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God Eater 3 – Análisis PC

Es hora de volver a devorar dioses

God Eater cumple nueve años, y no hay mejor manera de conmemorar este hecho que lanzando esta tercera entrega. Esta saga nació bajo la sombra del rey indiscutible en el género de caza de monstruos grandes, Monster Hunter. Sin embargo, ha sabido desarrollar una esencia propia que, unida a una estética anime, que ha conseguido encandilar al público. God Eater 3 nos sitúa en un futuro post-apocalíptico, donde la Tierra está siendo engullida por cenizas y la situación de la humanidad es crítica. Aunque reconozco que no he jugado a ninguno de los anteriores, la mezcla de acción, caza y rol es lo que me llamó la atención y me animó a probarlo. Sin embargo, Bandai-Namco ha sabido desarrollar una historia que tanto un novato como un veterano pueda entender, lo cual es de agradecer.

Los que sean nuevos como yo en esta saga quizá quieran tener un poco de contexto para entender en qué se fundamenta la historia de God Eater 3, y si eres veterano, siempre viene bien refrescar la memoria. En el año 2050, surgen los llamados aragami («dioses»), los cuáles están compuestos de células de oráculo: células independientes unas de otras, y cuya única función es devorar todo lo que encuentran a su paso. Estas células poseen una capacidad de mutar rápidamente, lo que origina una cierta variedad de razas de aragami que se extendieron por la Tierra.

Se crearon las llamadas armas celestiales, las cuales son, en esencia, aragamis artificiales, para combatir esta nueva amenaza (ya que las armas convencionales no eran efectivas). Estas armas están compuestas, por tanto, de células de oráculo, y los únicos aptos para controlarlas son los God Eaters. A estos “devoradioses” se les implanta, a través de un brazalete (el cual es un símbolo característico de ellos) inyecciones intravenosas con un factor de sesgo que les permite controlar su arma celestial.

Imagen de dos personajes del juego alzando el puño, donde se observan sus brazaletes
Los brazaletes son un símbolo de los God Eaters

¿Y qué es el sesgo? Pues, en resumidas cuentas, es lo que limita qué es organismos son devorados por las células de oráculo del arma celestial, por lo que, si el ADN del candidato no es compatible con el del arma, podría acabar devorado por ella. No todos los humanos son compatibles con el factor de sesgo y las células de oráculo que se implantan en sus sistemas nerviosos, y esto hizo que se comenzase un debate sobre si los God Eaters perdían su humanidad al alterar su organismo de esta manera.

Con esto en mente, God Eater 3 nos sitúa a comienzos de la década del año 2080, donde una misteriosa plaga aparece y comienza a esparcirse a gran velocidad. Todo lo que toca es devorado y convertido en ceniza, incluyendo humanos, a pesar de no ser visible a simple vista. Así es como surgen Los Cenizales, zonas que esta calamidad ha convertido en baldíos. Más tarde, se descubriría que esta plaga de ceniza (la cual es tóxica para humanos corrientes) se compone de un gran grupo de estructuras víricas microscópicas, que consiguen expandirse gracias a la autorreplicación que llevan a cabo al engullir todo lo que tocan.

Con este escenario tan escabroso, la humanidad está entre la espada y la pared, ya que los God Eaters normales no son capaces de soportar la densidad de esta ceniza. Aquí es donde el juego introduce una novedad: los GEA, o God Eater Adaptables. La historia comienza con la creación de tu personaje, el cual será transformado en un GEA y convertido en prisionero. No voy a hacer ningún spoiler de la historia, tranquilos. Simplemente voy a comentar que, pese a que me pareció una historia bastante previsible, el conjunto de sus personajes y las relaciones que se dan entre ellos, termina haciendo que le cojas cariño.

Mi personaje en el juego peleando en una cinemática contra un aragami
No habrá piedad para los aragamis

Sin embargo, a mitad de esta, el juego pega un bajón narrativo, y tienes que dedicar varias horas a hacer misiones sin que ocurra nada relevante, lo cual se me hizo un poco tedioso. Además, los aragamis, principales enemigos de esta historia, son escasos y monótonos. Siendo esto una tercera entrega, considero que debería existir más variedad. De hecho, a medida que avancemos en la historia encontraremos aragamis repetidos: son el mismo modelo de monstruo, pero les han cambiado el color y el elemento al que son débiles. Me parece un aspecto en el cual existe una absoluta dejadez y algo muy desaprovechado, pues ciertamente los aragamis tienen diseños muy originales.

