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Deiland – Análisis PC

Un pequeño planeta y una gran aventura

El Principito puede ser perfectamente uno de esos libros que sirven para introducirte en la lectura. Una historia sencilla pero interesante, con personajes agradables y lo bastante corto para que tu mente infantil no se termine despistando. Después creces y al volver a leerlo te das cuentas de que en esas páginas que leíste de pequeño había mucho más. Con Deiland pasa algo parecido, a fin de cuentas está inspirado en este famoso cuento. Sin duda alguna el título del estudio valenciano Chibig es la introducción perfecta a los sandbox, cuidando nuestro pequeño planeta y obteniendo recursos, avanzando en una historia directa y simple y ayudando a los visitantes de Deiland. A pesar de ser un buen primer paso, algunos fallos hacen que el resultado final se desluzca, pero vayamos poco a poco.

Todo el juego gira (no hay ningún tipo de broma aquí) alrededor de nuestro pequeño planeta, Deiland. Con esto quiero decir que hasta podemos hacer girar (aquí si hay una broma, lo siento) la misma tierra sobre la que nos movemos. Nuestro objetivo es cuidar del diminuto cuerpo celeste al que consideramos nuestro hogar, esto mientras encarnamos a Arco, un joven Príncipe que es el guardián de este mundo. Junto a este curioso protagonista conoceremos a una serie de personajes que irán llegando a Deiland con sus naves, siendo la más importante Mûn, una exploradora espacial miembro de la Patrulla Interestelar, la cual nos enseñará cosas muy útiles para sobrevivir, además de permitirnos viajar a otros planetas una vez hayamos avanzado lo suficiente.

Deiland se juega como un Harvest Moon en el que solo tienes de espacio lo que tu planeta da de sí, además las construcciones estarán limitadas a una de cada tipo en el caso de las más grandes como un establo, una mina o un muelle, por lo que no podremos llenar nuestro mundo de estructuras creadas por nosotros. Luego tenemos vallas, hogueras o pozos, las cuales podemos construir donde queramos y cuántas queramos, pero teniendo en cuenta la utilidad de cada una lo único que terminaréis construyendo son pozos para tener agua. Las vallas las encontré inútiles y difíciles de colocar correctamente, ya que el sistema de colocar las construcciones no es preciso, dejando escapar potencial que podría haberse aprovechado en una versión de PC.

Podremos construir un número limitado de estructuras

Luego tenemos las herramientas, teniendo estas hasta tres niveles de mejora y sirviendo para construir o picar piedra y minerales (esto es el martillo, el cual también usaremos como arma), un hacha para destruir nuestras estructuras o para cortar madera, la azada para sembrar y cosechar, un bastón para hacer magia sencilla y pelear contra enemigos, una caña de pescar (no creo que tenga que explicar esto) y un cubo de agua, el cual podremos llenar de los pozos para regar nuestras cosechas y que estas crezcan más rápido. Y casi todas estas herramientas podremos usarlas como armas también, en un sistema de combate en el cual solo tendremos que golpear repetidamente al monstruo de turno hasta acabar con él, un poco aburrido la verdad.

Pero el atractivo principal de Deiland está en su gestión de recursos. Contamos con tres zonas de tierra fértil donde podremos plantar nuestros cultivos, los cuales tardarán una cantidad de minutos determinada dependiendo del tipo de semilla plantada. El tiempo es tiempo real, por lo que si pone que tardará 15 minutos, serán 15 minutos de espera reales. Por suerte tenemos el agua que permite rebajar ese tiempo, de ahí la utilidad de los pozos (además de ser estos fuentes de agua para plantar vegetales varios cerca de los mismos). Además los campos se pueden mejorar para obtener mayor cosecha, lo cual nos permitirá convertirnos en unos magnates de la agricultura. Con lo que recojamos podremos cocinar, crear herramientas útiles, como cuerdas, o pociones, los cuales podemos usar o vender a los visitantes que se pasarán a vernos. Por lo tanto Deiland posee un componente de crafteo que, a pesar de ser simple y limitado, sirve perfectamente para entender las mecánicas de recoger recursos para crear objetos más útiles. Además de esto, podremos plantar árboles y arbustos a lo largo de nuestro planeta, siempre que haya una fuente de agua cerca, así que podremos llenar nuestra tierra de todo tipo de vida vegetal, aunque sin pasarnos para que los visitantes tengan sitio donde aterrizar.

