AnálisisSwitch

The Company Man – Análisis Switch

Elige la vida, elige un empleo

No sé hasta qué punto sería factible relacionar el monólogo inicial de Trainspotting con el videojuego que me toca analizar en esta ocasión, pues hablamos de dos manifestaciones artísticas cuya dirección barra propósito resultan prácticamente opuestas atendiendo al análisis crítico que quieren realizar. A pesar de ello, cierto es que pueden llegar a compartir ciertos puntos en común a la hora tratar temas como el propio bienestar o la fatigosa búsqueda hacia la estabilidad del futuro.

Por supuesto, The Company Man no goza de la trascendencia de la obra de Danny Boyle, y ni falta que le hace. Esta nueva propuesta de Forust Studio pretende dibujar una realidad deprimente desde una perspectiva humorística mayormente enfocada en la acción inmediata y la garantía de entretenimiento. Veamos qué tal ha salido la jugada.

Si bien completar nuestro viaje hacia la gloria empresarial no es el reto más desesperante del mundo, tampoco hay que subestimar los trucos que se guardan algunos enemigos normales

Controlamos a Jim, un trabajador común y corriente que, por mala suerte, es degradado en su empresa y acaba soportando una fina línea entre perder su puesto y permanecer en la organización. ¿Su única salida para lograr el tan amado ascenso? Adentrarse en cada sección corporativa superando peligros, soportando deleznables políticas y enfrentándose valientemente a rivales que amenazan con ensuciar aún más el estatus de nuestro protagonista.

Ponerse manos a la obra y controlar al personaje no será, desde luego, una ardua tarea, pues solo bastará con que nuestro aspirante a exitosa figura pille un teclado como si de la mismísima Excálibur se tratase y disfrutéis de una jugabilidad tan sencilla como entretenida, propia de un plataformas en dos dimensiones que tiene para ofrecer, como mínimo, una ligera dosis de diversión.

En lo visual, The Company Man tiene más de un as en la manga en cuanto a diseño de escenarios se refiere

Pequeños puzles, elementos para interactuar como, por ejemplo, una máquina de café para recuperar vida, otro tipo de armas a distancia y un carácter satírico con el potencial de aportar mucha personalidad al proyecto. The Company Man, a pesar de adoptar un enfoque que funciona a medias en líneas generales, posee varios de los aspectos que hay que tener para hacerse un huequecito dentro de la competitiva industria y aprobar con nota. Sin duda, los enfrentamientos finales forman parte de los aciertos que más he celebrado durante la aventura.

Si bien es un videojuego bastante breve, calculando unas dos horas o tres como mucho para llegar al final, y no es especialmente macabro en lo que a dificultad se refiere, los encuentros con los jefes son un desafío que poco tiene que ver con seguir una estructura de niveles lineal; despedir a varios empleados a base de porrazos y salir airoso del camino es, al fin y al cabo, el resumen de la experiencia principal. En este caso, será vital estudiar un determinado patrón de movimiento y coordinar los ataques con los esquives, nada que puedas finiquitar con una pasmosa facilidad a menos que seas habilidoso en territorio plataformero. Su presencia nos demuestra que en The Company Man conviven muchos destellos creativos capaces de florecer en ideas realmente sólidas y geniales.

Graduado en la Universidad especializada en rutinas repetitivas

El principal problema, por desgracia, es que su crítica corporativa, eje central de la propuesta, me genera más sensación de duda que de satisfacción. Su sentido del humor no está del todo mal y te puede sacar una sonrisa en más de una ocasión con sus puntuales comentarios sobre los sectores de trabajo y su forma de exponer tópicos que en más de una oficina descansan, pero me falta algo más de riesgo e ingenio en su sátira, ya que su conjunto final no puede evitar desembocar en un análisis no demasiado intrincado sobre el ámbito laboral, un potencial prácticamente desperdiciado que pierde una oportunidad de dar un golpe sobre la mesa y brillar ante un público que podría haberse sentido muy identificado con las penurias e injusticias representadas.

Si la obra de Forust peca de ofrecer un concepto prometedor a medio cocinar, si hablo de su apartado visual muchos son los elogios que puedo ofrecer, pues la experiencia en su totalidad se acomoda en un estilo artístico resultón que puede presumir de unos estupendos escenarios perfectamente centrados en su propia temática; una paleta de colores muy bien aplicada, unos personajes muy caricaturescos cuyos diseños se ajustan como anillo al dedo a la motivación humorística y caricaturizada del videojuego y, aunque parezca difícil dada la breve duración del título, eso no es todo lo que os quedará por observar.

Nadie hubiera rechazado una banda sonora más memorable para darle más musicalidad a unos notables gráficos, pero sus efectos de sonido ya realizan un trabajo justo para conseguir que el jugador entre de lleno en ese espectáculo cartoon con el que viajar atrás en el tiempo para rememorar aquellos dibujos de turno que deslumbraban nuestros inocentes ojos con una esencia similar.

Conclusiones

The Company Man es una buena opción si lo que quieres es pasar un rato divertido liderado por un decente gusto por las plataformas cercano a lo tradicional, pero es una verdadera pena que no haya querido ir más allá de lo básico conservando una premisa tan potente como estimulante si se llega a tratar de la manera adecuada. Me quedo con un estilo artístico muy simpático y lleno de personalidad y algún que otro momento hilarante; sin embargo, esta odisea empresarial permanecerá más cerca de una buena anécdota que de un trabajo verdaderamente impresionante capaz de marcar un antes y un después. En otras palabras, lo disfruto pero no me llena.

The Company Man

Puntuación final - 6.5

6.5

Interesante

Entretenido, simpático y visualmente formidable. The Company Man podría haber sido la sátira definitiva sobre las corporaciones y el competitivo placer del trabajo de no ser por sus limitaciones a la hora de manejar su propia crítica.

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Antonio Marchena

"Pero ahora bailamos este macabro fandango, y cuatro años habrán de pasar para poder descansar". Bueno, llevo más de una década enamorado de un fontanero al que le chifla meterse en tuberías seguramente malolientes. No me quejo.
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