AnálisisPS4

Road 96 – Análisis PS4

Cruzando las fronteras que nos detienen

La primera vez que vi Road 96 me llamó especialmente la atención la premisa que presentaba. Un roguelike narrativo que iba generando la historia de forma procedural es bastante interesante. Y cuando vi que lo iban a sacar en más consolas, sabía que le tenía que dar una oportunidad. Ahora, me encuentro frente al monitor escribiendo uno de los textos más difíciles que he tenido que escribir en mi vida. Road 96 me ha hablado de formas que ningún otro medio lo había hecho hasta ahora. ¿Y cómo voy a escribir un mensaje que ha expresado el juego sin usar palabras? Bueno, vamos a descubrirlo juntos.

En Road 96, tomaremos el control de un adolescente que intenta escapar de su país natal, Petria, debido a la situación política y económica en la que se encuentra cruzando la frontera. Como se suele decir, lo importante de un viaje no es el final sino el camino. Este juego se tomó esa frase literal. Después de completar una sesión de juego no te vas a quedar con la frontera, sino con las experiencias que has vivido llegando a ella. Los personajes que te encuentras por el camino y las historias que te tienen que contar, los momentos de paz en los que puedes pararte a escuchar la radio, los horrores que reflejan el estado del país… Son todos momentos importantes que ayudan a pintar una mayor imagen.

Road 96 consigue hacer esto utilizando una mezcla de géneros bastante curiosa. Un roguelike narrativo, como lo expresa DigixArt. Lo que esto significa en el gameplay es que, durante nuestro camino, vamos a ir viviendo eventos en orden pseudo-aleatorio en los que podremos tomar decisiones para expresarnos de una manera u otra con nuestro entorno. Estos eventos siguen una arquitectura definida. Siempre giran en torno a uno o más personajes principales (que ya hablaremos de ellos) y podremos relacionarnos con ellos, a menudo incluso cambiando el curso de sus historias.

El orden, como he mencionado, es pseudo-aleatorio. Con esto me refiero a que los eventos pueden parecer que están en un orden completamente aleatorio, pero están programados para que te aparezcan siempre ciertos eventos antes que otros. Con esto consiguen esa sensación de roguelike ya que dos partidas nunca son iguales y aún así contar una historia con sentido.

En muchos de estos escenarios habrá un minijuego de por medio que, aunque pueda parecer lo contrario, ayudan mucho a hacer que te sientas parte de este mundo. Hay veces que simplemente estás apostándote dinero en un partido de hockey de mesa, y otras tendrás que medir tus palabras para no cabrear al asesino que te está llevando en su coche. Hacen que cada parada en tu camino sea emocionante y divertida, y para mí es lo que salva a este juego de tener un gameplay aburrido. También podremos interactuar con el escenario si tenemos las habilidades necesarias. Estas habilidades nos las darán en eventos concretos y nos servirán para tener acceso a más opciones en las conversaciones, abrir puertas e incluso tener nuevas formas de cruzar la frontera.

El resto de la jugabilidad se basa en manejar tus recursos de manera que no se te agoten y tengas suficiente para cruzar la frontera. Tienes dos recursos: el dinero que te servirá para comprar comida y salvarte de situaciones peligrosas, y la estamina que la usarás sobre todo para viajar de un sitio a otro sin desmayarte y ser arrestado. De cierto modo, me recuerda un poco a Reigns, en el sentido que tienes que manejar tus recursos no solo para sobrevivir el momento, sino también poder superar lo que está por venir. Sin embargo, hay momentos que siento que por mucho que lo hubiese intentado, no hubiese podido sobrevivir. En dos ocasiones diferentes, empecé con un adolescente con pocos puntos de estamina y tomé sin saberlo las decisiones equivocadas que me llevaron a tener que andar hasta la próxima parada y desmayarme, sin oportunidad de haber conseguido más estamina.