Sin embargo, la historia remonta y finaliza a lo grande. Como anécdota, me di cuenta de que, una vez acabas la historia, la pantalla inicial del juego cambió, lo cual me pareció un detalle bastante entrañable.

Dejando a un lado la historia, que es cierto que es fundamental para el desarrollo del juego, el pilar fundamental de este tipo de juegos es, sin duda, el combate. Si tuviese que definirlo con una sola palabra, sería frenético. Como veterana del Monster Hunter, donde tienes que medir al milímetro cada acción y no existe tanta movilidad al luchar como en este título, para mí el combate supuso un soplo de aire fresco.

Personaje principal en mitad de una pelea contra un aragami
El juego nos da la posibilidad de realizar combos de ataque aéreos con cualquier arma

Las armas celestiales tienen la habilidad de cambiar entre dos formas: cuerpo a cuerpo y arma a distancia. Además, también permite que puedas equipar un escudo, por lo que tenemos un tres en uno. A las armas puedes equiparles las llamadas “artes de ira”, ataques más poderosos que puedes realizar al entrar al modo ira. A este modo entraremos cada vez que devoremos aragamis con nuestra arma. Y no acaba ahí, a las artes de ira puedes equiparles distintos efectos, por ejemplo, tras realizar un combo de ataques, estos generarán un proyectil de energía que impacte contra los enemigos.

Para abatir a tus presas tienes que estar continuamente esquivando y teniendo cuidado con sus ataques. En este juego no existen armaduras como tal, ya que la ropa que llevamos no proporciona protección y es meramente estética, por lo que aprender a esquivar en el momento justo se convierte en un deber. Puedes realizar saltos de largo alcance mientras bloqueas (por lo que puedes esquivar y bloquear a la vez), o simplemente quedarte quieto bloqueando. Si bloqueas un ataque en el momento justo no recibirás daño, por lo que se premia (de manera bastante satisfactoria) conocer los patrones de comportamiento de cada aragami. Por supuesto, poseemos un inventario donde tenemos una variedad de objetos utilizables para ayudarnos en la lucha, desde píldoras curativas hasta granadas aturdidoras.

Imagen del menú de caracterización del personaje
Existen muchas opciones de caracterización para cada arma y el escudo

La única pega que he encontrado al combate es la cámara, ya que cuando fijas a un enemigo y estás en un espacio cerrado, no funciona correctamente. Pasa igual que cuando los enemigos se entierran y desaparecen, la cámara no es capaz de seguir su movimiento, con lo cual se convierte en algo obsoleto.

Lo bueno del sistema de combate es que te permite probar todas las armas y poder dominarlas (más o menos) sin un aprendizaje más exigente, como podría ocurrir en Monster Hunter. Además, cuando salgamos de misión podemos elegir si ir acompañados de nuestros compañeros (tanto IA como algún grupo de personas a través del multijugador) y esto facilita enormemente la tarea de cazar aragamis.

Imagen del personaje sosteniendo un arma celestial preparada para devorar, con el aragami con la boca abierta
Los God Eaters son capaces de dominar su arma celestial, y ordenarle cuándo devorar

Existen varios tipos de aragami, desde los más pequeños que no suponen una amenaza real (aunque en combates con más aragami suelen ser molestos) hasta aragamis de gran tamaño, y una nueva clase que introduce este juego. Sin embargo, a lo largo de toda la historia (en la cual he ido acompañada por la IA), la cual he acabado en torno a unas 25 horas de juego, no he fallado ninguna misión. Es cierto que cada GEA posee un número limitado de incapacitaciones, y es muy común que cuando nos enfrentemos por primera vez a un enemigo, nos deje fuera de combate alguna vez. Si agotas ese número máximo de incapacitaciones fallará la misión, pero es algo que nunca me ha ocurrido, por lo que la curva de dificultad del juego no es muy exigente si eres un veterano en este género.

Uno de los mayores fallos que encuentro en este juego son los mapas. Los escenarios donde se desarrolla la acción, algo que considero bastante importante en este tipo de juegos, se limitan a ser cuatro pasillos mal contados conectados entre sí. Y no solo eso, su diseño visual es muy pobre. Hay cinco tipos de escenario: la Ciudad Antigua, el Valle, las Instalaciones subterráneas, la Planta helada y la Zona de ceniza restringida. Cada uno de ellos posee una serie de variaciones, las cuales modifican levemente la zona original. El resultado sigue siendo el mismo, escenarios carentes de vida. A pesar de estar situados en un mundo post-apocalíptico, siento que les falla el no tener elementos con los que interactuar de algún modo.

