AnálisisPS4

FAR: Lone Sails – Análisis PS4

Lo más importante del viaje es el camino

¿Cuántas veces habremos visto o leído en anuncios de coches, galletas de la fortuna, libros de filosofía barata o tazas de Mr. Wonderful que «lo más importante del viaje es el camino«? Demasiadas. ¿Y cuántas veces me he creído esta afirmación? Cero. Porque, a mi parecer, el motivo de emprender un viaje es llegar a un objetivo, una destinación, y no encantarte y perder el tiempo por el camino mientras olvidas este objetivo, que es llegar al lugar que te has propuesto. Si mi objetivo, mi meta y mi fin es ir de Barcelona a Madrid en coche, creedme que, en esas seis horas de trayecto por la autopista no voy a estar disfrutando demasiado «del camino» salvo pensar en el objetivo: llegar a Madrid. Típico caso de «el fin justifica los medios».

¿Pero qué pasa cuando emprendemos un viaje sin conocer el destino? Ahí todo cambia. Tenemos todos los medios que queramos pero ningún fin salvo lanzarse a la aventura y dejarse llevar por el descubrimiento durante el camino, como ocurre en FAR: Lone Sails.

Este videojuego, lanzado para PC en 2018 por Okomotive y posteriormente en su versión de PlayStation 4 en abril de 2019, es una oda a esta frase sobre la cual voy a reflexionar a lo largo de este análisis.

Sin formar una palabra o presentar ninguna línea de texto, FAR: Lone Sails nos presenta a su protagonista, un misterioso personaje que controlamos y al que no vemos la cara y no oímos hablar en ningún momento. Además, en escala con el resto de su entorno, el protagonista es exageradamente pequeño en comparación al plano de cámara. Este efecto de ser diminuto y sin personalidad es una clara metáfora para que el jugador se identifique, de forma que este personaje podría ser cualquiera de nosotros: alguien solo y minúsculo en un mundo gigante lleno de cosas y lugares por descubrir.

Dicho esto, el jugador se encuentra completamente solo en un mundo gris post-apocalíptico donde, después de la muerte de su padre, decide coger su destartalado vehículo y emprender un viaje por los extensos territorios que se encuentran a su alcance. ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Son preguntas que es imposible evitar formularse durante el transcurso del juego, pero el jugador no obtendrá ninguna respuesta y deberá sacar sus propias conclusiones. Aun así, al final logramos saber hasta cuándo dura este viaje, que bien podría considerarse como una huida -del pasado, de sí mismo, de su casa…-. En la fase final del juego nuestra nave se rompe después de muchas adversidades vividas, y en ese momento es cuando el protagonista decide detenerse.

Así pues, esta búsqueda existencialista, de explorar, vivir y descubrirse a uno mismo, queda detenida -o pausada, quién sabe- por factores externos que el protagonista no puede cambiar ni alterar: está a la merced del mundo y de sus circunstancias.

Plano cercano del protagonista de FAR Lone Sails
Plano cercano del protagonista. Pese a ser el eje principal de la trama, es un elemento insignificante en comparación al mundo que le rodea.

En cuanto a la jugabilidad, FAR: Lone Sails expone muy claro su único y principal objetivo: avanzar. A través de un scroll lateral en 2D, tendremos que ir avanzando con nuestro vehículo hasta el final del juego y sobrevivir a las adversidades que se nos pongan por delante. Además, también se trata de un videojuego de gestión de recursos, ya que debemos tener el vehículo siempre a punto para poder movernos. La «nave» se avería con facilidad y se queda muy rápido sin combustible, y para solucionarlo podemos usar la manguera y el soplete para arreglar los componentes dañados.

