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Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo – Análisis Switch

El regreso a Hyrule repleto de acción

Hace ya tres años y medio desde que The Legend of Zelda: Breath of the Wild revolucionó la concepción de lo que era la saga The Legend of Zelda y de lo que era un juego de mundo abierto. Usando de referencia la capacidad de sorprender al jugador a través de la exploración del primer título de la franquicia, esta obra mejoró o directamente inventó muchas de las mecánicas que hoy en día lo hacen tan especial. Desde la creación de un sistema de reglas que permanecía lógico a lo largo de toda la aventura, hasta la capacidad de vislumbrar algo en el horizonte y ser capaz de alcanzarlo tras mucho esfuerzo. Todo rincón de Hyrule tenía algo que contar, algo que enseñar, algo que compartir con el jugador. Y esta magia hizo que para muchos, este título sea incomparable.

Si me paro a hablar de The Legend of Zelda: Breath of the Wild, es porque es necesario conocer que lo hace tan especial para apreciar al máximo a Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo. El nuevo musou de Omega Force no solo toma al título de Nintendo como base de su propio juego, si no que trabaja a partir de él, apreciando lo que hizo para cautivar a tanta gente. Aunque estemos hablando de otro género completamente diferente, se puede apreciar todo el cariño y cuidado que ha sido puesto para hacernos sentir de vuelta en este mágico mundo.

Vamos a empezar diciendo el pensamiento más claro que tengo: Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo es el mejor musou que he jugado. No hay forma de decirlo de otra manera. Si no conoces bien el género, se trata de juegos de acción donde debes enfrentarte a ejércitos enteros, derrotar a los generales enemigos y capturar sus bases. El atractivo suele venir del contraste de lo fácil que es abatir a cientos de enemigos pequeños y como se complica cuando debemos enfrentarnos a sus superiores.

A la hora de plantear su jugabilidad Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo establece tres pilares fundamentales: Primero esta el uso de la piedra sheika, heredada de Breath of the Wild, que nos ofrece sus cuatro módulos principales (bomba, estasis, hielo e imán) para extender nuestro repertorio de movimientos y ofrecer una herramienta para contrarrestar ataques enemigos. En segundo lugar tenemos la existencia de los cetros, armas mágicas con limitados usos que pueden ser de fuego, electricidad o hielo. Estos cetros dejan vulnerable a nuestros enemigos y puede dejarlos vulnerables si usamos el elemento correcto.

Por último, contamos con la habilidad especial de cada personaje. Estas son completamente únicas y definen el resto del kit del personaje en cuestión: Desde la capacidad de Mipha para teletransportarse a fuentes de agua a la habilidad de Zelda para interactuar con sus ataques normales gracias a la piedra sheika. Gracias a estas características, nos encontramos ante el combate más amplio que se puede experimentar dentro del género. La capacidad para improvisar combos o de derrotar a un enemigo de diferentes maneras le da una vida increíble para escapar de la famosa repetición de la que gozan los mosou.

Captura del combate en Hyrule Warriors: La era del Cataclismo
Los remates contra enemigos serán tan impresionantes como siempre, además de recordar a las peleas de Breath of the Wild

¿Recordáis cuando dije que The Legend of Zelda: Breath of the Wild contiene una sorpresa en cada rincón? ¿Cómo el mapa se va rellenando poco a poco según los hallazgos que nosotros mismos descubrimos? Pues Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo ha intentado transmitir esta sensación usando el propio mapa de Hyrule como menú. Desde aquí mejoraremos nuestras armas, subiremos de nivel a nuestros personajes, cumpliremos recados para desbloquear recetas y decidiremos donde luchar a continuación.

Aunque cuanto más avance uno en la historia, más confuso termina resultando este método. Por suerte, contamos con la alternativa de tener una lista donde podemos ver todas las tiendas, misiones y encargos para movernos con mayor facilidad. Aunque sea un parche más que una solución

Y si todos estos iconos resultan abrumadores es debido a la gran cantidad de contenido con el que cuenta Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo. Siempre tendremos una misión que hacer, un ingrediente concreto que buscar o un personaje al que subir de nivel. Incluso podremos desbloquear personajes secretos a través de una serie de misiones, elevando el elenco a la cantidad de 18 opciones.

Captura controlando a una bestia divina en Hyrule Warriors: La era del Cataclismo
Las fases donde controlamos a las bestias divinas son toda una inyección de adrenalina

Por desgracia, lo que tiene en contenido quizás le falte en variedad. Muchas de las misiones repiten el mismo esquema, y aunque encontramos algunas únicas como manejar a las bestias divinas o tener que evitar recibir daño, no terminan de ser las suficientes para justificar el tener que repetirlas en varias ocasiones. Como extra, podremos jugar a cada misión en tres niveles de dificultad, así que al menos el reto estará a la altura.

