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West of Dead – Análisis PC

Es hora de un último rodeo

La muerte en el videojuego es un concepto bastante gamificado. Siempre se ha visto como un contratiempo o un castigo al jugador por no haber cumplido el desafío planteado, y esto es algo único en nuestro medio. Cuando leemos un libro o vemos una película no se pone a nivel la capacidad del usuario, y menos aún se le penaliza si no cumple con los requisitos. Quizás por eso el concepto de la muerte en nuestra industria se trata de una forma tan trivial en muchos casos, y solo la damos importancia cuando es permanente y afecta a la narrativa.

Con el resurgimiento de los roguelike, un género donde morir esta a la orden del día, esta experiencia solo se reforzó. Pero esta nueva ola no se contenta con exponer la muerte con un obstáculo, si no que intenta justificarla, como por ejemplo haciendo que cada intento del jugador sea un nuevo linaje en un árbol genealógico de una familia maldita. West of Dead también ha decidido jugar con la idea de la mortalidad, ya que nuestro objetivo principal no será evitar a la parca, si no conseguir nuestro merecido final de una vez por todas.

Cuando digo que buscamos la muerte quizás estoy simplificando demasiado el argumento. Somos un vaquero, o mejor dicho lo que queda de él, que ha muerto. Cuando por fin parece que vamos a alcanzar la paz eterna resulta que alguien o algo esta impidiendo que este lugar funcione como debería, y no podemos ir hacia el este en paz, donde se supone que aguarda nuestro descanso eterno. Además, parece que esto no se va a arreglar solo y que somos los únicos que pueden hacer algo al respecto.

Entré a West of Dead esperando un roguelike normal con una estética muy llamativa. Resulta que me equivocaba para bien, porque me he encontrado no solo con una experiencia visual increíble, si no con un juego que mecánicamente es muy divertido y desafiante

Para conseguir nuestro objetivo tendremos que avanzar por este lugar lleno de las almas de aquellos seres que han tenido un peor destino que el nuestro. Su único propósito en este mundo es el de detenernos y enviarnos al punto de partida otra vez. Desde humanos con armas de fuego a animales salvajes, pasando por criaturas horribles que es mejor que el ojo humano no vea. Todas ellas nos esperarán en la oscuridad del laberinto más adelante, y la única forma que tenemos de defendernos será nuestra vieja pistola.

Y cuando digo pistola quiero decir pistolas, rifles, escopetas, pistolas de hielo, un francotirador y cualquier cosa que pueda disparar un proyectil y dejar en el suelo a nuestros enemigos de forma permanente en el suelo. West of Dead no hace feos a nada, y el arsenal del que disponemos es bastante amplio. Podremos llevar un total de dos armas diferentes, pudiendo combinarlas según nuestras preferencias y estilo de juego, aunque no podremos elegir con cuales empezamos al comenzar una partida.

Cada nivel es diferente en cuanto a estética, cada cual igual de bonito que el anterior

Pero no es el arma quien mata, si no quien aprieta el gatillo, y para eso necesitamos manejarnos en el campo de batalla. Tenemos que saber cubrirnos, deslizarnos, controlar los tiempos de disparo y de recarga y reconocer a los enemigos rápidamente para saber como defendernos. En este combate tan ágil y con espacios tan cerrados, entra en juego una de las mecánicas principales de West of Dead: Su uso de la luz.

Si veis el estilo artístico del juego se puede observar como gran parte de la personalidad del estilo del mismo se sustenta en el uso de la luz y las sombras. Pero esto no queda solo como una decisión estética, si no que se pasa al lado jugable, ya que por lo general casi todo estará a oscuras y tendremos que recurrir a pequeños faroles para iluminar las salas. Esto significa que solo vislumbraremos a los enemigos a no ser que nos acerquemos a donde estén las fuentes de luz y las accionemos, exponiéndonos al peligro de forma directa. A cambio el juego nos recompensa aturdiendo a todos los contrincantes cercanos debido al estallido del brillante aceite.