Por otro lado, también debemos encargarnos del combustible: para hacer mover el cuentakilómetros que tenemos incorporado en el vehículo hay que ir encontrando gasolina u otro tipo de objetos que podamos tirar al incinerador para darle energía a nuestra nave. Además, el vehículo también consta de mejoras que iremos encontrando a medida que avancemos en nuestro viaje, como por ejemplo unas velas raídas que pondremos encima del vehículo para poder aprovechar la fuerza del viento y podernos mover sin tener que usar el motor. Todas estas mecánicas sirven a modo de mantener ocupado al jugador mientras el vehículo avanza y no tiene nada que hacer, como aquellos largos viajes de carretera donde estamos solos y únicamente tenemos delante kilómetros y kilómetros de carretera con el único objetivo de avanzar.

FAR: Lone Sails
La gestión de nuestro vehículo es el elemento principal e imprescindible para poder progresar en el juego.

Por otro lado, y dejando a un lado el hecho solo de avanzar, que ya consta de su propia jugabilidad en sí, a lo largo del videojuego habrá pequeños puzles que tendremos que resolver saltando con el personaje o usando elementos de nuestro vehículo -como por ejemplo, el cabrestante-. Los puzles en sí no son difíciles y no presentan ningún reto considerable, pero resolverlos es muy satisfactorio, ya que realmente tenemos esa sensación de haber hecho las cosas bien y poder avanzar.

Artísticamente FAR: Lone Sails es consciente de sus limitaciones, pero a su vez logra transmitir mucho con pocos recursos. El escenario principal es un mundo post-apocalíptico en blanco y negro, donde reinan los paisajes decadentes y grandes construcciones metálicas oxidadas y destruidas por el paso del tiempo. Los verdaderos momentos espectaculares se encuentran en las puestas de sol y los fuertes fenómenos meteorológicos -lluvia, nieve, ventisca- que nos encontraremos a lo largo de la trama. Por otro lado, el juego utiliza una paleta de grises salvo los colores rojos del protagonista y los elementos clave del juego, que se muestran en azul claro o un rojo intenso.

Además, el apartado gráfico también logra impactar gracias a la escala del mundo en relación al vehículo y al personaje y el hecho de poder acercar y alejar la cámara en cualquier momento ayuda a transmitir este hecho mucho mejor, logrando hacernos sentir vulnerables e insignificantes.

Este título quizá no destaque por su amplia banda sonora, pero sí por su capacidad de utilizarla en el momento exacto para hacérnosla llegar mucho mejor. Utiliza los silencios para crear ese sentimiento de tensión, hostilidad y soledad al viajar por tierras desconocidas e inhóspitas, así como añadir poderosos efectos de sonido para añadir contundencia al clima y nuestras acciones.

FAR: Lone Sails
Una de las preciosas escenas que nos brinda este juego. Los colores vivos y apagados crean un contraste espectacular.

En conclusión, FAR: Lone Sails es un juego redondo, ya que es capaz de transmitir el mensaje que quiere perfectamente: el descubrimiento de la aventura, la superación de una pérdida, la soledad y que lo más importante del viaje es el camino, ya que nos hace crecer por dentro con nuevas experiencias que nos vamos encontrando. Está lejos de ser perfecto, ya que consta de algunos bugs, fallos de cámara y quizá puede resultar demasiado monótono. Aún así, y debido a su cortísima duración, es una obra más que recomendable para disfrutar debido a toda la carga emocional y reflexión que logra hacer sentir al jugador.

FAR: Lone Sails

Puntuación Final - 9

9

Imprescindible

Hay pocos videojuegos que logran transmitir tanto con tan poco, y uno de ellos es FAR: Lone Sails. Un cóctel de emociones, relajación, intensidad, tensión, frustración, miedo, alegría... perfectamente utilizado en cada momento para lograr captar de lleno al jugador.

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Pol Belzunces

Sic · Parvis · Magna. Me apasionan los videojuegos, aunque también me encanta el cine y el mundo de la comedia. Mi "trifuerza" de videojuegos favoritos son la saga Bioshock, Uncharted y Metal Gear. Tengo debilidad por la estética de los años 80, así que sí, Hotline Miami es de mis juegos favoritos.

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