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Minoria – Análisis PC

Monjas, brujas, deidades y bandidas en un mundo asolado por las guerras santas

Disfruté muchísimo en su momento de Momodora: Reviere Under the Moonlight. Ambientación, pixel art, el diseño de nivel, el trasfondo con ya tres entregas a sus espaldas, originalidad de enemigos y sus numerosos secretos son los apartados más destacables; aunque pecaba de mucha dificultad en ciertas partes. Es por eso que desde que me enteré que Bombservice estaba haciendo un nuevo metroidvania con muchas similitudes a Momodora, fui lo más rápido posible a añadirlo a la lista de deseados de Steam. Por supuesto, me refiero a Minoria, catalogado por el propio estudio brasileño y Dangen Entertainment como una secuela espiritual.

El Sagrado Reino de Ramezia ha sido finalmente conquistado por las brujas. Como respuesta, el Santo Oficio manda a todas las monjas de la Duodécima Orden, las más preparadas y última esperanza para purificar a las malvadas herejes. Sin embargo, las únicas que quedan vivas para desempeñar este papel, rescatar a la princesa e impedir el ritual hereje son las Hermanas Semilla y Fran. El jugador controlará solo a la primera, una diestra esgrimista con experiencia, mientras que Anna Fran es una novata a cargo de darnos apoyo, si bien este acabe siendo principalmente emocional.

Minoria es una cruenta historia de papeles impuestos, característico de la fantasía oscura, en donde a cada paso que demos se pondrá en duda la fe en la Iglesia y sobre si se está haciendo el bien o el mal. Una aventura dramática en continuo in crescendo que hila para poner a prueba nuestra alineación (muy usado en rol de mesa) sobre qué es lo justo.

A diferencia del anterior título Momodora: Reverie Under the Moonlight, Bombservice apuesta por poner opciones de diálogo, que, aunque sean simples, dan algo más de libertad, o más bien individualidad, a la Hermana Semilla. Será decisión del jugador, una vez haya llegado hasta el final, si acatar las órdenes del Santo Oficio o traicionar sus dictámenes en pos de una nueva realidad. Y aquí es en donde reluce la función de la Hermana Fran, con la que podremos hablar de vez en cuando y ver su punto de vista más íntimo conforme vea todos los horrores de su sagrada misión.

La Hermana Fran hablando con la Hermana Semilla al inicio de su primer misión para la Inquisición.

También podremos empaparnos del trasfondo del universo de Minoria leyendo las descripciones de los objetos y, sobre todo, encontrando los hasta treinta archivos esparcidos por el mapa. No es una fórmula nueva, desde luego, pero resulta eficaz para que el jugador (es decir, Semilla) contraste lo que sabe con la verdad. ¿Cómo funciona en realidad la Inquisición? ¿Por qué se persiguieron tanto a las brujas antaño? ¿Qué son y de dónde vienen realmente?

Como suele ser común del arte gótico y la fantasía oscura, la ambientación es lúgubre: no llega a terrorífica en ningún punto, pero siempre acompaña una paleta de colores apagados que, rara vez, deja ver halos de luz preciosos en una capital llena de cuerpos de monjas, brujas e inocentes.

Si uno se para un momento, notará que en Minoria abundan los detalles. Pese a un apartado técnico limitado (aunque me parece impresionante el resultado conociendo los pocos miembros del estudio indie), se nota que hubo mucho cuidado para pincelar las vidrieras, columnas y demás estructuras de estilo medieval. Pienso que, de aquí, y por su intento de organizar el mapeado de los niveles más como un gran edificio que como una capital (lo que se supone es), es de donde más bebe del género igavania.

La Hermana Semilla observa agachada varios cuerpos muertos de monjas.
Este es el panorama de Ramezia en la Cuarta Guerra de las Brujas, en el año 1203; De aquí los varios paralelismos con la Edad Media europea.

El juego también aprovecha al máximo los efectos 2,5D para dar una percepción por capas hechas en matte painting muy logrado, no tanto por la sensación de profundidad sino por el contraste figura (personajes) y fondo (elementos del escenario).

La música, por otro lado, es más sencilla: solemne en los pasillos y agitada en los combates contra jefes finales. En cada canción destaca siempre un instrumento de cuerda, como un piano, contrabajos o la guitarra acústica. Tanto composición, pero sobre todo los efectos de sonido, recuerdan mucho a la saga Momodora.

