AnálisisPS4

Vane – Análisis PS4

Superado por sus ídolos

La sombra de Fumito Ueda y Team ICO es colosal, cobijando bajo ella a muchos creadores que se vieron atraídos por la forma tan particular y personal que tenía el director de contar historias, como es el caso de Friend & Foe con Vane, donde se encuentran algunos de los desarrolladores del estudio nipón.

Siempre he apreciado que un creador quiera saltarse las normas, romper con lo establecido y buscar nuevas formas de narrar sin tener que acudir a sobre-explicaciones con enormes diálogos, o una guía constante que nos indique el camino. Hay que aplaudir estas iniciativas, pero a veces, uno está tan absorto en crear arte visual que por el camino pierde el rumbo y se olvida de que es esencial que el control esté ligado a la experiencia.

Nunca debemos olvidar cuál es el punto diferenciador de este medio respecto a otros, por qué el videojuego tiene la capacidad de sumergir al jugador y hacerlo cómplice. La jugabilidad es lo esencial cuando nos enfrentamos a una obra, y no significa que deba estar llena de opciones, ser frenética o compleja. El control es un canal narrativo tan esencial como el impacto visual, debe transmitir y jamás entorpecer, y por desgracia, Vane parece haber olvidado este hecho.

La toma de contacto con el juego es a través de un niño, en un entorno confuso en el que una violenta tormenta está arrasando todo a su paso. A lo lejos, la imponente torre que parece ser el lugar donde debemos refugiarnos, aunque nada nos indica qué sucede, qué debemos hacer o cómo hacerlo, y ahí entiendo que Vane no va a darme la mano en ningún momento.

Lo acepto rápidamente, incluso me alegro de que así sea. Siento predilección por el mutis total, la libertad de que seamos nosotros quienes descubramos nuestros límites en la obra. Todo resulta confuso, pero llego al lugar y una amenazante figura me impide el paso, y entonces, termina el prólogo de forma tan misteriosa como empezó, algo que se acrecenta cuando el juego nos pone en la piel de un ave negruzca de plumas brillantes.

Rápidamente uno comienza a encontrar similitudes en el estilo de Vane con pinceladas de juegos como ICO o Inside, dos buenos referentes para una obra que intenta traernos una propuesta diferente en un basto mundo sin ningún tipo de guía, mezclando puzles que debemos resolver con nuestra forma de niño o de pájaro, algo que sobre el papel me resultó tan interesante que fui corriendo a analizar el título. Y entonces descubrí que las ideas se quedaron sobre el papel, y nada más.

Forma de ave en Vane para PlayStation 4
Vane es un hermoso viaje visual, donde recorreremos extensos terrenos, ya sea alzando el vuelo como un pájaro o a pie en forma de niño.

El problema es que Vane enseguida muestra sus flaquezas, que por desgracia son innumerables, y acaban ensombreciendo casi por completo sus virtudes. A pesar de ser una aventura que ronda las tres o cuatro horas, nunca llega a despegar y las pocas veces que lo hace solo toma distancia para caer en picado y convertirse en una auténtica odisea para el jugador.

Me considero una persona que entra fácil al juego que proponen los creadores. Soy como un niño que se deja impresionar con poco y disfruta casi de cualquier cosa, pero durante mi partida en Vane siempre he tenido que hacer un esfuerzo mental por seguir adelante. Y no importa cuánto intentase tirar de él, siempre notaba que había piedras en el camino para frenarme.

Forma de niño en Vane para PlayStation 4
Vane parece centrarse únicamente en su apartado gráfico, dejando de lado apartados como sus mecánicas, historia o ritmo.

El primero que saltó a la vista era la confusa narrativa de la que hace gala. No digo silenciosa, ni siquiera comedida, sino confusa. Deja una sensación de que vivimos partes inconexas que solo sirven para ponernos un reto al que hacer frente, sin ningún tipo de gracia y que se repite una y otra vez con el mismo sistema de reunir a una bandada de pájaros para presionar un pulsador, así en sus escasas horas.

Su ritmo, lejos de ser pausado, resulta lento. Otorgándonos un mundo bastante basto, sobre todo en terrenos abiertos, que carecen de gracia, solo entorpeciendo los puzles ya que su control resulta ser uno de los más duros a los que me he enfrentado en mucho tiempo. Como niño resulta sencillo, algo tosco pero viable. El problema es en cuando tomamos el control del ave. Alzar el vuelo a ras de suelo resulta terriblemente difícil, sintiendo que en ocasiones el suelo resulta magnético, lo que provoca que necesitemos varios intentos antes de que el animal alce el vuelo.

