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Quien encuentra un sherpa, encuentra un tesoro

La guía de juegos más antigua e interactiva: la persona

No existe experiencia que una persona viva dos veces igual. Tampoco dos personas que experimenten lo mismo, incluso ante la misma situación. Es lo que hace que las opiniones y los gustos, las interpretaciones y conclusiones de cada individuo se compartan y den varios puntos de vista. Nunca ha habido tanta pluralidad individual como la que hay ahora. También pasa con los videojuegos.

La experiencia con un título puede mutar según el estado de ánimo, creencias, educación, personalidad… Pero el factor alterable que trataremos será la compañía. Concretamente, un tipo de relación poco común, aunque la más bonita, que llamamos maestro-aprendiz.

Quienes tengan hermano o hermana de distinta edad quizás recuerden cuando el más pequeño pidió al mayor que le completase una fase. Hoy en día sonará nostálgico, pues las guías de Internet solventan a todos por igual las dudas de los descarriados (o los que se quieren pasar la pantalla cuanto antes), pero se trata de un buen ejemplo esta relación maestro-aprendiz, o de sherpa-turista.

Aunque realmente no está ligado a la edad sino a la cantidad de experiencia, el jugador experimentado es el encargado de prestar su apoyo al jugador novicio. Esto resume bastante bien el rol de sherpa, un voluntario que se pone el uniforme de guía y trata de orientar y aconsejar lo mejor posible al turista gamer en su primera partida.

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Seguramente lo hayas escuchado antes, pero el término original se acuña a los habitantes de Nepal, conocidos por su destreza para moverse por las zonas montañosas del Himalaya. Es tal su pericia y conocimiento del entorno que sirven a los alpinistas extranjeros para facilitarles unas de las escaladas más duras del mundo. El Everest y demás picos colindantes hubieran acumulado muchísimas más víctimas de no ser por el silencioso trabajo de los sherpas. De aquí que se use esta palabra coloquialmente para referirnos a los guías o a aquellas personas que ya conocen de antemano el terreno que se va a pisar, sin necesidad de que haya vidas en juego.

Y hablando de otro tipo de juegos, todo esto se puede trasladar a nuestro ámbito con más paralelismos de lo que uno podría pensar. Sin los sherpas, es decir, sin los veteranos conocedores de cada secreto, cada escenario, cada patrón de los enemigos, cada efecto de los objetos, probablemente más de uno no tuviese las ganas de completar el juego. Muchos os hacéis una imagen mental de algún título que os encantase, pero tiene un inicio abrumador, aburrido o casi imposible de cumplir. Aquí es donde el turismo del juego terminaría, pero encuentra otra posibilidad con los consejos, instrucción y, en definitiva, guía del maestro.

Por el año 2015, los sherpas tomaron bastante renombre en Destiny como los guardianes de más alto nivel que dedicaban su tiempo a ayudar a aquellos jugadores necesitados para completar los desafíos más duros del juego de Bungie. Aunque quizás escasos, sus buenas acciones y actividades en comunidad allanaron el camino a más de un novato agradecido. Hasta podemos encontrar en Reddit entradas casi diarias respecto a Destiny 2.

Sin embargo, en España tenemos una pareja que, sin comerlo ni beberlo, difundieron por lo ancho de YouTube el fenómeno sherpa. ¿Quién no ha disfrutado u oído de algún amigo o amiga las grandes hazañas de Roc Massaguer “Outconsumer” e Isaac Sánchez “Loulogio” en Dark Souls?

Estos ejemplos son las dos facetas más diferenciadoras entre sherpa y turista: la presencia, sea a distancia o en la misma sala. El asunto también cambia cuando el sherpa es un completo desconocido antes que un amigo con el que tienes confianza. El papel del maestro también cambia mucho en función del videojuego, pues deberá adaptarse no tanto al título, pues ya lo conoce, sino a las acciones que tome su querido e inexperto alumno.

Todos los sherpas tienen en común que, en su momento, estuvieron en la piel del turista. El lazo maestro-aprendiz surge manejando los tiempos verbales, pues uno ya se enfrentó y el otro se está enfrentando ahora al mismo juego. Del veterano dependerá cómo amoldar lo que consideraría la mejor experiencia jugabilística que quiera conceder al pupilo.