Otro apartado sencillo de Minoria es el combate. Junta un gran dinamismo con la Hermana Semilla frente a unos patrones telegrafiados de enemigos y bosses. Para acabar con ellos, nuestras armas son una espada de buen alcance y una cruz que usa inciensos especiales, que vendría a ser la magia del juego, y que funciona por esos recargables en los puntos de control. Siempre seremos las más rápidas, da igual el enemigo, gracias al ilimitado uso de volteretas y a un satisfactorio parry que responde al milímetro de la hit box. Como pasa con otros igavanias, para compensar esta rapidez los enemigos suelen tener posiciones ventajosas y hacen mucho daño. Dicho brevemente: tenemos bastantes medios para defendernos, pero encadenar dos errores será fatal.

Semilla para un ataque enemigo con su espada.

Por desgracia, y aunque su localización sirva para enseñar al jugador, los enemigos son repetitivos y tienen solo un tipo de ataque. Para eso están los jefes finales, donde se pule más nuestra habilidad con la espada, la esquiva y el uso, a mi gusto desmasiado explotable, de los inciensos. He de decir que son muy asequibles (solo lo pasé mal con uno de los últimos; casualmente el único con el que no puedes estar rodando alrededor suya). Pese a ello, el foco de estas batallas no está tanto su desafío, que en parte también, sino en la carga narrativa que supone cada enfrentamiento, dejando entrever con cada victoria ese pequeño y continuo resquicio de: “¿Era realmente necesario matarla? ¿He de obedecer ciegamente a la Inquisición?”

El peso jugable del nuevo título de Bombservice recae en la acción y no tanto en las plataformas. Un signo de esto es que, por un lado, se incite a derrotar a todos los enemigos para que nos den experiencia, pero por otro, estos sean los únicos peligros hasta la segunda mitad del juego, donde salen las primeras trampas que vuelven al escenario otro elemento del que tener cuidado. El plataformeo se vuelve algo aburrido por esta causa, aunque hace más llevadero el backtracking de las áreas anteriores, sobre todo cuando podemos acceder al mapa mientras nos movemos manteniendo pulsado un solo botón (¡debería ser obligatorio en todos los metroidvania, carajo!).

Si no he nombrado hasta hace poco los elementos RPG de Minoria (puntos de experiencia, nivel y estadísticas de personaje) es porque pasan bastante desapercibidos. Aun así, entiendo que se apliquen en este tipo de juegos para lucirte con los enemigos.

Multitud de secretos, mucha rejugabilidad, estética preciosa, diálogos bastante humanos, las visiones de cada personaje… Son bastantes puntos a favor. Aunque, para ser un metroidvania, le tengo que echar en cara que haya pocos atajos, pero, sobre todo, que tengas pocos poderes. De tres, solamente desbloqueamos dos nuevos poderes de los que aprovecharse para hacer buen backtracking. Y lo que le falta por una parte, le sobra a los inciensos. Es abrumador la cantidad de magias que consigues, así como explotables con prácticamente cualquier enemigo.

Como detalle, me resultan curiosos los modelos de los personajes, de aspecto suave y con animaciones sutiles. Igual es una tontería, pero me encantan las expresiones base de cada personaje: la Hermana Semilla tiene un semblante impasible y algo resignado; su compañera novicia Anna Fran es la más emocional y sensible, expresando preocupación; o la princesa Amelia Soriette, cuya mirada serena encierra una gran consternación. Cada una de estas expresiones faciales comunica algo de la personalidad de cada una.

La Hermana Devoir y su mirada desaprobadora bajo la luz de la luna.
Poco antes de comenzar la lucha, Devoir, una monja que traicionó a la Iglesia y se alió con las brujas, le dice a la Hermana Fran que piense por sí misma por una vez en su vida. Tiene cara de pocos amigos.

En definitiva, Minoria deslumbra por su buen hacer con la historia y el diseño de nivel. Es un juego sólido y entretenido, el cual mantiene un ritmo pausado de avance por el mapa mezclado con combates frenéticos en los que la estrategia (en especial lo relacionado con los inciensos) pesa tanto o más que los reflejos. Bombservice abraza las bases del género metroidvania y le da su toque gótico y de semi-anime trágico, como el que ya brindaba con los Momodora, pero esta vez plantando en sus dos protagonistas la semilla de la duda.

Minoria

Puntuación Final - 7.5

7.5

Recomendado

Igavania realmente dinámico, de no mucha duración (unas seis horas o así), y con mayor foco en la acción que en el plataformeo o el factor RPG. Se nota el cariño que los desarrolladores depositaron en Minoria a través de sus pequeños detalles. Cuando saque algo de tiempo me sacaré encantado el otro final.

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Daniel "Fullbull" Rubio

No me pidas mucho para los textos, que solo hice el bachiller de ciencias. En esta vida me gustan tres cosas: Cerebro, videojuegos y carlinos. "La esperanza es lo último que se pierde".

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