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Ciel Fledge: A Daughter Raising Simulator – Primeras Impresiones

¿10 años de crianza en medio de un apocalipsis que estamos perdiendo? Suena bien

Pocas veces me he alegrado tanto de hacer unas primeras impresiones antes que un análisis propiamente dicho. A parte de ser un juego no completo, Ciel Fledge: A Daughter Raising Simulator engloba tantos elementos aplicables a un simulador que se vuelve difícil discernir si la parafernalia contribuye a su favor o a su contra.

El equipo indonesio Studio Namaapa no rompe esquemas, sino que estira las posibilidades de un simulador del día a día y, como resultado, ofrece una experiencia pausada de la que puedes ir disfrutando muy lentamente o pegarte panzadas de juego sin darte cuenta de que han pasado tres horas. Es algo que suele pasar con otros simuladores como Los Sims o Animal Crossing, y que Ciel Fledge ajusta en una historia lineal con múltiples finales; es decir, que al contrario de las otras dos sagas, debes cuidar y educar a tu hija adoptiva hasta que pueda abandonar el nido. En el juego se traduce en aumentar la barra de afecto lo máximo posible y llegar a las decisiones vitales que definirán a una Ciel (o como decidas llamarla) cada vez más madura. Un ticket para un viaje de dos personas, solo que el asiento del jugador es de mero espectador.

Año 3716. Un malvado ser conocido como Gigant borró a gran parte de la humanidad hace varios siglos y los restos hacen lo que pueden para sobrevivir. La superficie es peligrosa, de modo que la mayoría de las personas conviven en Arcas, unas naves que sobrevuelan el planeta y cuentan con suficientes recursos para permitir una vida más o menos cotidiana a los civiles, pero insuficientes para frenar los incesantes ataques de Gigant y sus Spawns.

En una salida de exploración, encuentran a una niña tendida en el suelo, seguramente una superviviente del ARK-5, caído en combate hace pocos días. La Administración del ARK-3, donde transcurre nuestra historia, te ha encomendado la tarea de cuidar de la pequeña Ciel durante sus próximos 10 años. Aquí entra el jugador en escena, una vez establece su género y experiencias pasadas. Como su nuevo tutor/a, nuestra misión es educarla para que, una vez sea mayor, pueda decidir por sí misma qué hacer con su vida.

Es curioso porque, estando en un mundo de ciencia ficción apocalíptico y con bastantes secretos, el juego se centra en la interacción humana más que en cualquier otra cosa. Durante su nueva vida, Ciel irá haciendo amigos de todas las edades, personalidades e intereses que caben. Habrá eventos de la historia principal que saltarán a su debido momento, pero son escasos y sirven más como punto de inflexión. Los personajes tendrán su momento de entablar diálogos y darse a conocer al puro estilo novela visual. Las conversaciones no son aleatorias y dependen del día y del desarrollo de Ciel, pero, por lo general, son recurrentes.

Nieve, Sylphie y Ciel charlando en el distrito comercial del ARK-3

Ciel Fledge lleva perfectamente, aunque insisto, a un ritmo muy lento, dos claves (no las únicas) para congeniar con estas personas que surgirán en la vida de nuestra hija. Por un lado, usa muy bien los estereotipos para perfilar las actitudes de cada una, tratando con temas mundanos o lidiando con otros serios; por otro lado, desarrolla a los personajes conforme a sus circunstancias personales y recrea uno de los temas, recurrentes en los slice of life, con los que más se empatiza: la vida da muchos giros y nunca sabrás con certeza cómo o dónde terminarás. Es algo que no cambia incluso en medio de una situación crítica para la raza humana.

El núcleo interactivo de Ciel Fledge: A Daughter Raising Simulator se basa en tres puntos. El primero ya lo comentamos, el de novela visual, con diálogos y textos en inglés (también francés, ruso, chino y japonés). Otro es el de gestión de tiempo, el principal de todo simulador, pero con un toque rolero. Nuestro deber es programar las actividades diarias que hará Ciel cada semana. Cada una de ellas aumenta una estadística base entre fuerza, inteligencia, imaginación, encanto/carisma y espiritualidad. A su vez, cada actividad también aumenta una o más características asociadas, lo que se traduce en nuevas habilidades, nuevos rasgos pasivos, más técnicas para combates y un largo etcétera. A su vez, las acciones se limitan por una barra de aguante, además de que el desempeño dependa de otros tres elementos (estado de ánimo, disciplina y estrés).

Es un toma y daca sorprendentemente bien medido que va aumentando gradualmente sus posibilidades. Es un continuo ciclo de sopesar por qué camino queremos conducir a Ciel, manejando una buena cantidad de ramas. Puede no ser tan complejo como otros títulos del mismo género, pero es precisamente por eso que no deja al aire ningún aspecto pese a su, aun así, respetable variedad de opciones. Podría haber estado bien que dependiera un poco de la joven el qué hacer, según sus gustos, pero también entiendo la situación irreal del mundo que nos rodea.

