AnálisisPS4

Yooka-Laylee y la guarida imposible – Análisis PS4

Lagarto come murciélago

Aviso a todo el mundo. Esta va a ser una entrada cargada de nostalgia, así que tened a mano un par de Phoskitos, un Fruitopia bien fresquito para bajar toda esa grasa hidrogenada y no os olvidéis de dar de comer a vuestro Tamagotchi, que esto va para largo. Y es que quiero empezar con una pregunta, «¿dónde estabas en 1998?» «¿estabas?».

Los que fuimos niños/pre-adolescentes enganchados a los videojuegos lo recordamos con un cariño especial. Se lanzaba el mayor fanservice que conocíamos en la época: Pokemon Amarillo, mientras sonaba por la radio el corazón partío, franquicias como Half-Life, MediEvil, o Spyro the Dragon daban sus primeros pasos y otras, como Zelda, con el sobresaliente Ocarina of Time, se asentaban. Entre esta miríada de títulos en una industria que daba definitivamente el gran salto a la tercera dimensión, un estudio, Rare, y un juego Banjo-Kazooie lo hizo todo tan bien que aún hoy, más de 20 años después de su lanzamiento, se le recuerda como uno de los picos del género de plataformas en 3D.

Pero ya basta de nostalgia noventera. Ahora vamos a nostalgia de antes de ayer, o casi. En un mundo cada vez más frenético, si pregunto «¿dónde estabas en 2015?» a algunos os puede sonar como un pasado remoto, mientras que otros pensaréis «fue hace nada, ¿no?» Yo soy de los del segundo grupo. Pero si dejamos los sentimientos a un lado y miramos los fríos datos, en 2015 todavía salían juegos (y no pocos) para Xbox 360 y PS3, de la Nintendo Switch no sabíamos ni el nombre en clave, los videojuegos lo petaban en Kickstarter y algunos todavía teníamos pelo.

Resultado de esta mezcla de nostalgia y crowdfunding fue Yooka Laylee, primer título de Playtonic, estudio formado por gente ex-Rare. Aunque su campaña de micromecenazgo fue todo un éxito, el juego en sí no llegó a lo que muchos nos esperábamos. Sin ser malo, no tenía la fineza ni el carisma que esperábamos encontrar, vistas sus credenciales.

No son molinos…

Saltamos a octubre de 2019, y para bien o para mal, hemos cambiado el Desátame de Mónica Naranjo por el trap, y el Discman por teléfonos dignos de un crédito a tipo fijo que controlan nuestros pasos, literalmente. Para salvarnos durante un ratito de esta distopía, vuelve la extraña pareja formada por el camaleón y el murciélago de Playtonic en Yooka-Laylee y la guarida imposible. Esta vez, el estudio, consciente de que con la primera entrega en 3D quizás apuntaron más alto de lo que podían, han decido recular y ahorrarse una dimensión. Y es que este Imposible Lair (como reza su título en inglés) es un paso atrás en la escala, pero un salto enorme en calidad y valores de producción, que sin apelar esta vez a la nostalgia, sí que consigue tocarnos el corazoncito, cual My Heart Will Go On.

Nos quedamos sin una dimensión, pero los malos de la primera parte vuelven. Y es que la malvada corporación encabezada por Capital B ahora va a por las abejas, y es nuestra tarea rescatarlas, adentrarnos en su guarida imposible y poner fin a su sueño capitalista. Y cuando la llaman «guarida imposible» no están exagerando (o casi, a menos que seas un speedrunner con nervios de acero), porque estas abejas que iremos rescatando a lo largo del juego (48 en total), nos servirán de escudo, a modo de «vida extra», cuando entremos en esta guarida imposible.

Mientras que el juego en sí es un plataformas en 2.5D, para ir de nivel en nivel nos moveremos por el denominado «sopramundo», un mapa en 3D con vista cenital, que aquí nos ha recordado mucho a Zelda, por cómo vamos descubriendo secretos y abriendo nuevos caminos. Una de las cosas más curiosas que hace Yooka-Laylee con esta estructura de sopramundo y niveles (llamados «capítulos»), es que los cambios que hacemos en el mundo se reflejan en los niveles. Esto es, si pasa un río por un capítulo, se inundará (resultando en los infames niveles submarinos, aunque bastante bien resueltos en este caso), pero si le ponemos un dique al río, jugaremos una versión modificada y «seca». Y creedme cuando digo que los cambios no son para nada sutiles. Si no me dijesen que son «el mismo nivel pero distinto» no lo habría relacionado.

