AnálisisPS4

Days Gone – Análisis PS4

¿Qué pesa más para ti? ¿Su falta de innovación o la diversión que ofrece?

Las expectativas que creamos a la hora de recibir un título, aunque no debería ser así, acaban influyendo en nuestra valoración final del mismo. El hype es una variable caprichosa que puede alterar por completo la forma en la que disfrutamos ciertos títulos. A pesar de que no mucha gente esperaba con ansias Days Gone, en las últimas semanas, gracias a la maquinaria de márketing de Sony y a los eventos de presentación del título, se había creado cierta expectación. Sin embargo, una vez empezaron a salir las primeras críticas del título parecía haber una sensación de decepción y descontento general: Days Gone se revelaba como un mundo abierto muy tradicional, totalmente falto de ambición o innovación, siendo comparado de forma sistemática con el resto de exclusivos de Sony.

Es inevitable comparar a Days Gone con el resto de exclusivos de la compañía nipona, máxime cuando hay otros exponentes del mismo género y características. Days Gone se siente un peldaño por detrás de Horizon Zero Dawn y Marvel’s Spider-Man: no tiene el innovador combate del primero ni el carisma arrollador del segundo. Sin embargo, eso no significa que Days Gone no haga muchas cosas bien. De hecho, es un buen título capaz de ofrecer muchas horas de diversión a los amantes de este tipo de propuestas, siempre y cuando lo afrontemos muy distanciados del hype y las expectativas que se han creado desde Sony. El principal problema de Days Gone es que cuenta con todos los ingredientes necesarios para triunfar, pero se han dedicado demasiados esfuerzos en potenciar y promocionar sus aspectos más mediocres, mientras que sus elementos diferenciadores no se han exprimido todo lo que debieran.

Days Gone supondrá una experiencia gratificante si quieres un mundo abierto tradicional en un contexto similar al de The Last of Us. Si estás buscando una revolución en el género, mecánicas rompedoras o una historia para el recuerdo, Days Gone no es tu juego. Si solo buscas diversión y misiones a realizar en un contexto de apocalipsis zombi, hay mucho que disfrutar aquí.

En Days Gone manejaremos a Deacon St. John, un motero que, junto a su amigo Boozer, sobreviven como pueden tras un apocalipsis de infectados (en la práctica son zombis, pero desde Sony Bend insisten mucho en que no son zombis, sino infectados). Os podéis imaginar la sociedad que veremos reflejada en el juego: campamentos casi esclavistas se revelan como los únicos puntos seguros, una secta llamada RIP asola la región con sus terroríficos rituales y oleadas de Freakers (los zombis del juego) campan a sus anchas por los bosques de Oregón. El decadente mundo de Days Gone y la pérdida de la mujer de Deacon al principio del apocalipsis serán los dos temas centrales sobre los que girará toda la trama del juego.

Aquí encontramos el primero de los puntos discutibles del juego: la trama en sí no está mal, consigue mantener el interés del jugador a lo largo de la aventura, tanto con sus misiones principales como con sus secundarias. El problema está en la promoción que se ha hecho de la misma, prometiendo una estructura narrativa innovadora a la hora de afrontar las diferentes líneas argumentales del título. El resultado es un sistema que organiza las misiones en bloques temáticos, y cuya resolución avanza la compleción de otros bloques temáticos a su vez. Esta organización, lejos de resultar orgánica, es francamente liosa. Es una herramienta que plantea más problemas a nivel de narración y coherencia que soluciones.

Las misiones y encargos de Days Gone también transcurren de una forma vista multitud de veces en el género: hay misiones de eliminar a todos los zombis/humanos de una localización, misiones de recoger un objeto concreto (eliminando también a todo aquel que ronde por la zona) y secciones de sigilo bastante básicas usando arbustos mágicos y piedras para distraer. Nada nuevo en el horizonte. No tiene torres a lo Far Cry, pero sí que hay una gran cantidad de campamentos de enemigos por limpiar, misiones de cazarrecompensas, bases en las que mejorar los atributos de Deacon (la progresión del juego funciona realmente bien), encargos para los campamentos… que desbloquean puntos de viaje rápido y nuevas herramientas que craftear. Si bien siempre son satisfactorias, la poca variedad que ofrecen sus encargos pueden hacer que muchos lo consideren repetitivo.

Secundarias de Days Gone
Habrá eventos que encontremos por los escenarios que podremos decidir si explorar o no. Por desgracia estos sucesos, junto a otros encuentros aleatorios, no son frecuentes en Days Gone.

