombras. La adaptación de cada uno de los gatillos cuando se combate es totalmente inmersiva. Sientes cada estocada de las armas cuerpo a cuerpo y notas como recarga las armas de fuego, es algo maravilloso. Pero cuando nos ponemos a construir y planificar la cosa cambia. A pesar de un esfuerzo por querer adaptarlo, es obvio que el manejo con un teclado y ratón nos abre un mundo. Los pequeños defectos y bugs que tiene, y que espero que arreglen pronto, son más soportables en un sobremesa.

Lo que deja claro es que The Riftbreaker es un juego muy ambicioso en todos sus apartados. Se nota que EXOR Studios ha necesitado quitar partes para añadirlas a otras. Algunos ejemplos es que las habilidades y mejoras de nuestro mecha Mr. Riggs se quedan un poco más cortas si las comparamos con un juego de acción como Diablo. La gestión de la base tiene pequeños agujeros de guión como que los recursos son globales y se teletransportan donde quiera que estés. Aunque destacar la asombrosa labor de animación en efectos y luces donde los días son apacibles y las noches tremendamente oscuras. Y si te aburre el construir brechas y gestionar las bases siempre puedes ir a matar miles de bichos por la zona con una tasa de imágenes constantes, que no es poco.

The Riftbreaker

Recomendable - 8.5

8.5

Recomendable

The Riftbreaker es un juego muy ambicioso en todos sus apartados. Centrado en la acción pero también es un tower defense completo y adictivo.

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Mindjellyfish

Apasionado a los videojuegos desde la más tierna infancia y adicto a canales de cocina desde la más tierna madurez.
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