Aquí entra posiblemente el punto más polémico que ha sufrido Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo: Su historia. Desde que pudimos disfrutar de la demo, se confirmó que este título no iba a ser la precuela canon de The Legend of Zelda: Breath of the Wild. La historia es alterada, con la inclusión de viajes en el tiempo, que provocan que sobre todo a partir de cierto punto la historia empiece a distorsionarse de forma notable.

Esto ha supuesto una decepción para muchos fans del juego original. Todo el mundo teníamos ganas de ver como había sucedido esta gran guerra, y el momento de derrota que sufre todo Hyrule y que lo llevo a estar 100 años en ruinas. Pocas veces el medio se atreve a dar un final triste, porque en esencia va en contra de las reglas del videojuego: Si el jugador se ha esforzado para superar unos retos, merece una recompensa. Pero a veces, la tragedia es necesaria para transmitir algo.

Villano de Hyrule Warriors: La era del Cataclismo
Aster será el villano que estará detrás del resurgimiento de Ganon

Y es que cuando estuve al borde del asiento a punto de caerme, y con la emoción a flor de piel fue en el punto de la historia donde más se asemeja lo que ocurre con la línea temporal original. Momentos en los que si llega a continuar hubiera llorado seguro en un par de ocasiones y, que además, te hacen recordar ese aspecto amargo que tenía The Legend of Zelda: Breath of the Wild cuando visitabas las cuatro regiones y te encontrabas con los elegidos, tus propios amigos que murieron en una guerra que no eres capaz de recordar. Pero esto al final no ha sido así, Nintendo valora demasiado sus franquicias para arriesgarse a crear algo así en un título spin-off.

Esto no significa que la historia de Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo no me haya gustado. Llegué a ella con un sabor amargo, pero no sospeché que aún así podría llegar a disfrutarla tanto. Zelda como personaje en este juego es algo que pocas veces hemos podido observar en la saga. Y ser capaz de ver a todos los elegidos interactuar entre ellos, como hablan con Link, ver como se forja esa amistad que dura 100 largos años… Son cosas que merecen enormemente la pena.

No solo tenemos a estos personajes a desarrollar. También vemos otros que recordamos de Breath of the Wild. Los miembros del clan Yiga aparecen con más carisma que nunca, mostrándonos facetas suyas que desconocíamos. Y es increíble poder ver al Rey de Hyrule en su difícil conflicto de conseguir ser un buen padre para su hija y a la vez que esta este preparada para salvar al mundo cuando la Calamidad llegue.

En definitiva, desde su apartado artístico, pasando por su increíble y emocional banda sonora y terminando en sus característicos personajes, Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo se siente como una obra hecha para apreciar todo lo que construyó su antecesor e intentar expandirlo un poco más. Podemos ver mecánicas, animaciones y mil detalles diferentes que nos harán acordarnos de nuestra primera visita a este reino de Hyrule.

Los elegidos de Hyrule Warriors: La era del Cataclismo hablando
Los momentos de paz donde los elegidos estrechan sus vínculos son de los mejores del juego

Todo esto ha resultado en que he sentido incluso ternura jugando a este título. Ser capaz de ver todo este mimo para que no se sienta como «otro spin-off más lucrándose de una saga conocida», si no como una obra en su totalidad, que respeta y admira el trabajo de The Legend of Zelda: Breath of the Wild.

Es verdad que Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo tiene sus fallos. El rendimiento técnico deja que desear en algunos puntos, la cámara a veces es frustrante en los espacios cerrados y se sufre de los pecados que conlleva el ser un musou. Pero nada de esto me ha hecho soltar el mando ni desviar la mirada mientras lo jugaba, porque la suma de sus partes era mucho mayor que estos roces.

Creo que hemos tenido mucha suerte de haber podido contar con una obra tan cuidada como esta. En un mundo donde es más fácil e igual de lucrativo hacer un título mediocre que simplemente sea divertido, Omega Force y Nintendo han buscado algo más. Ese algo más es el de transmitir esta nueva historia, y que conozcamos más del mágico mundo que creó The Legend of Zelda: Breath of the Wild en su momento. No solo a través de su guion, si no de su jugabilidad, sus personajes, sus diálogos e incluso su música.

Si eres fan de The Legend of Zelda, puede ser el momento perfecto para darle una oportunidad al género de los musou. Y si por el contrario eres fan del género, puede ser una buena manera de introducirte en este universo. Porque al fin y al cabo, Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo es el mejor musou que he jugado, pero también es un gran Zelda.

Hyrule Warriors: La Era de la Calamidad

Puntuación Final - 9.5

9.5

Imprescindible

Aunque con algunos fallos, Hyrule Warriors: La era del Cataclismo, consigue transmitir el amor y cariño que siente hacia su antecesor, dándonos más de ese mágico mundo.

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Regas

Educador infantil, redactor de videojuegos, estudiante de pedagogía, speedrunner amateur y Dungeon Master vocacional. Luego me pregunto por qué apenas duermo.

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