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The Sinking City – Análisis Switch

La pesada losa de H.P. Lovecraft

Creedme cuando os digo que deseaba con todas mis fuerzas que The Sinking City me encantara. Sí, su mundo abierto no acababa de convencerme y los anteriores trabajo del estudio al mando, Frogwares, tampoco habían terminado de convencerme, pero el concepto tras este juego me parecía muy prometedor: una ciudad inmersa en la locura tras una terrible inundación de origen desconocido, mecánicas que prometían una verdadera sensación detectivesca y la inspiración en la literatura y la mitología creada por el maestro de Providence era una mezcla que me resultaba irresistiblemente atractiva. De hecho, nuestro compañero Simone ya analizó el título en PC hace un tiempo y para él fue una experiencia muy disfrutable.

Sin embargo, a pesar de que The Sinking City es un juego entretenido e interesante, cada buena decisión viene acompañada de una serie de problemas que acaban por pesarle a un juego que ha intentado abarcar demasiado, tanto en jugabilidad como con respecto al universo en el que se inspira. Hay tres problemas fundamentales en The Sinking City en mi opinión: a nivel jugable, en su inspiración lovecraftiana (la parte más subjetiva) y con su apartado técnico, debido en gran parte a los sacrificios que se han tenido que hacer para poder jugarse en Nintendo Switch.

The Sinking City nos pone en los zapatos y mochila de Charles Reed, un investigador privado que llega a la misteriosa ciudad de Oakmont en busca de respuestas acerca de las pesadillas que le atormentan todas las noches; pesadillas de un mal ancestral que ha despertado en las profundidades del mar. Un magnate de Oakmont afirma tener respuestas a sus preguntas, ya que muchos ciudadanos de ese lugar también han sufrido los mismos sueños perturbadores desde que una misteriosa inundación azotó la ciudad, desatando el caos y la locura: barrios enteros inundados, otros infestados de monstruos y la locura convirtiéndose en la nueva ley imperante en el lugar. Todo esto enmarcado en la mitología de H.P. Lovecraft, conocido sobre todo por los mitos del dios tentaculado llamado Cthulhu y su terror cósmico.

Oakmont es un mundo abierto tradicional, dividido en diferentes distritos y con un sistema de misiones principales y secundarias a través del cual iremos resolviendo los misterios tras los extraños fenómenos que vemos, además de conocer el día a día de los habitantes de la ciudad. También contamos con un sistema de puntos de habilidades por experiencia y otros convencionalismos del género, como un sistema de combate en tercera persona del que hablaremos después.

Una de las promesas de The Sinking City es la de hacernos sentir como un auténtico investigador. Para ello nuestra principal ayuda será el mapa de la ciudad, donde deberemos buscar todos y cada uno de los puntos a los que nos vaya llevando la trama. Deberemos buscar en los escenarios cartas, documentos o cualquier otra pista que nos indique el siguiente paso a seguir. Algo curioso es que todas estas pistas irán siempre acompañadas de una completa descripción del siguiente punto de interés; es una característica que, si bien al principio es cierto que te hace participar de forma más activa en la investigación del caso que toque, a la larga se acaba volviendo artificial y repetitivo.

La ambientación de The Sinking City
Se echan de menos más NPCs con diálogos reales y no solo de parte de aquellos que tienen misiones o similares.

Otra forma que tendremos de avanzar cuando estemos atascados es buscando en los archivos locales de la biblioteca, el hospital o la universidad. Buscando en relación a un caso una serie de etiquetas que nos proponen, podemos encontrar documentos relacionados con nuestra búsqueda que nos proporcionen una nueva pista en forma de dirección a la que acudir.

Por último nuestro protagonista cuenta con una especie de modo detective que le permite investigar en un plano sobrenatural escenas de crímenes. La mecánica es sencilla: buscamos una grieta dimensional en uno de los objetos de la habitación para ver una pequeña escena de algo que ha pasado ahí; a continuación, vemos en diferentes puntos de esa misma habitación diferentes siluetas estáticas representando algo que ha ocurrido en ese lugar, teniendo nosotros que dar un orden cronológico a esas diferentes representaciones para reconstruir la escena del crimen. De estas investigaciones sacaremos conclusiones que podemos unir en un espacio llamado El Palacio de la Mente, encontrando así las respuestas finales a aquello que estemos investigando en ese momento, y desde donde tomaremos algunas decisiones importantes a nivel moral y de la trama.

