AnálisisPC

198X – Análisis PC

Antes de empezar, tengo que decir que este va a ser un análisis poco convencional por mi parte. Poco convencional porque esta es la primera vez que analizo una Novela Visual, y a esto debemos sumarle que 198X no sigue el patrón de otras muchas novelas visuales basadas en el click-play o la toma de una serie de elecciones que consiguen un final u otro, como ya nos tenía acostumbrados TellTale. No, 198X tiene una historia fija que se va mostrando a medida que vamos avanzando a lo largo de los cinco minijuegos que la componen, pero es necesario detenerse a analizar el porqué y el cómo cada uno de ellos aporta sentido y profundidad a la trama de la obra.

He de admitir que escogí este juego para analizar porque (al igual que muchos) me quedé prendado con el tráiler que Hi-Bit Studios, el equipo detrás de esta gran obra, hizo hará cosa de un año en su búsqueda de mecenas para su campaña de Kickstarter. Ese tráiler mostraba lo que en los siguientes párrafos defiendo, y es que desde un principio se nota el cariño y la pasión que el equipo de desarrollo ha hecho por rememorar una época que para mí es una de las más bonitas de la historia de nuestro medio (sus orígenes, podría decirse) acompañándola con una historia de lo más emotiva y reflexiva. Pero ya basta de adelantaros cosas, que luego muchos no pasaréis del tráiler. Vamos con este análisis.

Siempre he visto los años 80 como una época pertenecientes más a mis primos y amigos mayores que a mí mismo (no en balde este que está aquí es de principios de los 90); una época compuesta por un catálogo de cosas chulísimas (videojuegos, películas, series, etc) que yo o no entendía o que me resultaban difíciles de manejar. Esto último nos lleva precisamente al motivo que nos reune a todos aquí hoy, los videojuegos, y es que gracias a 198X he podido asomar un poco más la cabeza por la madriguera del conejo y, a pesar de haber tenido que ensuciarme mi suave pelo blanco he emergido iluminado. Los juegos de los 80 no eran nada fáciles, más bien al contrario: requieren mucha práctica, coordinación y memoria el poder dominar esta clase de juego, y esto tiene su lógica cuando se tiene en cuenta el contexto en el que surgieron. Se trataban de arcades en toda regla, es decir, títulos que estaban pensados para que los jugases previo pago de los créditos que quisieras tener. Al principio te atraían con su canto de sirenas, sus luces de neón y sus temáticas rebeldes para luego ofrecerte un juego con dos objetivos principales: hacerte sentir un jugador habilidoso que te hiciera pensar que podrías superar el juego facilmente; y (cuando te estrellabas por un súbito aumento de la dificultad o un elemento nuevo y disruptor) hacerte querer volver a echar una moneda cuando te quedabas sin créditos porque “te habías quedado tan cerca de pasartelo” . El verdadero juego tras la pantalla era un tira y afloja que consiguiera hacer creer al jugador que, con solo un intento más, este lograría superar el desafío. De esta manera, ¿qué era lo que hacía el jugador? Pues memorizar patrones y tácticas, mecanizar movimientos y, en definitiva, habituarse al desafío del juego en cuestión. A priori podríamos pensar que este es un sistema simple y desfasado, ¿verdad? Bueno, pues tengo que admitir que yo mismo me he encontrado repitiendo estos mismos pasos cuando jugaba a 198X para ciertos momentos. Esto no se consigue así como así, sino gracias al esfuerzo y a la dedicación que el equipo de Hi-Bit Studios ha hecho para recrear este sistema.

Sin duda uno de los objetivos de 198X es impresionar visualmente al jugador con un apartado gráfico sensacional
Plagado de referencias para haceernos esbozar una sonrisa o arquear una ceja, todo el apartado gráfico de 198X denota un cariño y un cuidado extraordinario

Como decía en la intro el juego es en esencia una Novela Visual compuesta a su vez por cinco minijuegos arcades que toman de referencia algunos de los títulos más clásicos de las recreativas de los 80 (como Final Fight, R-Type o los primeros Ninja Gaiden, o el mítico OutRun) y los trae de vuelta con un excelente lavado de cara que muestra perfectamente el diseño de videojuegos de esa época. Cada uno de estos minijuegos está compuesto por dos ó tres niveles que debemos superar para completar el juego y que si bien no resultan difíciles de jugar como podrían ser los de una Arcade en toda regla, sí que consiguen que nos fijemos en el resultado obtenido y nos preguntemos si podríamos haberlo hecho mejor. Porque eso eran realmente las Arcades, el querer superarse respecto a la partida anterior y en dejar una marca lo más alta posible para quien llegase después.

