AnálisisPS4

Track Lab- Análisis PS VR

¿Pensabas que ser DJ era fácil? Quizás deberías probar este título

La realidad virtual ya está muy integrada en el ecosistema actual de consolas, por lo que los desarrolladores están empezando a probar cosas nuevas con esta tecnología. Ya todos sabemos disparar o movernos en entornos virtuales pero, ¿y si además pudiéramos aprender diversas disciplinas? No me refiero a títulos como Overcooked, que muestran una profesión desde un punto de vista más desenfadado. Me refiero a experiencias como CoolPaintr VR, que nos ofrecía un lienzo virtual para poder hacer pinturas o esculturas tridimensionales en una habitación que nos daba todas las herramientas que necesitábamos.

Por ello Track Lab, al igual que CoolPaintr VR, no llevará nota; la razón es que lo considero mucho más una herramienta que un videojuego con unas mecánicas concretas. Aquí por supuesto siempre entraremos en el debate de qué significa ser un videojuego, pero eso lo dejaremos para otro momento.

La realidad virtual también puede servir para enseñar, para ponernos en contacto con experiencias que nunca antes habíamos probado, aunque sean tareas más mundanas y menos épicas. Track Lab nos permite ver, entender y experimentar no solo el trabajo de un DJ, sino las habilidades que tiene que dominar y su proceso creativo, la «chispa» que hay que tener para dar sentido a todos los sonidos que organizas en tu cabeza. Solo por ello Track Lab merece la atención de todos aquellos que, a pesar de resultarles curioso, nunca se han acercado al mundo de las mesas de mezclas. Aquellos que ya estén en contacto con esta disciplina encontrarán un patio de juegos maravilloso (y por momentos, abrumador) en el que podrán dar rienda suelta a su creatividad e incluso practicar… siempre y cuando la pobre detección de movimientos y el reducido espacio de tracking no te amarguen la experiencia.

Por si no se me ha notado todavía, antes de que se intuya más tarde prefiero decirlo yo: soy alguien totalmente profano en el mundo de la música electrónica, las mesas de mezclas y las cabezas de ratón gigantes con luces de neón. Apenas he pisado discotecas y jamás he escuchado esta música de forma asidua. Dicho esto, antes de empezar el título decidí escuchar música de este estilo y, aunque sigue sin ser lo mío, comencé a comprender el valor de este estilo. Hay que tener en cuenta una gran cantidad de sonidos, tempos y cómo cuadrarlos todos para crear el sonido que imaginabas. Esta sensación fue confirmada gracias al primer modo de juego de Track Lab: el modo de Construcción.

Track Lab comienza con un pequeño tutorial en el que vemos cómo crearemos las diferentes pistas: contamos con una tabla de cuadrículas en la que un pequeño reactor genera una onda de energía. Esa onda debe llegar a un interruptor para que así produzca el sonido que deseamos. Por el camino se pueden añadir diferentes modificadores del sonido. En el modo de Construcción se nos plantean diferentes puzles en los que deberemos conseguir que la onda de energía llegue al interruptor, pues además de los modificadores que hemos mencionado también habrá obstáculos, callejones sin salida y otros estorbos que deberemos superar con las herramientas que nos den en cada nivel. Para ello, el juego cuenta con una serie de herramientas: hay espejos que rebotan la onda, vectores que la duplican en ciertas direcciones, aceleradores y ralentizadores de la onda… como dije antes, el número de opciones es casi abrumador.

Se nos plantean cuatro tipos diferentes de música: relajada, energética, exótica y épica. Cada uno de esos tipos tiene tres niveles de dificultad con ocho pequeños puzles en cada uno de ellos. Me sorprendió mucho lo divertida que resultaba la mecánica que el estudio Little Chicken Game Company ha diseñado para que entendamos los mecanismos básicos para la creación de estas pistas: cada estilo de los que proponen tienen sonidos diferentes, instrumentos diferentes (guitarra, teclado, trompeta, percusión…) y puzles con diferentes tipos de obstáculos y piezas para resolverlo. Cada pequeño puzle que resolvemos es una parte del sonido total de la canción. Entre puzle y puzle podemos elegir a que volumen queremos que suene el pequeño ritmo que hemos resuelto o en qué orden queremos ponerlos, por lo que ya empezamos a experimentar esa sensación de buscar el ritmo adecuado al mezclar tantos sonidos diferentes.

Los puzles son uno de los mayores aciertos de Track Lab

El escenario en el que haremos nuestra magia rebosa psicodelia y ambientación tecno. Las montañas del horizonte varían con las diferentes canciones y todo tiene un aspecto virtual. Aunque el escenario siempre es único en cuanto a colores, sí que es cierto que no cuentan con una amplia variedad de efectos, o incluso de un estadio en el cual poner nuestras pistas (al menos yo no he encontrado esta opción). En cualquier caso, concuerda con el sonido y la jugabilidad que propone, y forma algunas imágenes realmente bellas. Tampoco hubiera estado de más alguna skin que recordara más a la típica mesa de mezclas para motivarnos.

