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Diablo III – Análisis Switch

Analizar un juego como Diablo III: Eternal Collection en Switch siempre es difícil. Muy difícil. Por un lado está el tiempo que ha transcurrido desde que salió por primera vez, un 15 de mayo de 2012 en PC, y el cómo todo este tiempo ha transformado el juego. Por otro tenemos una jugabilidad pensada originalmente para unos periféricos concretos: teclado, ratón y conexión a Internet de manera constante, y que ahora se adapta a un medio completamente distinto; una consola híbrida con unos mandos que se pueden utilizar de diferentes formas y que por su naturaleza portátil no siempre dispone de conexión a Internet. Y no nos olvidemos el usuario que buscaba en origen, ese fan de la saga, de la marca, de un género concreto, y ahora… ¿Ahora a quién va destinado?

Si al igual que yo eres un iniciado a la saga no te preocupes: la historia del juego, aunque rica en detalles, no es su principal característica. El modo campaña nos pone en el papel de un héroe del cual podemos escoger su sexo, una simple decisión estética que ayuda a la inmersión, y su profesión, algo que sí que cambia completamente la experiencia del jugador. No es lo mismo controlar una Bárbara, que sería el típico personaje centrado en la fuerza y el combate cuerpo a cuerpo, a un mago el cual cada hechizo responde de un modo completamente distinto y por ello es importante conocerlos bien, por no hablar del Nigromante y sus habilidades de resucitar cadáveres y que estos luchen por ti. Decidir la clase de nuestro personaje es la decisión más importante que tenemos que tomar en el juego, pues decidirá cómo será nuestra aproximación a su mundo y nuestro rol en él y en nuestro equipo.

Tal y como he dicho, la historia de Diablo III no destaca, aunque no por no intentarlo: el mundo de Santuario es rico en detalles, personajes e historias, pero la propia jugabilidad y diversión del juego eclipsan completamente la experiencia, y la campaña, con cinco actos, no es más que un simple modo de juego más en el que pasaremos nuestras primeras horas pero que terminaremos olvidando en pos de sus otros modos de juego cooperativo. Y esto es algo muy importante a tener en cuenta: aunque Diablo III puede jugarse de manera individual en todo momento, las mayores cotas de diversión se alcanzan al compartir nuestra partida con amigos, ya sea en cooperativo local o a través de Internet.

Si optamos por jugar en local la consola permite hasta cuatro jugadores, teniendo la opción de poder usar un joy-con por jugador, aunque lamentablemente el control en este modo deja mucho que desear: hablamos de un juego que utiliza todos los botones de un mando tradicional cuando jugamos solos, por lo que configurar un único joy-con para un solo jugador ha supuesto un verdadero desafío para Blizzard del cual no termina de salir bien parada. No considero que sea algo negativo, por eso la opción fácil habría sido que cada jugador tuviese que aportar su propio par de joy-cons, por lo que es de agradecer la posibilidad de poder jugar junto a otra persona en cualquier momento sin necesidad de tener que comprar otro mando.

Jugar en local tiene otro problema: cuando un jugador quiere acceder al menú de su personaje para equiparse la nueva armadura que ha conseguido el juego se detiene para todos los jugadores. De nuevo es algo que sinceramente no se me ocurre otro modo en el que se podría haber hecho, pero era necesario que lo supieseis ya que en Diablo III se accede muchísimo al menú: el juego está LLENO de objetos por todas partes. Un autentico festival de loot que alcanza su máximo exponencial con la aparición aleatoria de los goblins, los cuales si los derrotamos antes de que se escapen soltarán todo su botín.

Todos estos pequeños problemas no existen si optamos por jugar online, ya sea para hacer la campaña en cooperativo como para aceptar contratos siempre podemos abrir nuestra partida al público para que el que quiera se una, o ser nosotros los que busquemos una partida abierta que reúna las características que estamos buscando. Esta opción es algo que a mi personalmente me ha dado problemas, ya que el juego refina tanto la búsqueda que es algo realmente complicado que encuentre una partida que reúna todas nuestras características y casi siempre nos sale el mensaje de error de que no existe ninguna.

Ya sea con amigos o solos al final terminaremos enfrentándonos a ejércitos de enemigos infinitos que sucumbirán fácilmente a nuestro poder, y es que el juego busca que el jugador se sienta poderoso, como los héroes perfectos de las clásicas obras de fantasía, ya sea aniquilando una oleada de cincuenta enemigos sin sufrir apenas daño o derrotando a un jefe final con una combinación de todas nuestras habilidades. Una autentica delicia y que sin embargo no es más que una falsa ilusión: precisamente cuando hemos terminado la campaña y nuestro personaje alcanza el nivel 70 (el máximo) es cuando el verdadero Diablo III se muestra; nuestro personaje sigue creciendo, solo que ahora seleccionamos qué características aumentamos. Nuevos modos de dificultad aparecen, así como equipación legendaria exclusiva para niveles altos, sin duda una extensión del contenido del juego que consigue que se convierta en uno de los que más horas dedicaremos de nuestra colección.

Recapitulemos: tenemos una buena jugabilidad que compensa sus pequeños fallos, horas y horas de contenido… ¿Pero qué hay de su apartado técnico? Aquí se nota el paso del tiempo, con unos modelados, escenarios y animaciones que duramente aguantan el tipo pero que por otro lado es compensado con un framerate constante en todo momento. Da igual la cantidad de personajes que haya en pantalla, o si estamos jugando en televisión o en el modo portátil, el juego no se resiente en ningún momento. Sí que se nota la falta de potencia de la consola en modo portátil en un modelado de los personajes más pobre y una resolución menor, pero no queda duda de que en este juego si había que sacrificar algo esto era la mejor opción de cara a mantener una jugabilidad fluida en todo momento.

A pesar de sus pequeños fallos aquí y allá siento que Diablo III es mucho más que la suma de sus partes. Todos sus problemas quedan eclipsados a los cinco minutos de estar jugando, pero es que encima su jugabilidad encaja a la perfección con Nintendo Switch, permitiendo micropartidas de cinco minutos mientras vamos en el metro o sesiones mucho más largas en casa. Diablo III: Eternal Collection es para mi uno de los imprescindibles de la consola de Nintendo, una experiencia bastante divertida de jugar en solitario pero que mejora más todavía al jugar codo con codo con tus amigos.

Diablo III: Eternal Collection

Puntuación Final - 8.5

8.5

Recomendado

Si te llama mínimamente la atención hazte con él, pues te ofrecerá horas y horas de diversión. Mejora más todavía si lo juegas con amigos.

User Rating: 4.7 ( 1 votes)
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Adrián Laguna

Crecí viendo jugar a mi padre al Mario 64 y a mi madre al Banjo Kazooie... era obvio que esto de los videojuegos acabaría tirando de mi.

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