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Summer in Mara – Análisis PC

Juegos calentitos para veranos calurosos

No me había parado a pensar, hasta ahora, en la categoría de «juegos de verano.» Quiero decir, recuerdo uno marcado por mi iniciación en las sagas Far Cry y Mass Effect, y otro en el que estuve obsesionado por NieR: Automata; la primavera de este año ha sido en la que me enamoré de Final Fantasy VII, y cómo olvidar las terroríficas navidades de Doki Doki Literature Club. No sé si habrá juegos determinados para épocas concretas, pero, desde luego, creo que todos podríamos asociar períodos específicos a esos títulos que nos marcaron. Summer in Mara, sin embargo, me hace replantear si esa relación no será, en efecto, bilateral. Es decir, si no existirán los juegos de verano, más distendidos y relajados; o los juegos de invierno, más largos y densos; quizá haya juegos de primavera, llamados a despertar nuestras emociones más agradables; o de otoño, más melancólicos. Y es que la última obra del estudio español Chibig (Deiland, Ankora, Tiny Planet) se siente amena, relajada, agradable, como la siesta de una tarde de julio, aunque también peca de ser agobiante, fatigosa, pesada, como el sol cenital de agosto. Que la palabra verano esté en su título no es casualidad, sino una declaración de intenciones que, de manera consciente o inconsciente, parece asumir hasta sus últimas consecuencias. Por mi parte, solo espero que estéis pertrechados con vuestras gorras, gafas de sol y refrescos de confianza. ¿Quién dijo que no íbamos a viajar este verano?

Summer in Mara es bonito, y qué satisfactorio es poder decir algo así. Sin duda, es un juego que entra por los sentidos; desde su estética cálida a su acogedora música, cuyo tema principal, Marinera, nos transporta de forma automática a los mejores veranos de nuestra infancia, en los que cada viaje era una aventura y con el calor parecía llegar también la máxima expresión de libertad. Esa misma libertad es, además, uno de los pilares del juego, que no solo logra transmitir a través de melodías e imágenes, sino gracias a una maravillosa sensación de albedrío. Sin embargo, antes de poder volar o, en este caso, navegar, tendremos mucho que aprender. Al fin y al cabo, solo somos una niña.

Un escenario en Summer in Mara
Que Summer in Mara entra por los ojos es algo que cuesta apenas una o dos capturas comprobar

A priori, difícilmente podría decirse que la ambientación de Summer in Mara es original; un archipiélago paradisíaco, un océano tropical que hemos visto mil y una veces en tantos títulos. El encuadre de este, no obstante, comienza a llamar la atención al encontrarnos con seres claramente no humanos (que son mayoría), marinas espaciales e imperios intergalácticos rondando el vecindario. Así es: Summer in Mara es una fantasía futurista, con pinceladas de ciencia ficción que no desvelaremos y que suponen uno de los toques más originales a su mundo. Y dentro de esta escenografía única, vasta y ambiciosa, nuestro lugar será mucho más humilde. Si estáis deseosos por saber quién será esa risueña niña de la portada, tres son las solas letras que debéis recordar: Koa. Somos Koa. Yo soy Koa. Y tú también eres Koa. Fuimos criados por nuestra abuela en Isla Hogar, sin conocer más que los escasos campos, playas y acantilados del islote que nos vio crecer. Ahora, ha llegado nuestra hora de hacerlo de verdad, de salir al océano y vivir aventuras. Es el momento de hacernos a la mar y ver mundo, pero sin dejar del todo nuestro hogar. ¿Se te ocurre algo más emocionante? A mí tampoco.

Lo que parece, en principio, una premisa inocente, casi una excusa narrativa para justificar todo lo demás, encierra una cierta profundidad que se agradece y que sorprenderá a más de uno. No esperemos la historia más ambiciosa, ni la simbología más densa. Summer in Mara no es pretencioso, pero sí autoconsciente, siendo esta una característica que lo eleva sobre otros de su misma especie. Antes he dicho que Koa eres tú y que también soy yo, porque la historia de Koa es la nuestra (o, al menos, la de cualquier millenial); poco a poco experimentaremos que abrirse al mundo no es un paseo de verano. El archipiélago de Mara y, en especial, la ciudad de Qüalis -el mayor reducto de civilización a este lado del océano- son lugares hostiles, en un sentido muy especial de la palabra. No os preocupéis, pues no hay mecánicas de combate y este juego, en esencia, sigue siendo un mal llamado farming simulator, pero existe un comentario sutil, en ocasiones, y explícito, otras veces, sobre nuestra sociedad y sus barreras, sobre la vanidad y el elitismo, sobre el egoísmo y el interés. Lo siento, gamers, todo es política, y qué esperanzador se siente que hasta el juego más aparentemente inocente quiera dejar huella.

