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Microsoft Flight Simulator – Análisis PC

Los sueños, sueños son

Quien me conoce bien sabe que siempre quise ser piloto. Durante mis años de instituto, antes de llegar a un bachillerato que aliena hasta las mentes más ambiciosas, mi sueño era volar. A propósito de ello, decía Calderón de la Barca que «en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son», y me gusta pensar que mis relativamente frecuentes ensoñaciones en las que me pongo a los mandos de un jet y vuelo a lugares lejanos forman parte de un yo que nunca podré dejar de ser. Mi senda profesional tomó otros derroteros, como pasa siempre que llega la mañana: que hay que despertar. Instalarse lo onírico es ser deshonesto, y cuando ese patrón se traslada a lo comercial existe el peligro de desviarse del rumbo, de entrar en pérdida, quizá hasta de estrellarse. De convertirse, en fin, en lo que se ha transformado Microsoft Flight Simulator incluso antes de su salida: un juego tan sumido en su propia vanidad que se pierde entre las nubes. Solo al alcance de unos pocos. Lejano para la mayoría.

Como aviso, he de decir que cada vez me cansa más el discurso hiperbólico, que ensalza lo obvio y, en el caso de los análisis, cae más bajo todavía que las manidas guías de compra. Vaya por delante que el anticipadísimo título de Asobo Studio es una de las experiencias más increíbles que pueden vivirse hoy en día en un videojuego y que ello convive con un contenido limitado, un rendimiento muy irregular y una política de marketing que todavía me desconcierta. Con todo esto sobre la mesa, creo que lo mejor será que encaremos este análisis de la misma forma en que duermen los delfines, con la mitad de nuestra mente sumida en el sueño imposible —pero real— que es Microsoft Flight Simulator y la otra mitad alerta a los depredadores, siendo críticos con aquello que lo merezca. La ambivalencia emocional es inherente al arte, así que aceptemos por fin que el gris que debe ser una opinión se forma, en realidad, por una mezcla de blancos y negros.

Gran Cañón del Colorado en Microsoft Flight Simulator
Pocas maneras mejores hay de comprender el hito que supone Microsoft Flight Simulator que sobrevolando localizaciones como el Gran Cañón del Colorado

Microsoft Flight Simulator es el mayor despliegue técnico que jamás he visto en un videojuego, y lo digo en el sentido más literal de la frase. Lo que han conseguido Microsoft y Asobo Studio a la hora de generar el planeta Tierra, su geografía y su meteorología, es un hito que supera incluso a la recreación de la Vía Láctea que consiguió Elite: Dangerous en 2014. La razón es simple: mientras que el juego de Frontier Developments consigue «meramente» crear la ilusión de una galaxia, gracias a que cada sistema no explorado previamente es elaborado al momento de forma procedural, Microsoft Flight Simulator sí recrea el planeta —con mayor o menor detalle— en su plenitud. Si habéis estado atentos a su desarrollo durante los últimos meses, sabréis que la clave está en la tecnología Blackshark y la llamada fotogrametría, que permite reconstruir zonas enteras en 3D a partir de imágenes satelitales, fotografías y muchas cosas bonitas, que utilizaré como eufemismo para referirme al resto de una técnica que me parece magia. El resultado es lo que seguimos viendo sin descanso en capturas, tráileres y gameplays: una recreación 1:1 increíble y que brilla especialmente a unos cientos de metros de altura, a los que de veras nos será difícil distinguir si lo que estamos viendo es, en efecto, un videojuego.

No obstante, solo unas ciertas áreas escogidas (grandes superficies metropolitanas, en su mayoría) han sido dotadas de esta fotogrametría. Para reconstruir el resto de las zonas urbanas sí se ha optado por una tecnología procedural que, con todo, consigue unos resultados aceptables, siempre que no os importe que los monumentos y lugares emblemáticos de vuestra ciudad —Salamanca, en mi caso— se conviertan en anodinos edificios de oficinas. Todo tiene su límite, supongo. Por su parte, las extensiones rurales, montañosas e incluso oceánicas, que copan un enorme porcentaje del terreno, cuentan con una recreación igual de fidedigna y serán el gran atractivo a la hora de explorar, dado el elefante en la habitación, que son los problemas de rendimiento en las vastas metrópolis.

Imagen comparativa de Madrid y Blanes en Flight Simulator
Las comparaciones son odiosas, y en algunos detalles —como el puerto deportivo en 2D de la pintoresca Blanes— se palpan las diferencias entre escenarios recreados con y sin fotogrametría