Pero todos estos detalles respecto a lo bien que el juego logra plasmar la época que intenta recrear no son la verdadera base del juego, sino solamente una herramienta para conseguir situar al jugador en una época, un contexto y una mentalidad adecuados para poder disfrutar y entender mejor el mensaje de 198X, que es lo siguiente de lo que os voy a hablar.

198X lleva el acabado visual a un nivel que era imposible para los juegos de los 80, y lo hace de forma sutil y que no choque con el estilo original
198X consigue dar un salto en cuanto al apartado gráfico que podíamos ver en los 80 sin por ello dejar de respetar la esencia que lo hacía tan especial

Pero a pesar de la fidelidad con la que este título consigue emular a los juegos de los 80 y traerlos adaptados a su máxima potencia, esto no convierte a los cinco minijuegos que componen 198X en el centro del juego. Los minijuegos son solo el canal empleado para hacernos llegar la historia que verdaderamente protagoniza esta Novela Visual, y la forma utilizada para hacerlo me ha parecido realmente brillante.

Entre minijuego y minijuego se nos irá contando la historia de Kid, un joven que vive a las afueras de la ciudad de Suburbia y al que, frente a la apatía que le genera el mundo cotidiano, encuentra en las diferentes recreativas una forma de enfrentarse a su día a día y de desfogarse de los problemas que afronta. Y es que desde un principio del juego se nos muestra que Kid es un preadolescente confuso por el cambio que está tomando su vida en ese trance que es el paso de la niñez a la madurez, sumado a una serie de problemas en casa que, si bien no se cuentan al detalle, muestran lo suficiente para que empaticemos con él y el por qué encuentra una vía de escape a través de los videojuegos. Todo esto de base ya me parece genial porque pone en pantalla a un protagonista que, al contrario que muchos otros casos, no es una hoja en blanco con la misma personalidad que un globo con una cara dibujada, sino que muestra un perfil con el que mucha gente puede identificarse.

Y es que 198X tiene mucha psicología y mucho trasfondo tras su superficie. Hay un momento del juego en el que Kid describe a los jugadores habituales de las recreativas como frikis, parias y marginados sociales y, sin embargo reconoce que para él esas eran las personas más guays del mundo ¿Y por qué para él son guays? Porque les ve como individuos que han encontrado un lugar en el que sienten que pueden ser ellos mismos, un lugar que les permite vivir aventuras increíbles, viajar a lugares remotos y olvidar sus problemas al otro lado de la pantalla. “Otra vida estaba a un solo crédito de distancia”. El juego adquiere una perspectiva totalmente diferente cuando empiezas a buscar el significado oculto tras cada minijuego para Kid, desde los propios títulos (Beating Heart, que alude al desinterés que siente Kid por el mundo en general, o Runaway que expresa sus deseos de huir de Suburbia aun sin tener un destino previsto…) hasta detalles como los mensajes de “No future” que podemos encontrar de fondo en uno de los minijuegos, o que otro consista en huir de un monstruo que hagamos lo que hagamos al final nos acabará devorando (del mismo modo que les pasa a las personas que sufren ataques de ansiedad) o que en otro el personaje esté situado en el interior de un laberinto en el que a medida que avanza aparecen mensajes culpándole de su propia desdicha. Como digo, me ha parecido un juego con una gran carga simbólica que nos permite entender de manera virtual cómo es vivir con la depresión y sentir que esta te acompaña estés donde estés. Yo (e imagino que todos aquí) he tenido amigos que han padecido depresión y a los que me resultaba imposible ayudarles de otra forma que no fuera estando a su lado para escucharles y ofrecerles una mano amiga dispuesta a ayudarles en lo que les hiciera falta. Esa impotencia te viene del hecho de que si nunca has sufrido una enfermedad no puedes saber del todo por lo que está pasando el enfermo. Por eso agradezco mucho la forma en que 198X logra crear ese vínculo jugador-avatar y ayuda al que nunca ha pasado por algo tan gordo como es una depresión.

A medida que avancemos en el juego iremos viendo distintas facetas de la depresión por la que pasa Kid y comenzaremos a entender el significado tras cada juego que el joven acaba dominando
La depresión por la que vemos pasar a Kid a lo largo del juego no es algo que simplemente nos digan que está ahí, sino que nosotros mismos a través de cada uno de los minijuegos la vemos reflejada en ciertos detalles ocultos a plena vista, consiguiendo así resaltar cómo la depresión puede ser a la vez algo que está ahí y no se ve.

