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7 de manual: Wheelman

Vin Diesel contra los calçots

 

«7 de manual» pretende ser una columna recurrente en donde hablamos de esos juegos que, sin llegar a la excelencia, tienen ese «algo» que nos hace volver a ellos y recordarlos con cariño. Algunos pasaron desapercibidos, otros no llegaron a lo que se esperaba de ellos, pero todos son especiales. No necesariamente son «un 7», pero podrían serlo, o no. Desde luego para mi son mucho más.

No hago ningún descubrimiento diciendo que Vin Diesel es todo un nerd. El actor ha declarado en muchas ocasiones su amor por el rol de mesa y los videojuegos. Tanto, que llegó a fundar su propio estudio de desarrollo, protagonizando todos sus juegos: los notables títulos ambientados en el universo de las crónicas de Riddick, Escape From Butcher Bay y Assault on Dark Athena, que recomiendo muy fuerte y el que nos ocupa hoy, que no solo recomiendo sino rezo por él todos los días: Wheelman.

En la superficie, Wheelman puede parecer un GTA de Hacendado, pero basta jugar un poco para ver que es mucho más. O más bien, es lo que GTA podría haber sido si Rockstar hubiese seguido otro camino. Y es que, con GTA 4 se decidió tomar una senda más realista, más «pesada» y algo más seria que en GTA 3 y sus (maravillosos) spin offs. El testigo de la pandilocura lo cogió e hizo suyo la saga Saints Row, pero lo que hace Wheelman es algo entre dos aguas. Abraza la espectacularidad de un blockbuster de Hollywood, pero el tono es relativamente serio, o al menos, no se toma demasiado a broma. Salvo en eso de saltar sobre coches a 200 por hora, nada, un detallito.

Este equilibrio es lo que hace especial a Wheelman. Eso y las explosiones, derrapes, choques y saltos imposibles a toda velocidad. Basta jugar el tutorial para darse cuenta. En él recorremos las calles de Barcelona sin importarnos la integridad de los barceloneses, dándonos de morros contra los coches de policía para terminar atravesando el ventanal de un centro comercial. En esta Barcelona alternativa no hay problemas de aparcamiento, todo vale.

Es un inicio muy representativo de lo que será el tiempo que pasaremos en Wheelman. La conducción se siente perfecta, cosa que no siempre se puede decir de otras sagas de mundo abierto en las que llevamos vehículos. Es un control totalmente arcade al servicio de la diversión. Una de mis mecánicas preferidas es la de la embestida. En una concesión (¡una de tantas!) al realismo, podemos usar el analógico derecho para embestir con nuestro coche lateralmente (y también hacia adelante, para cuando a los atrevidos policías se les ocurre ponernos una barrera en el camino… ¡Ja!). Es algo que puede parecer banal, pero no lo es. Y es que es la mejor forma de deshacernos de nuestros perseguidores. Se acabó eso de dejarlos atrás, que no te vean, girar esquina tras esquina… no. Aquí lo más sencillo es embestir a nuestros rivales para que acaben en una bola de fuego.

Un par de toques al analógico y… ¡adeu!

Pero a veces la violencia no es la mejor solución (solo a veces), y siempre podremos abordar amablemente los vehículos ajenos. En movimiento. Vin Diesel no tiene más que asomarse por la ventana, saltar al techo de su víctima cual leopardo contra una gacela y adueñarse del volante. Como decía la principio, aquí prima la diversión y la espectacularidad. Me imagino a Vin en el estudio de desarrollo: «Molaría si pudiese saltar de coche en coche a 200 por hora…» Cualquiera le dice que no.

Vin Diesel lanzándose a por un coche. Yo hago lo mismo pero con la pizza

Aunque el juego también cuenta con tramos a pie en los que disparamos, no son el centro. Aun así, son bastante serviciales y no rechinan como sí lo hacían en otras franquicias que probaron las aguas de los disparos cuando nunca deberían de haberlo hecho (sí, Driver, te estoy mirando a ti). Y es que cuanto más lo pienso, más me recuerda Wheelman a la saga Driver, y en mi cabeza es la entrega que nunca fue, dirigida por Michael Bay. En Barcelona. Con viandantes con acento mejicano. Pero se lo perdonamos. Se lo perdonamos porque bastan cinco minutos para que nos enamore. Es de esos juegos que dices «venga, una misión más y lo dejo» y cuando te quieres dar cuenta son las dos de la madrugada y tienes que estar en pie en cuatro horitas…

Aunque Wheelman está bastante presente en mi mente, tengo que confesar que lo recordé hace muy poco. Fue en los últimos Game Awards, donde el bueno de Vin presentó Fast and Furious: Crossroads. Y no, no me recordó Wheelman por sus gráficos de 360, sino por el espíritu de película palomitera, de apostar por la diversión y la espectacularidad, de hacer un equivalente videojueguil a lo que hemos visto en las últimas entregas (sobre todo la última, Hobbs and Shaw). Una apuesta por la sencillez en un mercado que se preocupa más en poner iconos en un mundo abierto que en hacer que nuestro (limitado) tiempo frente a la consola no sea 100 % diversión.

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Pablo López "Potajito"

Traductor, videojuerguista y persona en general.

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