Es frustrante tener el mundo al alcance de unos pocos clics, pero saber que el caballo de batalla del título, que son las megaurbes y los aeropuertos hechos a mano, resultan prohibitivos hasta para los ordenadores más potentes. No tengo el suficiente conocimiento técnico como para hablar de «fallos de optimización», pero lo cierto es que, independientemente de la configuración gráfica que escojamos, estos escenarios harán exprimir nuestros componentes al máximo, sin llegar a alcanzar los 15 fps en el peor de los casos y rondando los 20-25 en el mejor. Un problema significativo que, sin embargo, no arruinará del todo la experiencia, pues el género de simulación de vuelo no es uno que haga notar en la jugabilidad estos problemas, siempre que haya una cierta estabilidad en el rendimiento (como es el caso). Todo ello se adereza con unos tiempos de carga que podrán llegar a los cinco minutos si decidimos aparecer en una gran ciudad o en uno de estos aeropuertos premium (denominados STAR), y que harán del SSD un complemento casi obligatorio. A propósito, se me antoja necesario dejar las especificaciones de mi ordenador, ya que la experiencia en un juego de estas características dependerá, inevitablemente, del PC que tengamos a nuestra disposición:

  • Procesador Intel Core i5-4460 CPU @ 3.20GHz
  • Tarjeta gráfica Nvidia GeForce GTX 1060 3GB
  • Memoria RAM: 16GB
  • Espacio en disco (no SSD): >250GB

Como podéis comprobar, a mi maltrecho equipo no le vendría mal un lavado de cara, pero tampoco podría calificarse por debajo de una gama media. A lo largo de los últimos años, en raras ocasiones he tenido problemas para hacer funcionar cualquier juego a un nivel de rendimiento notable, aunque fuera con una configuración gráfica menor. Con Microsoft Flight Simulator, por desgracia, he encontrado la excepción. En otro orden de cosas, no he encontrado pega alguna en cuanto al diseño de sonido; el estruendo de las hélices, los reactores, las ruedas al tomar tierra, los instrumentos, incluso los motores de los coches están conseguidos hasta límites que impresionan. Cabe destacar un modo de comunicaciones por el que los sonidos del simulador se reproducen a través del dispositivo de audio predeterminado (configurable en el menú ‘Panel de control de sonido’ de Windows), mientras que los de radio hacen lo propio por el dispositivo de comunicación predeterminado; huelga decir la inmersión que provoca escuchar los sonidos de ambiente por los altavoces y las comunicaciones por los auriculares. Para quienes solo dispongáis de estos últimos, el modo dedicado a cascos también ofrece una calidad de audio sobresaliente, filtrando el sonido externo y el de radio de forma diferente.

Un Boeing 747-8 en la Terminal 4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, una de las combinaciones más exigentes para procesador y tarjeta gráfica, tal y como muestra el contador de FPS (arriba a la izquierda)

En conclusión, y pese a las bondades que puedan decirse sobre el apartado técnico de Microsoft Flight Simulator, lo cierto es que es un juego caótico, que da la sensación por momentos de no estar a la altura de su propia tecnología. No solo hablamos de rendimiento, sino de cuantiosos bugs, incluso en los aeropuertos STAR, donde la atención al detalle debería ser máxima. Es el futuro, uno al que no hemos llegado todavía, al que se le ven las costuras si nos acercamos demasiado y que nos hace regresar amargamente al presente.

Es, como en todo lo demás, una agridulce promesa.

Creo que es una declaración de intenciones que el menú más grande y obvio al iniciarse Microsoft Flight Simulator sea el del mapamundi. Como si de la última versión de Google Earth se tratara, al clicar nos aparecerá una representación del planeta a escala, con los aeropuertos, las ciudades, los puntos de interés (incluyendo fauna) e incluso filtros para saber las condiciones climáticas en cualquier lugar del globo, así como los vuelos reales en el momento de nuestra sesión de juego. Y es que el realismo que le ha querido imprimir Asobo Studio a su título va más allá de edificios fotorrealistas. Aparecer en cualquier ciudad, montaña, llanura, océano o lago no solo es una posibilidad en Microsoft Flight Simulator, sino uno de sus mayores atractivos, que sabe mejor cuando activamos las opciones en tiempo real de tráfico y meteorología. Hacer desviarse el último vuelo de Ryanair porque no hemos despejado a tiempo la pista de nuestro aeropuerto local, mientras vemos caer la lluvia de una tormenta veraniega no solo en el cristal de nuestra ventana, sino también en la luna de nuestra aeronave, es algo simplemente indescriptible desde lo emocional. También lo es sobrevolar con un ultraligero las avenidas de Manhattan. También lo es aparecer junto a unos elefantes en Kenya. También lo es darse una vuelta por la Antártida invernal. El mundo está a nuestro alcance, y visitarlo es tan fácil como elegir un destino, escoger un avión y apretar el botón SALIDA.