Todas estas opciones que parece que el juego nos ofrece para que resolvamos los casos como nosotros consideremos son una ilusión: prácticamente siempre hay una única opción válida para llegar al final del caso, no pudiendo improvisar o hacer las cosas de diferente manera. Por ejemplo, había una misión en la que la única pista que tenía era que cierto individuo se encontraba en el barrio de Advent. Dado que no había explorado aún esa parte de la ciudad, decidí encontrar la dirección que buscaba explorando a pie todas y cada una de las puertas de la ciudad; es poco práctico, pero me ayudaría a familiarizarme con sus calles para misiones posteriores. Tras muchas vueltas no encontré lo que buscaba.

Los casos en The Sinking City
La resolución de casos, aunque es restrictiva y muy guiada, es entretenida y eficaz

El problema estaba en que The Sinking City no quería que yo lo encontrara así: debía desplazarme hasta un archivo cercano, introducir las etiquetas correctas para que aparezca el documento que me indica la dirección exacta y así, esa puerta que antes no se abría ahora me dejaba continuar mi misión. Puedes personalizar el nivel de dificultad en el que quieres disfrutar de las secciones de investigación (en cuanto al número de ayudas y pistas que quieres recibir), pero yo siempre he sido partidario de disfrutar la obra en el estado en el que sus creadores la idearon.

Al final es un sistema muy encorsetado que además se ve lastrado por la tediosa navegación del título. El desplazamiento entre zonas es muy lento, ya sea a pie o en barca (ni siquiera los viajes rápidos alivian esta carga), alargando muchísimo la duración del título y el tiempo de las misiones. No todo es malo: es cierto que las secciones en las que investigamos escenarios del crimen a través del plano sobrenatural son interesantes a nivel visual y en cuanto al contenido argumental de las mismas, a pesar de que no suponen ningún reto.

Lo que sí es un reto es el combate: muy tosco y torpe sin ninguna clase de justificación. Los enfrentamientos con las criaturas son simples y una molestia más que algo que aporte variedad. No me vale la excusa de que son así para generar una mayor inseguridad en el jugador, hay otras formas de dar esa sensación sin hacer que mi protagonista no sea capaz de golpear cuerpo a cuerpo de forma efectiva. La munición es escasa, pero podemos craftearla gracias a los objetos que encontramos repartidos por la ciudad. Por suerte no hay muchos combates, pero los hubiera limitado a alguna lucha ocasional con otros humanos o incluso los hubiera eliminado por completo de la fórmula, ya que en su estado actual no aportan variedad o diversión al conjunto.

Las profundidas marinas en The Sinking City
Las secciones submarinas con traje de buzo empiezan siendo intensas y originales, pero al final son demasiado lineales y lentas

La interpretación que desde Frogwares han hecho de la obra de Lovecraft es una que me chirría, aunque soy consciente de que es algo muy subjetivo. Adoro las descripciones de la pérdida de locura de los protagonistas de los relatos de H.P. Lovecraft; son horrores que ni ellos ni yo como lector puedo llegar a imaginar. Sin embargo el juego propone zonas enteras infestadas de monstruos que parecen sacados de un Resident Evil cualquiera; valoro mucho más las investigaciones sobrenaturales y cómo eso afecta a la barra de cordura del señor Reed (al igual que matar otras personas o estar mucho tiempo en ese plano), pero no el poder acabar con todas las amenazas de un escopetazo. La sola visión de estos seres no debería ser tan fácilmente asumible, y sin embargo los habitantes de la ciudad hablan de ello de forma anecdótica. Es algo que me saca mucho de la experiencia.