Lo que quiere decir esto es que al entrar en una sala el enemigo va a contar con la ventaja táctica la mayoría de ocasiones, forzando al jugador a tomar una estrategia agresiva y dinámica en la que tendrá que improvisar rápidamente un plan. Esto puede intimidar un poco al principio, pero gracias a la progresión escalada que tienen los niveles, aunque estén generados de forma aleatoria, es fácil acostumbrarse poco a poco al propio ritmo del juego.

Los jefes son enfrentamientos duros en los que tendremos que poner en práctica todos los conocimientos aprendidos. Y alguno más extra, porque si no…

Por desgracia el diseño de algunos enemigos, como el de un gólem de piedra que solo puede ser dañado por la espalda y te sigue la mayoría del tiempo con la mirada por poner un ejemplo concreto, pueden chocar muy fuerte con las mecánicas que busca transmitir el juego. Estos enfrentamientos terminan siendo largos y tediosos, sin ningún tipo de desafío o gracia más allá de esperar el momento adecuado para disparar.

Uno de mis mayores problemas a la hora de jugar a un roguelike es la sensación de quedarse estancado. Aunque el concepto de morir mil veces lo llevo muy bien, el hecho de no sentir que progreso puede llegar a frustrarme mucho. Pero esto no ocurre con West of Dead, porque esta ofreciendo desarrollo continuo al jugador constantemente.

De forma temporal podemos subir de nivel tres de nuestras características en diferentes altares. Estos sirven para mejorar nuestra vida y daño físico, nuestro daño con armas, o el enfriamiento y daño con los objetos. Para evitar centrarse en una estadística, cada vez que subamos un nivel en una de las tres ramas, la siguiente vez será menos efectivo. Hay que recordar que cuando muramos y volvamos a empezar, lo haremos desde el nivel uno.

Si queremos una progresión a largo plazo, tenemos como opción los pecados que sueltan algunos enemigos al morir y que nos servirán después de cada nivel para invertir en una especie de tienda de mejoras. Desde algo tan esencial como una poción de salud, a un escudo o nuevas armas y herramientas, aquí desbloquearemos multitud de cosas útiles para nuestra misión.

Dentro de los niveles encontraremos tiendas, cofres, altares para subir de nivel y armas para explorar los diferentes rincones del laberinto

Por último, en cada nivel aguarda un jefe único y desafiante. Puedes pasar al siguiente nivel sin buscar un enfrentamiento directo, y es muy probable que en tus primeras partidas quieras hacer eso. Pero si logras derrotarlo tendrás acceso a nuevas herramientas esenciales dentro del propio juego, como por ejemplo la capacidad de usar teletransportes dentro de un mismo nivel para ahorrarse minutos de duros paseos.

Entré a West of Dead esperando un roguelike normal con una estética muy llamativa. Resulta que me equivocaba para bien, porque me he encontrado no solo con una experiencia visual increíble, si no con un juego que mecánicamente es muy divertido y desafiante. Con una buena curva de dificultad, un diseño de enemigos que excepto en contadas ocasiones es magnífico y un sistema de progresión que hace sentir al jugador que todas las sesiones de juego sirven para algo, este juego se ha convertido en uno de mis roguelike favoritos.

Tanto si sois fan del género como si os llama la atención la estética del mismo, recomiendo encarecidamente probar esta pequeña joya en forma de western de ultratumba. Y recordar que los héroes no son aquellos que mueren una vez, si no aquellos que siguen volviendo sin parar.

West of Dead

Puntuación Final - 9

9

Imprescindible

Un roguelike que apuesta por un arte muy característico y con gran estilo. Su parte mecánica no se queda atrás, si no que da la talla con creces.

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Regas

Jugando desde que era capaz de sujetar un mando. Amante de los RPG y la narrativa en general. Con suerte futuro diseñador.

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