Imagen captada dentro del juego, donde se ve el mapa de uno de los escenarios
Los mapas pecan de ser demasiado simples, pasillos conectados entre sí

La única manera en la que puedes interactuar el entorno es recogiendo objetos. Y esto también queda carente de vida, pues los objetos son simples puntos luminosos en el terreno. Son una solución fácil para no tener que idear de dónde se sacan los objetos y no darles un trasfondo. Por ejemplo, en Monster Hunter existen distintos tipos de minerales, y cada uno de ellos aparece en núcleos disponibles para minarlos, dependiendo del mapa. En God Eater existen distintos tipos de materiales para fabricar ropa, por ejemplo, el cuero. Quizá habría tenido más sentido que se recogiesen de algún punto en cada mapa donde tuviese sentido que estuviera, como una fábrica, u obtenerlos de algún aragami. En vez de eso, simplemente recoges aleatoriamente de estos puntos determinados y puede que te toque este material o cualquier otro, lo cual para mí mata la interactividad con el entorno.

Otro de los problemas que le veo a los mapas es que mientras la historia avanza y te mueves físicamente de un territorio a otro en un mapa, los escenarios siguen repitiéndose, por lo que rompe totalmente la experiencia.

Para ir concluyendo este análisis, me gustaría comentar algunas cosas que afectan al juego pero en menor medida. El juego posee una gran enciclopedia donde consultar los avances en la historia y donde vienen todos los términos explicados detalladamente. Esto es de agradecer si como yo eres nuevo en el universo de God Eater. Sin embargo, considero que hay muchas cosas que podrían haber explicado sobre la marcha, pues he tenido que recurrir a leer entre misión y misión los avances de la historia en dicha enciclopedia para seguir el ritmo.

Otra de las cosas que más me ha llamado la atención y me ha indignado es la gran sexualización a las mujeres en el juego. Estando en el año 2019 esto debería ser algo que ya debería estar erradicado en esta industria. Si decides hacerte un personaje femenino vas a encontrarte con un cuerpo predefinido (que no puedes cambiar, igual que con el masculino) claramente ideado para el disfrute visual. Y no solo tu personaje, me atrevería a decir que casi todas las mujeres que encuentres a lo largo de la historia estarán diseñadas para cumplir distintas fantasías. No, no es algo que empañe la jugabilidad, que haga que el juego sea menos divertido. Pero es algo que, como mujer, me molesta un pelín.

Imagen de uno de los personaje femeninos, donde se aprecia cosificación de su cuerpo, en especial los pechos
El juego abusa de sexualizar a las mujeres para llamar la atención

El multijugador, pese a ser simple en su funcionamiento, es bastante efectivo. Podemos buscar aliados para ayudarnos a superar la historia si lo deseásemos, y además se han creado las llamadas misiones de asalto. En estas misiones, debemos abatir aragamis de gran poder y en un tiempo máximo de cinco minutos. Desde un grupo mínimo de cuatro personas hasta un máximo de ocho, la compenetración y el trabajo en equipo son esenciales para conseguir completar estas misiones.

God Eater 3 es un juego que destaca por su jugabilidad y la agilidad del combate. La historia está mucho más desarrollada que en este tipo de juegos, lo cual se agradece. Además, esto acompaña a la experiencia de derrotar a los temibles aragamis y hacer progresos en el juegos. Sin embargo, el juego flojea en otros aspectos, como los escenarios y la sexualización de los personajes femeninos. A pesar de todo, creo que es un buen título para disfrutar con amigos, y con unos retoques a estos aspectos y la suma de nuevos aragamis, sería una experiencia fantástica.

God Eater 3

Puntuación Final - 6.5

6.5

Interesante

Si te gustan los títulos de caza de monstruos (como Monster Hunter) y el anime, te encantará este juego. Tiene algunas pegas, como sus escenarios simples y pobres, pero el combate lo hace muy disfrutable y gana en diversión si se juega acompañado.

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Lucía Sáez Mariscal

Estudiante de Periodismo, apasionada de los videojuegos, la lectura y ver series o anime. Si no estoy procrastinando con alguna de estas cosas es porque estoy escribiendo o dándole mimos a mi perra.

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