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The Last of Us Parte 2 y el Síndrome de Estocolmo

Una traición que pasará a la historia del medio

Atención, este artículo contiene Spoilers. Si no has terminado The Last of Us Parte 2, os recomendamos que dejéis de leer y que disfrutéis de la experiencia por vosotros mismos.

El juego más ambicioso de Naughty Dog, el juego más rápidamente vendido de la vida de PS4, el juego del que el cine tiene que aprender, el Ciudadano Kane de los videojuegos… el catálogo de elogios y alabanzas que ha recibido The Last of Us Parte 2 semanas antes de su lanzamiento ha elevado las expectativas de los usuarios hasta cotas de expectación inalcanzables para cualquier producto. Si a eso le sumamos el precedente de su primera parte y las absurdas críticas acerca de sus protagonistas, obtenemos una marea mediática de la que es muy difícil salir indemne en cuanto a prejuicios y expectativas.

Su primera parte sólo me pareció un juego sobresaliente una vez llegué al final, que considero una de las conclusiones más sublimes que jamás he visto en una obra audiovisual, elevando la calidad de todo el producto por sí sola.  Por ello su segunda parte me parecía innecesaria, ya que malograba por completo la belleza de ese final gris y abierto.

El apartado técnico de The Last of Us Parte 2
Los gráficos de The Last of Us Parte 2 te hacen olvidar a menudo que es un juego de PS4 y no una película

Sin embargo la carne es débil, y tras todo lo que se ha ido viendo cada vez iba teniendo más ganas de encarnar a una Ellie madura en una sociedad más evolucionada y estable dentro de ese mundo devastado. Finalmente me hice con el juego y lo he devorado en una semana; horas después de haber visto los créditos finales con la mirada perdida mientras trataba de asimilar los últimos momentos del juego, aquí vengo a hablar de The Last of Us Parte 2 en caliente. Es probable que no tenga nada importante o enriquecedor para aportar a la conversación global, pero NECESITO hablar de esta obra.

Porque es lo que tienen las grandes obras: remueven las conciencias, te hacen pensar, polarizan opiniones… no te dejan indiferente. Cuando un produto ha sido capaz de generar un debate tan fuerte y con posiciones tan diferentes, su calidad objetiva pierde importancia, y eleva su status al de una obra relevante en nuestro medio, necesaria e imperecedera. Porque la grandeza de The Last of Us Parte 2 no está en su impresionante apartado técnico, su increíble escala o en su pulida fórmula jugable (que también): The Last of Us Parte 2 es uno de los títulos más valientes que he jugado en años. Hacer esta afirmación basándome únicamente en la orientación sexual de su protagonista o el físico de algunos de sus personajes sería quedarme muy en la superficie de lo que Neil Druckman ha conseguido.

The Last of Us Parte 2 es valiente porque es uno de los juegos que más han traicionado las expectativas de los jugadores, aún cuando no tenía la necesidad de hacerlo para triunfar, tomando una gran cantidad de riesgos por el camino. Vamos a analizar, con spoilers, por qué The Last of Us Parte 2 es un juego del que Hideo Kojima se sentiría orgulloso.

El inicio del juego es todo lo que yo deseaba que fuera, un comienzo tan perfecto como el de la primera entrega, aún siendo ambos totalmente diferentes en ritmo y objetivos para con la trama. Ver cómo es la relación de Ellie y Joel tras su viaje, ya asentados en una ciudad con futuro, es absorbente y conmovedor. No son amigos, pero tampoco padre-hija. Joel ha aceptado su pecado del primer juego y abraza ese amor desbordante que siente hacia Ellie. Por supuesto, a medida que vamos viendo diferentes recuerdos de Ellie y escuchamos sus conversaciones, vemos que algo les pasa en el presente; intuimos que en algún momento Ellie descubrió lo que hizo Joel, pero no llegamos a saberlo.

Por ello, cuando llega la muerte de Joel a manos de Abby y su grupo, no podemos más que pensar lo mismo que Ellie: los mataré a todos, joder. Sin embargo, a medida que acompañamos a Ellie en su periplo por Seattle, vemos que nuestra determinación flaquea en algunos momentos del viaje: Dina intenta hacerle recapacitar, a pesar de que la seguirá hasta el final. Tommy también se ha puesto en peligro por sus reproches, y la cantidad de personas que asesinamos por el camino nos hacen valorar en todo momento si esto merece la pena.

La campaña de Abby
Aunque al principio no se quiera intentar entender a Abby, seguro que muchos jugadores han terminado simpatizando con ella más que con Ellie

El clavo final en el ataúd de nuestra determinación lo ponen los momentos felices con Dina en el camino. Parece fácil pasar página y volver a una vida tranquila en comparación con continuar con la matanza y poniéndonos en peligro a ambas. Poco a poco, el juego nos hace ver cada vez con peores ojos la obsesión de Ellie por la venganza, llegando a una conmoción total cuando matamos a Mel, una mujer embarazada; el mero hecho de pulsar Cuadrado, en esta sección y en el encuentro con Nora, nos provocaba un conflicto moral por lo cruento de la situación. Incluso la misma Ellie, magullada y derrotada, desiste tras hablar con Tommy. Pero en ese momento Abby, por si todavía no la odiábamos suficiente, irrumpe en escena y nos encañona con su pistola tras sembrar aún más muerte.

