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Desert Child – Análisis Switch

Motorbike Runner

Analizar Desert Child, el nuevo juego de Oscar Brittain, es una tarea complicada. Muchas veces que observo este título y anoto detalles tengo la sensación de que es un juego que exige un trasfondo cultural que yo, por desgracia, no dispongo. No he visto Cowboy Bebop, la serie en la que, según he leído, está fuertemente inspirado. Es posible que haya evitado mucha información y mermado mi experiencia dado este vacío. Sin embargo, no merece la pena asustarse por este hecho, ya que el juego da que pensar y reflexionar acerca de la interpretación de los videojuegos como un arte. Desert Child comete numerosos errores y no es necesario disponer de una cultura basta para señalarlos. Comencemos con el análisis.

Desert Child es un videojuego que nos ubica en un futuro cercano donde los humanos se ven obligados a emigrar a Marte para labrarse un futuro. Nosotros somos un corredor chulo y molón que junto a su querida moto planeadora se ganará la vida como pueda para lograr sus objetivos. La premisa me atrapó al instante. ¿A quién no le gustaría ser ese personaje guay y misterioso cuyos objetivos de vida están por delante de todo lo demás? Sin embargo, toda esta premisa cae estrepitosamente ante la falta de información que nos proporciona el juego. Toda historia necesita, además de los personajes, el entorno y el tiempo, un contexto por el que la ficción fluye. Desert Child asienta mal las bases de su universo.

El problema no es que omita información al jugador para que este la descubra mediante la exploración y quede inmerso en el ambiente que le rodea. Directamente no hay información por la que buscar. El juego se limita a presentar unos periódicos y escasas líneas de diálogo entre los personajes. Cuesta quedar inmerso en un universo del que sabes poco. En definitiva, el componente narrativo de Desert Child, dada la explicación que he dado y otro detalle que mencionaré, brilla por su ausencia.

Presentación del capítulo dos del título
La estilosa presentación de los capítulos.

Otro elemento que emplea Desert Child para favorecer la inmersión del jugador es su estética. El juego luce un apartado gráfico pixel art que genera una ambientación retrofuturista interesante. El diseño de los entornos, el personaje, los menús y el interfaz en general contribuyen a esa sensación de ser un chico de barrio en un entorno moderno que le viene grande. Me ha gustado que la presentación de la información se realiza como si llevásemos unas gafas futuristas que nos mostrasen todos los datos que miráramos. Dicho diseño es cómodo y accesible, lo cual se agradece.

Además, el título juega con los planos de cámara durante la navegación del entorno. Muchos de ellos son reconocibles de películas y series de los 80 y 90. Los cambios de la cámara a veces producen confusión en el control del protagonista por el entorno. Sin embargo, son fáciles de memorizar y no suponen un problema a la hora de jugar. Además, cuenta con animaciones interesantes y originales según las acciones que realicemos durante el juego. Me encanta la animación del personaje llevando un bol de comida recién comprada a la pantalla para emular esa acción.

El protagonista del título paseando por la ciudad de Marte
La moderna ciudad de Marte.

Otro componente que no falta en esta obra retrofuturista es la música y los efectos de sonido. En este caso, contamos con una mezcla de retro wave y hip hop noventero que casan a la perfección con la ambientación que se nos presenta. Los efectos de sonido van por el mismo camino, todos aportan a ese retrofuturismo al que se nos invita vivir.

Desert Child es, por su estética, un juego molón y con personalidad. Desde luego que invita a vivir en su universo y te sientes el más guay del barrio moviéndote por sus calles y tugurios.

La vida es una rutina de constante gestión. Es una sentencia que siempre pesa sobre nuestros hombros. Como humanos tenemos sueños y objetivos que perseguir. Sin embargo, estos conceptos siempre entran en una gestión con nuestras necesidades básicas. La vida, por desgracia, no es un videojuego en el que nuestra única preocupación es llegar hacia el final de la historia. Desert Child lleva este mensaje como bandera.

El objetivo del juego es cumplir los sueños del protagonista. Además, estos siempre estarán claros a través del interfaz del sistema que lleva nuestro personaje, una tableta con toda la información que disponemos. Para concretar, el juego nos pide recaudar el dinero suficiente para pasar al siguiente episodio. ¿Cómo lograr este capital? Eso ya es cosa nuestra. Al ser un motorista, lo que más haremos será competir con nuestra moto. Las carreras son sencillas.

Una carrera de motos en el juego
Las frenéticas carreras en acción.

