AnálisisSwitch

The Red Strings Club – Análisis Switch

La mejor copa que he probado en mucho tiempo

Gods Will Be Watching fue el anterior trabajo del equipo español Deconstructeam antes de The Red Strings Club. Ambos tienen muchos puntos en común, pero también notorias diferencias. Por ejemplo, la experiencia global de Gods Will Be Watching es mucho más exigente y frustrante que el juego que nos ocupa. Sin embargo, ya en aquella obra se notaban unas ganas de contar algo, de transmitir un mensaje, de trascender más allá de su experiencia jugable. Buscaba ser un espejo en el que mirarnos a la hora de enfrentarnos a ciertas dificultades y decisiones morales. Esa misma voluntad se deja notar en The Red Strings Club, convirtiéndose no solo en una apasionante experiencia como videojuego, sino también en una clase magistral sobre ética e inteligencia emocional. ¿Te atreves a mirarte en el espejo de The Red Strings Club? Ten cuidado: es posible que no te guste lo refleja.

The Red Strings Cub se ambienta en una sociedad cyberpunk adelantada a nuestro tiempo. En ella la tecnología ha avanzado de una forma que nos resulta ya muy familiar gracias a títulos como Deus Ex: Mankind Divided: los implantes son algo común en nuestra sociedad, habiendo un gran porcentaje de población que los usa para mejorar ciertos aspectos de su vida diaria; aunque también hay muchas personas que han optado por no utilizarlos. El monopolio de estos implantes lo tiene Supercontinent, una multinacional que asegura trabajar por el bien de la humanidad y que parece operar incluso al margen de los gobiernos con ciertas iniciativas. En este contexto conoceremos el siguiente paso en la evolución de Supercontinent: la creación del androide Akara, cuyo deber será usar sus vastos conocimientos sobre emociones humanas para procurar la felicidad de todo aquel que lo necesite mediante la instalación de módulos que alteren ciertas partes de su personalidad.

Sección de Akara en The Red Strings Club
Deberemos concentrarnos si queremos proporcionar un implante que cambie la vida de nuestro cliente de la forma que buscamos

El camino de Akara se cruzará con el de Donovan y su novio Brandeis (un hacker freelance con complejo de héroe), trabajadores en el conocido bar The Red Strings Club. Donovan es el dueño del negocio y uno de los mejores barman que la ciudad ha conocido gracias a su habilidad de usar cócteles creados para conectar con las emociones que perciba en sus clientes. Esta habilidad no solo hace que sus parroquianos le tengan en alta estima, sino que también la usa para su otra ocupación: es un bróker de información especialmente competente gracias a la manipulación de esas mismas emociones que percibe en sus clientes, pudiendo usarlos para conseguir los datos que necesite.

Gracias a Akara averigua la intención de Supercontinent de instalar un programa en todos los usuarios de sus implantes que suprimirá todas aquellas emociones negativas en un intento por crear una utopía de felicidad absoluta, sin guerras, sin odio, sin tristeza… ¿Es eso algo bueno o malo? ¿Hasta qué punto la ambición de Supercontinent beneficia a la humanidad? ¿Qué papel tienen nuestras emociones a la hora de darnos identidad?

The Red Strings Club es una experiencia puramente narrativa, cuyo mayor interés reside en sus fascinantes diálogos y en las decisiones que vamos tomando en base a la información que saquemos de nuestros clientes. La toma de decisiones y las respuestas a ciertas preguntas serán el motor que haga avanzar la trama, pero no será la única mecánica que tendremos a nuestro alcance. The Red Strings Club es un juego corto que puede ser superado en cuatro o cinco horas, pero que ofrece una alta rejugabilidad. A lo largo de esas pocas horas habrá tres secciones jugables: en la primera controlaremos a Akara, teniendo que moldear los implantes que hayamos seleccionado para los clientes que acuden en busca de la felicidad sin complicaciones. El segundo núcleo jugable es también el más extenso y representativo de la obra: elaboraremos cócteles con Donovan para obtener la información que necesitemos de todo aquel que entre por la puerta de nuestro bar. La tercera parte, sin dejar de ser muy interesante, es la más floja de las tres y, para evitar spoilers, evitaré cualquier alusión a ella. Solo puedo decir que aquí empezamos a experimentar los resultados de decisiones tomadas anteriormente.

La preparación de cócteles en The Red Strings Club
Todo el juego está diseñado de una forma muy inteligente. Los diseños de las botellas están hechos de tal forma que de un simple vistazo a sus etiquetas sepamos qué cóctel usar para desplazarnos hacia donde queremos

La creación de cócteles, al igual que el resto de minijuegos, es simple pero absorbente: cada persona tendrá unos núcleos de emociones que podemos explotar representados con un círculo. Mediante la mezcla de diferentes bebidas tendremos que mover la bola que representa nuestra influencia hasta que encaje con la de nuestro cliente. The Red Strings Club no es un juego difícil; no busca que domines sus pequeños juegos, pero sí que intentes comprender a la persona que tienes frente a ti, que emules a Donovan para saber exactamente de qué hilos tirar para obtener lo que quieres.

