AnálisisPS4

Injection Pi 23 – Análisis PS4

Terror al estilo malagueño

El tiempo ha ido arrastrando el género del survival horror a un lugar que personalmente no me gusta. Rememorando los clásicos, uno no puede evitar fijarse en cómo han decaído los juegos etiquetados por el terror. Se ha perdido mucha identidad, debido a que se han ido adaptando a la época, y han sido relegados a la escena indie, donde suelen surgir auténticas joyas que nos transportan de nuevo a aquella época donde no se temía experimentar para provocar pesadillas en el jugador y donde la palabra horror del género era totalmente justificado. Hoy analizo Injection Pi 23 “No Name, No Number”, un juego creado por el estudio malagueño Abramelin Games, ganador del PlayStation Talents. Un título que ha logrado transportarme a esa época del primer Resident Evil, Silent Hill o Rule of Rose…pero no en el mejor de los sentidos.

Lo primero que quiero quitarme de encima es lo que posiblemente sea el punto más débil del título, su apartado artístico. No suelo ser quisquilloso con los gráficos de un videojuego, puesto que para mí lo más importante es que tenga una historia que me enganche y un gameplay a la altura, pero en este caso es difícil obviar no sólo unos gráficos que están desfasados desde hace años, sino una pobre elección en el apartado artístico. Cuando decía que quería revivir la época de esos antiguos juegos me refería a la capacidad de experimentar para encontrar formas de asustar al jugador, no de traerme esos mismos gráficos a una consola de esta generación.

Podría llegar a perdonar eso debido a lo bien representado que se encuentra el pueblo malagueño. Si sois andaluces incluso podréis identificar algunas cosas en común con otro pueblecito andaluz que conozcáis, pero se desluce demasiado por una interfaz que parece de chiste. Dos cables retorcidos que representan tu salud y estamina y que conforme alguno de estos dos parámetros baja, se reducen como si en Photoshop alguien estuviera reescalándolos. Un menú que desagrada a la vista y que no tiene un acceso cómodo y rápido. Y la cosa no queda ahí, porque el modelado de personajes tiene un par de fallos resaltables, como la extraña proporción de la cabeza del protagonista con respecto al cuerpo, o unos monstruos que más que terror sencillamente resultan grotescos y quedan como una amenaza a superar.

El protagonista se encuentra de frente en medio de un instituto para mostrar el apartado gráfico
Un apartado gráfico pobre que desluce el resultado final

Estos puntos son, sin duda, lo peor del juego, además de un abuso de efectos en las cinemáticas a los cuales no les veo sentido y deslucen muchísimo el resultado final del título. Y estoy siendo así de duro porque ya hay juegos indies que gráficamente llegan a ciertos niveles o que poseen un gusto artístico destacable o sencillamente correcto, y en este caso, aun entendiendo las limitaciones que han podido tener los desarrolladores, no puedo callarme algo así.

Sonoramente el juego está mejor, y aquí sí puedo hablar de un punto positivo que me ha trasladado de vuelta a una de mis sagas favoritas de terror, Silent Hill. La banda sonora, estridente e incómoda, que nos perseguirá y hará que la tensión crezca, los sonidos que el mando hace para indicar la presencia de enemigos cercanos (como cierta radio); todo se une en un cóctel de lo más correcto a la hora de ambientar el mundo de Injection 23.

Pero bueno, aunque el apartado artístico no esté muy allá, mecánicamente está aceptable, aunque es posiblemente uno de los títulos más crípticos y frustrantes a nivel jugable que he probado en mucho tiempo.

En otro viaje en el tiempo, controlaremos a nuestro personaje como si del primer Resident Evil se tratara, dando lugar a un movimiento algo más fluido que en aquel título, pero ligeramente ortopédico y extraño. Antes de comenzar a jugar podremos elegir qué tipo de cámara queremos usar, y Dios bendiga esta opción y la posibilidad de cambiar el modo de cámara durante el propio juego con ayuda de la cruceta. Me alegró mucho no encontrarme con otro título de terror en primera persona que no sólo recuperaba el modo de cámara fija, sino que tiene un estilo para cada jugador. Puedes ir con cámara libre, puedes tener esa cámara fija que he dicho, o la primera persona que he comentado (la cual resulta útil en ciertas ocasiones que menciono más adelante). Esta posibilidad de elección me pareció muy positiva, aunque a veces al cambiar de cámara los controles me respondían raro y no podía manejar el personaje correctamente.

El protagonista se enfrenta, pistola en mano, a un monstruo
Podremos defendernos de algunos monstruos, pero nuestra mejor arma será el sigilo

Pero ¿y los puzles? Pues aquí me tendré que poner subjetivo y declarar que me han parecido bastante terribles en su mayoría, por absurdamente complejos o por no aportar nada en absoluto a la trama más allá de rellenar horas. Esto sonará a las quejas de un jugador torpe, pero son puzles muy sencillos con una resolución que tienes que encontrar muy por las malas a veces. Encontrando un objeto, que al contrario que en otros juegos del género no se destaca de manera alguna, una página o una nota que pueda contener la más ligera pista sobre como resolver el dichoso puzle. Llegando al punto de tener que buscar información sobre dioses egipcios para abrir habitaciones y armarme con lápiz y papel para apuntar cosas. No es malo todo esto por sí mismo, de hecho algunos puzles me han gustado debido a su uso de las diferentes cámaras o del mando para resolverlos, pero muchas veces han sido torpes y en más de una ocasión me he visto obligado a forzar la respuesta por medio de ensayo y error.

