AnálisisSwitch

Ashwalkers – Análisis Switch

¿En busca de qué?

Tenemos arte para no morir de la verdad. Lo dijo Nietzsche, que en más de una ocasión distinguió entre lo dulce y lo fatal, aquella división sutilmente escondida tras una cortina de humo. Una reflexión cuyo desarrollo lo condujo hasta la clave de aquel enigmático y, en el fondo, necesario truco. A día de hoy, muchos de nosotros seguimos sus pasos esperando asumir lo inevitable. Lejos de las amplias y reducidas pantallas, de las deslumbrantes galerías y museos, de la prosa que ilumina las tenues páginas en blanco, se observa un mundo despiadado, sometido por las inflexibles reglas de lo salvaje, de lo inmoral.

Ashwalkers, al igual que muchos otros títulos del mismo género, dedica gran parte de sus esfuerzos a navegar en medio de las palabras del filósofo alemán. Nada nuevo nos espera en esta difícil y breve exploración; pero siempre valdrá la pena indagar más allá de nuestro caprichoso entorno.

Un guerrero, una joven, un explorador y una capitana. Juntos unirán sus fuerzas para lidiar contra la hostilidad y el desequilibrio de la naturaleza en sí misma. Un universo postapocalíptico que carga con los lamentos de civilizaciones caídas, con las calculadoras y descontroladas miradas que delatan la presencia de sombras que, como si de un grito ahogado se tratase, esperan pacientemente a una presa que les otorgue una pequeña porción de esperanza. De esto va la supervivencia, de recorrer la miseria y adaptarse a ella a cualquier precio. No hay cabida para héroes y villanos en esta clase de historias, únicamente víctimas aferrándose a lo poco que les queda, efímeros destellos de vida demasiado valiosos como para ver enterrada su fugacidad bajo las cenizas o el ácido.

Cada paso hacia delante es un nuevo obstáculo. El «todo vale» deja de existir cuando las condiciones no las imponemos nosotros.

Ashwalkers nos avisa más pronto que tarde, cada decisión que tomamos tiene consecuencias. No se pueden gestionar a la ligera aspectos como el hambre, la salud o la cordura. Es por eso que decidí optar por la visión más analítica posible, allá donde los impulsos del corazón no pudieran manipular los mecanismos de una mente en constante funcionamiento ante los impredecibles y solitarios terrenos. Seguir esa postura me ha dado muchas alegrías, por supuesto, pero todos sabemos que, en el fondo, nunca es fácil apartar la fuerza de las emociones por completo. Nadie dijo que nuestra fortaleza interior fuera indestructible, al fin y al cabo.

Nameless XIII ha logrado crear con éxito una atmósfera creíble, asfixiante y bien ajustada. Se nos invita a tantearla en una, dos, e incluso varias oportunidades dada su considerable cantidad de finales y, por lo tanto, su potencial rejugabilidad. En ella, acompañados por una narrativa no lineal, podemos ser testigos y partícipes de momentos realmente tensos y demoledores. No es solo mérito de ese sólido planteamiento, también lo es de un eficaz sistema de resoluciones que, a diferencia de otros videojuegos que no supieron dar con la tecla en este apartado, posee un verdadero impacto capaz de cambiar el curso de la partida. Como un giro repentino de 360 grados. Como debe ser.

Los recursos deben ser limitados en este tipo de experiencias. El problema es cuando las limitaciones también se encuentran en los controles.

Por otro lado, y muy a mi pesar, es mi deber reconocer que no son pocos los problemas que afectan notoriamente al conjunto final. Los fallos más significativos residen en lo jugable, un control demasiado tosco y frustrante con el que nos cuestionaremos si la mayor amenaza a la que nos enfrentamos es a la escasez de inventario o a la propia jugabilidad.

Y es que han sido demasiados los instantes en los que no he podido investigar con claridad y sosiego cada nuevo rincón debido a las restricciones que el propio videojuego se exige. Buena parte de la responsabilidad recae en la cámara, que combate contra viento y marea para que el jugador no conserve una visión completa de su alrededor.

Se trata de un error mayúsculo, pues atenta contra las bases su propia premisa. Desemboca en una contradicción, en cierto modo, divertida. «Te vamos a mostrar el mundo tal y como es, pero nuestras herramientas actuarán como barrera de opacidad con el fin evitar que visualices el horizonte o analices todos tus caminos con precisión». El placer de estar alerta, pero claro, casi con los ojos vendados.

Ese estilo artístico minimalista fundido en un sobrio blanco y negro no ha surgido por el azar. En él se perciben unas intenciones, a mi parecer, bastante positivas de querer encajar una herramienta más dentro de la simbolización y el transcurso de los hechos. Se busca representar el declive de la humanidad y sus memorias, la melancolía de los afectados, y la crudeza que envuelve sus almas en una espiral de dolor e injusticia. Sus gráficos no son fascinantes; no obstante, se animan a desligarse de lo puramente estético, de discursos visuales vacíos.

El gris como reflejo de un universo interior quebrantado.

Otro punto a tener en cuenta es su banda sonora, que se enfoca en una estela similar. No encuentro nada memorable al concentrarme en las melodías o en el uso del sonido. Se ciñe a cumplir con un mínimo de criterio la función de no vagar en tierra de nadie como un añadido superfluo eclipsado por la lluvia de ideas puestas sobre la mesa.

No se libra de mis amargas críticas el dudoso rendimiento del videojuego en Nintendo Switch. Sus carencias indican un número elevado de bugs molestos y una mejorable tasa de fotogramas por segundo. Dicho esto, en un futuro descubriremos si el proyecto es válido para aguantar los rabiosos empujones de la industria.

A los mandos, Ashwalkers me genera un rechazo palpable. Aparte de no presentar ninguna singularidad, encuentro endeble la ejecución de sus mecánicas. Han sido esas íntimas y cálidas conversaciones felizmente selladas en improvisados refugios, o esos inquietantes encuentros y adversidades arrastrados al límite, lo que verdaderamente ha nutrido mi interés para proseguir con esta extraña búsqueda por la ilusión.

En su momento también pudimos analizar la versión de PC de Ashwalkers, por si queréis conocer un punto de vista diferente de una obra tan personal.

Meridiem es la encargada de traer a nuestro territorio la edición física de Ashwalkers, que incluye extras como un libro de arte o una funda especial, entre otros.

Ashwalkers

Puntuación final - 5.5

5.5

Correcto

La honestidad y la delicadeza con la que Ashwalkers construye su mundo es realmente destacable. El conflicto lo presentan sus mecánicas, que logran mantenernos distantes de lo que debería ser una experiencia de supervivencia digna de recordar.

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Antonio Marchena

"Pero ahora bailamos este macabro fandango, y cuatro años habrán de pasar para poder descansar". Bueno, llevo más de una década enamorado de un fontanero al que le chifla meterse en tuberías seguramente malolientes. No me quejo.
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