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Divinity Original Sin II: Definitive Edition – Análisis PS4

Uno de los grandes exponentes del rol occidental llega a las consolas

No dejan de sorprenderme ciertas cosas, y ciertos cambios, que se han visto en la industria del videojuego. El PC se ha acercado a las consolas y estas han adoptado cosas de los ordenadores. Eso es así. El mundo va cambiando y la evolución es algo que no se puede detener. Hace años era absolutamente impensable que ciertos juegos de consola dieran el salto al PC y viceversa. No obstante, la cosa es diferente hoy día. Sí, siguen habiendo géneros más propios del PC, pero la gran mayoría de lanzamientos importantes acaban por volverse multiplataforma. Ese fue el caso del juego del que hablamos hoy.

Divinity Original Sin II fue uno de los grandes títulos que vieron la luz durante 2017. El título desarrollado por Larian Studios se consolidó como uno de los grandes exponentes del rol occidental y superó con creces a la anterior entrega de la saga. El lanzamiento tuvo lugar de forma exclusiva en PC, pero, al igual que con la primera parte, era cuestión de tiempo para que un port llegase a las consolas. Gracias a la distribución de Bandai Namco esto se ha producido. El juego finalmente llega a las plataformas de Sony y Microsoft, pero no solo se han limitado a una conversión sin más. El equipo de desarrollo ha decidido aprovechar el lanzamiento para darle una revisión al juego que ya de por sí era bastante sólido y centraron importantes esfuerzos en mejorar la experiencia. Vamos a darle un vistazo a Divinity Original Sin II Definitive Edition y a repasar lo qué tiene para ofrecernos.

La saga Divinity surgió en el año 2002 y en base a la gran calidad de los títulos se consolidó como uno de los juegos de rol más importantes. Debido a múltiples situaciones la saga, igual que el género, fue perdiendo impacto; sin embargo, en el año 2014 llegó Divinity Original Sin, el cual le daría un nuevo impulso a la franquicia. El esquema de lanzamiento fue el mismo que para esta secuela, es decir, primero en PC y luego una versión mejorada para las consolas. Este título, junto a cosas como Pillars of Eternity o Tyranny, le dieron un nuevo impulso al género que actualmente goza de muy buena salud. Referente a Divinity Original Sin II Definitive Edition, consigue algo que, personalmente, me resulta mágico y es que nos encontramos frente al título que mejor traslada la experiencia del rol de lápiz y papel al mundo de los videojuegos. Es como si fuera el resultado de un largo viaje iniciado hace años con Baldur’s Gate y que ha ido recogiendo lo mejor de esta clase de juegos y lo condensa todo en una sola experiencia, a la cual le añade un toque propio y personal que nos hacen toparnos con una experiencia fantástica.

Divinity Original Sin II nos deja claro desde el primer minuto que estamos frente a un juego hecho por gente que siente profundo amor por los juegos de rol. El viaje nos llevará a recorrer de nuevo la tierra de Rivellon. Si bien es cierto que estamos frente a una secuela, no veo estrictamente necesario haber jugado a la primera parte. Los acontecimientos de Divinity Original Sin II tienen lugar muchísimos años después de lo sucedido en la anterior entrega, pero más allá de compartir universo, y algunas referencias por ahí, no se trata de una continuación a dicha historia. Nos encontramos con personajes nuevos y argumento nuevo. La historia nos sitúa en lo que, básicamente, es la antesala a una guerra. Debido a una serie de acontecimientos la hermandad de los maestres se encuentra cazando y torturando a los hechiceros de la fuente con el objetivo de encontrar una forma de enfrentar a las bestias que están siendo atraídas por el poder de dicha fuente.

Tenemos la posibilidad de crear a nuestro propio personaje en un interesante editor o bien podemos optar por elegir a uno de los personajes predeterminados. Cualquiera que sea nuestra elección, es importante analizar bien qué personaje elegir, o crear. Existen distintas clases y cada una de ellas tiene sus propias habilidades; por ejemplo, los hombres lagarto saben excavar. De la misma forma, existe la posibilidad de seleccionar el trabajo y la clase social de nuestro personaje y, como era de esperar, esto tiene impacto en el desarrollo jugable. En cualquier caso, si elegimos a uno de los personajes predeterminados, vamos a tener acceso a los llamados Orígenes, que vendrían a ser una historia de fondo y misiones relacionadas con la misma. Si optamos por crear a nuestro aventurero, entonces podremos acompañar a alguno de los personajes predeterminados en sus misiones relacionadas con su origen.

Empezamos el juego mientras nos llevan de camino a una suerte de cárcel y tras escapar ya empieza nuestra aventura. La trama resulta interesante e incluso nos topamos con cosas verdaderamente sorprendentes y las conversaciones están estructuradas de forma bastante profunda, no obstante el punto fuerte del juego no está en la misión principal. La riqueza del título reside en la libertad que nos da. Nos topamos con un verdadero mundo abierto y no es por el tamaño del mapa, el cual no es que sea pequeño, sino más bien por la infinidad de posibilidades que hay para afrontar la aventura. Tenemos total libertad para afrontar cualquier situación y resolverla como mejor nos parezca. El juego nos da una serie de elementos y unos lineamientos, pero no pone límites a como usarlos. No establece la forma en la que debemos abordar el desafío y nuestra única barrera es aquella que nos pongamos nosotros mismos.

Rivellon es una tierra que no está pasando precisamente por su mejor época, pero los chicos de Larian Studios han conseguido plantear un mundo azotados por complejas situaciones y a la vez está repleto de personajes carismáticos. Los compañeros que vayamos sumando a nuestro viaje están muy bien construidos, en general consiguen generar interés por saber más de ellos y de su trasfondo. Además, prácticamente todos los NPC’s que hay dispersos en los escenarios tienen una cosa interesante que contarnos. En el lugar menos inesperado podremos encontrar una misión teóricamente sin importancia que nos va a mantener horas y horas enganchados.