Añadimos un poquito de agua y… ¡nivel nuevo!

Y quizás es el diseño de niveles donde más chirría este segundo capítulo de la saga de Playtonic. La palabra más adecuada que he encontrado para definirlo es inconsistente. Para empezar, es inconsistente en la dificultad. Tenemos capítulos relativamente complicados a inicio o mitad del juego y otros que son un auténtico paseo a mitad/final. He llegado a pensar si acaso sería yo, que, por algún misterioso fenómeno, habría mejorado. Error. Porque al volver a esos capítulos iniciales conflictivos sigo siendo igual de malo. Y no hablo solo de dificultad pura y dura para terminar un nivel, sino de la dificultad que entraña encontrar todas las «monedas», el coleccionable (necesario hasta cierto punto) que se usa como pago para avanzar en el mundo y abrir nuevas zonas. Y sobre todo porque es una dificultad injusta, que te esconde las monedas, y no las ves hasta que las has pasado, y para cogerlas solo puedes suicidarte (a veces ni siquiera es fácil), volver atrás, y jugarte el cogerla o no a un solo intento. Eso cuando no hay que reiniciar el nivel porque has tocado el checkpoint mientras avanzabas. Pero, como digo, esto ocurre en ciertos niveles, y la impresión que a mi me ha dado es que hay cierta desconexión entre un estilo y otro, como si lo hubiesen hecho dos personas distintas sin hablarse demasiado.

No podía faltar el infame nivel submarino. Tranquilos, está bastante bien y la música es aún mejor

La otra nota doliente del título, quizás algo más personal, se centra en los personajes que pueblan el mundo. Son escalofriantes. Un ¿pulpo? con cabeza humana, un carro de la compra con ojos, una especie de ¿nevera? ¿pastilla de jabón? ¿queso amarillo? de ojos saltones o una señal de madera que parece salida de proyecto Hombre. Es una pena que los personajes no tengan ni pizca de carisma, porque el mundo en sí sí que se deja querer, desde las montañas verdes, hasta las zonas desérticas, pasando por la clásica fase industrial. Todas tienen su encanto. Pero los personajes no, por favor. Quiero ver más cosas de Playtonic, pero no sé si quiero volver a este mundo de pesadillas antropomórficas.

Si sus personajes salen de nuestras más oscuras pesadillas, la música compensa todo ese mal trago con creces, y es que no quiero despedirme sin antes mencionar el excelente trabajo que han hecho con la banda sonora de esta secuela. Es imposible que las notas del ukelele no nos saquen una sonrisa, además de recordarnos a otros clásicos de plataformas 2D como Rayman Legends o Donkey Kong: Tropical Freeze. Puede que en cuanto a calidad no le lleguen a estos títulos (debatible), pero lo que sí estoy seguro es que la cantidad de música de una calidad abrumadora que han conseguido meter aquí es algo que se ve muy pocas veces. Las variaciones de tema según se transforma el nivel, las «cortinillas» y pequeñas ráfagas cuando ocurre algo… Os podéis hacer una idea de qué os espera mirando el currículum de algunos de sus compositores: Mario + Rabbids, Banjo-Kazooie, Viva Piñata

Aunque la versión que hemos analizado es la de PS4, también está disponible para PC, Xbox One y Nintendo Switch. Como sabemos que es un título muy goloso para jugar en la portátil, y si teníais alguna duda sobre el rendimiento en la consola híbrida (o en cualquiera de las demás), los chicos de Digital Foundry nos sacan de dudas. Tranquilos, va muy bien en todos lados.

¿Qué sería de nuestro plataformas 2D sin una sección en la que nos persigan y nos tengamos que deslizar a todo trapo?

Me gustaría decir que estamos ante un título redondo, porque casi, casi lo estamos. Es un plataformas 2D con una factura finísima, un control excelente, justo, al que se da rienda suelta nivel tras nivel, en un título que maneja los ritmos entre mundo explorable y niveles clásicos de forma casi magistral. Solo enfangado por un diseño de niveles cuanto menos cuestionable, pero que llegamos a perdonar cuando nos recompensa con plataformas memorables, con la guinda final de una guarida imposible que hace auténtico honor a su nombre.

Yooka-Laylee y la guarida imposible

Puntuación Final - 7.5

7.5

Recomendado

Un plataformas casi perfecto, aquejado solo de un diseño de niveles algo inconsistente, pero donde la suma de sus muchas virtudes consigue que nos olvidemos de ello.

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Etiquetas

Pablo López "Potajito"

Traductor, videojuerguista y persona en general.

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