Usando los dos primeros ejemplos, muy probablemente el guardián interestelar de Destiny prefiera ser más serio y centrarse en la instrucción, mientras que Loulogio, bueno, digamos que era más de la escuela del dolor con Outconsumer y le dejaba primero experimentar y ya más tarde aconsejar.

Con lo anterior, y alguna experiencia personal, me veo capaz de montar una especie de tipología sherpa en videojuegos. La clasificación iría tal que así:

  • Compañero: La persona de confianza (por lo general de cuerpo presente) y el más común para los juegos de un solo jugador y con historia compleja. Trata de guiar pasivamente, sin afirmar nada en rotundidad, haciendo las preguntas idóneas para que el turista se percate de las cosas y sabe en qué momentos es mejor callar para que sea el juego el que hable. Los dos se conocen de antes, lo que suele acarrear que el aprendiz se deje llevar un poco más para tratar de impresionar a su compañero y a tomarse las cosas con más humor. Tanto es así, que el sherpa puede disfrutar más del desconocimiento y nota cómo el novato está en la palma de su mano. Placer culpable.

  • Segundo jugador: Entre pasotas, solitarios, gente que va en corrillo y algún cretino, estos sherpas son unos ángeles caídos del cielo en los multijugador online. No solo ayudan desinteresadamente con palabras, sino que participan activamente como uno más dentro del videojuego. Suelen ser amigables y dicen sin rodeos las cosas más útiles para aprender a manejar cuanto antes lo esencial. Están tan por encima de lo que pueda pasar que es difícil que se sorprendan por una (o más) meteduras de patas. Simplemente majísimos.

Jugada destacada de Brigitte en Overwatch

  • Consejero: Este es más difícil de tratar. Aquí el sherpa solo acogerá a aquella persona que le vaya pidiendo ayuda puntualmente. Vamos, no viajan con el turista, sino que es este mismo quien le plantea sus dudas y tesituras para que el consejero le conteste directamente, buscando casi siempre el mayor pragmatismo posible con la respuesta. Como están separados y el sherpa no tiene ninguna pantalla delante, recae en el aprendiz el mayor ejercicio de comunicación, describiendo con pelos y señales su situación actual. Es común que en estos casos se pregunte sobre mecánicas, localizaciones o secretos, no influyendo, sino dictando cuáles son los pasos que debería hacer el novato.

Mei y su acompañante Snowball leyendo una gráfica lumionsa.

Como maestro, el pupilo confiará en ti para que le des la experiencia de juego que espera. Las expectativas suenan altas, pero la recompensa se dobla cuando descubres que tú mismo también experimentarás el mismo título bajo otro influjo, distinto al tuyo. Igual no paraste a reflexionar en un punto, no usaste cierto objeto útil en un combate o pasaste por alto una conversación importante. El maestro se convierte en aprendiz.

Como novato, piensa seriamente si te las quieres ver tal cual con el juego. Un sherpa no asegura que el camino sea de rosas, pero sí deja su punto de vista o evita que quedes atascado. Además, siempre es bonito experimentar y reaccionar a la obra acompañado de alguien, como pasa cuando vemos una película con alguien más. Siempre tendrás alguien con quien compartir tus pensamientos y opiniones, y lo mejor, al que puedes hablar con seguridad porque no le soltarás ningún spoiler.

Seas uno u otro, delante de ti hay una montaña. Muchos la suben con torpeza, otros van bien equipados porque ya la escalaron en su día. También se pueden ver ciertos grupos que son guiados por rutas conocidas. Los tres ejemplos de alpinistas pasarán por más o menos estragos, pero, al final, todos se dan a conocer en la cima, coronando el final del videojuego. Distintas escaladas de una misma montaña que acumula vete tú a saber cuántos recuerdos de personas.

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Daniel "Fullbull" Rubio

No me pidas mucho para los textos, que solo hice el bachiller de ciencias. En esta vida me gustan tres cosas: Cerebro, videojuegos y carlinos. "La esperanza es lo último que se pierde".

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