Siempre competiremos contra un solo adversario de la Inteligencia Artificial y esquivar obstáculos. Además, dispondremos de una pistola que nos permitirá deshacernos de dichos impedimentos por el camino e incluso dañar a nuestro rival para ganar ventaja en velocidad. Un aspecto que me ha parecido gracioso es que la pistola que elijamos determinará la dificultad del juego. En dificultad normal, que es como he jugado, es un juego extremadamente fácil y sencillo. No he perdido una sola carrera y me he limitado a disparar a lo loco para destruir obstáculos que te dan dinero. Esto, por desgracia, tiene su encanto al principio, pero a la larga se vuelve repetitivo y aburrido, ya que no hay ningún reto difícil a superar. Y si lo hubiese, garantizo que el juego se tornaría tedioso y frustrante. Además, la perspectiva que se emplea para correr, lateral con profundidad, incomoda el control del personaje. Que yo recuerde, los mejores motoristas no comienzan su carrera deportiva arrasando con los rivales en la carretera.

Como bien he dicho, correr carreras no es lo único que nos dará dinero. Entonces, ¿qué más haremos? En realidad, jugaremos retos que consisten en hacer carreras con condiciones o mecánicas distintas. En este caso, Desert Child aporta una capa de complejidad más al conjunto de la jugabilidad. Todo dependerá de lo honestos que queramos ser. Si hacemos trabajos para el mafioso local, obtendremos más dinero, pero ganaremos un nivel de notoriedad que traerá malas consecuencias a la larga. También está la posibilidad de ser honestos y ganar menos dinero de forma limpia en trabajos como, por ejemplo, repartir pizzas a domicilio, reconozco que el minijuego que proponen es entretenido. Sin embargo, Desert Child no ofrece nada más fuera de estos límites. Todos los retos del juego siempre son carreras con tu moto.

El interfaz de gestión de nuestro personaje
El interfaz de gestión de nuestro personaje.

Por otro lado, deberemos gestionar la vida de nuestro personaje. Es decir, el chico tiene que comer, reparar su moto, la cual se daña durante las carreras, y mejorar sus características, con un sistema de puzles con cédulas de energía muy inteligente. Descuidar estas facetas es un error fatal, ya que nos penalizan severamente durante las carreras. Aquí entra el mensaje principal del juego: mantener al personaje cuesta dinero y la colisión entre sus necesidades y el progreso es evidente. El dinero se ha de gestionar con cabeza.

Sobre el papel la idea es fabulosa. Sin embargo, la condición de Desert Child como videojuego torna todo este mensaje en una propuesta aburrida y repetitiva. Es decir, entiendo que el tema principal sea el enfrentamiento entre aquello que deseamos y lo que realmente necesitamos, el constante duelo entre la estrategia a corto y largo plazo. Sin embargo, este sistema no se debe plantear si el abanico de posibilidades es escaso. Desert Child enfoca toda la obtención de recursos a las carreras que, por desgracia, pierden todo su encanto y diversión a las pocas horas de comenzar el videojuego. La consecuencia no es necesaria mencionarla ¿verdad?

Leer este análisis una vez escrito es complicado. Soy un defensor acérrimo de los juegos independientes, que siempre tratan de buscar algo nuevo en las experiencias que posibilita el videojuego como medio. Por mi cabeza siempre pasa esa terrible frase: “Es más fácil criticar un indie que un juego con gran presupuesto”.
Desert Child es, como todo videojuego, una obra de arte. Contiene un mensaje interesante y nos pone en la piel de un personaje que nos gustaría jugar, aparte de contar con un apartado gráfico y sonoro de gran calidad. Como toda obra de arte, tendrá espectadores que la entiendan y otros que no. Yo me ubico, tristemente, en el segundo grupo. Sus decisiones de diseño en lo que respecta a la jugabilidad no me convencen y su escasez de variedad y repetitividad absurda echan por tierra todas las premisas y buenas ideas que propone.

Un juego no solo se sustenta de su estética, en su base ha de ser entretenido, nos debe enganchar y arrastrar a querer descubrir más acerca de la experiencia que acabamos de tener. Negar esta base es casi renunciar a ser un videojuego. Toda esta cuestión da para todo un debate filosófico acerca de la existencia del videojuego. Lamentablemente, si nos ceñimos a la realidad, Desert Child pese a dar muchos motivos para entrar en su experiencia, no da ninguno para volver a las pocas horas de juego.

Desert Child

Puntuación Final - 5.5

5.5

Correcto

Desert Child es un título con ideas geniales y una personalidad inigualable. Pero su repetitividad y poca variedad jugable da muy pocos motivos al jugador para volver a disfrutar de la experiencia después de haber jugado las primeras horas del título.

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Antonio Ríos

Ingeniero Multimedia en proceso. Amante del cine palomitero de nacimiento y fotógrafo a medias. También me interesa todo lo relacionado con la música y bandas sonoras. Con que un videojuego tenga una historia interesante y sea divertido de jugar, a mi ya me tiene ganado.

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