Equipamiento de Ciel de niña
Incluso podemos comprar ropa que le otorga rasgos a Ciel una vez equipados

Ahora toca el tercer punto, en el que también afectan todas estas estadísticas que he comentado en el anterior: Los combates RPG. O casi. Habrá ocasiones en las que tendremos la oportunidad de aceptar desafíos, los cuales se dividen entre combates con cuenta atrás, de puzles sencillos y otro de lucha propiamente dicha, con barra de vida. Para superarlos, tenemos un montón de 52 cartas de cuatro colores distintos. Agrupando tres se hace una acción, y de acumular una serie concreta, se puede realizar una técnica. Todo ocurre por turnos en tiempo real (Active Time Battle). Por desgracia, es el único minijuego que hay y termina cansando.

Toda la información queda a un golpe de vista y, visualmente, las cartas y su distribución tienen forma de rombo. El problema viene en que son muy pequeñas, sus figuras son poco discernibles y las cartas de color verde y amarillo son prácticamente del mismo tono, por no hablar de su el jugador tuviera daltonismo. Si a esto le sumamos que los requerimientos de algunas batallas no quedan claras, pueden resultar bastante frustrantes al principio.

Minijuego de clases en ARK-3 de Ciel Fledge

También tenemos la opción de explorar la superficie del planeta en busca de recursos, reconocimiento o limpieza de animales hostiles. Estas secciones requieren preparase bien, con ítems, equipamiento, técnicas y suficiente aguante para que Ciel aguante una semana entera. El caso es que se pueden romper fácilmente y, lo que debería ser una pelea chunga se vuelve un minijuego de reunir rápidamente tres cartas del mismo color. Una y otra vez.

Es un placer ver como mi pequeña iba creciendo un poco cada día, cogiendo peso, aprendiendo cosas nuevas tras haber invertido una buena cantidad de tiempo y disfrutar de esos pequeños eventos entre actividad y actividad en los que se relaciona con el resto de sus amigos y ponen un breve paréntesis a la rutina. De vez en cuando miraba las partidas guardadas y podía ver cuánto había cambiado realmente Ciel, pasando de niña pequeña a casi una adulta hecha y derecha.

Mi mayor queja, sin embargo, viene de nuestro papel como tutor/a legal. Entiendo perfectamente que Ciel es la protagonista (su maldito nombre original viene en el título), y el peso del argumento caiga en ella y los de su alrededor, pero me faltan demasiados momentos íntimos entre padre/madre e hija. En ocasiones me sentía un agente tan extraño, alejado de la conversación, que no sabía en qué momentos acompañaba a Ciel y en cuales simplemente era espectador hasta que alguien me mencionara directamente. Sentía más conexión con la pequeña a través de sus interacciones con el resto de personajes que conmigo.

Conversar con Ciel sobre estar decaídaCuando hablábamos los dos, era porque iba a ocurrir un evento, porque tenía que decidir entre dos o tres opciones de diálogo (a veces solo una porque no tenía suficiente afecto para elegir otra), o porque surgía tema de conversación que, aunque podría ser interesante de tratar, se reducía en una explicación tosca y poco orgánica de cómo funcionan las mecánicas de Ciel Fledge. Por poner un ejemplo, si faltaba a clase una vez, podía hablar con ella sobre ese tema en concreto, pero quedaba en un “si tuviera una disciplina más alta creo que no me pasaría de nuevo”. Raro que decir para una chica en plena edad del pavo.

Realmente pienso que tiene un buen potencial para contar una historia intrigante. Con la narrativa típica de una novela visual, plantea un contexto que entremezcla tensión y lo cotidiano (al menos dentro de ser un futuro apocalíptico) para elevar nuestras dudas y anticipar con ganas que nos espera más adelante. Las subtramas, no especialmente originales pero muy convincentes, me han tenido en vilo gracias a unos diálogos dosificados por cuentagotas. Me llevó unas horas, pero cada vez tenía más ganas de saber el porvenir del ARK-3 y sus residentes; sobre todo el de Ciel.

Cuando la narrativa y las mecánicas me hacen sentir integrado, no puedo más que alabar el trabajo del estudio. En este aspecto, Ciel Fledge no las tiene todas consigo, pero sí unos cuantos momentos. Me identificaba un poco con el avatar silencioso en cuanto a que me den la noticia de tener a mi cuidado una niña así, de sopetón, y no tener ni idea de por dónde empezar. Estaba perdido e ir aprendiendo poco a poco a guiarla me entretenía. Pensar qué planes hacer cada semana y todo eso. Por desgracia, la magia se iba al ver que la maduración de Ciel se traduce únicamente en números. Por ejemplo, en mi partida de 30 horas llevé a la pequeña a un tipo de educación espartana, según detalla el propio juego, pero esto solo significa un porcentaje de mejora de status. No noté que la actitud de Ciel cambiase.

Como simulador, tiene una base muy elaborada y hasta 117 entrenamientos y trabajos con los que mejorar a Ciel. Como novela visual, ofrece un argumento y relaciones que captan la atención si se es paciente, aunque tiene margen de mejora en cuanto a la interacción con el jugador. Y como RPG, los minijuegos son un experimento interesante, pero no varían y se sienten repetitivos, como un obstáculo que no se disfruta superar.

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Daniel "Fullbull" Rubio

No me pidas mucho para los textos, que solo hice el bachiller de ciencias. En esta vida me gustan tres cosas: Cerebro, videojuegos y carlinos. "La esperanza es lo último que se pierde".

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