En cuanto a su parte de survival, es aceptable. Como siempre, contamos con recursos limitados: espacio limitado en el inventario y limitadas veces para guardar (ya que necesitamos objetos concretos para realizar un ritual y guardar). En general, todo muy limitado para que te las apañes sin morir en un pueblo de Málaga (como si fueses de vacaciones a Marbella en temporada alta, pero con monstruos horribles en vez de turistas). Podremos correr, aunque bastante poco porque la barra de resistencia baja a una velocidad pasmosa mientras que se recupera desesperantemente lento. También tenemos la opción de agacharnos para poder ser sigilosos (la opción más recomendada para afrontar todas las situaciones) y evitar así a los monstruos.

Un paseo por una de las calles para mostrar la interfaz y un objeto en el suelo apenas visible.
Nuestras barras de salud y estamina se representan mediante dos cables retorcidos

Y ahora, punto positivo para el juego: aprovechan las funciones del DualShock 4 de una manera original y que no se hace pesada. Podemos variar entre tres modos que se verán reflejados en la luz del mando, uno que refleja nuestra salud (verde cuando estás bien y que se va enrojeciendo conforme te baja), otro para detectar objetos  y otro para detectar enemigos, una luz roja acompañada de unos sonidos que surgen del mando como si de la radio de Silent Hill se tratara. Además de esto, se hará uso del giroscopio, no sólo para observar los objetos del inventario, sino para resolver algunos puzles, dando un toque de aire fresco al gameplay.

Y sí, también podemos defendernos de los enemigos mediante armas, pero teniendo en cuenta que tenemos recursos limitados y que algunos enemigos son inmortales, quizás sea mejor optar por el sigilo y evitar encontronazos innecesarios. Y ya que estamos con los enemigos, la IA brilla por su ausencia, dando lugar a algunos de los monstruos menos intimidantes que he conocido. Es cierto, los modelos son de pesadilla, pero resultan hasta cómicos de lo grotescos que son y el hecho de que puedas darles esquinazo con bastante facilidad no ayuda demasiado a temerlos. Más allá del hecho de que te pueden matar, no deberías sentir miedo al encontrártelos.

En general, todo se suma en algo que parecía una gran idea, pero que los desarrolladores se han quedado cortos al intentar abarcar demasiado.

Lo diré sin rodeos y citando a Homer Simpson: “Sensacional, no tengo ni idea de lo que está pasando”. Sí, la historia de Injection 23 es, cuanto menos, complicada de entender. Y es que, en palabras de los propios desarrolladores, querían que la trama estuviera sujeta a interpretaciones personales y teorías. Es por ello que se nos narra de manera difusa y compleja, a veces llegando a niveles metafísicos que no hacen más que complicar aún más la tarea de entender que está pasando. Como premisa tenemos a un joven de carácter antisocial, desconectado de la realidad y cuya única compañía es su perro Joy, el cual escapará y tendremos que buscar por la desolada localidad. No diré nada más, sólo que ha sido un viaje interesante en cuanto a lo que me han contado y me apena un poco que una historia así haya quedado tan relegada a un segundo plano por otros motivos del juego.

Una muestra de la cámara fija, donde se nos da un plano general de una parte de la ciudad.
La historia será narrada de manera difusa y a veces intuiremos cosas por el escenario

Para concluir este análisis diré que la labor de Abramelin Games es encomiable y han decidido arriesgar en varios puntos. Si bien el juego denota cierta inexperiencia, se ven buenas ideas y capacidad de crear un buen producto a pesar de que esta primera parte ha sido algo decepcionante en su global, tiene un par de detalles de calidad que me han gustado muchísimo y me ha dejado con ganas de ver que harán en un futuro. Por desgracia,a este primer juego tendré que calificarlo de una manera dura, como el típico profesor al que todos odiamos y que nos ajusta al máximo la nota para que nos esforcemos más la próxima vez. Un juego que podría haber sido el siguiente gran bombazo del survival horror y se queda en un intento con detalles destacables pero con un aspecto general bastante pobre y que no atraerá a todo el mundo a pesar de su precio de 9.99 € en la PlayStore.

Injection Pi 23

Puntuación Final - 6

6

Interesante

Un intento por crear un gran bombazo en el género del survival horror que se queda en eso, un intento, debido a un apartado gráfico funesto y un gameplay obtuso y complejo.

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Daniel Jiménez

Me gusta dar la opinión que nadie me ha pedido sobre videojuegos.

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