AnálisisSwitch

13 Sentinels: Aegis Rim – Análisis Switch

Un lienzo explosivo

Diversas son las reflexiones que podemos leer acerca de la ciencia ficción. A veces hablan de metáforas, otras de evasión, pero casi siempre acaban llegando al mismo punto, la realidad. ¿Hay vida más allá de catástrofes con androides gigantes y criaturas cósmicas de por medio? Por supuesto que sí. Las obras más aclamadas del género pueden confirmarlo, la verdad es un elemento clave para que su ambicioso y en ocasiones revelador discurso valga la pena.

Es posible que 13 Sentinels: Aegis Rim, en parte, haya triunfado por la cercanía que desprende cada uno de sus personajes. Entre tanta destrucción, siempre nos quedará una porción de humanidad con la que conectar. Ese es el punto. Hay que darle más vueltas para entenderlo mejor.

Sino el cómo lo cuentas. El título de Vanillaware explora terrenos bastante familiares para el usuario, parte de una base sencilla para aportar frescura y solidez a su lenguaje. Son trece jóvenes que deberán ponerse al mando de unos inmensos robots para erradicar la amenaza de los terribles kaiju, atemorizantes criaturas capaces de convertir ciudades enteras en ruinas.

Si tan solo nos limitásemos a especular bajo su premisa, las conclusiones no serían demasiado esperanzadoras. Afortunadamente, los responsables de 13 Sentinels: Aegis Rim no estaban por la labor de conformarse con un espectáculo entretenido y vacío a partes iguales. Con una inventiva desbordante, han creado un cóctel narrativo en el que todo encaja y fluye cual complejo mecanismo de engranajes, una experiencia que poco a poco te va arrastrando hacia su finalmente irresistible juego de relaciones, tragedias y sorpresas. Eso sí, requiere cierta paciencia para disfrutar de su mar de incógnitas, la inmediatez no es una característica que acompañe a esta novela visual.

Byron Haskin y Steven Spielberg, dos visiones particulares de aquella novela de H. G. Wells

Sus mayores fortalezas, sin duda, recaen en la cierta libertad que posee el jugador a la hora de abordar el relato por distintos caminos y que ese factor ni siquiera perjudique mínimamente a sus cimientos narrativos. Distintos puntos de partida, hasta trece determinadas visiones del conflicto, y nosotros tenemos la capacidad de escoger por dónde seguir, lo que lo convierte en algo más personal y, por qué no, inmersivo.

Por un lado, una novela visual repleta de épica y misterios. Por otro, un título de estrategia enfocado en la defensa de torres. Su apartado jugable, aviso ya, no me parece tan reseñable como lo anteriormente comentado, no por ello cumple mal la función de complementar su propuesta con todo lo demás.

Cuidado con actuar impulsivamente en 13 Sentinels: Aegis Rim. Tomar una buena decisión es mucho más importante de lo que parece.

Sabemos que somos dueños de enormes robots de combate, toca demostrarlo. Con las pinceladas que he mencionado en el primer párrafo, no creo que sea muy difícil de adivinar. Nuestro objetivo consistirá en defender un punto llamado terminal de importantes oleadas de enemigos. Tenemos variedad de monstruos, voladores, resistentes, más temibles y menos temibles. También de máquinas, enfocadas en el ataque cuerpo a cuerpo, el ataque a distancia y demás.

Este sistema es indudablemente entretenido y accesible, pero le falta algo para poder considerarlo un éxito rotundo. La toma de decisiones es importante, no es ninguna tontería identificar el momento ideal para atacar o resguardarse del peligro por ejemplo, y su campo de combate no se limita a un terreno plano en el que tirar misiles a distro y siniestro. Sin embargo, le falta una pizca de profundidad, variación y desafío. Con estar un poco atento y no dar demasiados pasos en falso saldremos fácilmente airosos de los enfrentamientos. A pesar de sus limitaciones, no logra opacar unas 35 horas aproximadas tremendamente disfrutables y grandiosas.

No pilla por sorpresa a nadie que Vanillaware, en lo que a poderío visual respecta, es uno de los estudios más sorprendentes y distinguidos en la industria. Sus trabajados escenarios, su lograda atmósfera, su convincente diseño de personajes, forman parte de un estilo realmente único y alucinante. Una íntima celebración del arte como principal obrador de la belleza, el arte como puente conector entre el espectador y las emociones más puras y trascendentes. Una fuente de éxtasis para todo aquel que sucumba por completo a los encantos de 13 Sentinels: Aegis Rim.

Dejarse hechizar por todos sus trucos estéticos en modo portátil es una absoluta delicia, como abstraerse casi por completo de la realidad para acariciar la ficción más sofisticada, más reluciente. No es únicamente mérito de los gráficos, la banda sonora es una ayudante de gran utilidad cuando se trata de componer melodías acordes con el cambiante contexto de los acontecimientos. Qué importante es el sonido para rematar la calidad general de un videojuego, y qué apartado tan ignorado en algunas ocasiones. La musicalidad, el inteligente uso del ruido y los silencios, son componentes determinantes, por no decir prácticamente imprescindibles, para ocupar un largo espacio en el corazón del jugador, que recordará con cariño

Lo nuevo de Vanillaware es todo un placer visual para los jugadores.

Nintendo Switch es una opción más que digna para acoger una aventura como 13 Sentinels: Aegis Rim. La comodidad que te ofrece la consola híbrida le sienta como anillo al dedo a la obra de Vanillaware. Su fórmula artística, como siempre, es capaz de fascinar a la retina con unos escenarios tan minuciosos como elegantes, pero el gusto por el detalle, por fortuna, también recae en la historia, una especie de regalo para los amantes de la ciencia ficción más ambiciosa. Donde no triunfa tanto es en la ejecución de sus mecánicas, donde nos podía haber ofrecido una jugabilidad más arriesgada que supiera aprovechar mejor su potencial estratégico, donde se premiara de forma más directa la capacidad de paciencia y análisis, pero la satisfacción está asegurada si congenias con su forma de narrar.

13 Sentinels: Aegis Rim

Puntuación final - 8.5

8.5

Recomendado

Épico, imprevisible y de una precisión milimétrica. La obra de Vanillaware es un triunfo narrativo y estético, una elegante obra de arte que esconde muchos misterios tras su permanente juego visual.

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Antonio Marchena

"Pero ahora bailamos este macabro fandango, y cuatro años habrán de pasar para poder descansar". Bueno, llevo más de una década enamorado de un fontanero al que le chifla meterse en tuberías seguramente malolientes. No me quejo.
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