Aun así, tampoco puedo coronar ya a 198X como Game of the Year of the Time of Forever al tratarse de una obra todavía inconclusa ya que, independientemente de lo mucho que me haya gustado lo que he visto, admito que me ha sabido a poco cuando he visto que podía completarse con todos los minijuegos en apenas un par de horas.

La verdad es que no se me ocurre qué decir en este apartado porque a poco que os hayáis detenido a ver el trailer bajo la intro ya sabréis por dónde van a ir los tiros. Así es, 198X es una pasada a nivel audiovisual. Empezando por el apartado gráfico, hay que destacar que no es solo que el equipo haya cogido una estética estilo años 80 y la haya copiado sin más, sino que demuestra una increíble atención al detalle (en las distintas gamas cromáticas, en el uso de los planos, la alternancia entre estilos, etc.). Como he dicho varias veces en el análisis, este título ha cogido cada uno de los elementos de los juegos de los años 80 y los ha llevado a su máximo potencial respetando el estilo original, y esto se aprecia especialmente en las cinemáticas y los minijuegos de scroll lateral. En lugar de hacer como en los 80 y acercar la cámara al personaje, vehículo o elemento principal de la escena la cámara aquí está alejada, pero consiguiendo el mismo nivel de detallismo tanto en el plano principal como en el fondo, y creedme cuando digo que en este juego no hay nada que no merezca captar vuestra atención, porque el acabado es fantástico. Esto no es ni bueno ni malo, sino simplemente una forma correcta de aplicar el avance tecnológico que hemos tenido en los últimos treinta años.
Y en cuanto a la banda sonora, pienso que Yuzo Koshiro y la Orquesta Sinfónica de Estocolmo han sabido hacer un trabajo excelente con este título, ya no solo por las melodías de cada minijuego sino por cómo consiguen que en las partes más narrativas la música refuerce tanto las emociones de Kid.

La estética de 198X es sencillamente una oda a los nostálgicos de los 80

Si hay algo que he aprendido a lo largo de todos estos años jugando es que lo que verdaderamente nos hace recordar un juego u otro son sus protagonistas y las dificultades que enfrentan, porque ellos somos nosotros y nosotros somos ellos, así que de alguna manera las dificultades que ellos afrontan también las afrontamos nosotros, y las resoluciones a las que llegan también llegamos nosotros. Esa conexión avatar-jugador a la que ya me he referido antes es lo que marca verdaderamente si una historia es buena cuando, al terminar, sentimos que el viaje lo hemos hecho nosotros. En este aspecto, 198X no solo cuenta con una historia realmente interesante y humana, sino que nos ayuda a entendernos a nosotros mismos en esos momentos en los que nos sentimos superados por el resto del mundo y necesitamos una vía de escape, una trampilla, algo que nos haga evadirnos por un momento de nuestros problemas y nos permita desaparecer. Esta visión también tiene su contrapunto, que sería el de una persona que utiliza esto como un recurso para simplemente ocultar la cabeza y no encarar nunca sus problemas, pero eso es una discusión más digna de un artículo que de un análisis.

Como conclusión tengo que decir que, a pesar de su corta duración, 198X es un título que despunta en todos sus apartados (narrativo, audiovisual, mecánicas, etc.) siendo su principal defecto el final de la trama, que no me convence ni como cierre de esta primera parte ni como pie de la siguiente, pero me gusta pensar que cuando salga la segunda parte tendremos una visión de conjunto que cerrará con el mismo nivel con el que abre esta primera parte.

Es curioso como lo que 198X nos enseña que comenzó en los sotanos de fábricas abandonadas hoy en día ha llegado a conquistar una buena parte del mercado mundial

198X

Puntuación Final - 8

8

Recomendado

Una experiencia muy bonita y breve pero muy potente que nos deleita con un apartado audiovisual sublime y una profunda reflexión.

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Jorge Serrano Cañero

Yo he visto cosas que tu ni creerías... He vencido a hordas de zombies en el Viva Piñata. He ganado la Copa Champiñón a lomos un chocobo. He completado la trilogía de The Witcher a base de Flipendos. Y he recorrido Shadow Moses con un traje de luces por una apuesta... Todo para que al final mi princesa estuviera en otro castillo ¯_(ツ)_/¯

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