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El Videojuego y el Cambio Climático

El papel de la industria frente a la mayor catástrofe mundial.

Recientemente las polémicas en Internet se han enfocado en la joven Greta Thunberg. Un discurso emocional y muy directo contra los políticos ahí presentes, levantó una tormentosa marea de críticas muy negativas hacia ella, muchas de ellas de lo más repulsivas. Aunque no es el fin de este artículo centrarnos en Greta, si hay que resaltar que su participación en la Cumbre de Acción Climática de la ONU puso nuevamente sobre la mesa la discusión sobre el cambio climático. Dejando de lado lo referente a la geopolítica, vamos a enfocarnos en lo que sí nos atañe ¿Qué están haciendo la industria del videojuego y los jugadores para hacer frente a esta más que posible catástrofe climática? ¿El videojuego y el cambio climático tienen alguna relación?

Comencemos con datos. ¿Cuánta energía consumen nuestras consolas? Hay que dejar claro que tomaremos los casos de mayor rendimiento de cada una. Una Play Station Pro consume 165 watts por hora. La Xbox One X 180 watts por hora. Finalmente, la Switch consume al rededor de 39 watts por hora.

Tal vez conocer estas cantidades eléctricas no parezcan decirnos nada, sin embargo, podemos traducir este consumo a huella de carbono. Pero antes de nada… ¿Qué es la huella de carbono? Se refiere a la cantidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que deja nuestro paso por el mundo, directa o indirectamente. En nuestro caso, el consumo eléctrico de las consolas es indirecto, ya que no tomamos en cuenta toda la emisión de GEI que se generan por conseguir las materias primas de la consola o por construir, diseñar y distribuir el aparato. Regresando a los números, la PS4 Pro emite 0.06 kg de CO2 cada hora, la XBox One X 0.07 kg y la Switch 0.01 kg. Parece poco ¿Verdad?

Imaginemos por un momento todas las horas que hemos pasado jugando a cada una de éstas consolas. Según datos de Limelight Networks, la gente juega al rededor de 7.11 horas a la semana. El sitio WePC marca un aproximado de 2,5 mil millones de jugadores alrededor del mundo. Sólo Sony lleva 91,6 millones de consolas vendidas. Microsoft vendió 41 millones alrededor del mundo. En lo que se refiere a Nintendo, alcanzó los 31,27 millones.  Y todo ello sin contar todos los demás jugadores de PC, tabletas y teléfonos móviles.

Si tomamos en cuenta los datos anteriores y los sumamos, nos quedan 163, 87 millones de consolas entre las tres distribuidoras. Si las 7.11 horas semanales las multiplicamos por las 52 semanas que tiene un año, nos da 369.72 horas jugadas por persona. Multiplicando las horas al año por la cantidad de consolas, el resultado serían 60, 586 billones de horas totales jugadas en un año. Cantidad referente solo a los jugadores de Sony, Microsoft y Nintendo. Este resultado debemos multiplicarlo por la media entre los watts de los tres aparatos, el cual es igual a 128 watts. Entonces, 128 watts multiplicado por 60, 586 billones de horas totales jugadas, nos da como resultado poco más de 7 trillones de kg de GEI.

Los tres más grandes de la industria deben comenzar a mejorar su consumo energético para las siguientes generaciones de consolas

Aunque lo anterior es una aproximación mala. Muy mala de hecho, pues no se toman en cuenta muchos factores. Nos podemos dar una idea del orden de magnitud de las emisiones de CO2 que generan nuestras consolas. Urge minimizar el consumo energético.

La problemática del consumo eléctrico no es el único factor que vuelve al videojuego un producto contaminante. Las cajas de plástico en los cuales vienen empaquetados los discos, también forman parte del problema. Así como todos los productos derivados del videojuego que utilicen plásticos. Sabemos que el plástico puede tardar muchísimos años en biodegradarse, sin embargo, la elaboración de los productos derivados del petróleo como es este material, generan altas cantidades de GEI. Las partículas del plástico pueden quedar suspendidas en el aire o diluidas en los mares. Estos microplásticos asesinan por igual a pequeñas y grandes especies marítimas. Según las palabras de Laura Parker, escritora de la revista National Geographic.

Y es en el mar donde grandes islas de basura han crecido alimentadas por años de producción y consumo masivo de materiales que pueden tardar hasta miles de años en eliminarse por completo de manera natural. Las Islas Marshall han sufrido directamente los inconvenientes de la contaminación. Si el deshielo y el aumento de las temperaturas siguen creciendo sin control, naciones como las Islas Marshal en el Pacífico quedarán engullidas por el mar hasta que solo sean un recuerdo en la memoria de sus últimos habitantes.

La peor parte de esta industria es que las consolas y los ordenadores son un círculo contaminante. Se crean con materias primas y energías no renovables, y al terminar su ciclo de uso (por más que muchos gamers las tengan de reliquias en vitrinas), se convierten en basura plástica que existirá por muchos años después de que el último hueso de nuestro cadáver se esfume.

Pese a lo desfavorable que lo tienen los videojuegos, podemos hacer algunos cambios para que nuestra industria preferida tome un rumbo más ecológico. Hace unos cuantos días, la misma semana de la Cumbre por el Cambio Climático, las más importantes compañías del medio (tales como los tres gigantes anteriores, Ubisoft, Twitch o Google Stadia) se comprometieron a reducir en 30 millones de toneladas (o 30 billones de kg) las emisiones de GEI para 2030. También prometieron revisar y mejorar la producción y reciclaje de sus productos, ayudando así a generar menos hardware contaminante.