Y aquí llega la sorpresa que nos tenía preparada Naughty Dog, aquello por lo que este juego será recordado: en lugar de resolver esta escena, debemos volver a vivir los tres últimos días desde la perspectiva de Abby. La asesina y torturadora de Joel, nuestra némesis, la persona por la que hemos arriesgado nuestra vida y la de nuestros seres queridos. Por su culpa hemos hecho cosas detestables por el camino, ¿y ahora debemos controlarla durante horas? Naughty Dog aquí secuestra a una gran parte de sus jugadores usando a Abby y toma un riesgo mayúsculo. La gente ha comprado su juego por Ellie y Joel, pero les está obligando a jugar una campaña dedicada a la villana, no sólo meras secciones de acción, sino un recorrido completo por su psique y su vida. Comentar la trabajada campaña de marketing y el encubrimiento general de los medios de este desarrollo daría para un artículo en sí mismo.

Esta jugada me recordó al momento a lo visto en Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty, cuando Kojima troleó a todos sus fans haciendo protagonista a Raiden, sin saber qué había pasado con Snake en el prólogo. Dado que ese juego es mi Metal Gear favorito, podéis imaginar que la jugada me pareció, cuanto menos, curiosa. Pero el golpe maestro no es sólo obligar a los jugadores que han venido aquí por Ellie y Joel a encarnar a su enemiga, sino conseguir que su campaña sea incluso más absorbente e interesante que la de Ellie, llegando incluso a entender a Abby y sus motivaciones.

El juego se esfuerza también en hacer las horas con Abby más agradables que las de Ellie (tanto a nivel técnico como a nivel jugable) para que simpaticemos más con ella, encontrando en su parte muchos de los mejores momentos del juego; sus asesinatos parecen más en defensa propia que como mera violencia desenfrenada, sobre todo enfrentando a los serafitas, pero es que incluso se cuestionará si las muertes de estos sectarios eran necesarias.  A medida que vas viendo cómo se acerca la resolución de la confrontación entre las dos protagonistas, casi esperas que no llegue a sucederse. Las muertes se acumulan sobre los hombros de ambas, pero sólo hay una forma de romper el Uróboros de la violencia: el perdón, la aceptación y pasar página, por muy doloroso que resulte; curiosamente esta resolución llega de la mano de la, hasta hace no mucho, odiada villana. Por supuesto no es tan fácil perdonar: a ambas protagonistas se les presenta una oportunidad de redención, de volver a empezar, aunque sólo una de ellas es capaz de aprovecharla para avanzar.

Una vez volvemos a tomar el control de Ellie, ni siquiera queremos manejarla: no puede pasar página, sólo quiere continuar su obsesiva venganza, aunque para ello tenga que sacrificar la posibilidad de una vida feliz. Querríamos volver con nuestro secuestrador.

El amor de Ellie y Dina
Esta escena para mí tiene la banda sonora del cover de Ellie de Take On Me

El propio Druckman ha afirmado en numerosas ocasiones que The Last of Us Parte 2 es un juego que habla sobre la violencia. Para resaltar ese mensaje, el juego se ha vuelto incluso más oscuro y cruento que en su primera parte. No en vano los enemigos ahora tienen un nombre que sus compañeros gritarán desesperados cuando les vean morir. Los gráficos del juego no sirven sólo como herramienta de marketing, sino que prestan un servicio inestimable a la hora de transmitirnos las emociones de las protagonistas; sin ese apartado técnico The Last of Us Parte 2 no podría mostrar la variedad de situaciones y compromisos a nivel emocional que plantea.

The Last of Us Parte 2 es un completo tratado de la violencia en el marco de la venganza: de sus causas, sus víctimas y sus ejecutores. Para ello traiciona a sus seguidores y compradores, haciendo que controlen a la otra cara de la moneda; una moneda que, curiosamente, tiene ambos reversos iguales. Sin la posibilidad de enfrentarnos a las consecuencias de los actos violentos de Joel y de ver cómo han condicionado la vida de otras personas, no habría un mensaje claro de condena hacia todo lo que hacemos.

La felicidad de Ellie
El hecho de que Ellie no pueda olvidar la venganza en este tranquilo y feliz desenlace hace que no podamos apoyarla en su último viaje

Era necesario mostrar como la violencia desencadena una sucesión de eventos en los que hay varias partes implicadas, y que si ninguna de ellas decide romper ese ciclo, estarán condenadas a perpetuar esa violencia de forma eterna, absorbiendo a cada vez más personas en esa espiral de destrucción. Su mensaje no es nuevo, ya se ha explorado en otras obras como Spec Ops: The Line, pero la conexión que alcanzamos con sus protagonistas y los medios utilizados para vivir este viaje dan otra dimensión al discurso.

La campaña de Abby era necesaria, ya que la condena de la violencia viene de la parte más inesperada. Una vez nosotros mismos hemos podido perdonar la muerte de Joel, las últimas horas a los mandos con Ellie se hacen muy difíciles, y eso es maravilloso. La gran variedad de emociones y matices que muestra The Last of Us Parte 2 gracias a sus personajes, y la montaña rusa de sentimientos que provoca en el jugador, es algo que no volveremos a ver en mucho tiempo. Por supuesto los riesgos conllevan errores (las secciones alargadas en exceso, lo cuesta arriba que se hace ver tu destino a lo lejos…), pero aquí sin duda el fin justifica los medios.

El final de esta entrega vuelve a ser de un amargo y precioso gris, al igual que sus protagonistas. Todos los actos tienen consecuencias, pero el perdón y la voluntad de querer pasar página es la única forma de romper ese ciclo que parece eterno, aunque esa decisión traiga consigo su propia dosis de sufrimiento; una lección que hemos aprendido a costa de sentirnos traicionados. Bravo.

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Alejandro Morillas Tellez

Fisioterapeuta/osteópata de día, hipnoterapeuta cuando es necesario y apasionado jugador de videojuegos por la noche. Los primeros juegos que relaciono como favoritos son Catherine, Vanquish, Overwatch y Kingdom Hearts. Pero siempre estoy disponible para un Tekken, un Vermintide o una maratón de Metal Gear.

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