En el aire los problemas no dejan de suceder: su tosquedad hace difícil que nos posemos a la primera en el lugar necesario, necesitando varios intentos para poder hacerlo. Al igual que si cogemos velocidad en el aire, momento en el que la cámara se acerca tanto al animal que perdemos la visión periférica y los giros son torpes y hacen que la cámara pierda el control, algo que choca con la idea de crear un impacto visual.

Y siento si este análisis suena terriblemente negativo, pero incluso los momentos más emblemáticos, que los tiene, no logran quitar ese amargo regusto que perdura hasta el final. Friend & Foe han tenido entre sus manos un título que prometía tanto, con unos referentes tan grandes y únicos, que al intentar ponerse a su altura solo ha conseguido caer en picado y estrellarse para ser engullido por la sombra que proyectan los grandes del género.

El minimalismo y un estilo de baja carga poligonal se dan de la mano para crear la gran virtud de Vane, una belleza que se contempla a vista de águila en los áridos terrenos que sobrevolamos, adornados con las veletas que se agitan con el viento en las altas torres que nos sirven como guía, en el resplandor de las plumas de nuestra ave o en la húmeda oscuridad de los edificios derruidos que recorremos como niño.

A pesar de sus fallos, puedo decir que Friend & Foe ha hecho un trabajo perfecto tanto en el estilo artístico como en el sonoro, con melodías casi olvidadas que saben cuándo sonar, recreándose en el sonido del ambiente, en el aleteo de nuestro pájaro o las pisadas en los charcos. Vane sabe entrar bien por el ojo, y a pesar de sus fallos no he podido evitar quedarme prendado de las estampas que me ha hecho vivir. Pero como os decía, toda felicidad es efímera en la obra.

Niños reunidos alrededor de una esfera en Vane
Su apartado visual y artístico son sus grandes virtudes. Su estilo low-poly y el uso del sonido ambiente resulta encandilador. Aunque, por desgracia, ni siquiera su apartado técnico consigue librarse de defectos.

Cuando uno cree que ha encontrado el motivo para aferrarse a la obra, incluso con todos los baches, enseguida sale a relucir un pobre apartado técnico. Y nada tiene que ver con su estilo artístico, sino con sus entrañas: con el funcionamiento de un juego que constantemente «raspa» los FPS y nos deja una imagen tosca incluso en los momentos más relajados.

Incomprensiblemente, hay un baile de frames que afean el producto y que ni siquiera nos deja disfrutar de un precioso vuelo en busca de la resolución del puzle, por no hablar de los numerosos bugs. En todas las sesiones de juego he recibido al menos un bug, sin exagerar lo más mínimo. Desde la imposibilidad de manejar al pájaro, que volaba hacia el frente sin que pudiese dirigirlo, atravesar texturas y quedarme encerrado o, simplemente, que el botón triángulo, el cual está asignado para llamar a la bandada de pájaros que nos ayudarán a solucionar los puzles, no funcione.

Esto hace que tengamos que reiniciar la partida, y entonces llega la amarga sorpresa: los puntos de control son lejanos, por lo que toca repetir todo el tedioso proceso que nos ha llevado hasta ese punto. Este momento de frustración en una obra que apuesta por la calma y la reflexión es contraproducente, haciendo que a pesar de su escasa duración, deje una sensación de cansancio e incluso la experiencia se haga demasiado larga.

No es plato de buen gusto mirar tu texto y encontrarte solo detalles negativos. En mi partida llegué a sentir que quizás estaba siendo demasiado crítico, incluso puse todo mi empeño por cambiar el prisma y verlo de otra forma, pero al final siempre me veía arrastrado a esa sensación de hastío y derrota.

Sé que Friend & Foe quería buscar nuevos horizontes con Vane, se intuyen buenas ideas, pero el resultado es completamente desastroso. Quizás el fallo fue marcarse metas demasiado grandes, o quizás en su empeño por crear algo tan diferente se olvidaron de las herramientas necesarias para transmitir todo lo que buscaban.

Difícilmente puedo recomendar Vane, pues su odisea resulta demasiado tediosa, incluso pasando por alto detalles como su historia apresurada e inconexa, o incluso sus faltas de rendimiento: uno siempre encuentra una pared que nos impide ver la belleza de su estilo artístico o sonoro. Porque en algún momento el estudio olvidó que más allá de una imagen bonita, la conexión con el jugador se hace a través del control.

Vane

Puntuación Final - 4

4

Vane es una marea de defectos en la que solo pueden destacarse un apartado artístico y sonoro precioso. Su historia resulta confusa y apresurada, y su control es terriblemente tosco, además de estar plagado de bugs. Una auténtica barrera que nos impide disfrutar de él.

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Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.

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