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Catherine: Full Body – Análisis Switch

Los romances de Vincent donde queramos

Allá por 2011 Atlus nos entregaba, de la mano de Katsura Hashino y su equipo, Catherine, un título que no dejó a nadie indiferente. El juego fue recibido con gran entusiasmo, por crítica y jugadores, en gran medida por lo original de su propuesta. Y es que las aventuras de Vincent pretendían hacerse un hueco en un mercado que por aquel entonces estaba dominado plenamente por los títulos de acción. El año pasado, la compañía nipona decidió rescatar el videojuego original para darle un lavado de cara y entregarnos una «versión final«; una suerte de remaster y revisión que no solo actualizaba la parte técnica, sino que también reescribía parte de la historia y otorgaba matices necesarios para actualizar su discurso a los tiempos actuales. Ahora, Catherine Fullbody llega a Nintedo Switch, una plataforma que parece ideal para este tipo de videojuegos, y lo hace con un port funcional, pero para nada sobresaliente. Entremos a Stray Sheep, pidamos unas copas y pongámonos cómodos: vamos a hablar de cómo ha quedado esta versión del clásico de Atlus para la híbrida de Nintendo.

Catherine Fullbody puede ser entendido, dependiendo de dónde pongamos el foco, o bien como un juego de puzles envuelto en una visual novel, o bien como una visual novel aderezada por unos muy buenos puzles. Cada cual puede colocar el acento donde mejor le parezca, pero de forma muy marcada, eso es lo que principalmente ofrece el título. Ahora bien, los temas que trata no son los habituales y los retos que plantea tampoco.

En cuanto a la historia, el juego nos sitúa en el papel de Vincent, un joven de 33 años que reside en Tokyo, acaba de cambiar de trabajo, y tiene una relación estable desde hace 5 años con su novia Katherine. Desde este punto de partida, la trama trata de explorar una etapa de cambio vital en la figura de su protagonista. Su relación sentimental ya está más que establecida, y ante esa situación, su novia piensa que deberían dar un paso hacia adelante: el matrimonio. Ahí empiezan las dudas y los miedos de Vincent, unas dudas que empezarán a atormentarlo, y que se acentuarán cuando una misteriosa chica, llamada Catherine, haga acto de presencia en su vida. A partir de ahí todo se complicará y el agobio de nuestro protagonista no hará más que intensificarse, llegando a generarle, cada noche, unas terribles pesadillas que nos conducen al núcleo de su parte jugable.

Secuencia en la que Katherine visita a Vincent
Los hitos narrativos serán presentados a través de escenas de anime al más puro estilo Atlus

En dichas pesadillas es donde se despliegan los geniales puzles de Catherine. La situación del protagonista se verá reflejada en sus sueños a modo de torres de bloques a escalar. Tanto él como los conocidos que le rodean son representados en ese mundo onírico como carneros, como animales sin agencia en su propio día a día, guiados por el curso de la vida hacia un destino del cual creen que difícilmente podrán escapar. Mientras tanto, por la ciudad circula la leyenda de que existe un sueño en el cual debes escalar continuamente antes de que los bloques por los que estás ascendiendo desaparezcan, ya que si eso ocurre y caes al vacío, morirás en el sueño, y si eso pasa, también perecerás en la vida real. Con este pretexto el juego nos presenta la gran torre que debe escalar Vincent para lograr su ansiada «libertad».

Los carneros dirigiéndose al terreno de las pesadillas
La parte onírica se usa para narrar el conflicto interno que atormenta a los personajes que pueblan Catherine Fullbody

Al final de cada uno de los días deberemos superar una planta de dicha torre. Estas estarán formadas casi siempre por tres o cuatro fases. En cada una de ellas nos encontraremos con una construcción de bloques a escalar antes de que el tiempo se nos acabe. Podemos mover los bloques, reestructurar la torre haciendo que algunos de ellos caigan al vacío, abrirnos camino formando escaleras e incluso utilizar potenciadores que iremos encontrando en las diferentes fases. Todo ello estructurado con unas reglas y un esquema simples, pero no por ello fáciles de llevar a cabo en primera instancia. En este sentido cabe decir que el juego ya presenta un reto interesante si se decide empezar la partida en dificultad normal, sobre todo al principio, cuando aún no nos hemos hecho con las particularidades del planteamiento. No obstante, siempre podremos activar un modo llamado «seguridad», que nos permite resolver los puzles sin que nos afecten las trampas ni el tiempo transcurrido. Y además, durante el transcurso de los mismos podemos usar la opción de «juego automático» en todo momento, algo dirigido a hacer la partida más accesible para todos aquellos que únicamente quieran disfrutar de la historia.

