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Déjame que te cuente una historia: El silencio como método emocional

"No confundas mi silencio con falta de duelo..."

Siempre he tenido don de gentes, lo admito. Se me da bien tratar a los demás y estrechar lazos, y a pesar de que soy algo introvertido y tímido en según qué circunstancias, siempre me ha sido tremendamente complicado abrirme a otros. Me incomoda la simple idea de hablar de mis sentimientos, pero de alguna manera siempre he buscado que alguien los captase con mis gestos o silencios.

Este ha sido uno de los grandes motivos por los que me he sentido incapaz de conectar con muchas obras televisivas, fílmicas o del medio del videojuego. Tendemos a la grandilocuencia, a la verborrea y al exceso de explicación. Nos gustan las grandes escenas, las frases que se quedan grabadas en nuestro corazón, y sin embargo, siempre sentí rechazo por este tipo de situaciones. Me incomodaban de alguna manera, y me sentía fuera de lugar.

Shadow of the Colossus fue el primer juego en el que sentí que los silencios reflejaban una carga emocional excepcional.

Durante mi adolescencia no fui precisamente el más popular. Fui el “friki”, el “gordo”, y un sinfín de calificativos que mermaron mi personalidad en pleno crecimiento y que buscó, de alguna forma, seguir desarrollándose a costa de blindarse por completo. Me convertí en el graciosete, incluso cínico, pero incapaz de abrirme a nadie. Fue en aquella época cuando descubrí ICO a través de una demo,que serviría para que poco después conociese Shadow of the Colossus, el juego que a día de hoy sigue siendo mi favorito.

Cuando vi a Ico y a Yorda ir de la mano en pleno silencio, resonando los pasos y ayudándose el uno al otro para salir de aquella prisión sin ni siquiera entenderse, entendí que había algo en esa narrativa con la que me sentía afín, pero no fue hasta la llegada de Shadow of the Colossus cuando descubrí que, como muchos otros jugadores, solo buscaba algo que me representase.

Little Nightmares nos sumerge en su mundo silencioso y terrible en un viaje a los miedos infantiles.

Recuerdo perfectamente los primeros acordes de “To the Ancient Land“, el águila sobrevolando y cruzándose con un viajero que portaba en su yegua a alguien enrollado en mantas. La introducción era calmada, sin grandes alardes, mostrando cómo el héroe iba a una tierra lejana en busca de un antiguo rito. No había palabras, ni siquiera el juego se detuvo a explicarme, hasta más adelante, qué buscaba el chico, pero quedaba implícito la importancia de la tarea y la desolación que cargaba sobre sus hombros.

Y es que los silencios son momentos de reflexión que suceden durante las largas cabalgatas a nuestro próximo objetivo, preguntándonos qué hacemos y si lo que hacemos tendrá repercusiones, o cómo los pies descalzos hacen la madera chirriar, mirando a nuestro alrededor y meditando sobre nuestros miedos de la infancia.

Buscamos desesperadamente una voz que guíe nuestros pensamientos porque, de no ser así, nos enfrentaríamos al solemne silencio. A la reflexión y el esfuerzo de juntar las piezas que se hallan en nuestra propia cabeza, porque es más fácil dejarnos guiar por los sentimientos de otros que hacer frente a los nuestros.

Nos enfrentamos a nuestros enemigos esperando que tras darles el último golpe la escena nos felicite, nos haga sentir grandes, pero cuando el enemigo cae, y solo queda el silencio, la victoria sabe amarga. No hay celebración, porque más adelante habrá nuevos enemigos más poderosos, así que nos quedamos allí, en lo que hace un momento fue una prueba de valentía y que ahora no es más que un lugar vacío.

Dark Souls es conocido por su estado de mutis total sobre todo lo que rodea a su mundo, dejando que el jugador sea quien experimente su propia experiencia de los hechos y el mundo que le rodea.

Es ahí, en esa incapacidad para mostrarse abiertamente donde algunos nos sentimos bien, representados en una industria que tiende a hablar demasiado y decir muy poco. Contando grandes historias que quedan olvidadas, haciéndonos vivir grandes batallas que no suponen esfuerzo y viajando de un lugar a otro sin que podamos elegir el destino.

Y es curioso, porque aquellos que no pretenden contarte nada, que simplemente te dejan ver más allá, son los que consiguen permanecer por siempre en la memoria. Los que reúnen a grandes comunidades de jugadores compartiendo su visión de los hechos, sin ser menos que las de su compañero. No se cuentan teorías, si no hazañas, visiones de un mismo lugar y hecho, porque como todo en la vida, no hay una verdad absoluta ni una única forma de expresarla.

“¡No confundas mi silencio con falta de duelo! Llora a tu manera… Y yo lo haré a la mía.”

Es irónico donde en sagas como God of War, donde la ira y el dolor siempre han seguido al personaje, no hemos conseguido conectar con él hasta que este ha dejado de alardear todo lo que llevaba dentro, convirtiendo la última entrega no solo en la mejor de la saga, si no en uno de los grandes lanzamientos de la generación.

Kratos, el que dejaba salir todo su odio y remordimiento en cada palabra dejó de alzar la voz y simplemente se limitó a callar, mirando a su hijo en pleno silencio con el terrible miedo de que no repitiese sus propios errores. Y es en ese silencio donde nos dimos cuenta que tras la máquina de matar había un hombre, o más bien, un padre incapaz de conectar con su propio hijo.

El silencio solo es interrumpido por el curioso Atreus y el sabio Mimir, pero él siempre observa en silencio, con mirada solemne. Nos implicamos con él porque conocemos su pasado, somos su confidente silencioso, sus testigos, y a pesar de que su hijo es incapaz de conectar con él hasta el punto de reprochárselo, nosotros sabemos en todo momento qué siente el espartano, a pesar de que pocas veces se atreve a decirlo.

Pienso que no hay sentimiento más auténtico que el que no puede expresarse con palabras, el que se vive dentro y asoma en una mirada, en una sonrisa o el que se comparte en la orilla del mar, con los pies enterrados en la húmeda arena que deja tras de sí la marea, comiendo una sandía junto a la persona que quieres.

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Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.

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