Están bien metidas las referencias al culto de Dagón o Innsmouth y su tratamiento del racismo, o incluso las representaciones de los ritos a Cthulhu, pero no creo que acaben de afectar a la cordura del protagonista como deberían. En ocasiones, cuando nuestra barra de cordura comience a descender, la pantalla empezará a doblarse sobre sí misma y mostrar espejismos perturbadores, pero es poco frecuente y no suele ir más allá de un espejismo corto. No me parece un tratamiento adecuado en cuanto a la locura que produce ver todos estos fenómenos, al menos no en el protagonista. Se han arriesgado poco en este aspecto, a diferencia de obras como Bloodborne, que también incluye múltiples referencias a este universo. En Bloodborne mostraban cosas que te afectaban a ti como jugador, cosas que no comprendías y te hacían combatir peor o volverte paranoico. No se quedaban en representarlo visualmente o con una barra: la lucidez de tu protagonista se trasladaba a ti como jugador, viendo posteriormente más cosas a medida que comprendías su mundo. Una buena idea, pero que se quede demasiado en la superficie.

El síndrome de Innsmouth
El tema del racismo también se trata en The Sinking City, aunque no sé si me convence que se trate desde la perspectiva de alguien con síndrome de Innsmouth…

El último gran problema de The Sinking City son los pobres resultados a nivel técnico obtenidos en Nintendo Switch. En sus versiones de sobremesa, The Sinking City destacaba por su ambientación, la cual se conseguía no gracias a un apartado gráfico sobresaliente, sino a unos cuantos efectos visuales bien escogidos y una paleta de colores que reforzaran el ambiente opresivo de Oakmont. En esta versón, más allá de la pobreza en los modelados de los NPCs y objetos (tanto en texturas como en calidad de las animaciones), de la escasa distancia de aparición de objetos, de las bajadas de FPS y de lo desangeladas que están las calles, afecta a la simpleza y tono de los colores que vemos en los escenarios, quitando todo rastro de personalidad a los barrios del juego y cubriendo todo de un tramposo destello de humedad que sobresale por encima de cualquier otra cosa.

En las otras versiones imagino que la navegación por el mundo de The Sinking City también sería lenta y larga, pero se vería paliada al ver las calles de la ciudad pobladas con gente con animaciones más pulidas o modelados más variados que los que vemos en esta versión. En general, lo mejor que se puede decir del apartado técnico de The Sinking City es que Nintendo Switch puede moverlo.

Pues que, tras estas capas de malos gráficos y mecánicas jugables poco pulidas, se esconden unas misiones realmente interesantes en cuanto a contenido y trama. Los diferentes problemas y casos derivados de la situación límite que viven los habitantes de Oakmont tienen destellos de gran calidad. No solo el argumento principal está bien contado en cuanto a ritmo y duración: las secundarias aportan mucho al marco global en el que se desarrolla el título.

Las escenas que desarrollan el argumento también están muy bien rodadas, ofreciendo algunas estampas realmente potentes. Muchos de los NPCs tras las secundarias también ofrecen discursos e historias intrigantes. Si eres capaz de centrarte únicamente en el contenido de las misiones sin fijarte mucho en lo que las rodea, es una experiencia larga y absorbente, beneficiándose también de la portabilidad de Switch. Cada vez que enciendes la consola es como leer un pequeño relato basado en esta ciudad tan interesante. Gran parte de los problemas que he tenido con el juego son derivados del flaco favor que hacen los gráficos a la ambientación y de mi opinión subjetiva acerca de la interpretación del espíritu de las obras del maestro de Providence; más allá de eso, su jugabilidad en conjunto no es mala, tan solo simple (menos la acción, que sí que me ha parecido mal resuelta), y no empaña el interés con el que se sigue la historia de fondo.

The Sinking City es un juego entretenido y absorbente, con unas misiones bien guionizadas que casi te hacen olvidar su pobre apartado técnico y su tosca jugabilidad. Eso sí, en ocasiones las situaciones que propone entran en conflicto con el imaginario de Lovecraft en el que se basa.

The Sinking City

Puntuación Final - 6.5

6.5

Interesante

The Sinking City es un juego entretenido y absorbente, con unas misiones bien guionizadas que casi te hacen olvidar su pobre apartado técnico y su tosca jugabilidad.

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Alejandro Morillas Tellez

Fisioterapeuta/osteópata de día, hipnoterapeuta cuando es necesario y apasionado jugador de videojuegos por la noche. Los primeros juegos que relaciono como favoritos son Catherine, Vanquish, Overwatch y Kingdom Hearts. Pero siempre estoy disponible para un Tekken, un Vermintide o una maratón de Metal Gear.

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