AnálisisPS4

Luna – Análisis PS4

Un cuento a medias

La consolidación del videojuego como fenómeno de masas ha facilitado, en los últimos años, una notable diversidad en su oferta. Intentando abarcar gustos y temáticas minoritarias, la industria ha apostado por la originalidad (Rain, Donut County), la ecología (Flower), los desórdenes psíquicos (Hellblade: Senua’s Sacrifice), la gestión de recursos (Cities Skylines) o la creatividad (Minecraft, Super Mario Maker) como reclamos entre géneros tan demandados como los deportes (F-1, FIFA) y la acción (Call of Duty, Gears of War).

En ese interés por cubrir el mayor número de perfiles posible encajan las producciones de corte infantil-juvenil, entre las que destacan las adaptaciones a videojuego de recursos tan tradicionales como los cuentos. Por citar un par, destacaríamos Storm Boy (basado en un popular libro escrito en 1964 por Colin Thiele, recientemente llevado también al cine), o los pintorescos marineros de Burly Men At Sea y sus hazañas entre ballenas y calamares gigantes.

Luna también forma parte de esta interesante tendencia, ofreciéndonos un cóctel de puzles muy sencillos con una estética inspirada en los libros troquelados. La ingenuidad de sus rompecabezas, acorde con un despliegue de colores muy vistoso y simpático, delimitan la propuesta al usuario más joven o al que guste de experiencias relajantes y nada sesudas, aunque con ciertas reservas, como vamos a explicar a continuación.

Recuperar los fragmentos en los que se ha dividido la Luna será la tarea del pajarito que sirve de hilo conductor del juego. Como si asistiéramos a un teatro de marionetas y cartulinas, el narrador nos explicará (con subtítulos en español) que distintos ecosistemas, sin el brillo de la luna, se han marchitado.

Nosotros deberemos devolverles su esplendor, a través de una mecánica inalterable de cuatro pasos durante la hora -aproximadamente- que se alarga la experiencia. Cada emplazamiento tiene como protagonista a un animal (una tortuga, un cisne, un zorro…), y en cada lugar, a su vez, se alojan en semillas los elementos naturales que forman sus paisajes (árboles, nenúfares, champiñones, matorrales, etc.).

El primer paso sería abrir esas semillas, para lo cual hay que seguir la secuencia indicada. Esto es: visualmente aparecerán distribuidas como 1, 2, 3, 4 y 5, pero el pajarito nos pedirá repetir pautas sonoras (3, 2, 4, 1 y 5, por ejemplo); cada vez que la ejecutemos bien, se desbloqueará una semilla.

Una vez abierta, entraremos en una constelación donde las estrellas están desordenadas. Este segundo minijuego nos propone reubicarlas en los puntos correctos, distinguibles por un brillo más intenso; la dinámica recuerda a los pasatiempos de nuestra infancia de unir con una línea los puntos numerados, hasta formar un dibujo completo. La complejidad irá aumentando en las fases superiores, al incluir estrellas de colores y la posibilidad de rotar la constelación para encontrar ángulos ocultos; una vez conectados todos los puntos, ganaremos ese elemento (ranas, setas, arbustos…) para repoblar nuestro ecosistema, que es, precisamente, el tercer minijuego.

En él, situaremos a nuestro antojo todas las “piezas” recolectadas y adornaremos el paisaje que se ha secado; una vez repoblado de vegetación, recuperará la luz y hará acto de presencia el animal que domina este hábitat. Tras un pequeño diálogo, lo sanaremos trazando círculos con nuestro mando. Y así se repite la misma fórmula hasta el desenlace del juego, donde, por cierto, se esconden unos títulos de crédito de lo más original.

La escasísima dificultad de todas sus pruebas hace que Luna sea recomendable para dos perfiles de usuario: los más jóvenes, que encontrarán unas rutinas adaptadas a sus cualidades intelectuales, o aquellos que busquen una propuesta fácil, de tono relajante; al ser compatible con la realidad virtual, gana enteros en este sentido.

No puede decirse que Luna sea un mal título: su acabado artístico es más que resultón, ofreciendo ese efecto antes mencionado de parecerse a los libros que, abiertos, componen un relieve. Igualmente, la falta de dificultad no es un hándicap teniendo en cuenta el público al que va orientado. Presentar un desarrollo que estimula la memoria, la atención y la concentración de los más pequeños es un tanto a favor, indiscutiblemente.

Los problemas se encuentran en aspectos como la relación duración-precio, más que controvertida: 15 € para un producto que apenas llega a los sesenta minutos es complicado de justificar; sin embargo, también es justo decir que sería el promedio para un adulto y que, en manos de un niño, debería extenderse bastante más.

No obstante, el mayor defecto de Luna, o así lo percibo yo, es encontrarse en tierra de nadie. Por un lado, el público infantil probablemente encuentre repetitivo el ritmo del título y no capte todo el volumen de metáforas que atesora, además de no poder acceder a la versión VR (la edad mínima se ha ajustado en los trece años).

Por otro, el sector adulto sí tiene la opción de jugarlo de esta forma, y a buen seguro que disfrutará del mensaje zen que nos quieren mandar los chicos de Funomena, pero su nula dificultad y escasa duración terminan por dejar un sabor agridulce. En resumen, y sopesando pros y contras, serían los más pequeños quienes encontrarían más ventajas en este indie.

Ni siquiera la atmosférica música de Austin Wintory (Journey, Abzû), menos inspirado de lo habitual, logra sobresalir en una producción demasiado tímida en líneas generales: esta Luna, como la que sale cada noche, brilla a ratos con más intensidad y a otros, con menos. Será el usuario el que, como siempre, tendrá que decidir si le compensa.

Luna

Puntuación Final - 6

6

Interesante

Un cuento interactivo lleno de sencillos minijuegos, más satisfactorios para el público infantil por su baja dificultad. Los adultos quizá lo encuentren interesante, como una experiencia más curiosa que divertida.

User Rating: Be the first one !
Etiquetas

Sergio Diaz

Me dedico profesionalmente a la Neuropsicología desde hace 10 años y desde hace dos, colaboro con diversas investigaciones en la Universidad de Málaga. Mi tiempo libre lo reparto entre mi familia, mi gente y mis aficiones, que son el cine (de terror sobre todo), la música (rock) y los videojuegos, con los que disfruto desde el Commodore 64.

Actualidad

Botón volver arriba
Cerrar
X