Conversación en Summer in Mara
Hay crítica y mensaje en Summer in Mara, a veces, de forma más sutil que otra

Hay, además, cierto mimo por la narrativa, un esfuerzo por cumplir la máxima «no cuentes, muestra» que hace del relato algo orgánico y atrayente. Para empezar, las cinemáticas (que no son muchas, pero sí significativas) transcurren sin voz ni diálogos escritos, lo que les obliga a narrar por otros medios; una pequeña muestra de lo bien que se consigue esto es con el propio tráiler que anunciaba su Kickstarter, allá por febrero del pasado año. Siguiendo con el tutorial, resulta inmejorable para presentar la historia e introducirnos a las mecánicas a través de la acción y la práctica. Pero no solo hay cariño en los momentos importantes, sino también en los detalles. Al salir de su isla, Koa no tiene modales, por ejemplo, o no sabe lo que es un gato; no sabe nada del mundo exterior, lo tiene que ir aprendiendo poco a poco, y nosotros con ella. El mapa de Qüalis, como otro ejemplo más, no nos muestra a nosotros, solo la localización de NPCs y lugares especiales, y la orientación será algo a desarrollar si no queremos perdernos. Las tiendas tienen sus horarios y tendremos que aprenderlos, también. Summer in Mara es, de nuevo, bonito. De la misma manera que la película que no podría ser un libro, o el libro que no podría ser un relato hablado. Es un videojuego. No podría ser otra cosa. Lo sabe. Lo aprovecha. Y eso es bonito.

Qué obtuso me resulta Minecraft, y aún no puedo evitar experimentar cierto estrés cada vez que juego a Stardew Valley. Es curioso cómo estos juegos, centrados aparentemente en la gestión y de cierto retiro, logran despertar en mí un sentimiento de eficiencia y productividad, de tener que aprovechar los recursos al máximo y hacer de esos reductos de paz una máquina de generar riqueza. El sistema y su huella en mí, supongo, pero también la complejidad de títulos que no pocas veces agradecen ser jugados con una wiki al lado. Summer in Mara, por suerte para mi afán productivo, deposita cero presión en el jugador a la hora de cosechar, construir o avanzar en la progresión de la isla. A Koa le va bien, vive una vida sencilla y es suficiente para ella. Tener más cultivos o construir granjas es algo opcional que llega de manera orgánica, pero nunca con prisa o por un contador en las misiones activas. No lo olvidéis: Summer in Mara es un juego de verano y nosotros estamos de vacaciones.

Cultivos en Summer in Mara
No hay presión por conseguir recursos, y está bien que así sea

La gestión de la isla, además, es solo una parte de la jugabilidad. Me sorprendo a mí mismo al afirmar que este título bebe tanto de los sucedáneos de Harvest Moon como lo hace de The Legend of Zelda, en especial, de Link’s Awakening y The Wind Waker. Quiero recordar al lector que no nos encontraremos con mecánicas de combate, pero es inevitable que la sensación de aventura nos recorra la espina dorsal al abrirse, por fin, el mapa de Mara. También parece impensable no esbozar una sonrisa un tanto irónica con cómo el juego basa su progresión en la famosa mecánica de la cadena de favores, algo que, por desgracia, no encuentro que esté del todo conseguido. Explorar el archipiélago es una gozada y tenemos Mara para perdernos hasta septiembre. Volver a Isla Hogar tras una sesión de exploración, para recoger recursos y avanzar en nuestros cultivos y construcciones, es indescriptiblemente reconfortante. Es cuando el juego nos libera donde verdaderamente brilla. Por ello, me entristece que se haya centrado tanto en bombardearnos a base de misiones interminables, entre la que se incluye la principal. Casi todos los personajes de Mara y Qüalis tienen trabajo para nosotros, y no será raro juntarnos con varias páginas de tareas activas que, al menos en mi caso, vuelven a despertar al fantasma del completismo.

