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Superando la puntuación más alta

¿Por qué nos gusta escribir sobre videojuegos?

Los aficionados a los videojuegos más veteranos seguro que recuerdan sus propios piques con los ránkings y las tablas de puntuaciones. Antes, ese era el principal motivo de rejugar un título entero, batir las marcas y ver hasta dónde podíamos mejorar nuestro high score.

Hoy abundan otros incentivos para las segundas vueltas, en forma de coleccionables, los ya archipopulares logros y trofeos, y los curiosos easter eggs. Pero son muy pocos los que encuentran apetecible volver a la misma experiencia, sobre todo –y no es ni mucho menos criticable- con la amplia oferta de lanzamientos y descuentos.

Escribir sobre un videojuego tiene mucho de superar la propia puntuación. Debes volver sobre tus propios pasos, revivirlo, dedicarle tiempo y atención a algo que ya has completado, para extraer la información más jugosa y compartirla. Os aseguro que no es una tarea sencilla. Pensar qué le resultaría útil de saber a los demás, hacer un balance lo más justo posible entre los aspectos mejorables, los satisfactorios y las expectativas no cumplidas; condensar datos, organizar las propias ideas… En definitiva, es un ejercicio de concentración y dedicación absorbente y muy, muy complejo.

Y también lo es de exposición: dar tu opinión es sinónimo de vulnerabilidad, de pregonar tus filias y fobias, y de recibir críticas por ello, sencillamente por no tener el mismo punto de vista que otros. Que algunos olviden que, en cuestión de gustos, nadie lleva la razón y todo el mundo la lleva, es frustrante cuando publicas un texto en el que te has empleado a fondo. Porque redactar llega a ser, en ocasiones, un verdadero quebradero de cabeza. La falta de inspiración, el bloqueo de no saber cómo expresar mecánicas, la complicadísima tarea de plasmar una experiencia cuya esencia es audiovisual, y con un lenguaje que no es de colegueo (añadiendo más dificultad), exige un tiempo que no sobra.

Detrás de ese esfuerzo, de los haters, del puñetero perfeccionismo, existen muchas recompensas, tan variadas como la personalidad de quien redacta.

En mi caso, para empezar, hay mucho de gratitud. Conectar con una propuesta y difundirla es una manera de agradecerle a los creativos su labor, de reconocerle sus méritos y de ayudarles a llegar a más gente: el boca-oreja sigue siendo, además, imprescindible para los grupos pequeños, sin más apoyo que el de los propios usuarios.

Por otro lado, destacaría especialmente la sensación de sentirse útil. Si un título te toca la fibra, te gusta y te ha sorprendido gratamente, quieres que llegue a cuanta más gente mejor, para que también disfruten de él. Exactamente igual a las recomendaciones que hacemos, y nos hacen, de cantantes o películas: es una cuestión de generosidad con tu entorno, de contribuir a que el resto se divierta en su tiempo de ocio. Lo mismo sucedería al revés, con aquellos productos con más sombras que luces. Informando con tanto detalle como sea posible, cada usuario escogería si ese videojuego sería un dinero bien invertido, de forma que estarías ayudando a que no se lleve a engaño con una posible compra.

No hay nada más bonito que compartir nuestro hobby de forma sana

Al final, detrás de cada párrafo, lo que hay son muchas ganas de participar en este hobby que tantas alegrías nos sigue ofreciendo. Aportando una opinión que crees que podría serle valiosa a alguien, siendo crítico con la oferta ofrecida y argumentando desde la mejor de las intenciones.

Por ello, es complicado a veces de entender la falta de tacto con la que se aborda el esfuerzo ajeno. Tanto en esta web, como en las que he colaborado o en mi propio blog, no faltan los lectores predicadores, los dueños de la verdad absoluta, que rebajan un trabajo de horas a las líneas que les interesan (si es que se han molestado en leerlo completo y no lo reducen todo a la nota numérica).

Afortunadamente, es mayoría quienes sí aprecian esta tarea, y son los que terminan dándole sentido. Seguiremos redactando, esperando ser útiles y trabajando en una alternativa seria pero divertida, desenfadada pero rigurosa.

Continuaremos los interminables intercambios de mensajes en whatsapp para organizar los análisis, enviando incontables correos para solicitar keys, aprendiendo a utilizar herramientas de maquetación, concluyendo textos a altísimas horas de la noche, montando vídeos en pleno gripazo o corrigiendo una lista de análisis a primera hora de la mañana.

Porque, detrás del telón, hay una preparación y una gestión tan enormes como las ganas. Y, de vez en cuando, conviene recordarlo y agradecérselo tanto a quienes lo hacen posible, como a los que apoyan con sus lecturas esta dedicación.

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Sergio Diaz

Me dedico profesionalmente a la Neuropsicología desde hace 10 años y desde hace dos, colaboro con diversas investigaciones en la Universidad de Málaga. Mi tiempo libre lo reparto entre mi familia, mi gente y mis aficiones, que son el cine (de terror sobre todo), la música (rock) y los videojuegos, con los que disfruto desde el Commodore 64.

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