Donovan es un férreo defensor de las emociones como parte fundamental de nuestra identidad como personas, pero sin embargo manipula muchas de las emociones que Supercontinent quiere controlar para sus propios beneficios. Lejos de ser un fallo, es un reflejo de la hipocresía que nosotros mismos podemos llegar a mostrar a la hora de enfrentarnos muchas de las cuestiones que plantea la obra.

Sus personajes están muy bien definidos y sus diálogos son una delicia. Todo lo que cuenta The Red Strings Club es tan interesante que muchas veces los minijuegos suponen un trámite a pasar antes de la siguiente píldora de divagación. Sin embargo, gracias a la fabulosa música que acompaña al juego y a su bello diseño artístico me he implicado totalmente en las tareas que debía realizar: mientras preparaba los cócteles repasaba qué información me quedaba por conseguir, qué emoción podría explotar; además de preparar las bebidas con el mayor cuidado posible (algo que el juego tampoco recompensa, pero que ayuda a meterse en el papel). Los controles táctiles que ofrecen esta versión de Switch son curiosos más que prácticos: la mayor precisión se consigue con el manejo tradicional.

El bar The Red Strings Club
Las cuestiones morales y éticas que plantea el juego son realmente intrigantes

El único aspecto que no puedo alabar de The Red Strings Club es su duración. No me malinterpretéis, no lo digo por la absurda relación precio-tiempo de juego. Debo mencionarlo porque con más horas de juego podría haber sido una experiencia aún más redonda. Todos los personajes que atendemos en el juego son relevantes de una forma u otra para la trama. En ningún momento puedes simplemente ser Donovan el barman. En todo momento te ves obligado a interpretar a Donovan, el bróker de información y experto manipulador de emociones.

Hubiera sido fantástico que los clientes importantes se fueran mezclando con otras personas sin relevancia en el argumento, dependiendo así únicamente de nuestra capacidad de leer a las personas o de la atención que prestásemos si pueden ser decisivos en la trama global. De esta forma la implicación con el personaje hubiera sido mayor; podríamos ver por qué Donovan es una persona tan apreciada por sus parroquianos, además de conocer más acerca del trasfondo de Donovan y Brandeis. O profundizar más en algunos personajes secundarios interesantes que, por desgracia, tienen apariciones realmente cortas. Lo mismo pasa con la sección de Akara; ambas plantean conflictos tan interesantes de cara al manejo de las emociones que dejan con muchas ganas de más.

Como decía al principio del análisis, lo que he encontrado al verme reflejado en las mordaces preguntas de The Red Strings Club no era lo que esperaba, y eso es algo a lo que sigo dándole vueltas aún a día de hoy. Deconstructeam no se limita solo a lanzar preguntas, sino también a responder parcialmente alguna de ellas con su visión del asunto.

Por supuesto ha habido momentos en los que he sentido que las respuestas que tenía a mi alcance eran insuficientes para expresar mi opinión al respecto, pero eso es solo consecuencia de la complejidad de los temas tratados. Las respuestas ofrecidas realmente hacen une excelente trabajo a la hora de sintetizar posibles posturas al respecto y, salvo momentos muy puntuales, nunca he sentido que el juego no me dejara elegir la línea de pensamiento que yo quería.

The Red Strings Club es esa persona tan interesante que conoces en una fiesta que no esperabas que fuera especial. También es esa fascinante clase de universidad que no querrías que terminara jamás. Querrías poder recordar cada frase, cada ápice de conocimiento vertido en esos preciados ratos, pero no siempre es posible. Sin embargo, sí que queda una emoción o una imagen que te hará recordarlo para siempre. En mi caso siempre recordaré The Red Strings Club con Donovan tras la barra y Brandeis al piano a la espera de atender al próximo cliente que busque consuelo en el fondo de una copa de nuestro bar. Una maravillosa e intensa experiencia imprescindible si os intrigan estas cuestiones, y más si tenéis una Nintendo Switch, que parece la plataforma ideal para disfrutar de esta obra.

The Red Strings Club

Puntuación Final - 9

9

Imprescindible

The Red Strings Club es una maravillosa experiencia narrativa que ahonda en temas éticos y morales pocas veces tratados de esta forma en nuestro medio. Si quieres probar algo diferente, algo que te dejará pensando bastante tiempo tras haberlo terminado, prueba este título.

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Alejandro Morillas Tellez

Fisioterapeuta/osteópata de día, hipnoterapeuta cuando es necesario y apasionado jugador de videojuegos por la noche. Los primeros juegos que relaciono como favoritos son Catherine, Vanquish, Overwatch y Kingdom Hearts. Pero siempre estoy disponible para un Tekken, un Vermintide o una maratón de Metal Gear.

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