Deberemos, sin embargo, avanzar en la mayoría de pequeñas historias para ir desbloqueando todas las recetas. Summer in Mara no pretende ser mecánicamente denso, pero no por ello renuncia al contenido. Existen diferentes herramientas que podremos mejorar, como la azada, el hacha, el martillo o la pala; decenas de materiales que confeccionar (con los que, a su vez, construir o mejorar estructuras); y otras tantas recetas de cocina para mantener a raya al hambre. Porque sí, hay cierto toque de supervivencia en Summer in Mara, aunque muy suave. Habremos de vigilar nuestras barras de hambre y resistencia para no caer rendidas antes de tiempo, es decir, antes de que llegue la noche y nos vayamos a dormir a la espera de un nuevo día de aventuras. El ciclo día-noche no condicionará demasiado nuestro juego, más allá de tener que aprendernos los horarios de las tiendas y comercios de Qüalis, pero sí servirá a las mil maravillas como excusa para planificar nuestra rutina. Es una mecánica estimulante, sin duda, y nos obligará a organizar los días, como mínimo. Sin embargo, no me quito de la cabeza si no habría encajado mejor un estilo como el de Animal Crossing, que traspasa incluso la frontera de la gestión para rozar a lo contemplativo.

Inventario de alimentos en Summer in Mara
Desde mochis hasta bombones, pasando por frutas y hortalizas, los alimentos con los que recuperar resistencia y hambre se cuentan por decenas

Cómo hablar de la jugabilidad de Summer in Mara sin mencionar la navegación. El barco es parte central de nuestra aventura, y embarcarnos por primera vez en el océano de Mara es del todo liberador. En él, podemos explorar el archipiélago, pero también transportar materiales (que irán en todo momento en la mochila de Koa, sin limitación de peso o inventario). Es nuestro principal medio de transporte y a las pocas horas se empieza a sentir como un personaje más. Existen, también, algunos detalles interesantes relacionados con la navegación, como el cambio de un mar tranquilo a uno embravecido cuando nos adentramos en lo más profundo, o que podamos amarrar el barco prácticamente donde queramos (sin que haya lugares predefinidos donde hacerlo), contribuyendo así a la sensación de aventura. El cultivo y la recolección, por su parte, no supondrán ningún reto para aquellos que vengan de cualquier otro juego de gestión de granjas. Algunos materiales, como la piedra o el cobre, reaparecen en las rocas al cabo de un tiempo, del mismo modo que algunas frutas, como las naranjas o las moras. En cuanto a las cosechas específicas, deberemos plantarlas en nuestro huerto y esperar a que crezcan, tan simple como eso. Regarlas reducirá el tiempo de crecimiento, pero cuidado, pues el agua escasea; su disponibilidad dependerá de cuántos pozos hayamos construido y sus reservas solo se rellenarán en los días de lluvia. A veces, es mejor ser paciente.

En otro orden de cosas más pequeñitas, pero no por ello menos importantes, se debe destacar que podemos sentarnos en ciertos lugares para hacer pasar el tiempo más rápido (y disfrutar de las vistas); que estar atentos a los barriles que llegarán a nuestra isla o que encontraremos en alta mar es esencial; que hay una mecánica de reciclaje, muy en sintonía con su acertado discurso ecologista; que nos cansaremos con facilidad nadando en el mar porque, insisto, seguimos siendo una niña; y que nos encontraremos con algún que otro minijuego, como el buceo, que apenas servirá para servir de refresco al resto de mecánicas. Cabe resaltar, por último, que el título resulta mucho más cómodo de jugar con mando, tanto para el movimiento de Koa -algo irreal, pero en consonancia con la idiosincrasia del título- como para navegar por menús. Se puede, no obstante, jugar sin mayor problema con teclado y ratón, aunque, si lo hacéis, solo os pido que leáis atentamente mi aviso: presionad la tecla F (no, no es broma) para cambiar entre los menús de comprar y vender cuando habléis con los comerciantes. Os ahorraréis minutos e incluso horas de frustración al enfrentaros a unos menús que no siempre son intuitivos y que, en el caso de la compraventa, llegaron a desesperar a este humilde analista.