Por otra parte, Atlus también ha pensado en ese tipo de jugador que disfruta de los retos que plantea la obra, y lo ha hecho a lo grande. Durante el modo historia (que podremos completar en unas 10-15 horas, y que cuenta con diferentes finales en función de cómo actuemos) el juego cuenta con varios niveles de dificultad, así como con un sistema de calificación de resultados, al más puro estilo arcade, para cada una de las fases.  Pero además, desde el menú principal podemos acceder a nuevos retos específicos que harán las delicias de los más competitivos, al modo multijugador local y al modo de enfrentamientos online, en el cual podremos medirnos a jugadores de todo el mundo en diferentes fases y con distintos personajes (Joker incluido). Por desgracia en este último modo solamente he podido disputar partidas contra jugadores japoneses, en cuyo caso la presencia de lag ha hecho prácticamente injugable cada una de las partidas que disputé. Sin embargo, la cantidad de material que ofrece hará las delicias de todos aquellos que gusten de los particulares puzles que plantea Catherine, pues hallarán contenido para un buen número de horas.

Modos extras en la oferta de puzzles de Catherine Fullbody para Nintendo Switch
Los puzles son una autentica delicia, y los modos extra constituyen un reto a la altura para todo aquel que disfrute de ellos

Volviendo al modo principal, cuando no nos encontremos en las mencionadas pesadillas, deberemos pasar la mayor parte del tiempo en el bar Stray Sheep, regentado por el «Boss» (no el de Kojima) y por Erica, nuestra camarera de confianza. En él podremos mantener conversaciones con nuestros amigos, recibir y contestar (o no) mensajes en nuestro smartphone, hablar con los diferentes clientes habituales del local, poner música en la Juke Box (temas de Persona 5 incluidos), e incluso acudir al servicio para mirar alguna que otra foto picantona o buscar algo de paz mental para el pobre Vincent.

Los amigos de Vincent tomando algo con él en Stray Sheep
Stray Sheep es el punto de encuentro de toda una serie de personajes atormentados por sus conflictos internos

Por otra parte, en Fullbody contamos con la inclusión de un nuevo personaje, una chica llamada Rin, a la cual conocemos al principio de la aventura y que pronto se convertirá en la pianista del pub que frecuentamos. La presencia de Rin sirve para actualizar el discurso del juego y hacerlo más acorde a los tiempos actuales. Debemos tener en cuenta que hablamos de un título de 2011, y que además estamos ante una visión de la pareja y del matrimonio muy japonesa, con todo lo que ello conlleva. Por suerte la sociedad ha avanzado desde entonces, y así intenta reflejarlo Atlus en esta nueva versión del juego.

En lo técnico, al encender nuestra Switch, nos topamos otra vez más con un port que parece haberse hecho atendiendo a la ley del mínimo esfuerzo. El título es funcional y jugable en todo momento. En las secciones de puzles, por ejemplo, rinde bien la mayor parte del tiempo. Pero no podemos obviar las fuertes ralentizaciones que sufre el juego tanto en el bar como en las zonas de descanso entre fase y fase. Al tratarse de momentos tranquilos, de diálogo y exploración en entornos muy reducidos, no afectan de forma grave a la experiencia. Pero teniendo en cuenta la carga gráfica de los entornos en los que pasa esto, nos hace pensar que para esta versión de Switch se ha realizado el trabajo mínimo para que la cosa funcione, nada más.

Catherine, Katheri y Rin
El título cuenta con un total de 16 finales distintos que podremos desbloquear en función de las acciones que llevemos a cabo y las decisiones que tomemos

Aun así, no puedo negarlo, jugar a Catherine Fullbody en Switch es una delicia, la portabilidad de la máquina de Nintendo le viene de maravilla. En cuanto al juego en sí, estamos sin duda ante un imprescindible para todos aquellos que busquen experiencias que se salgan de lo cánones habituales de la industria. El título de Atlus trata temas nada habituales en el videojuego (menos aún en la época en la cual fue lanzado). Elabora toda su trama, su discurso y su planteamiento jugable en torno al miedo al cambio vital, aborda la sensación de perdida de control sobre la propia vida y los condicionantes sociales que nos marcan el camino a seguir. Katsura Hashino, como viene siendo habitual, utiliza las herramientas del videojuego para ahondar en la psique humana y hablar de la sociedad contemporánea japonesa. Un enfoque sin duda valiente y original que culmina con un planteamiento jugable muy interesante en lo referente a sus puzles. Si últimamente os sentís como carneros dirigidos por pastores, que repiten lo mismo día tras día cada vez que se enfrentan a un nuevo videojuego, echad una canita al aire y dejaos seducir por Catherine Fullbody. Un videojuego que, como el buen vino, ha madurado con el tiempo y ahora sabe mejor que nunca.

Catherine: Full Body

Puntuación Final - 8

8

Recomendado

Una revisión profunda y concienzuda de un clásico de la pasada generación, que llega ahora a Switch con un port que queda lejos de la excelencia, pero que no genera problemas importantes en lo jugable. Un título imprescindible para los amantes de los puzles, y para todos aquellos que busquen experiencias que traten temas no habituales en la industria del videojuego.

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David Oña

Con videojuegos en mi vida desde la más tierna infancia. Disfrutando de aprender cada día un poco más y consciente de una sola cosa, en la percepción de una obra no existen verdades absolutas. Jugar, debatir y disfrutar.

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