Habrá personajes que nos harán visitas, algunos incluso interactuan entre sí

Finalmente tenemos los visitantes, los cuales además de ser comerciantes (nos compran objetos y algunos que son más de su agrado los pagan mejor) que nos venderán útiles y provisiones, tendrán historias propias, llegando incluso a interactuar unos con otros, descubriéndonos más de su forma de ser. Esto es algo que se agradece, ya que teniendo en cuenta que nuestra actividad principal será picar piedra mientras esperamos a que crezcan los cultivos (así pasaba las horas muertas, picando piedra como un condenado a muerte), estas visitas y sus misiones nos darán un soplo de aire fresco, sobre todo al llegar a un punto en el que Mûn nos llevará a explorar otros planetas, dándole más sentido a que este sea un sandbox (aunque tampoco esperéis planetas enormes y poblados).

Aparte de la mecánica de girar nuestro planeta para evitar que los meteoritos choquen contra nuestras cosas, o para hacer que llueva donde queramos, Deiland no cuenta con mucho más, por eso me gusta decir que es una buena introducción para un público más infantil, aunque empieza lento y aburrido, a la mitad se vuelve más dinámico y finalmente vuelve a hacerse tedioso y lento, esperando que pasen las cosas porque no puedes hacer otra cosa. Es cierto que tenemos un sistema de subida de nivel y que podremos mejorar nuestras estadísticas (eligiendo entre unas cartas la mar de bonitas), pero esto tiene poco impacto en el juego y casi hace que no merezca la pena mencionarlo.

Un toque de RPG que apenas influencia

Deiland tiene un estilo chibi bastante atractivo y que no hace más que reforzar esta idea mía de juego introductorio al mundo del sandbox. Sus gráficos son en 3D y dan lugar a escenas bastante hermosas, viendo las noches estrelladas de nuestro diminuto planeta con los ojos como platos. Es un juego bonito, cuco, con unas ilustraciones de los personajes, o las propias cartas de subir de nivel, que se nota tienen mucho cariño y esfuerzo detrás. Pero sigue sin ser uno de esos juegos que destacaría por su apartado artístico sobresaliente. Es resultón y mono, pero nada excesivamente increíble. Esto incluye su banda sonora, que al principio te gusta y te relaja, pero que termina haciéndose repetitiva y pesada.

Sin duda algunas estas cartas para subir de nivel son de lo más bonito de Deiland

La historia de Deiland tiene en común una cosa con la de El Principito, a pesar de lo obvio de tener un planeta pequeño y un ser considerado un príncipe. Y es que ambos tienen más de lo que parece a simple vista, mensajes y lecciones que te llegan. Lo que se nos cuenta no podría ser más simple, somos Arco, un príncipe nacido para cuidar de Deiland y conocemos a un número de personajes que irán arrojando más luz sobre el estado del universo, nuestro origen y el de los príncipes; y sobre la amenaza que se cierne sobre todos. Básicamente, un ser oscuro está poniendo en peligro al universo y nosotros somos los buenos, fin de la historia.

Sin embargo mientras avanzamos podemos ver cómo se nos habla de egoísmo, de corrupción, de respeto al mundo, amistad, y un sinfín más de cosas que quizás se te pasan porque tras tantas horas picando piedra, tu cerebro no quiere procesar nada. Y es una pena que lo bien planteado que está a nivel de historia, este juego se vea lastrado por la dificultad para avanzar en algunas misiones. Vas constantemente sin que nadie te haya explicado exactamente cómo conseguir algunas cosas, otras veces te explican cosas tremendamente obvias, para después verte perdido por no saber qué hacer para superar cierta misión. Esto logra lastrar el ritmo de la historia y que termines perdiendo el interés, al final tu vida en el campo y la mina son más fáciles de llevar que el intentar contentar a los viajeros que te visitan, y eso es una lástima.

La historia se nos irá contando, sin ser nada del otro mundo nos da mensajes importantes

Deiland ha logrado engancharme, y eso que este tipo de juegos no me gustan. Seguramente haya sido su tono desenfadado, su estilo sencillo y directo y esa pequeña historia los que hayan logrado hacer que me interesara más por este que por otros títulos del estilo. Aunque, por desgracia, sus cosas buenas y sus cosas malas pesan casi por igual al ponerlas en una balanza, y aunque he disfrutado con la historia de Arco no puedo ignorar las horas que he pasado sin hacer nada, esperando que algo ocurriera o probando cosas para sacar una misión. Deiland es ese juego que te introduce a los sandbox, y lo hace genial, porque te enseña lo básico y te prepara para algo más grande, una experiencia quizás para los más pequeños, o para los que como yo no son mucho de este estilo de juegos.

Deiland

Puntuación Final - 6.5

6.5

Interesante

Un juego perfecto para dar un primer paso al mundo de los sandbox. Una historia sencilla y directa y unas mecánicas simples que a veces pecan de repetitivas.

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Etiquetas

Daniel Jiménez

Me gusta dar la opinión que nadie me ha pedido sobre videojuegos.

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