El barco en Summer in Mara
El barco es parte central de la jugabilidad y un transporte en el que pasaremos gran parte de la obra

Siempre he pensado en el menú principal de los juegos como una suerte de subtítulo. O como una sinopsis, quizá. En cualquier caso, parece indudable que suponen una ventana a lo que nos espera, el apetitoso aroma de la comida que estamos a punto de probar. La pantalla de título de Summer in Mara es un colorido dibujo de Koa, Napopo y Onzo (dos de los muchos personajes secundarios), sonriendo en la bahía de Qüalis, con el tema principal de fondo. Es una visión calentita, a falta de un calificativo mejor: calienta el corazón, a no ser que tengáis una roca por él, y te invita a que te relajes y te sumerjas.

Tiene una cierta magia Summer in Mara. No me refiero, solamente, a que sea de estos juegos que empiezas sin apenas ganas una noche cualquiera y, cuando te quieres dar cuenta, ha llegado el amanecer del día siguiente. Tampoco creo que sea causa únicamente de esas influencias hawaianas que nos hacen ensoñar con las mejores vacaciones, o las japonesas que, al menos a mí, me llegan a recordar a ciertos escenarios de Pokémon (en concreto, a sus ciudades costeras y frecuentemente estereotipadas). Quizá sea por lo difícil que es encontrar un videojuego completamente libre de violencia, que confíe en emocionar a través de otros medios. Se respira paz en Summer in Mara, y eso no es algo fácil de conseguir en una industria intoxicada por transmitir tensión al jugador. Hay mérito en el trabajo de Chibig, un esfuerzo genuino que debe ser valorado.

Koa y Napopo en Summer in Mara
Seguramente, Napopo (la criatura tan mona con forma de concha) sea la mayor expresión de lo «calentito»

El juego no es perfecto, claro. No lo pretende, ni debe serlo. Ni el mayor de los triple A carece de fallos, menos aún el primer gran título de un estudio relativamente joven y humilde. Así pues, no debemos sorprendernos sin encontramos algún bug a lo largo de las primeras semanas. En mi run para este análisis apenas encontré uno de peso al llegar a Qüalis, que me obligó a reiniciar y aparecer automáticamente en la ciudad al volver a entrar. Nada sangrante, por supuesto, como tampoco lo es el visible popping en la generación de escenarios, que apenas desluce mínimamente un juego que con facilidad correrá de manera fluida en la gran mayoría de ordenadores. Lo que no resulta tan excusable es cómo ha sido plagado el juego de misiones que no siempre son satisfactorias y que, con facilidad, ofuscarán a quienes busquen la experiencia distendida que promete. Eso sí, quienes se adentren por la exploración y la aventura están de enhorabuena, pues Summer in Mara bien puede durar un verano, si se toma con la calma y el sosiego que parece demandar al jugador.

Summer in Mara es el último título del estudio español Chibig, centrado en la gestión de granjas, la exploración y la aventura sin violencia. Adéntrate en el archipiélago de Mara y en el viaje de Koa por la infinidad de islas que lo pueblan, pero sin perder de vista la tuya propia. Avanzar en la historia y los descubrimientos es casi tan importante como cultivar, construir y hacer progresar el islote que nos da cobijo, encontrando aquí su elemento los veteranos de Harvest Moon o Stardew Valley. El relato de Koa y los personajes de Qüalis, la ciudad más grande de Mara, sin embargo, no se encuentran tan inspirados, ya que centran demasiado su peso en unas interminables cadenas de favores que frustrarán con facilidad a cualquier jugador que busque una experiencia más contemplativa. Por lo demás, supone el juego perfecto para ir desgranando poco a poco y sin prisa a lo largo del dilatado verano que tenemos por delante.

Summer in Mara

Puntuación final - 7

7

Interesante

Un juego bonito, humilde y calentito para quienes quieran una experiencia suave de gestión, exploración y aventura.

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Víctor Martín 'Reyno1ds'

Esports, videojuegos y psicología. Crazy combo, huh?
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