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Age of Wonders: Planetfall – Análisis PC

Hacia una nueva era de esplendor y maravillas

Son las dos y media de la madrugada. Un momento, ¿son las dos y media de la madrugada? Madre mía, si hace nada eran las doce y solo me quedaba resolver un par de turnos para dejarlo. Claro, es que se ha puesto tan interesante…

Admitámoslo, alguna vez hemos caído en esta situación mientras disfrutábamos de un videojuego de estrategia, yo el primero. Mis horas de insomnio se han acumulado gracias a cierto título que ya analicé y a Age of Wonders: Planetfall, la nueva entrega de la saga Age of Wonders desarrollada por Triumph Studios y Paradox Interactive. De todas formas, estamos en verano, por lo que todo se puede arreglar. ¿Por qué tanto apego al título? Para eso está el análisis, ¡vamos a ello!

Age of wonders: Planetfall es un juego que cambia la temática de fantasía ya conocida en la saga por la ciencia ficción. En él, controlaremos a seis facciones que deberán resurgir de un apocalipsis, cada una con sus motivaciones y objetivos. Lo primero que llama la atención del título es su campaña. En esta, se nos da la oportunidad de manejar a todas las facciones para aprender tanto sus tecnologías como su estilo de combate. Viene bien a modo de introducción del juego. Aunque la narrativa y el lore tampoco se sale de los clichés del género, trae una capa de información interesante acerca de las facciones y nos pone en un contexto lógico para iniciar nuestras contiendas, lo cual agradezco. Tenemos a la Vanguardia, los humanos supervivientes del apocalipsis, unas Amazonas que montan en dinosaurios aliens y manipulan la naturaleza a su placer, los Kir’Ko que despertaron mis pesadillas con los Zerg de StarCraft… incluso hay unos zombies reconstruidos mediante maquinaria llamados los Ensamblados, nombre que me hace gracia. Se nota el empeño y esfuerzo que han puesto los desarrolladores para motivar al jugador a explorar todas las mecánicas jugables de las facciones.

Imagen de inicio de campaña en Age of Wonders: Planetfall. En ella se ve al lider de la Vanguardia mirando hacia el horizonte espacial
Otro detalle que me ha gustado mucho del juego son algunas de las fotografías que te deja al iniciar una campaña

En lo jugable, las facciones son parecidas en lo fundamental. Sin embargo, existen diferencias que marcan una personalidad en ellas. Donde más se nota es en el combate. Os aseguro que es muy divertido a la par que reconfortante descubrir cómo abordar todas y entender su forma de jugarlas. Yo al final me he quedado con la Vanguardia por su estilo de lucha y diseño, el cual me encanta.

De todas formas, aunque la campaña esté muy bien, dedicaremos la mayor cantidad de horas del juego en los escenarios y el multijugador en línea, cuyas mecánicas son las mismas en su mayoría.

La jugabilidad del título se divide en dos partes. La primera es la gestión. Aquí el juego emplea todas las mecánicas ya conocidas en el género 4x. De todas formas, hace más hincapié en el control del territorio y el progreso científico de nuestra civilización. El juego facilita la forma en la que anexionaremos sectores en nuestras provincias y la fundación de las mismas en terreno ya explorado. Esto tiene cierta lógica, ya que se supone que estamos en un páramo donde todo ápice de civilización ha desaparecido, por lo que deberemos expandirnos. Tampoco es conveniente ir a lo loco. ¿Por qué tan importante el territorio? Es por una cuestión de recursos. Si expandimos con cabeza, tendremos la capacidad de especializar nuestros sectores en la producción de cierto recurso o unidad militar. Este tipo de optimizaciones son cruciales, ya que nos permiten tanto tener mayor capacidad de negociación diplomática como la posibilidad de adquirir poderosos héroes en el late game, entre otras cosas. A esto se suman las facciones independientes que pueblan el mapa. Algunas serán neutrales y otras directamente querrán echarte abajo cualquier cosa que encuentren a su paso. Esta dinámica pone al jugador en situaciones interesantes. La necesidad de expansión nos obligará a veces a desproteger ciudades o movilizar unidades de forma arriesgada. Si a esto le sumas una Inteligencia Artificial que va a hacer daño, la tensión y la concentración que se consiguen en el jugador son sublimes. Además, los turnos se vuelven dinámicos y siempre con cosas que hacer. Es puro vicio.

Imagen de una partida en el modo de gestión del videojuego, con el terreno a dominar y un enemigo invadiendo el territorio.
Que sepáis que toda esta tierra será mia. Y ese enemigo morirá pronto

La progresión científica también es crucial. Gracias a ella desbloquearemos tanto nuevas tecnologías militares como mejoras civiles y operaciones especiales. Lo último es una capa interesante en la gestión del juego. Nos permitirá tanto hacer juegos sucios con nuestros rivales, desde espiar hasta organizar revueltas con motivos inventados, como salvarnos el pellejo en las batallas tácticas. Las ramas de progreso son grandes y complejas, aunque se orientan más al desarrollo militar. Por inventar, puedes inventar hasta bombas nucleares.

Otro aspecto que me ha llamado la atención es la alta personalización tanto de tus unidades como de tus héroes. A medida que avances científicamente, puedes equipar a éstos con nuevas armas y tecnología, pero lo mejor no queda ahí. Resulta que el juego te deja guardar las plantillas de los soldados que creas para producir más unidades del estilo durante la partida. Sin lugar a dudas, es un detalle que me ha encantado y le da mucha vida a la estrategia militar.

Una captura del arbol científico de la Vanguarida en el videojuego
Yeah! Science!