Mapamundi en Microsoft Flight Simulator
Poder aparecer en cualquier lugar, en cualquier momento, con opciones de meteorología y tráfico reales, es una sensación abrumadora

Hablando de aviones, no puedo evitar pensar que Asobo Studio ha tomado buena nota de los simuladores automovilísticos, quizá como método para atraer al jugador más inexperto. Así, y del mismo modo que si fueran coches de carreras, al seleccionar otra aeronave a la ya elegida nos aparecerá una comparación entre ellas en cuanto a velocidad de crucero, altitud máxima, resistencia y alcance. El caso es que el mundo de la aviación no es uno competitivo (salvo excepciones), no hay aviones «mejores» que otros, sino que cada modelo sirve a propósitos diferentes. Quizá sea un detalle sin importancia, pero creo que es en estas particularidades donde mejor se ve la filosofía del estudio a cargo. No en vano, resulta una característica bastante útil, sobre todo al discernir diferencias entre modelos casi idénticos en lo estético; la variedad de aeroplanos es ciertamente tramposa, más aún en las versiones deluxepremium deluxe del título, en las que nos encontraremos con varios modelos de avionetas Cessna o Diamond, por ejemplo, solo distinguibles para los más entendidos en la materia. El control entre unos y otros, eso sí, es lo suficientemente particular como para justificar la elección entre un Beechcraft, un Extra y un Boeing.

De nuevo, en un símil con el género automovilístico, podremos ajustar la cantidad de ayudas al pilotaje si vemos que el control más realista nos supera, y cabe la opción de cederle los mandos a nuestro copiloto virtual en cualquier momento. Desde Asobo parecen haber querido tomar la accesibilidad por bandera, y resultará un salvavidas para quienes Microsoft Flight Simulator sea su primer juego de estas características. Sin embargo, el que mucho abarca, poco aprieta, y temo que esta apuesta por llegar a un público amplio haya lastrado la parte de simulación más pura; aun con todas las ayudas desactivadas, poner un avión en el aire es tan fácil como elegir una pista de despegue, quitar el freno de estacionamiento, llevar el acelerador al máximo y guiñar el joystick. Habrá pantalla en negro —lo equivalente a un game oversi estresamos demasiado la aeronave, o si chocamos contra algún elemento del terreno, pero no saltará ni siquiera cuando se nos olvide responder a la torre de control o volemos a ras de suelo por las calles de una ciudad con un reactor. El avión no hace al piloto, y poder poner en el aire cualquier aeronave no acerca a la experiencia real de volar como un profesional. En este sentido, es triste que el simulador no ofrezca herramientas para formarnos en las decenas de complejísimas aeronaves que pone a nuestra disposición, como tampoco podemos acceder a cartas de navegación, planos de aeropuertos o guías de pilotaje avanzadas. Se ha hablado de plataforma para la «formación» durante la campaña de marketing, pero, como bien señala Phil Iwaniuk en su review del título para PC Gamer, Microsoft Flight Simulator no es tanto un profesor como una clase.

Controles externos de Flight Simulator
Para quienes os agobie la vista de cabina y todos esos instrumentos imposibles de descifrar, podéis optar por una visión mucho más accesible desde el exterior y que no renuncia a mostrarnos toda la información necesaria

Sea cual sea nuestro acercamiento al juego, se cumple lo obvio en cuanto a que sus mecánicas piden ser jugadas con un joystick, preferiblemente HOTAS. No obstante, el juego está concebido para ser lanzado en consola en un futuro, y la adaptación de sus controles a un mando pasará el test con nota para aquellos que no quieran o no puedan invertir en un controlador dedicado (siempre y cuando tengáis cerca un teclado para poder configurar algunos de los comandos más específicos). Sea nuestra elección la del joystick, mando, o incluso teclado y ratón, las opciones jugables serán las mismas, no yendo mucho más allá de unos breves tutoriales para familiarizarnos con la hercúlea tarea de volar, varios desafíos de aterrizaje y tres planes de vuelos extensos. No puedo decir que no eche de menos las decenas de originales e imaginativas misiones que ofrecía Flight Simulator X, y aunque se presume que este tipo de contenido se añadirá en un futuro —no sabemos si en forma de actualización gratuita o add-on de pago—, el contenido presente se antoja escaso para un lanzamiento de este tipo.

Microsoft Flight Simulator es el videojuego técnicamente más ambicioso de la historia. La recreación del entero planeta Tierra es un hito que no pasará desapercibido para nadie, y será especialmente en las grandes ciudades, dotadas de fotogrametría, o en las localizaciones naturales más célebres donde nos asombraremos de forma genuina. Una tecnología, sin embargo, solo al alcance de unos pocos, ya que el título acusa unos significativos problemas de rendimiento que harán sufrir hasta al ordenador más potente.

En lo jugable resulta una plataforma adecuada tanto para nuevos como veteranos en el género, aunque es posible que los amantes de la simulación no encuentren la profundidad esperada, debiendo recurrir a programas externos para una experiencia lo más cercana posible a la realidad. Para el resto de mortales, los desafíos de aterrizaje, las rutas propuestas y las infinitas posibilidades de un planeta recreado a escala 1:1 serán suficientes para tenernos varias horas surcando los cielos, aunque seguramente no sirva para engancharnos a largo plazo, al menos hasta futuras actualizaciones.

Microsoft Flight Simulator

Puntuación Final - 8.5

8.5

Recomendado

Una nota contenida para un juego que es más el comienzo de una plataforma. Mucho potencial, pero poco que ofrecer en su lanzamiento, más allá del impacto de su despliegue técnico.

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Víctor Martín 'Reyno1ds'

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