Divinity Original Sin II cuenta con un desarrollo con vista isométrica y resulta evidente que el sistema de control de este tipo de juego está más pensado para ratón y teclado que para un mando; sin embargo en esta versión de consolas hay que decir que los controles están muy bien adaptados. Al principio me costó acostumbrarme a ellos, pero es un problema más mío que del juego debido a que este tipo de títulos estoy más acostumbrado a jugarlos en PC; sin embargo, tras unas pocas horas logré acoplarme a ellos y a lo largo de toda la experiencia se sienten muy bien integrados con la jugabilidad y no suponen un problema para disfrutar del juego.

Por otra parte, nos ofrece un sistema de combate basado en los turnos, muy parecido a un JRPG clásico. El orden en que cada personaje va a atacar está establecido previamente y cada acción, ya sea movernos, atacar, usar magia o habilidades, tiene sus propios puntos de acción y el turno termina cuando los hayamos usado todos. Incluso incluye una cosa que me recuerda mucho a Bravely Default y es que podemos elegir acumular nuestro turno y utilizarlo posteriormente, según creamos conveniente. Durante la batalla están presentes dos defensas, una mágica y una física. En función de las estadísticas de las mismas es que habrá que elegir el movimiento acertado. Se nota que el sistema de combate incorpora cierto factor estratégico con lo antes mencionado, pero la cosa no queda ahí.

También habrá que tratar de sacarle provecho al escenario puesto que dependiendo de en qué lugar sea la pelea podremos usar determinadas magias o habilidades que suponen alguna ventaja, de la misma forma la alteración de estados físicos también tiene cierta influencia en el desarrollo del combate. Resumiendo en pocas palabras podría decir que aquí no vamos a llegar muy lejos si queremos cargarnos a todo mundo a base de ataques físicos, habrá que pensar y elegir los movimientos adecuados.

El modo historia de Divinity Original Sin II es un juego redondo por sí mismo, pero ¿qué podría hacer que la experiencia sea mas vasta? Jugar acompañado. Divinity Original Sin II: Definitive Edition cuenta con la posibilidad de jugar con una amigo en cooperativo local y también añade la opción de cuatro jugadores por medio del online. El juego está pensado para ser igualmente disfrutable solo o en compañía de amigos. El devenir de la aventura se mantiene intacto y la esencia jugable se conserva en cualquiera de las dos alternativas.

De la misma forma, uno de los añadidos de está edición definitiva es la inclusión de nuevos niveles para el modo arena; el cual se resume a enfrentarnos en un clásico PvP a otros jugadores. Para dicho modo contaremos con una variada cantidad de personajes cada uno con sus propias características.

Divinity Original Sin II nos pone en un mundo con ambientación medieval y que vive sus particulares situaciones complejas. Del apartado visual hay que decir que se ha optamos con una dirección de arte bastante buena. Los diversos entornos que visitamos son bastante variados y están diseñados con especial atención al detalle. Cada uno se siente con personalidad propia. A nivel técnico el juego funciona de maravilla, no hay bugs que estropeen la experiencia y tampoco hay tirones en el frame-rate. Todo funciona perfectamente y de forma completamente fluida.

Por su parte, en temas sonoros contamos con actuaciones de voz bastante correctas y funcionales mientras que la representación de los sonidos del ambiente se sienten muy naturales. En cuanto a la banda sonora, es muy buena. Las piezas compuestas para la aventura, más allá de encajar con lo visto en pantalla, nos logran trasladar a ese mundo y transmitir las distintas emociones que vivimos en el camino. Es épica cuando toca, melancólica cuando debe serlo y tira por temas alegres y relajados en los momentos más tranquilos de la aventura.

Divinity Original Sin II: Definitive Edition es la versión mejorada de un título que ya era extraordinario. Nos aporta la experiencia del juego original lanzando en PC, pero la pule al máximo. Corrige los pocos fallos que tenía e incorpora novedades y cambios interesantes. Incluso se han permitido reescribir un capítulo entero de la historia principal, todo con el afán de ofrecer la experiencia de rol definitiva y vaya que lo consiguen. Nos topamos con un juego con un sólido y profundo sistema de combate, una banda sonora preciosa, un aspecto visual cautivador y una historia muy interesante; pero sin duda lo más importante que tiene para ofrecernos es un mundo en el cual somos libres. Totalmente libres. Podemos hacer lo que queramos de la forma que queramos. Nos topamos con un universo que nos invita a perdernos en él.

Me tomó sobre las 70 horas terminar la misión principal, pero es un juego al que quiero volver. Cada una de las cosas que ahí suceden son interesantes, cada misión secundaria acaba por engancharnos. Es un juego redondo en todos los sentidos. Es un imprescindible para los amantes del rol de lápiz y papel. Es un juego denso y complejo, pero que merece la pena cada segundo en ese mundo. Quienes no sean aficionados a los juegos de rol, veo en Original Sin II una puerta de entrada al género. Una fantástica puerta de entrada. Los veteranos del género encontraran aquí una experiencia fascinante. Es uno de esos juegos que hay que jugar sí o sí.

Divinity Original Sin II: Definitive Edition

Puntuación Final - 9.5

9.5

Imprescindible

Divinity Original Sin II: Definitive Edition es la versión mejorada de un título que ya era extraordinario. Es uno de esos juegos que hay que jugar sí o sí.

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Keveen Argueta

Amante de los videojuegos buenos, muy crítico con los malos. Por ahora, músico de profesión, futbolero por pasión y jugón por convicción.

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