Sin embargo, también tengo problemas con la parte de gestión. La primera es la inteligencia artificial tanto en las facciones neutrales como en las rivales. Normalmente, nos propondrán objetivos secundarios para progresar en las relaciones diplomáticas. Su ayuda suele ser interesante por la variedad de unidades militares que nos ofrecen. Sin embargo, en lo diplomático son inactivas. Es la primera vez que me he visto en un juego de este género dedicarle poco tiempo a la diplomacia y a la negociación, la cual no tiene tampoco muchas posibilidades más allá de forjar alianzas, abrir fronteras y declarar la guerra. Por otro lado, y aunque hay victorias por economía, diplomacia y ciencia, también tengo la sensación de que el juego prioriza en el desarrollo militar y el dominio mediante la guerra.

Yo en lo personal lo agradezco, porque me gusta pelear en dominio militar. Sin embargo, entiendo que a los más puristas del género les decepcione esta falta de profundidad en lo diplomático y que la dinámica de juego por lo general desemboque en la guerra. Ahora bien, esto es con la inteligencia artificial, en el modo multijugador muchas de estas flaquezas desaparecen.

Como he comentado recientemente, el juego prioriza en el conflicto armado y este, a su vez, es la segunda parte de la jugabilidad del título. Cuando entramos en una batalla con otro ejército, lo resolveremos mediante mediante combate táctico, al puro estilo XCOM. Normalmente la gran ventaja en las batallas reside en el número y la destreza de nuestras tropas. Aun así, confiarse es un error. Perder la mitad de tus tropas tontamente por ubicarlas mal o no conocer ni el terreno ni el enemigo es algo con lo que uno se puede encontrar. También sucede lo contrario, salir airoso de una letal emboscada por manejar sabiamente tus recursos. Todo esto se logra con una inteligencia artificial que juega acorde a la facción que maneja y, además, ataca con muy malas intenciones todos nuestros puntos débiles. Uno de los detalles que me ha encantado es el impacto del terreno. Este obliga a adaptar la estrategia. Aunque la variedad tampoco es abundante, es suficiente para estar siempre alerta y actuar con cabeza. Una grieta de vacío puede causar a los enemigos que se parapeten en sus rocas y una selva venenosa que intoxica a las unidades que pasen por ciertas zonas. La concentración y el conocimiento del terreno son clave para tomar las riendas de una batalla. Salir airoso de un momento difícil es gratificante. Aplastar al enemigo te hace sentir una potencia destructora. Perder o evacuar a todas tus tropas por ser descuidado es motivador para seguir adelante. Sea como sea, las batallas en Age of Wonders: Planetfall siempre traen una recompensa, por las buenas o las malas.

Imagen de un combate táctico en el videojuego. Los soldados del jugador están disparando a la inteligencia artificial
Luchando contra los aliens por territorio

El resultado es un combate divertido que le da variedad a la jugabilidad para no estancarnos en la rutina de gestión. De todas formas, tampoco se salva de ser repetitivo. Si llegamos al final de nuestras partidas seguramente ejecutemos muchos combates en automático por nuestra tremenda superioridad contra las facciones rivales. Es una lástima porque son lo más emocionante del juego, pero el hecho queda ahí.

En los aspectos técnicos el juego destaca notablemente. El apartado más llamativo es el gráfico. Sobre todo me ha impactado el diseño de los entornos y el mapeado general del juego, al igual que el diseño de los personajes y las facciones. Los escenarios por los que realizaremos nuestra conquista son preciosos y gozan de un detalle y unos colores muy acertados. Desde luego que le da un toque personal y un acabado magnífico al título. En lo sonoro me habría gustado algo más. Los efectos de sonido son correctos, aunque es cierto que acabas cansado de las mismas frases locutadas repetidas en bucle. También me habría gustado algo más de presencia de la banda sonora, aunque es cierto que tampoco en estos juegos se debe abusar, ya que distraerían al usuario.

Age of Wonders: Planetfall es un juego de estrategia para aquellos jugadores que, en particular, estén interesados en que el combate vaya algo más lejos de lo que conoce el género 4x. Es una combinación perfecta de géneros. Posee una buena calidad y sistemas, es robusto y, aunque adolece de fallos que pueden tornar la experiencia en algo repetitivo, es uno de esos juegos con los que estarás diciendo: “un turno más y me voy a dormir”. Bajo mi punto de vista, es uno de los mejores juegos de estrategia del año. Es cierto que su público objetivo no es todo el mundo, ya que sus sistemas son complejos, hay mucha información que procesar y exige mucha paciencia por parte del jugador para entender todo lo que está manejando. Es duro y en muchas ocasiones frustrante, pero altamente gratificante si consigues pasar esa barrera. Si eres aficionado a este tipo de juegos, este título no te lo puedes perder. Ahora bien, si es tu primer juego de estrategia, es mejor si buscas algún título más accesible y después saltes a este, o ármate de paciencia para dedicarle horas a aprender. Y con vuestro perdón, me vuelvo a la galaxia un rato, que ésta no se va a conquistar sola.

Age of Wonders: Planetfall

Puntuación Final - 8.5

8.5

Recomendado

Age of Wonders: Planetfall es un título de estrategia que mezcla la gestión de los clásicos juegos 4x con la acción táctica de XCOM. Su ambientación, sus facciones, las posibilidades de su jugabilidad y la agilidad que tiene para desarrollar una partida le sitúa en uno de los mejores juegos de estrategia de este año.

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Antonio Ríos

Ingeniero Multimedia en proceso. Amante del cine palomitero de nacimiento y fotógrafo a medias. También me interesa todo lo relacionado con la música y bandas sonoras. Con que un videojuego tenga una historia interesante y sea divertido de jugar, a mi ya me tiene ganado.

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