Sin embargo, este fantástico modo tiene dos problemas: el primero es que los puzles que proponen son tan ligeros y divertidos que, al no ser un número apabullante, puedes resolverlos todos en un par de horas aproximadamente. Si te recreas y experimentas mucho con estas pequeñas muestras puede alargarse un poco más, pero se sigue haciendo corto. El segundo problema es que realmente no te prepara para lo basto que es este mundo. Una vez entras al modo Creación de poco servirá este entretenido tentempié.

El modo de Construcción sirve solamente para entender los pilares en los que se fundamenta la elaboración de este tipo de música (echo de menos un poco de teoría que complementase los puzles; podría ser incluso más instructivo). No te prepara para el gran abanico de sonidos a nuestra disposición ni tampoco estimula tu creatividad, ya que los retos se basan en (pegadizas) piezas musicales que vienen predefinidas: en el modo Construcción no puedes introducir tus propios sonidos, sino resolver los puzles y aprender las piezas que podemos usar.

El modo Creación es una auténtica locura en cuanto a posibilidades, pero con un manejo realmente intuitivo

En el modo Creación tenemos un gigantesco lienzo en blanco en el que empezar a crear. Contamos con tres  rangos de sonidos que se dividen en tecno, rock y house. Dentro de cada uno de ellos contamos con decenas de sonidos diferentes e instrumentos con todas las posibles notas a nuestra disposición. Por supuesto, los sonidos de los mismos instrumentos cambian según el estilo. Por si fuera poco podemos guardar las piezas que tengamos y usarlas de base para futuras creaciones, o incluso unir varias de nuestras creaciones en una sola dando lugar a una cuadrícula gigante. Las posibilidades asustan y es algo que agradezco mucho a Track Lab: muestra lo que conlleva ser bueno en este tipo de trabajo y a la vez te ofrece unas funcionalidades suficientes como para que empieces a componer.

Sin embargo Track Lab no puede huir de un mal casi endémico que infecta a todos los juegos de PS VR que usan los mandos Move: el tracking y el espacio del que disponemos para jugar es diminuto. Estaremos constantemente cambiando la posición de la cámara y reorientando la plataforma sobre la que nos situamos. Puede llegar a ser un proceso realmente desesperante encontrar una posición que nos permita acceder cómodamente a todo. Recordemos que los lienzos que podemos llegar a esbozar son inmensos; es muy difícil que en las cuadrículas más grandes podamos jugar sin ninguna molestia, y es una pena porque se interpone en una experiencia realmente inmersiva y valiosa.

El sistema para calibrar los Move a través de la plataforma es confuso y poco efectivo a tenor de los problemas de localización de los mandos

Por último, no seré yo, un profano en estos lares, quién juzgue la calidad de los temas que podemos escuchar a lo largo del modo construcción; para mí han sido canciones simpáticas y pegadizas en su mayoría, pero pocas cosas hay más subjetivas que la música. Simplemente diré que me han despertado mucha curiosidad y ganas de escuchar más música de este estilo una vez he experimentado con ella yo mismo.

Track Lab triunfa en su modo Creación, habiendo creado un programa en el que, a pesar de la inmensidad de posibilidades que hay, se siente muy intuitivo y anima a experimentar con él. Sus mayores problemas son la corta duración del modo Construcción (que es el principal reclamo para aquellos totalmente ajenos a este mundo) y las limitaciones de la Playstation Camera y los Move. Ofreciendo una experiencia más didáctica, un mayor número de puzles y mayor complejidad en los mismos (que estimularán la creatividad e introducción de sonidos propios desde su propia jugabilidad) estaríamos hablando de una experiencia imprescindible que podría recomendar a cualquier perfil de jugador.

Aún así, si os sigue dando curiosidad, os recomiendo mirar vídeos de diferentes creaciones hechas con Track Lab para que veáis cómo funciona. Si os sigue dando curiosidad, dadle una oportunidad, ya que su motor de Creación justifica por sí solo el producto. Y ahora, me voy a seguir torturando los oídos de mis pobres vecinos con un poco de scratch scratch.

Track Lab ya se encuentra disponible para PS VR a un precio de 19,99 €.

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Alejandro Morillas Tellez

Fisioterapeuta/osteópata de día, hipnoterapeuta cuando es necesario y apasionado jugador de videojuegos por la noche. Los primeros juegos que relaciono como favoritos son Catherine, Vanquish, Overwatch y Kingdom Hearts. Pero siempre estoy disponible para un Tekken, un Vermintide o una maratón de Metal Gear.

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