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Profane – Análisis PC

El tiempo es oro

A veces pienso que hago demasiadas cosas, y me agobio cuando no hago «nada». Y no me basta con hacer una sola cosa, sino que termino haciendo varias a la vez (y por lo general, ninguna bien…). Todo esto es porque siempre tengo la sensación de que debo aprovechar el tiempo, de que si no estoy haciendo algo estoy perdiendo el tiempo. Y es que el tiempo es de las pocas cosas (¿la única?) de la que no podemos tener más. Cuando se acaba, se acabó. No creo que haya segundas oportunidades ni un botón de «Reintentar» después de la pantalla de Game Over.

Pero no hemos venido aquí a hablar de mis traumas o a divagar sobre filosofía barata, aquí venimos a por los jueguitos. Y el de hoy es uno donde el tiempo es nuestra moneda (aunque aquí, menos mal, sí que tenemos un botón de «Reintentar»). Porque en Profane, el nuevo título de los madrileños de OverPowered Team, todo gira en torno a este preciado recurso.

Vamos a empezar por el principio: Profane es un Boss rush en forma de Bullet hell. Ufff. Espera, vamos a empezar un poco más atrás. Es un Boss rush porque aquí no hay intermedios, no hay masillas, aquí venimos a acabar con jefes, poderosos enemigos que ponen a prueba nuestras habilidades una y otra vez. Y bueno, Bullet hell porque estos jefes no quieren abrazarnos aunque solo nos queden cinco minutos de vida, sino porque nos disparan balas, proyectiles, rayos… que inundan la pantalla y solo podremos esquivar mientras disparamos frenéticamente contrarreloj.

¿Pero donde entra en juego la mecánica del tiempo? Decimos que el tiempo «es oro», porque somos así de materialistas, pero en realidad, «es vida». Y Profane se lo toma al pie de la letra. Tenemos un tiempo limitado para acabar con los jefes, y nuestra vida es «infinita». Bueno, más o menos, porque cada impacto que recibimos nos resta tiempo del contador inicial. Esto crea una serie de dinámicas muy interesantes, porque podemos jugar de forma más agresiva para acabar a tiempo con el jefe, pero así nos arriesgamos a recibir más golpes, lo que se traduce en, sí, lo has adivinado, menos tiempo.

Pero no acaba ahí la mecánica del tiempo, de hecho, esa es solo la parte más superficial. Antes de enfrentarnos a un jefe podemos elegir nuestra build, «comprando» con tiempo habilidades de todo tipo que nos ayudarán en nuestra tarea. Tenemos bastantes slots para estas habilidades, pero yo nunca llegué a usar más de una a la vez, porque usar más significa tener menos tiempo (un tiempo que ya está bastante justo de por sí) para acabar con los jefes. Lo bueno es que son habilidades muy diversas, que se adaptan a nuestra forma de jugar y de movernos.

En el hub podremos preparar y probar nuestras habilidades y mejoras antes de enfrentarnos a los jefes

Además de estas habilidades que cuestan tiempo (y vamos desbloqueando a medida que matamos jefes), también tenemos una serie de mejoras que, esta vez, sí que son «gratis». La única pega es que empezamos sin ninguna y podemos equipar solo una cantidad limitada. Esto es interesante, porque podemos hacer sinergias entre las habilidades y las mejoras, y ajustar más nuestra build a nuestro estilo o al jefe al que nos enfrentamos.

La pega de este sistema de habilidades y mejoras es que empezamos sin nada, con lo que los primeros jefes nos pueden costar más de lo normal. En parte por ser todo nuevo y en parte también por no tener mejoras que nos echen una mano en el hostil mundo de Profane. Porque Profane es difícil, o al menos tiene momentos realmente difíciles.

La paleta de colores cambia cuando estamos a un golpe de estirar la pata

Aunque el primer jefe («Tutoriaal» ¡ja!) nos hace una buena introducción al juego, ya que es un reto, pero no nos debería hacer sudar más de lo normal; a partir de ahí la dificultad da un buen subidón. El segundo y tercer jefe (son diez en total) nos pondrán a prueba, uno porque son relativamente complicados, y dos por no tener prácticamente habilidades con las que facilitar nuestra tarea. Y creo que este «problema» habría sido fácil de solventar, porque después nos enfrentamos a otros jefes bastante más sencillos, y da la sensación de que la curva de dificultad se podría haber ajustado mucho mejor simplemente reordenando los jefes. Por poner un ejemplo, el tercer jefe me costó, más o menos, una hora de intentos, mientras que el cuarto cayó a la segunda intentona.

Este «muro» en la progresión que nos encontramos de vez en cuando es algo frustrante, pero también es muy gratificante cuando conseguimos acabar con el jefe in extremis, ya sin tiempo. Y es que esta es otra mecánica muy bien pensada, porque cuando nos quedamos sin tiempo, no morimos instantáneamente, sino que la paleta de colores cambia y podremos seguir jugando hasta recibir otro golpe. La tensión de tener a un jefe a punto de caer y nosotros que esquivamos frenéticamente con precisión milimétrica, sabiendo que ya no podemos cometer ni un fallo más, es de los mejores momentos que nos deja el juego.

No podía faltar el clásico gusano de los bullet hell

Pero es de las pocas cosas que se le pueden achacar al título. Todo lo demás está mimado al detalle, desde el arte hasta el diseño de sonido. Quería pararme aquí un momento para comentar lo bien que te informa el juego en todo momento de lo que está pasando, y no solo visualmente, sino con el sonido y la vibración del mando, que nos dan un montón de pistas de qué está pasando y de qué va a pasar, algo que se agradece cuando la pantalla te inunda de información y luces de colores. El diseño de los jefes tampoco se queda atrás, y aunque cae en algunos tropos del género, como el clásico gusano, jefe tras jefe nos encontramos con ideas refrescantes, ya sea en mecánicas o en puro diseño artístico. Aunque le he cogido algo de tirria al Tótem, no puedo negar que sea un gran jefe.

Este tótem será nuestro primer gran escollo en Profane

Aunque para mí no ha sido un juego corto (algo más de diez horas para el modo historia. Sí, soy algo manco), aquí no acaba Profane. Y es que tenemos el clásico reto diario donde competir por el primer puesto de la clasificación y un modo roguelite, que, personalmente, será el modo al que volver una y otra vez una vez terminada la historia. Porque el título de OverPowered Team está pensando para volver una y otra vez, pensado cual Nuclear Throne, para no salir de nuestro disco duro e instalarlo cada vez que formateamos el ordenador.

Y es que, aún con sus picos y altibajos, Profane (por ahora solo disponible en Steam, pero planeado para Switch, Playstation 4 y Xbox One en 2020) es un juego difícil… de dejar de jugar. Podemos morir una y otra vez, pero siempre sentimos que la victoria está cerca (aunque esté a una hora de intentos). El sistema de ventajas y habilidades nos da el suficiente juego como para intentar estrategias diferentes, y los distintos modos de juego alargan una vida útil, nada corta ya de inicio, indefinidamente.

Profane

Puntuación Final - 8

8

Recomendado

Profane es un bullet hell muy sólido, con mecánicas nuevas, aún bebiendo de los clásicos, y un diseño espectacular. Toda una experiencia nada fácil de superar, pero en superar ese reto se encuentra la mayor de las satisfacciones que nos da.

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Pablo López "Potajito"

Traductor, videojuerguista y persona en general.

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