La trama de Days Gone no es un error en sí misma, pero tampoco sería uno de los puntos por los que me acercaría al juego. Sin embargo, el universo que plantea sí que cuenta con elementos diferenciadores de otros mundos abiertos. Para empezar, el escenario en el que transcurre el juego, lleno de montañas, lagos y bosques, suponen un bioma que no se ha explorado tanto en otros mundos abiertos debido a las complicaciones que suponen en el desplazamiento. Sería imposible imaginar un GTA que transcurriera en este terreno; incluso en Red Dead Redemption 2 hubiera supuesto un problema contar con una gran extensión de tierras con estas características. ¿Cómo han resuelto este problema desde Sony Bend? Convirtiendo a Deacon en un motero, y a nuestra moto en el único medio de desplazamiento que podremos utilizar.

Esta valiente decisión de diseño supone uno de los principales aciertos el título, ofreciendo una conducción muy divertida. El manejo de la moto al principio se antoja bastante atípico, pero una vez aprendes a conducirla se vuelve un placer circular a toda velocidad entre los árboles. Sin embargo, creo que Sony Bend podría haber potenciado más este elemento tan propio de Days Gone.

No hay muchos juegos en el mercado que restrinjan la movilidad por su mundo abierto de esta forma; la moto debería haber sido otra protagonista más. Se podrían haber añadido más elementos de personalización, más tipos de motos, que se hubiera hablado de la relación de un motero con su moto… Days Gone reduce el protagonismo de la moto a ser nuestro único vehículo, el cual deberemos mantener arreglado y con suficiente gasolina.

Enemigos de Days Gone
Si bien los enfrentamientos de Days Gone son divertidos, la IA de los enemigos humanos es bastante deficiente, incluso una vez resueltos muchos de los bugs con los parches post lanzamiento. Está mejor resuelto el comportamiento de los Freakers.

El mantenimiento de la moto no está mal resuelto, añadiendo un elemento más del que estar pendiente, pero sin llegar a la complejidad de un título survival: piezas para arreglar la moto encontramos en casi todos los coches que vemos por el camino y Oregón está lleno de gasolineras repletas de combustible y garrafas tiradas en casi cualquier lugar (con suministro infinito, por cierto). Tan solo me he quedado tirado en la carretera una vez, teniendo que desplazarme en pie para encontrar una garrafa con la que poder continuar. Fue un momento bastante tenso y emocionante que, por desgracia, no volvió a repetirse en todo el juego. Por cierto, tanto la representación del entorno de Oregón (cambios climáticos incluidos) como de los personajes de Days Gone cuentan con un muy buen apartado gráfico lastrado por ciertos problemas de rendimiento a nivel de FPS, que están solucionándose de manera progresiva con parches.

En cuanto a la resolución de los enfrentamientos con los infectados, los humanos y los animales, Days Gone también va a lo seguro: mecánicas de shooter en tercera persona totalmente tradicionales, con coberturas y sin tener nunca problemas de munición. Es cierto que para conseguir armas mejores necesitas hacer encargos para los campamentos, pero tampoco son necesarias para avanzar en la mayor parte del juego. La variedad tampoco es muy elevada, pero por el contexto es coherente. En cuanto al combate cuerpo a cuerpo y al crafteo bebe mucho de lo visto en The Last of Us, aunque con menos chispa. Los combates con armas cuerpo a cuerpo son contundentes (además las armas podemos modificarlas y se rompen con el uso) y sencillos, y el crafteo es muy simple, pero eficaz. Al igual que con la moto, incluye los elementos justos para estar pendientes y que sea útil, pero no hace nada por llevar el concepto un poco más allá.

Quizás en el futuro modo supervivencia que llegará de forma gratuita esto cambie, pero en mi experiencia con Days Gone nunca me han faltado recursos, ya que su mundo está lleno de provisiones de todo tipo. En general los enfrentamientos son divertidos, pero carecen de la agilidad de Uncharted y del realismo de The Last of Us, quedándose en un punto intermedio igualmente satisfactorio.

El último elemento que quiero destacar es aquel que nos presentó el juego en aquel E3 del 2016: las hordas. En este punto quiero detenerme, porque creo que simboliza muy bien el mayor problema de Days Gone: se ha convertido en un producto muy diferente de lo que se esperaba debido a decisiones que potencian los aspectos menos reivindicables del título frente a sus aspectos más destacables. Las hordas son uno de los principales afectados en la versión final del juego. Como podéis ver en la presentación de arriba, las hordas parecían uno de los elementos clave del juego. Una fuerza incontrolable frente a la que nada podemos hacer. No hay paredes u obstáculos que pudieran detenerlas debido a su gran número de enemigos y su agresividad. Parte de lo que hacía impresionante esa presentación era la vulnerabilidad que transmitía el que atravesaran puertas y paredes, lo que hacía intuir una mayor interactividad con los escenarios a la hora de planificar nuestras estrategias.

