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7 de manual: Warhammer 40k Space Marine

Gears of fun

 

«7 de manual» pretende ser una columna recurrente en donde hablamos de esos juegos que, sin llegar a la excelencia, tienen ese «algo» que nos hace volver a ellos y recordarlos con cariño. Algunos pasaron desapercibidos, otros no llegaron a lo que se esperaba de ellos, pero todos son especiales. No necesariamente son «un 7», pero podrían serlo, o no. Desde luego para mi son mucho más.

Cada generación tiene, más o menos, su género estrella. En esta nos ha tocado la fiebre del mundo abierto. ¿Tienes una idea para un juego? Sí, pero que sea de mundo abierto y esté lleno de iconitos. En la generación pasada tuvimos el boom del shooter en primera y tercera persona y el nacimiento del cover shooter, popularizado por Gears of War.

Y en plena vorágine de «inspiración» por el título de Epic Games llegó Warhammer 40k Space Marine. De primeras podría parecer del mismo palo (de hecho, se vendió un poco así, como Gears of War: Warhammer 40k), pero que en realidad es algo mucho más único, y no un simple refrito para aprovechar la ola (que un poco también).

Aunque no era fácil pensar que era algo más que un clon. Teníamos la vista en tercera persona, marines supermusculados, hordas de enemigos, las clásicas cuatro armas en la cruceta tipo Gears, diseño de mapas con barricadas puestas perfectamente para ponernos a cubierto…

¡Excepto que no nos podemos poner a cubierto! Seguramente una de las mecánicas más icónicas del título de referencia, y que Space Marine decide que no necesita. Y decide bien. Porque Relic Entertainment tiene sus prioridades claras: su juego tiene que ser, por encima de todo, divertido.

Todas las mecánicas y situaciones se rinden a la diversión, y si no suma, no entra. Las coberturas tienen su sitio, pero no aquí. Si vemos a un enemigo cargamos contra él, porque no es divertido pararse tras una barricada, disparar, esperar a que asomen, disparar, y repetir. No. Cuando somos un marine especial que tiene más en común con un tanque que con una persona, lo que más queremos es cargar de frente contra esa horda de Orkos. No sabemos lo que es flanquear, no nos hace falta saberlo.

No falta un modo berserker, por si la carnicería no era lo bastante cruenta ya

El juego nos anima tanto a darnos de cabezazos contra la horda, que no se conforma con darnos un golpe cuerpo a cuerpo, no. Tenemos dos, el clásico ataque rápido y ataque fuerte, pero no acaba aquí la cosa. Y es que tenemos hasta combos, que parecen salidos del mejor juego de Platinum Games. Y si hace solo un par de años alabábamos cómo DOOM (2016) recompensaba que ejecutásemos cuerpo a cuerpo a nuestros enemigos para conseguir algo de salud, Space Marine ya lo había hecho en 2011. Y es que eso de regenerar la salud al estar 5 segundos sin recibir daño no es divertido. ¿Para qué vamos a pararnos para curarnos si podemos seguir matando, más fuerte y más de cerca, y así recuperar la vida?

¡Combo combo combo!

Y es que lo único que se proponen los buenos de Relic Entertainment es divertirnos, que nos lo pasemos teta, durante las escasas ocho horas (cero relleno) que dura su campaña (del excelente multijugador mejor no hablamos, que se me cae la lagrimita). De primeras podemos pensar que estamos ante un shooter clónico, hijo de su tiempo, pero a medida que vamos descubriendo más de él, vemos que es algo más, una especie de hijo bastardo entre Dinasty Warriors y Doom.

Y cuando parece que ya lo hemos visto todo, el juego nos va regalando juguetes nuevos cada cierto tiempo, porque lo último que quiere es aburrirnos. Se me iluminan los ojos cada vez que veo uno de esos enormes cofres donde nos dan nuevo equipo. Y aquí hay de todo, armas a cada cual más brutal, accesorios que cambian la jugabilidad… Especialmente memorable me parece el momento en el que te dan la mochila propulsora, algo impensable en juegos similares, ya que nos permite prácticamente volar. Sí, no es un doble salto, o un impulso para superar una barrera más alta de lo normal. No, aquí el diseño de niveles cambia y se ajusta a esta nueva posibilidad de verticalidad, que obviamente no es solo un método de transporte, sino otra arma de destrucción (y diversión) con la que caer con toda la fuerza de los ultramarines sobre los orcos.

Las hordas de enemigos son de lo más común… igual que las cosas que explotan a todos lados

¿Y dónde lo podemos jugar a día de hoy? Pues la opción más cómoda seguramente sería en PC. Suele estar bastante barato en Steam,y puede que incluso lo tengáis ya en vuestra biblioteca, ya que lo han regalado más de una vez. Si no tenemos PC, pues habrá que tirar de antigua generación y enchufar nuestra Xbox 360 o PlayStation 3.

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Pablo López "Potajito"

Traductor, videojuerguista y persona en general.

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