Contrario a lo evidente, el aporte del videojuego puede llegar mucho más allá de optimizar sus medios de desarrollo para volverse una empresa verde. Como se dijo antes, la audiencia aproximada del videojuego es de poco más de dos mil millones y medio de espectadores. El poder que tienen los videojuegos es tal que puede ayudar a expandir la conciencia para evitar la catástrofe climática en la que estamos envolviendo al mundo. En palabras de Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente: la industria de los videojuegos tiene la capacidad de atraer, inspirar y cautivar la imaginación de miles de millones de personas en todo el mundo. Esto los convierte en un socio sumamente importante para abordar la emergencia climática.

Montones de plástico esperando ser comprados

Mientras las compañías buscan la manera de mejorar, nosotros como jugadores debemos buscar nuestra forma de aportar. Pueden ser pequeños cambios, como dejar de comprar tantas ediciones en físico para que eventualmente se extingan los plásticos generados para esta presentación. Se que es difícil, soy de los que todavía les gusta tener sus colecciones de cajas bien formaditas en un estante, pero apoyar a que las próximas generaciones no nos vean como los indiferentes que tal vez somos, puede valer ese desprendimiento.

Los títulos que presentan ciertos grados de concentración sobre este asunto son variados. El primero que me gustaría abordar es SimEarth, juego de 1990 que te dejaba al mando de un planeta entero. Lo que afectaba a tu ecosistema incluía desde deshielos ligados a aumentos en la temperatura, hasta el incremento en el nivel del mar. Un año después, el primer Civilization contenía el factor de calentamiento global. Esta mecánica era consecuencia de la contaminación que generáramos en nuestro imperio.

Melting Down es un título gratuito donde controlas a un surfista que ha caído en un iceberg. Mientras resuelves puzzles para regresar por donde viniste, las consecuencias del calentamiento global se hacen presentes. Por su parte, National Geographic nos invita a crear una ciudad ecológica. El título Plan it Green de la revista, es un juego de estrategia donde hay que planificar bien nuestra urbe verde.

Minecraft tiene un mod donde dependiendo de que tan bien te gestiones, tu entorno irá cambiando. Estos cambios son los ya mencionados muchas otras veces, nivel del mar in crescendo o emisiones de CO2. Los incendios en los bosques serán más frecuentes y podrás presenciar deshielos.

Hay un último juego que me parece muy interesante, ECO. En este juego online deberás detener el impacto de un gran meteorito junto con la colaboración de más personas. El meollo del asunto es que mientras más explotes los recursos de tu planeta, este se irá deteriorando más y más, dificultando tu tarea principal. Este juego va un poco más allá, pues debes crear alianzas con los demás para formar un sistema que funcione de manera efectiva. Se pueden crear sistemas de gobierno donde existan votaciones e incluso agregar impuestos para poder desarrollar la tecnología necesaria para detener al cuerpo celeste. La interacción en ECO no depende de combates entre jugadores, pues impulsa a las personas a jugar por una meta en común: salvar su planeta.

ECO, la amenaza a un mundo hermoso siempre une a la gente

Estos solo fueron algunos ejemplos, pero seguramente hay más videojuegos que involucren alguna mecánica o algún aspecto referente al tema que nos atañe. Del mismo modo, espero que haya personas pensando en nuevos títulos que puedan inspirar e impulsar a más gente a la defensa de nuestra madre Tierra.

Esta crisis planetaria afecta a muchos niveles. Grandes éxodos de personas han sido provocadas por los problemas desbocados por el cambio climático. La guerra en Siria ocurrió poco tiempo después de una de las más grandes sequías que el país hubiera experimentado alguna vez. Esta sequía llevó al desempleo de granjeros y el desempleo llevó a protestas, las cuales se vieron reprimidas con brutalidad, iniciando así una gran guerra. A 4 mil km al sur de Siria, los cambios en la frecuencia e intensidad de las lluvias, en combinación con las altas temperaturas en ciertos sectores de Etiopía, llevaron a grandes grupos de personas a cruzar por el Triángulo de Afar arriesgando su vida (y muy posiblemente muriendo), en un intento desesperado por llegar a un país con mejores oportunidades de vida. La crisis climática está incitando conflictos bélicos y expulsando a gente de sus hogares.

Esta crisis es parte de una gran red de problemas que se alimentan unos con otros. Sequías, inundaciones, incendios, hambruna, guerras, migraciones masivas, intolerancia y xenofobia. Es más que seguro que no todos los problemas de la humanidad se van a resolver enfrentando al cambio climático. Como civilización (si podemos llamarnos así), aún nos falta evolucionar física y mentalmente para encontrar un equilibrio entre el interior de nuestro ser y todo el universo que hay más allá de nuestra especie. Pero contribuir, (y mejor aún si es desde un medio que disfrutamos todos) a este avance hacia un futuro mejor, siempre será bienvenido.

Cambios en la mentalidad del consumidor y del productor puede impulsar un verdadero avance frente a este desafío climático autoimpuesto.  Como quienes pagan por las consolas y juegos, debemos exigir el cumplimiento de estas promesas a las cuales se comprometieron los grandes productores. Si llega el caso en que la industria se pierde en el camino, nuestro es el poder para rectificar.

El reloj no se detiene, y poco a poco nuestro planeta está más y más enfermo.  Desarrollar juegos que aborden de manera más seria y suficientemente explícita para generar conciencia sobre esta crisis, puede impulsar a que cada vez más personas se sumen a la causa. Todavía se puede sumar más que un granito de arena para la victoria por salvar nuestro (hasta ahora y por mucho tiempo más) único hogar. Tendamos una mano a nuestro planeta.

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arcano97

Demente super eminente. Mi primera frustración gamer fue a los seis cuando no podía vencer al centauro en el juego de Hércules.

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