AnálisisSwitch

Oninaki – Análisis Switch

Las buenas ideas del juego no han sabido ponerse en práctica de la mejor manera

Lo más probable es que, entre los lectores, exista un porcentaje que haya experimentado la sensación de quedarse con un 4,9 en las notas. En tales casos, movidos por una mezcla de esperanza y rabia, íbamos a hablar con el profesor, pero la respuesta caía como una losa: «Sé que puedes hacerlo mejor. La próxima vez esfuérzate un poco más.»

Vayamos por partes. Oninaki salió a la venta globalmente a lo largo del verano de 2019, y aunque existe un formato físico, a Europa solo llegó la versión digital para PS4 y Nintendo Switch. El juego fue desarrollado por Tokyo RPG Factory, mientras que el gigante Square-Enix se encargó de su distribución mundial. Para entender mejor las luces y sombras de este juego, vamos a separar la mecánica de la narrativa. Y, por no faltar a la costumbre, vamos a hacer este análisis sin ninguna clase de spoiler.

Oninaki se presenta como un RPG, si bien es cierto que el sistema de combate y el modo en el que se producen los encuentros con enemigos recuerda más al de un hack and slash. Nuestro protagonista, Kagachi, usa diferentes armas asignadas a unos entes llamados daemons. Cada daemon ofrece habilidades únicas y mecánicas diferentes, lo que nos permitirá personalizar el estilo de lucha y elegir la mejor estrategia frente a diferentes enemigos. Podemos tener hasta cuatro daemons asignados, y haciéndolo bien, estaremos preparados para todo. Además, cuanto más se use una habilidad, más efectos desbloquearemos para ella.

La teoría suena de maravilla, y es que abre la puerta a varias horas de juego explorando las diferentes habilidades y probando otras estrategias. Por desgracia, esto es divertido durante una parte del juego, y es que una vez que hayamos desbloqueado las habilidades más poderosas, es fácil olvidarse de la estrategia y limitarse a machacar botones.

¿Lo mejor? Hay tantos daemons que tendrás que dedicarle rato para sacar todas las habilidades. Además, cuanto más los desarrollas, más descubres de su pasado, lo que supone un desvío interesante de la historia principal, y ahonda más en el mensaje del juego. ¿Lo peor? Por mucho que cambies de daemon, al final se hace bastante repetitivo, y el tipo de enemigos que te encuentras tiende a ser el mismo en todos lados.

Oninaki presentación de uno de los Daemons
Algunos daemons se obtienen al avanzar en la historia, a otros habrá que buscarlos por los mapas del juego

Respecto a la exploración, no hay mucho que decir. Tenemos dos planos; el de los vivos y el de los muertos. Habrá algunos eventos que solo podrán desarrollarse en uno de ellos, y para completar mapas tendremos que saltar de uno a otro. No hay mucha diferencia entre ellos, y el único dinamismo que aporta esta dualidad es que, para explorar el mismo mapa del mundo de los muertos, antes habrá que derrotar a determinados jefes en el mundo de los vivos. Al final se queda en hacer lo mismo dos veces.

Pasemos a la narrativa, que es donde Oninaki podría haber sacado matrícula, pero se ha quedado en un aprobado indolente.

La historia aborda el tema de la muerte. Que es la muerte, cómo nos afecta y que impacto tiene en la vida. También es una historia de búsqueda y conflicto, que tratará con cierta dureza el tema de las creencias. ¿Creemos en algo mientras nos interesa? ¿O la fe se desmorona a la mínima de cambio? Esas son cuestiones cuya respuesta (y repercusión en la historia) quedan a elección de cada jugador. De nuevo, la teoría suena mejor que la práctica.

La historia da una serie de giros que consiguen sorprender, quizás no demasiado, pero ocurren cosas que no suelen ser habituales en este género. Oninaki plantea cuestiones muy buenas, pero pasa por ellas de puntillas, sin dejar que los personajes ahonden en ellas. Al final, el único personaje que tiene espacio y tiempo de desarrollarse mínimamente es Kagachi. Además, su desarrollo, más que ser un crecimiento constante, parece ir a trompicones, de frase lapidaria a frase lapidaria. Es cierto que ocurren cosas que afectan al protagonista, pero no existe una fluidez narrativa que lo integre en el juego con naturalidad.

Es una pena que las historia del resto de Vigilantes, los compañeros de Kagachi, tengan tan poco espacio, y es que sus breves arcos podrían haber dado más profundidad y peso a la historia, restándole linealidad. 

Con todo, la dinámica no es mala, la historia consigue llamar la atención, y después de derrotar a las hordas de cada mapa, la historia avanza tan rápido que despierta la curiosidad. Además, una vez que logremos desvelar uno de los misterios del juego; la identidad de quien se presentaba como antagonista principal, los hechos que le siguen parecen soplar un aire aún más sombrío e irónico al juego. Es un gran punto a su favor.

Es una pena que al final todo se venga abajo. El juego tiene varios finales en función de las decisiones que tomemos, pero todos son tan rápidos y precipitados que nos dejan mirando la pantalla de los créditos con una sensación de insatisfacción y confusión. Personalmente, no entendí el final, más bien no entendía por qué se había hecho así. En lugar de aprovechar la profundidad y complejidad del tema de los ideales y la coherencia con uno mismo, la historia termina sin dejarnos degustar nada.

La idea era magnífica, pero faltaron recursos, medios o imaginación en la puesta en práctica. Oninaki ofrece un pastel a medio cocinar; tiene buen aspecto, resulta apetecible en una primera impresión, y podemos saborear el regusto agridulce de una historia oscura… Pero ahí está la masa, cruda y sin terminar de hacer. Lo que podría haber sido uno de los juegos más bonitos de 2019 se ha quedado en un recuerdo de lo que pudo haber sido. No será un juego memorable, pero llega a ser entretenido y accesible para el público.

Oninaki

Puntuación Final - 7

7

Interesante

Oninaki llega a ser entretenido, especialmente si te gusta pulir al máximo las habilidades. No es un juego que perdurará en el tiempo en tu memoria, pero ofrece una buena experiencia.

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Julia A. Espadas

He jugado a muchas japonesadas, pero también me he roto algún hueso con Lara Croft, me he ido de parranda con Aku Aku, he cazado demonios y he salvado Hyrule.

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