Después de recorrer cientos de kilómetros, acabas llegando a un lago con una cascada que desde el primer momento que lo ves, sabes que es algo mágico. Tras un largo camino, poder contemplar un paisaje tan puro resulta extrañamente tranquilizador. Tras la cascada, hay una cueva por la que tendrás que pasar multitud de veces. Cada vez que llegues, podrás pintar una nueva parte en un mural, colocar una piedra en un montículo conmemorativo y dejar el dinero que te sobre para otros adolescentes menos afortunados. Todo esto crea una atmósfera de compañerismo con los personajes de este mundo que hace que te sientas más involucrado.

Y al final, el enorme muro que limita la frontera se alza ante ti. Esta es la prueba final. Dependiendo de las habilidades que tengas y los recursos que te queden, podrás cruzar la frontera de múltiples formas. Puedes escalar la montaña para bordear la frontera, colarte en un camión de mercancías, pagarle a unos contrabandistas para que te ayuden a cruzar… Da igual la forma que elijas de cruzar, tendrás que ser puesto a prueba. Hay veces que necesitarás mucha estamina para cruzar, hay veces que necesitarás dinero. Puede que tengas que tomar decisiones difíciles. Tengo que decir que pocas veces me he sentido tan agobiado como cruzando la frontera en este juego. He llegado a sentir miedo real sin ser un juego de miedo. La sensación de peligro se siente extremadamente realista, y es que después de todo el camino que has hecho quieres de todo corazón que el adolescente que controlas cruce y tenga un futuro mejor.

Pasemos al foco principal de Road 96: los personajes. Hay un total de seis personajes (siete si contamos a Stan y Mitch por separado), cada uno con su propia línea narrativa y eventos. Ellos van a ser los que hagan avanzar la historia y los que permiten que este juego exista.

Antes de hablar de los personajes como tal, hay que hablar de la política del juego. Por si quedaba algún atisbo de duda, Road 96 es un juego extremadamente político. Tanto las decisiones que tomes como la historia te forzarán a tomar una postura ideológica en este asunto, formando parte de la política de la nación. Petria ahora mismo está siendo gobernada por Tyrak, un presidente fascista que intenta hacer pasar su dictadura como una democracia. Tiene todos los medios de comunicación comprados y todo el que resulte una amenaza hacia su poder lo silencia.

Como respuesta surgió un grupo terrorista llamado Brigada Oscura, que trabajaba en las sombras para desbancar al gobernador. Todo este conflicto llevó al derrumbamiento del 86, un evento crucial en la historia de Petria en el que la Brigada supuestamente detonó unos explosivos en una montaña causando un derrumbamiento, acabando con la vida de muchas personas inocentes. 10 años después, Tyrak ha conseguido que la situación le favorezca haciendo que la gente tenga miedo de la Brigada aumentando su popularidad.

Cada uno de nuestros personajes tiene un rol en esta historia. El elenco protagonista está complejamente entramado entre sí. Hay personajes que quieren ayudar a otros, hay personajes que quieren huir de otros. Hay personajes que quieren matar a otros. Todas estas líneas narrativas las viviremos como un espectador conforme se van desarrollando, influyendo en ellas pero sin llegar a ser un personaje clave. Y no podemos serlo. Este es el camino personal de los protagonistas, tienen que recorrerlos ellos solos. Desafortunadamente, la narrativa acaba cayendo en el síndrome de juegos como Heavy Rain. Con esto me refiero a que la mayoría de decisiones no son tan importantes como puedan parecer. Y aunque lo hayas hecho todo bien, un fallo tonto al final del juego puede resultar en conseguir un final malo para alguno de los personajes.