En vez de eso, Days Gone muestra las hordas como un elemento opcional a cumplir (salvo honrosas excepciones), una misión secundaria o un inesperado obstáculo en nuestro camino. No gozan del protagonismo que hacía presagiar su gran potencial. Las hordas, si bien son impresionantes a nivel visual (no hay apenas ralentizaciones cuando aparecen, a diferencia de en otros muchos momentos del juego), no llegan a alcanzar esa magnitud tan impresionante, pudiendo controlarlas sin problemas una vez tenemos armas ligeramente avanzadas, o ingredientes de sobra para craftear molotovs. Los únicos elementos del escenario con los que podremos interactuar para hacerles frente son los clásicos barriles rojos, bidones y todo aquel elemento que si tiene pinta de que puede explotar, explota; los escenarios no tienen tanto protagonismo como en el vídeo de arriba. Al final, si bien suponen algunos de los momentos más emocionantes del juego, todo se reduce a disparar, darte la vuelta, correr para coger distancia, volver a disparar y así sucesivamente. Además, como la mayor parte de enemigos del juego, si te alejas lo suficiente se olvidan de ti.

Las hordas de Days Gone
Los números que presenciamos en las hordas son impresionantes, pero se podría haber puesto mayor esfuerzo en que nos hicieran sentir acorralados.

Para mi gusto este es el mayor problema de Days Gone. Un juego que ha querido ser un mundo abierto con una historia cinematográfica como tantos otros, en vez de proponerse ser algo más pequeño pero también más especial e innovador. Si todos los esfuerzos invertidos en hacer una historia tan larga y un mundo abierto tan lleno de misiones y contenido se hubieran dirigido a potenciar las hordas, la camaradería entre Deacon y Boozer, las bandas de moteros o la propia moto, es decir, los elementos que la gente realmente esperaba de Days Gone, estaríamos hablando de un juego muy diferente… y sin embargo no puedo negar lo mucho que me he divertido con él.

Days Gone no es el juego más original ni el mejor en nada de lo que propone, pero sí es un buen juego de mundo abierto en el que perderse de forma relajada durante decenas de horas; no hace nada mejor o diferente que otros, pero lo que plantea lo resuelve bien, ofreciendo un conjunto muy sólido. Todo funciona para que sea entretenido, pero nunca para llegar a ser algo más. Esta valoración sobre sus pretensiones afectará más a la nota del juego dependiendo de tus expectativas o del tipo de jugador que seas, pero para mí ha sido y sigue siendo una experiencia muy entretenida y satisfactoria en todo momento.

La mayor parte de los juegos que analizo los juego junto a mi pareja, que se ha convertido en una muy grata compañía en estos ratos. A pesar de no tener apenas experiencia en el mundo de los videojuegos, poco a poco va aprendiendo a medida que juega y ve jugar. Mientras jugaba a Days Gone hubo un momento en el que me preguntó: «Oye, ¿este juego no se parece a ese otro en el que también disparabas gente y conducías vehículos?» «Pues sí» «¿Y no llevas como dos horas y pico haciendo lo mismo?» «Pues sí» «¿Y no se te hace repetitivo?» «Pues no mucho, porque me lo estoy pasando genial, aunque sea hacer lo mismo todo el rato».

Pues eso. Yo no esperaba de Days Gone más de lo que ha acabado siendo: un mundo abierto muy ligero y entretenido con una ambientación que mezcla motos, montañas y una sociedad devastada por un apocalipsis zombi. Si esperas algo más, es posible que te acabe decepcionando, pero para mí pesan más los aciertos que tiene que los que podría haber tenido; si estás dispuesto a perdonarle su total falta de ambición a la hora de ser algo más que un buen mundo abierto, hay muchas horas de diversión en la obra de Sony Bend.

Si queréis más información acerca de las polémicas que ha atravesado Days Gone, o acerca de su protagonista, os dejo un enlace a este artículo.

Days Gone

Puntuación Final - 8

8

Recomendado

Si estás dispuesto/a a perdonarle su total falta de ambición a la hora de innovar en cualquiera de sus elementos, Days Gone ofrece un mundo abierto divertido y repleto de contenido para los amantes de los apocalipsis de infectados.

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Alejandro Morillas Tellez

Fisioterapeuta/osteópata de día, hipnoterapeuta cuando es necesario y apasionado jugador de videojuegos por la noche. Los primeros juegos que relaciono como favoritos son Catherine, Vanquish, Overwatch y Kingdom Hearts. Pero siempre estoy disponible para un Tekken, un Vermintide o una maratón de Metal Gear.

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