AnálisisPS4

The Blackout Club – Análisis PS4

Splinter Things

Hay una parte del videojuego que quiere modernizar, trasladar a sus mundos virtuales, las diversiones de siempre. Pasatiempos clásicos como el ajedrez, las sopas de letras, los sudokus o el pinball han saltado a sus circuitos desde que irrumpieron en el ocio; títulos como Chessmaster para SNES, Monopoly Plus o los recientes World Search/Wordsweeper reproducen en formato digital las mismas virtudes que les mantienen ajenos al paso del tiempo.

Lo mismo sucede con juegos más físicos que intelectuales, como los bolos –menudas risas con los torneos de Tekken– o el escondite, especialmente disfrutable en el terreno electrónico. La tensión de no ser descubiertos, dar con un recoveco mientras acaba la cuenta atrás o esperar a que pase el peligro son unas rutinas infalibles para entretener a niños y no tan niños.

Y esas serían las bazas de numerosas producciones archiconocidas como Metal Gear Solid, Tenchu o Splinter Cell y otras más recientes, como Alien Isolation, Hide & Seek, Aragami y Forbidden Siren: el gato y el ratón versión siglo XXI.

El sigilo, pasar de puntillas y dar esquinazo a nuestro perseguidor también son los ejes de The Blackout Club, un título de corte independiente en el que deberemos averiguar por qué la gente despierta en la calle sin recordar nada de lo sucedido durante la noche. Un grupo de chavales, al estilo Goonies, está decidido a descubrir qué sucede: su Club de la Amnesia cuenta con nosotros.

The Blackout Club se esfuerza en innovar en una industria, y un género, faltos de ideas refrescantes. Sobre el papel, sus buenas intenciones son atractivas; pero, en la práctica, se ejecutan con demasiado margen de mejora.

El título convence con un arranque prometedor. Estamos solos en casa… hasta que una extraña figura, la que viene mandándonos mensajes telepáticos hace tiempo, se presenta en el exterior. Lentamente irá acercándose, precipitando nuestra huida y la búsqueda de respuestas a lo que está sucediendo.

La vista subjetiva, pese al tamaño de indicadores del HUD, nos ayuda a meternos de pleno en la acción. Tocará andar en cuclillas, trepar por salientes, evitar superficies ruidosas, crear distracciones para cruzar corriendo una estancia y, a fin de cuentas, hacer todo lo que se espera de este tipo de propuestas.

Si bien es muy conservador en el fondo, en las formas hay algo más de originalidad. Por ejemplo, pulsando un botón (triángulo en PS4) accederemos a la versión onírica del escenario: un plano alternativo a la realidad, donde localizar mensajes ocultos, pistas, huellas (que ejercen de brújula) y vislumbrar la ubicación de la misteriosa presencia que se empeña en darnos caza.

La idea, más que influida por fenómenos recientes como Stranger Things, contribuye a sostener una atmósfera misteriosa muy solvente, en la que se confronta el mundo infantil y el de los adultos.

En coherencia con esta intención encontraríamos su peculiar apartado artístico, donde se combina una apariencia próxima al estilo cartoon con estampas y representaciones fotorrealistas (como los rostros de los cuadros o los contactos del móvil).

Otro tanto a favor del título –el más decisivo, de hecho– es el planteamiento del cooperativo; si nos capturan, nuestro compañero será el encargado de rescatarnos del sueño “inducido” por la misteriosa figura, para así proseguir con la misión.

En caso de fallar en el camino hasta nuestra posición, tocaría empezar de nuevo, tal y como ocurre en el single player, con lo que ello implica para el ritmo del juego: fundamentalmente es el motivo de que la experiencia en solitario se resienta tanto y de que The Blackout Club sea bastante más recomendable con ayuda online.

Este punto, unido a una dinámica de progresión en base a niveles (las fases se desbloquean si acumulamos la experiencia indicada), termina por imponer una sensación de hastío demasiado pronto. Es decir, necesitamos experiencia para alcanzar nuevas misiones, y éstas, además de abusar del concepto de corre-ve-y-dile (ir hasta A por un objeto y entregarlo en B), explotan el “ensayo-error” cuando se ausenta un segundo jugador online, sin el cual habrá que repetirlo todo desde el principio…

La falta de variedad y la rigidez de su propio concepto (no hay que olvidar que hablamos de niños y no hay un plan B en forma de enfrentamiento con armas, por ejemplo) desgasta la fórmula antes de lo deseable. Tampoco hay un guión particularmente interesante más allá del prólogo de cincuenta minutos aproximadamente, diluyéndose en un giro que, a título personal, no termina de convencer; al menos, está subtitulado al español.

Algunos de sus aportes también se quedan en simples curiosidades, como el “Enhanced Horror” que defienden sus desarrolladores (grabaciones opcionales con nuestra voz mediante micro, que afectarían a las pesadillas incluidas en las tareas), mientras que otros sí funcionan mejor, como el canjeo de experiencia por habilidades –algunas muy llamativas– y objetos cosméticos francamente simpáticos.

La promesa de expandir y retocar periódicamente el juego es, hoy por hoy, eso mismo: una promesa. Debiendo valorar lo que aporta en este preciso momento, es un título con más intenciones que resultados. Para los interesados en jugar en compañía que gusten del sigilo y la filtración, es una opción bastante digna; los que prefieran un single player y una absorbente narrativa, encontrarán más satisfactorias otras alternativas del mercado.

The Blackout Club intenta renovar los juegos de sigilo con una vertiente online interesante, pero no evita problemas conceptuales como la monotonía de sus misiones o un guión que se diluye pasado el tutorial. Por su potencial, vale la pena observar cómo evolucionará con las actualizaciones anunciadas.

The Blackout Club

Puntuación Final - 6.5

6.5

Interesante

Una propuesta centrada en el sigilo más eficaz en cooperativo, donde el suspense funciona como hilo conductor de una dinámica que se desgasta por lo repetitivo de sus situaciones

User Rating: Be the first one !
Etiquetas

Sergio Diaz

Me dedico profesionalmente a la Neuropsicología desde hace 10 años y desde hace dos, colaboro con diversas investigaciones en la Universidad de Málaga. Mi tiempo libre lo reparto entre mi familia, mi gente y mis aficiones, que son el cine (de terror sobre todo), la música (rock) y los videojuegos, con los que disfruto desde el Commodore 64.

Actualidad

Botón volver arriba
Cerrar
X