A pesar de esto, la forma que tiene Road 96 de narrar esta historia resulta muy conmovedora. Cada vez que nos crucemos a cada personaje podremos conocerles desde cero, ya que estaremos en control de un adolescente diferente al que ellos conocieron. Esto hace que podamos ver al elenco de personajes desde diferentes ángulos, pudiendo ver sus fortalezas, sus debilidades y sus miedos. Al final del juego, tienes una imagen mental perfecta de cada uno de ellos. Aunque sean pocos, son lo suficientemente complejos como para poder soportar la carga de una historia profunda e interesante ellos solos.

Hasta ahora me he centrado en hablar del juego exclusivamente. De las mecánicas, de la narrativa, de los personajes… Son elementos que funcionan muy bien. Sin embargo, esto no es lo que ha hecho que el juego me hable a un nivel muy personal. Y es que desde la primera vez que escuché la canción de The Road de Cocoon hubo algo dentro de mí que empezó a resonar con la historia.

No sabía qué era exactamente. Seguía avanzando por el juego y notaba algo dentro de mí que quería hablar y levantar la voz. Cada vez que el juego me dejaba contemplar las estrellas en medio de la carretera a la luz de la hoguera. Cada vez que iba conduciendo en medio de la lluvia sin nada más que hacer que escuchar los casetes que había ido coleccionando. Cada vez que me acercaba a la frontera donde se decidiría si mi personaje iba a conseguir llegar a un futuro mejor. Y entonces, después de varios días encontrando diversos momentos para volver a jugar, completé el juego. Y ahí fue cuando me di cuenta. Road 96 era mucho más que un videojuego. Su mensaje ha sido capaz de transcender el medio en el que se encuentra y ha podido llegar hasta mi corazón.

Los tiempos que corren son extremadamente difíciles. Estamos atravesando una de las mayores crisis de la historia contemporánea con la pandemia, y ahora estamos entrando en un conflicto bélico que está afectando gravemente a nuestra economía. Nadie sabe qué va a ocurrir en el futuro, ni si vamos a llegar a siquiera tener un futuro. Y de los que peor lo estamos pasando somos los jóvenes. Muchos de nosotros no conocemos cómo es vivir en una situación normal. Desde que tengo uso de consciencia, siempre se ha hablado de crisis económica, desempleo, conflictos sociales, etc. Y ahora que muchos de nosotros estamos terminando los estudios y lanzándonos al mercado laboral, ni siquiera podemos permitirnos tener una vida normal. Conozco a mucha gente que ante esta situación simplemente se han rendido. Y lo más desesperante es que ni siquiera somos los que peor estamos, pues nuestros hermanos del este están mucho peor que nosotros.

¿Y qué pinta Road 96 en todo esto? Para mí, Road 96 ha sido un oasis en medio de una tormenta de arena. De la misma forma que nuestro personaje va haciendo paradas en su camino para recuperar fuerzas, jugar a este juego me ha permitido tomar un descanso de la situación tan deprimente. Esa voz dentro de mí quería disfrutar del momento, relajarse, desahogarse. Ese es el mensaje que creo que Road 96 intenta expresar. El camino que tenemos ante nosotros es extremadamente difícil. Muchos no lo conseguirán. Pero donde un camino acaba, otro empieza. A lo largo del juego, nos vamos a sentir que formamos parte de algo más grande. Los compañeros que nos ayudarán por el camino, las dificultades que tendremos que afrontar, los momentos de vulnerabilidad… Todo forma parte del camino que cada uno tenemos que recorrer. Un camino para cruzar las fronteras que nos detienen, ya sea de forma metafórica o en algunos casos de forma literal.

Road 96

Puntuación final - 9.5

9.5

Imprescindible

Road 96 es un juego mágico que habla al jugador de una forma muy personal. Por medio de la narrativa y las mecánicas, nos sentiremos completamente inmersos en este mundo tan complejo y profundo.

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Colaborador de NaviGames y estudiante de Ingeniería Informática. Algún día me gustaría formar parte del proceso creativo detrás de los videojuegos, pero por ahora me contento con analizar y disfrutarlos como hobby.
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