AnálisisSwitch

Lonely Mountains: Downhill – Análisis Switch

Directo a la meta

Imaginemos el ambiente propio de una montaña boscosa en la que se nos permite escuchar el canturreo de los pájaros, que se suma al batir de las ramas que el viento provoca en el denso bosque. Supongamos que nos encontramos con una catarata que suena ininterrumpidamente, estruendosa, como si llevara toda la eternidad haciéndolo. Escuchamos la quietud del lugar, la paz ambiental del espacio en el que nos encontramos. Tranquilidad como estado de ánimo. Y ahora, pensemos en géneros propios del videojuego y asignemos uno a estas sensaciones. No sé en cual pensaría cada uno, pero dudo que muchos tuviéramos en la cabeza “deportes extremos”. En esa distancia entre el punto de partida y el resultado final, reside gran parte de la magia de Lonely Mountains: Downhill.

Megagon Industries es una pequeña desarrolladora ubicada en Berlín, fundada y compuesta por Jan Bubenik y Daniel Helbig. En su currículum encontramos “…and then it rained” (2014) y Twisted Lines (2016). Dos juegos que se caracterizan por mecánicas simples reforzadas por el ambiente acústico, algo que destaca principalmente en el primero de ellos, descrito por sus propios creadores como “una experiencia acústica interactiva”. La esencia que hay detrás de estos títulos podemos encontrarla en el juego que nos ocupa.

Lonely Mountains: Downhill es, ni más ni menos que un videojuego de descenso en bicicleta. Una base sencilla, desde la cual este tipo de propuestas suelen partir hacia el espectáculo del «molonismo», la simulación, o curiosas mezclas de ambas vertientes con resultados muy dispares. Sin embargo, Megagon abraza esa simplicidad y la toma como bandera. En el mapeado de los botones encontramos: pedaleo, sprint y freno. Con estas tres acciones y un comportamiento de las físicas tremendamente ajustado, queda plasmada la esencia del deporte que simula.

Lonely Mountain: Downhill - Analisis Switch
Nos encontraremos, casi sin querer, repitiendo cada parcial una y otra vez

La primera toma de contacto la haremos a través de un descenso de “exploración”, libre de objetivos. Se trata de hacernos con los controles y explorar el entorno, algo que se repetirá con cada nueva pista. Una vez alcancemos la meta, el título nos abre los retos. Ahí entran en juego el número de accidentes y el tiempo en el que seamos capaces de alcanzar el final, los dos únicos parámetros que deberemos tener en cuenta. El desafío es tan alto como amable. El juego segmenta sus rutas en parciales, pero el tiempo final lo calcula en función del tiempo que hayamos tardado en completar cada uno, y no respecto al tiempo total que estemos en la pista. Este detalle, inteligente, hace que el uso del factor riesgo/recompensa funcione de maravilla. Se reclama precisión, y por lo tanto el fallo se vuelve recurrente, pero la penalización es baja, el respawn instantáneo y la propuesta tan divertida como adictiva.

Las cataratas de Lonely Mountains: Downhill
El título juega de maravilla con la cámara a la hora de seguir el recorrido, y la usa para transmitir información constantemente

Ante el esperado estado de estrés al que nos puede someter una sesión de contrarreloj, Lonely Mountains nos responde con la calma y la quietud de la montaña. El trabajo artístico parte de una estética lowpoly y minimalista, que hace un gran uso del color para guiar al jugador a través de su código de comunicación, el cual nos permite intuir por dónde podemos acortar tiempos y encontrar atajos en cuanto llevamos un par de partidas. La estética es tan simple como bonita. Y la belleza reduccionista de sus cuatro montañas se remata con un uso del sonido muy inteligente. La ausencia de música es prácticamente total. El sonido ambiental procedente de la naturaleza que nos rodea se mezcla con el pedaleo, los derrapes y el crujir de los huesos rotos tras cada accidente. Podemos intuir la intensidad de cada golpe, en función de la pista de audio que nos devuelve el juego.

Lonely Mountains: Downhill y su montaña árida
Los saltos serán una constante, y algunos exigirán un plus de precisión

Su sistema de avance, bien medido en relación a las rutas, limita el número de desafíos que podemos tener en marcha. Con lo que invita a masterizar las pista, pero dejando siempre cierto margen de maniobra. Un equilibrio ajustado que nos invita a pasar el tiempo necesario, en cada “pantalla”, para familiarizarnos con su estructura básica. Cuando hayamos completado los desafíos de principiante, se nos abrirán los de experto, y ahí es donde se vuelve relevante la relación entre los riesgos asumidos para ganar unos segundos, y el número de accidentes sufridos. Las diferentes bicicletas disponibles son, al fin y al cabo, formas distintas de afrontar el mismo terreno y podremos ir accediendo a ellas a medida que vayamos completando recorridos. El proceso en este punto es más lento, y puede que cuando contemos con todas las rutas abiertas aún tengamos varias bicis por desbloquear, con lo que el probar sus diferentes estilos de descenso se vuelve algo más sujeto a la curiosidad del jugador que a una deriva orgánica. Quizá mi única pega.

Respecto a la versión de Nintendo Switch (la que nos ocupa), se trata de un port decente y plenamente disfrutable. Pero no el mejor trabajo posible. Aunque el juego rinde de maravilla la mayor parte del tiempo, no nos libramos de alguna que otra rascada esporádica. Nada grave, pero sí reseñable. Por otra parte, ya es todo un tópico, pero también es un hecho, jugarlo en la híbrida es tremendamente placentero. Si la obra ya tiende a ser inusualmente relajante para el tipo de propuesta que escenifica, imaginaos si a eso se le suma la comodidad de disfrutarlo en modo portátil.

Su exquisita jugabilidad queda rematada por unos entornos que casi podemos oler gracias a su inteligente acabado audiovisual

Lonely Mountains: Downhill nos propone, en definitiva, un ejercicio arcade en torno al descenso en bici con un planteamiento simple, algo que mantiene en cada uno de sus apartados. Se apoya en el diseño visual y el ambiente sonoro para crear un espacio de juego balsámico, ideal para no acabar estrellando el mando tras el vigésimo accidente. Se muestra tan desafiante como acogedor, y gracias a ello consigue situar la zanahoria constantemente delante de nuestras narices. Si os apetece un título en el cual retaros a vosotros mismos, que no exija mucho compromiso y que se deje jugar independientemente de lo largas que sean las sesiones, aquí tenéis un candidato. Una obra que hace gala de un diseño de niveles ejemplar, un planteamiento claro y conciso, un apartado artístico con carácter y el reduccionismo como bandera. Difícil y amable. Un juego sólido como una roca, que consigue lo que se propone, desafiar al jugador mientras lo envuelve en la calma y tranquilidad que evocan sus montañas.

Lonely Mountains: Downhill

Puntuación Final - 9

9

Imprescindible

Un arcade simple, inteligente y elegante, que sabe jugar con el espacio creado para generar un estado anímico adecuado en el jugador e invitarle a perderse en sus montañas mientra se supera a si mismo. Sin duda, uno de los mejores indies del año pasado. Y ahora en Switch.

User Rating: Be the first one !
Etiquetas

David Oña

Con videojuegos en mi vida desde la más tierna infancia. Disfrutando de aprender cada día un poco más y consciente de una sola cosa, en la percepción de una obra no existen verdades absolutas. Jugar, debatir y disfrutar.

Actualidad

Botón volver arriba
Cerrar
X